Al entrar en la casa de Pedro, Jesús vio que la suegra de Pedro estaba acostada en su cama con fiebre. Le tocó la mano y la fiebre la abandonó. Y ella se levantó y comenzó a servirle. Mateo 8:14-15
El testimonio cualificado de los cristianos auténticos nos sitúa ante la elección de la fe. Es solo cuando elegimos creer
que estamos preparados para tener una experiencia de Cristo, quien nos dará la certeza de que nuestra fe no es en vano (1 Co 15:17) y que Él está vivo y activo en nuestras vidas.
Experiencia personal de Cristo
Ya no es por tus palabras que creemos; nosotros mismos oímos y sabemos que Él es verdaderamente el Salvador del mundo. Juan 4, 42
Nunca dejó de sorprenderme que Pablo, el mayor divulgador de la fe en Cristo en los tiempos apostólicos, no fuera técnicamente un apóstol, porque no era uno de los doce; ni siquiera podría haber sustituido a Judas en el colegio apostólico, como podría hacerlo Matías, porque no cumplía los requisitos: no era de los que acompañaron a Jesús desde el bautismo de Juan hasta la Ascensión (Hch 1,21-22).
Aunque fue contemporáneo de Jesús, no lo conoció personalmente, por lo que técnicamente no podía decir, como los otros apóstoles, “lo que vimos y oímos y nuestras manos lo tocaron, te lo anunciamos...” (1 Juan 1:1-3) Pablo, sin embargo, habla de su experiencia de Cristo con un realismo de ninguna manera inferior a aquellos que vio, oyó y tocó (Gálatas 1:11-19).
Es sólo el primero de muchos otros que, a lo largo de 2000 mil años, en todos los continentes, en innumerables idiomas y en el contexto de las más variadas culturas, han tenido una experiencia personal tan real de Cristo que han cambiado radicalmente su vida hasta el punto de estar dispuestos a dar su vida por él.
Lo prueban los miles de mártires que han testimoniado con su sangre su experiencia íntima, personal y amorosa con Cristo. Este solo hecho sería prueba suficiente de que Jesús de Nazaret fue y es una realidad que vivió, murió, resucitó y está vivo. De hecho, nunca tantos se han equivocado tanto.
Salud
Desde los bancos de la catequesis sabemos que Cristo vino al mundo para salvarnos, murió y resucitó para nuestra salvación. Si le preguntas a la mayoría de los cristianos qué significa la salvación o qué dice, te dirán que es para librarse del infierno e ir al cielo. "Salvación" es una palabra tan gastada que la gente ya la oye sin decirles nada.
En latín, la salvación es salus; y salus no significa, principalmente, salvación, sino salud y también seguridad y bienestar en general. Cristo no es sólo salvación para la segunda etapa de nuestra vida, "el cielo puede esperar", es también nuestra salud, la del cuerpo y del alma, aquí y ahora; nuestra seguridad, la única seguridad verdadera en un mundo en constante cambio; es también nuestro bienestar, nuestra alegría y felicidad.
Jesús no solo se preocupaba por la salvación del alma, sino por la salud en general; por eso sanó a los ciegos, a los cojos y a los sordomudos; perdonó los pecados, y alimentó a las multitudes con pan y pescado; y así como el vino en la Biblia a menudo tiene el significado de alegría, también convirtió sus vidas acuosas y tristes en vidas embriagadoras de alegría.
En el evangelio, todos los que han conocido a Cristo, todos los que se han relacionado con Él, se han sentido salvos, sanados, alimentados, sus pecados perdonados y han encontrado seguridad, gozo y bienestar.
Metanoia
La suegra de Pedro, el cojo, el ciego, el sordomudo, los leprosos y los endemoniados, encontraron salud física y mental; el pecador que derramó lágrimas a los pies de Jesús, la mujer sorprendida en adulterio esperando ser castigada, Zaqueo y el hijo pródigo encontraron la salud moral y espiritual.
La mujer samaritana se liberó de su obsesivo y adictivo ir y venir al pozo y encontró la libertad y la autonomía de un agua que brota de su interior. Los 5000 encontraron la saciedad y los invitados de Caná, alegría en el buen vino y en la convivencia; el buen ladrón, en la hora de la muerte, encontró la salvación eterna. Ayer, hoy y mañana, nadie encuentra a Cristo sin experimentar un cambio radical en su vida.
La palabra griega metanoia significa cambio de mente, cambiar la forma de pensar o simplemente cambiar de idea, como diríamos coloquialmente. Como son las ideas e ideologías las que inspiran nuestro comportamiento cotidiano, cambiar de opinión significa cambiar de vida.
Existe una terapia psicológica que se basa en esta intuición, la TREC (Terapia Racional Emotiva Conductual). Según esta teoría, casi todas las emociones y comportamientos son el resultado de lo que las personas piensan, creen y asumen como verdad sobre sí mismas, los demás o el mundo en general. Si estas creencias son irracionales, los sentimientos y comportamientos serán inapropiados. El trabajo del terapeuta es confrontar estas creencias con la razón para destruirlas.
Al confrontar nuestra forma de pensar con el Evangelio, adquirimos la forma de pensar de Jesús y con el tiempo comenzamos a actuar, encarnar e incorporar el Evangelio con miras a poder decir un día con San Pablo: "Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí". (Gálatas 2:20.)
P. Jorge Amaro, IMC (trad. Begoña Peña)