domingo, 1 de febrero de 2015

La Persona del Año

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En dónde están los profetas
que en otros tiempos nos dieron
las esperanzas y fuerzas para andar.?

En las ciudades, en los campos,
Entre nosotros están.


Sencilla cosa es la muerte
difícil cosa la vida
cuando no tiene sentido ya luchar.

Nos enseñaron las normas
para poder soportarnos
y nunca nos enseñaron a amar.  
- Ricardo Cantalapiedra

La Vida Religiosa como Profecía
La tradición de elegir a la persona del año comenzó con la revista Time en 1927. Se declara como persona del año a alguien admirable, que ha hecho algo por la humanidad, que se ha destacado por su carisma y ha respondido de manera adecuada a los desafíos de su tiempo. Alguien que, en cierto sentido, ha sido un profeta.

Por ejemplo, Barack Obama fue la persona del año en 2008 y 2012 por ser el primer presidente negro de los Estados Unidos, lo cual fue un hito en un país donde la esclavitud solo se abolió en el siglo XIX y donde el racismo persistió hasta bien entrado el siglo XX, después de Martin Luther King. En 2012, el Papa Francisco fue nombrado persona del año, pues en pocos meses conquistó la simpatía de millones de personas con su sencillez y sus gestos simbólicos.

En la tradición del Antiguo Testamento, el profeta es el hombre adecuado para el momento adecuado; es quien sabe interpretar el presente de la vida del pueblo a la luz de la voluntad de Dios, de quien se siente mensajero, y a veces, intermediario entre Dios y los hombres. Siempre es un líder natural y una persona carismática; tanto criticaba comportamientos que no eran adecuados a los ojos de Dios como también consolaba e infundía esperanza en las horas amargas, como el exilio en Babilonia.

“Yo no era profeta, ni hijo de profeta. Era pastor y cultivaba frutos de sicómoro” (Amós 7:14). A diferencia de los sacerdotes de Jerusalén y de los doctores de la ley, los profetas no provenían del "establishment" y no tenían linaje. Era el Espíritu quien, aquí y allá, en los momentos en que era necesario, suscitaba un guía para su pueblo.

"Ahora no hay ni príncipe, ni profeta, ni jefe, ni holocausto, ni sacrificio, ni oblación, ni incienso, ni un lugar donde ofrecerte las primicias y encontrar misericordia" (Daniel 3:28). Como se desprende de este texto, el profeta era una figura importante para el pueblo; sin él, el pueblo se sentía desorientado, confundido, abandonado, solo, e inseguro.

Según la distinción canónica, hoy tenemos dos tipos de clero: el regular (los religiosos) y el clero secular. El clero diocesano está más inmerso en el mundo; son los pastores del rebaño del Señor. En este sentido, su papel es muy semejante al de los doctores de la ley y los sacerdotes de Jerusalén.

Por el contrario, el religioso está un poco apartado del mundo para poder entenderlo y ayudarlo mejor; solo fuera del bosque se puede ver el bosque. En la tradición del Antiguo Testamento, su papel es similar al de los profetas. El religioso está llamado a ser la persona del año, un Nobel, una súper estrella para un tiempo y un lugar.

Un profeta que sabe leer los signos de los tiempos y dice la palabra justa en el momento adecuado; conocedor de los problemas de su tiempo y lugar, señala con su palabra, acciones y talante, las soluciones.

La vida religiosa en general está asociada a la Misión Profética de la Iglesia. En la Edad Media, mientras los estados se guerreaban entre sí, fue en los monasterios donde se preservó la cultura; en ellos nacieron las escuelas, las universidades y los hospitales. Incluso el registro civil nació con los asientos de los bautizados por la Iglesia; registro que el Estado, con la República en 1910, arrebató a las parroquias.

Actos Simbólicos de los Profetas de Israel
El comportamiento de los profetas del Antiguo Testamento era tan extraño que, según los estándares seculares actuales de cordura, habrían terminado institucionalizados o, al menos, tomando parte en alguna forma de terapia intensiva.

