Los primeros en visitar al niño Jesús fueron los pastores; sin embargo, para los continuadores de su obra, Jesús eligió a pescadores para que, sin perder sus técnicas, solo cambiando de oficio pudieran convertirse en pescadores de hombres.
Estos pescadores en 300 años han convertido a la mitad de la población mundial. Ahora sí, se necesitaban pastores para guiar y gobernar este rebaño, que se pensaba que siempre aumentaría, en la creencia de que las ovejas se reproducirían para dentro del rebaño. El hecho es que las ovejas se han estado reproduciendo durante mucho tiempo para fuera del rebaño y se han perdido. Es decir, muchos de los hijos de los católicos dejan de practicar su fe, dejan de ser católicos.
El Buen Pastor era el que dejaba las 99 ovejas e iba en busca de la oveja perdida. Irónicamente, cuando pensamos que la mayor parte de los que se dicen católicos no practican su fe, en los tiempos que corren parece ser que la situación se ha invertido; perdidas están las 99 y el pastor se pasa el tiempo a engordar la única oveja que le queda.
Buscar la oveja, u ovejas perdidas supongo que es lo que significa la nueva evangelización que, a mi juicio, no ha sido todavía más que un discurso de buenas intenciones a nivel de sínodos, congresos y conferencias, ya que poco se ve a nivel de ideas operativas y logros concretos.
En los años posteriores al Concilio, el problema de la disidencia aún no era tan candente, y para hacerle frente nacieron las misiones populares, los cursillos de la cristiandad, el movimiento por un mundo mejor, etc. Ahora que, el abandono de la fe y de la práctica religiosa es mucho más grave y generalizado, ¿Cómo lo afrontamos? ¿Qué hacemos?
Este blog pretende ser un espacio de reflexión y de intercambio de experiencias en torno al tema de la fe de la nueva evangelización o evangelización nueva, como prefería el cardenal Martini. En definitiva, ¿Qué podemos hacer para recuperar la oveja u ovejas perdidas?
P. Jorge Amaro, IMC (Traducido por Liliana Monroy)