El declive de una civilización ocurre con la aparición de los bárbaros; de una forma u otra, la creciente senilidad de los países que componen el mundo occidental sucumbirá ante los invasores. El resultado será la extinción de la cultura occidental junto con su riqueza y poder, y un retorno a la Edad Media. - Arnold Joseph Toynbee
La impotencia del poder político
Después de los absolutismos monárquicos y los fascismos republicanos, Occidente se ha acostumbrado tanto a la democracia que la da por sentada, desinteresándose por la política. Así pues, como un tren acelerado sin conductor, los occidentales no son dueños de su destino, ni tienen interés en serlo; por un lado, confían demasiado en sus gobernantes, por otro, no les dan importancia porque saben que no gobiernan nada. El gobierno de la "Polis" (ciudad en griego) ya no pertenece a los políticos.
En la política manda la economía, en la economía mandan los mercados, en los mercados mandan las finanzas y en las finanzas manda la bolsa, que es como un gran casino donde el dinero, sin producir riqueza, cambia de manos concentrándose cada vez más en muy pocos. Este año 2016, según dice Oxfam, el 1% de los habitantes de este planeta posee más riqueza que el 99% de la humanidad; más propiamente, este 1% posee el 54% de la riqueza mundial.
De alguna manera conscientes de que quienes mandan son poderes fácticos no elegidos popularmente y que los políticos solo son marionetas en manos de los verdaderamente poderosos, que no se hacen ver tal vez porque temen por su propia seguridad, el pueblo ha perdido interés en elegir a sus representantes, pues saben implícitamente que no los representan, sino esos presidentes y asesores de las grandes multinacionales, a quienes el pueblo ni elige ni conoce.
La tasa de abstención en las democracias occidentales ronda la mitad del electorado. En Portugal, en las últimas elecciones legislativas fue del 46% y en las presidenciales del 51%. Es caso para cuestionar la validez de los resultados cuando casi la mitad, o en algunos casos más de la mitad de los electores no se pronunciaron. Ante la irresponsabilidad política de tantos ciudadanos, ¿no sería el caso de hacer el voto obligatorio como en algunos países? ¿Al menos como medida pedagógica por algún tiempo?
Lo que se ocultó sobre el Bataclan
Después de invocar y recitar el credo de Nicea al revés: "Yo creo en un solo dios Satanás todopoderoso...", en el preciso momento en que los yihadistas irrumpieron en el teatro disparando en todas direcciones, el grupo “Eagles of Death Metal” interpretaba una canción de homenaje y amor al diablo; los jóvenes bailaban y cantaban con el grupo, levantando las manos con los dedos simbolizando los cuernos de Satanás, que en ese momento adoraban. La letra del "Cántico" al dios diablo decía: ¿Quién quiere amar al diablo? ¿Quién quiere cantar su canción? Yo quiero amar al diablo, quiero besar su lengua, quiero besar al diablo en su boca...
Ante este hecho que los "políticamente correctos" medios de comunicación callaron, no faltó quien observase con negra ironía: invocaron al diablo y él apareció. Esta no es, sin embargo, nuestra interpretación, porque en aquella fatídica noche los terroristas tomaron como objetivo no solo el Bataclan, sino también el exterior del estadio de París, cafeterías y restaurantes al azar. No todos, por tanto, eran adoradores del diablo; muchos solo fueron a ver un partido de fútbol o cenar con familiares y amigos. Nadie merecía morir, ni siquiera los supuestos adoradores del diablo si es que lo eran de verdad y no era solo una diversión.
No hay nada, absolutamente nada ni de lejos ni remotamente, que justifique la acción de aquellos terroristas islámicos. Lo que me hace reflexionar es la razón por la cual los jóvenes del Bataclan y tantos otros cambiaron la fe racionalmente razonable y plausible en la existencia de Dios, y en su revelación en Jesús de Nazaret, incuestionablemente el mejor modelo de vida humana, por la creencia supersticiosa en la existencia del diablo, personificación del mal, la violencia, la guerra y la anarquía.
Como bebé inquieto y rebelde, el mundo occidental muerde el pecho que lo amamantó. Para cualquier historiador imparcial es innegable que la Iglesia, el cristianismo, fue y es aún "Mater ed Magistra", madre y maestra de la cultura occidental. Por mucho que la sociedad no quiera reconocerlo, los valores que el mundo llama cívicos son "copia & pega" del evangelio. No había una única mención a la iglesia ni al cristianismo en la Constitución de Europa que por el expresidente francés Valéry Giscard d'Estaing redactó; ¿por ignorancia o por alevosía?
Una prueba de que la Iglesia todavía hoy influye en la cultura occidental está en el "Principio de Subsidiariedad", que hoy es la enmienda 14 de la Constitución de los Estados Unidos y una de las normas de la Unión Europea consagrada por el Tratado de Maastricht en el artículo 5. El Principio de Subsidiariedad no nació en la política; fue tomado de la doctrina social de la Iglesia, y apareció por primera vez en la encíclica "Quadragesimo anno" del papa Pío XI en 1931.
Empezando por Francia, Europa y el resto del mundo occidental están en decadencia porque, instalados en el lujo, la abundancia de placeres y la pura mundanidad, han perdido su fe, la estrella que los guiaba, los ideales del humanismo cristiano, la razón de vivir... sólo pueden esperar lo peor, pues quien no sabe hacia dónde navega, no tiene vientos favorables.