Estos profetas no solo hablaban la palabra, sino que la encarnaban en sus vidas, en su talante, en su comportamiento y en sus actos; todo en ellos formaba parte del mensaje: su elección de vestimenta e incluso sus cuerpos y lenguaje corporal. De esta manera, testimoniaban en carne propia lo transformadora y desconcertante que puede ser la Palabra de Dios. Las palabras se las lleva el viento, pero los actos simbólicos y dramáticos de los profetas hablaban mucho más alto y eran más difíciles de olvidar.

  • Isaías se despojó de toda su ropa y deambulaba desnudo (Isaías 20).
  • Jeremías escondió su ropa interior en una roca y, después de mucho tiempo, fue a buscarla (Jeremías 13).
  • Oseas se casó deliberadamente con una prostituta y llamó a su hija “Loruhama”, que significa “no amada” (Oseas 1).

Con la venida de Cristo, podemos mirar atrás y ver a estos profetas como precursores, no solo a través de las profecías que anunciaban su llegada, sino también a través de sus acciones proféticas. Cristo es, después de todo, la palabra hecha carne de la manera más rica y completa posible. Y, al igual que los profetas, el comportamiento de Cristo fue totalmente extraño, desconcertante y confuso según los estándares sociales y convencionales de la época.

Después de todo, era alguien que aseguraba que reconstruiría el templo en tres días, comía con prostitutas y recaudadores de impuestos, expulsaba demonios hacia una piara de cerdos, curó a un hombre ciego frotando barro que hizo con su saliva en sus ojos y caminó sobre las aguas.

Sin duda, el acto más impactante y dramático fue lavar los pies de sus discípulos. Quiso realizar el acto más servil para que nunca olvidaran lo que ya había dicho con palabras: “El Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos” (Marcos 10:45).

El Religioso como Acto Simbólico
El consagrado vive ya aquí y ahora la vida a la que todos estamos llamados a vivir en el Cielo; al encarnar los valores del Evangelio, es como una estrella polar que indica el verdadero camino hacia Dios, un dedo apuntando al Cielo. Al relativizar ciertas realidades de este mundo que el hombre tiende a absolutizar, el religioso es también un faro que expone los peligros para la navegación, los peligros de perder la vida durante nuestra peregrinación hacia la patria celestial.

De esta manera, los tres consejos evangélicos pueden ser vistos como gestos o actos simbólicos que hablan por sí mismos, a la manera de los actos dramáticos y simbólicos de los profetas del Antiguo Testamento:

El voto de Pobreza: Relativiza la posesión, pues, más allá de mantener las funciones vitales, las riquezas materiales son un impedimento para el crecimiento espiritual. Como dice el Evangelio, "donde está tu tesoro, allí estará tu corazón"; quien entrega su corazón a las riquezas vende su alma al diablo; ya no posee, sino que es poseído por aquello que cree poseer.

El voto de Castidad: Relativiza el sexo, pues, contrariamente a lo que la sociedad nos quiere imponer, el sexo no es una necesidad individual, sino de la especie; ni siquiera es intrínseco al amor, es solo una de las muchas expresiones del amor. Si el amor en su expresión natural crea la familia y los lazos familiares, el amor en su expresión sublimada crea la fraternidad universal y la solidaridad.

El voto de Obediencia: Relativiza el poder y la libertad. Para el Evangelio, el poder es servicio, es decir, obedecer a las necesidades de los demás. Soy libre hasta encontrar mi opción fundamental; una vez encontrada, la vida se resume en ser fiel o en obedecer a los compromisos asumidos. “Si guardas la regla, la regla te guardará a ti” y te dará un sentido de identidad, propósito y seguridad.

Conclusión - La vida religiosa, como la de los profetas antiguos, es un acto simbólico y profético que guía a la humanidad hacia Dios, al relativizar el poder, la riqueza y el placer en favor de una vida de servicio, fraternidad y esperanza.

P. Jorge Amaro, IMC (edit. Begoña Peña)