Vienen los bárbaros - con una nueva edad de las tinieblas
La prueba de esto es que, lamentablemente, Occidente no está ni remotamente interesado en montar una defensa de sus valores frente al fanatismo musulmán. Peor aún, hay señales de que Occidente está incluso preparado para sacrificar algunos de sus principales valores para apaciguar a aquellos que siempre despreciaron esos mismos valores. ― Lee Harris
Cuando en el siglo VIII los musulmanes invadieron Europa, y lo que quedaba del Imperio Romano de Oriente, Bizancio, tomando y destruyendo los lugares santos e impidiendo a los cristianos visitarlos, Occidente tenía una moral fuerte: los nobles eran verdaderamente "nobles" pues se inspiraban en los ideales de la caballería y estaban dispuestos a dar la vida por valores más altos que la propia existencia. En este sentido, las cruzadas fueron fundamentalmente un movimiento en legítima defensa de nuestra idiosincrasia cristiana.
Por eso basta de entonar el "mea culpa" y de esconder la palabra y el concepto de cruzada porque no es políticamente correcto. Es cierto que después se cometieron abusos y excesos, que no son moralmente justificables, pero el mal de lo políticamente correcto es que hoy, doblegados al mundo islámico, solo vemos los defectos de los cruzados y no les reconocemos sus virtudes. Los señores de lo políticamente correcto se olvidan de que, si no fuera por los cruzados, hoy ellos mismos estarían orientados hacia La Meca al canto del muecín desde lo alto del minarete.
La masa gris de Occidente abandonó el humanismo, el pensamiento filosófico y ético, y está toda volcada en la ciencia y la tecnología. Sin ideas, la civilización occidental padece de sida... del síndrome de inmunodeficiencia cultural, siendo por eso fácilmente presa del fanatismo musulmán, que consigue incluso reclutar jóvenes que nacieron y crecieron entre nosotros. ¿Por qué estos jóvenes son fácilmente engañados por los ideales negativos del fanatismo?
La respuesta es simple, porque crecieron en un mundo aséptico de ideales. Peor que tener ideales negativos es no tener ideas... Occidente se olvidó de que "tener una buena vida" desde el punto de vista material, no es suficiente. Los seres humanos, especialmente los jóvenes, necesitan saber por qué, para qué o por quién viven.
La juventud es el tiempo de soñar por un mundo mejor; los jóvenes son naturalmente y visceralmente idealistas. Si la sociedad occidental de matriz cristiana, aunque lo reniegue, ya no les ofrece ni les educa en los ideales del humanismo cristiano, los jóvenes buscan ideales en otro lado; son muchos los que, huyendo del nihilismo de valores e ideales que les ofrece la sociedad occidental, optan por el fanatismo que les ofrece el estado islámico u otros.
El terrorismo islámico que ha azotado a Occidente en los últimos tiempos, no es practicado por musulmanes que vienen de fuera, sino por jóvenes que nacieron en nuestros países, crecieron en nuestros barrios, fueron a la escuela y se formaron en nuestras universidades, pero no nos pertenecen, pues no comparten nuestros ideales.
Nadie da la vida por los llamados "valores laicos"
Los así llamados valores laicos no tienen la misma forma motivadora de comportamiento y acción que los valores religiosos, simplemente porque nadie da la vida por ellos. Prueba de esto es la portada del número de enero de 2016 de la revista Charlie Hebdo, en el primer aniversario de la masacre de algunos de sus caricaturistas.
Presentan a Dios armado de metralleta y con sangre en las manos y en el cuerpo. La particularidad de esta representación de Dios es que detrás de su cabeza, de cabellos largos y barba blanca, está el triángulo que todos entienden como el distintivo del Dios uno y trino de los cristianos.
Como no existe ningún movimiento terrorista de inspiración cristiana, esta es una crítica cobarde a la violencia religiosa musulmana. Los editores de esta revista que se reservan para sí el derecho al insulto, tiran la piedra y cobardemente esconden la mano. Porque "damos la otra mejilla", sabían que de los cristianos no tenían nada que temer. Por eso usaron al "Dios de los Cristianos" para criticar al "Dios de los musulmanes" y sus seguidores.
Es como aquel empleado que recibe una bofetada del jefe y, no pudiendo devolvérsela por miedo a perder el empleo, da una bofetada a la esposa, esta se la da al hijo mayor, este al hijo menor y este al perro o al gato.
Al hacer del inocente Dios de los cristianos el chivo expiatorio de la violencia musulmana, los editores de Charlie Hebdo hicieron, inadvertidamente e irónicamente, una profesión de fe en Aquel que inocentemente murió por los pecados de otros, Jesús de Nazaret. A Él deberían agradecer por haberles ayudado psicológicamente a desquitarse de la ira que era debida a los fanáticos musulmanes.
¿Por qué los nihilistas, ateos, agnósticos y los que viven sin Dios en la pura mundanidad, al contrario de los cristianos, no están dispuestos a dar la vida por sus ideales y valores éticos? La respuesta es simple, nadie da nada por nada; los cristianos cambian su vida, su temporalidad por la eternidad, mientras que los nihilistas al no tener nada con qué intercambiar, se aferran egoístamente a lo único que tienen, la vida temporal.
Precisamente porque nadie está dispuesto a dar la vida por los valores laicos o nihilistas, como prueba la portada de la revista Charlie Hebdo del 6 de enero de 2016, al contrario del siglo VIII, cuando los detuvimos en Poitiers, esta vez, tal como el Imperio Romano a merced de los bárbaros en el siglo V, estamos irremediablemente indefensos... a merced de los nuevos hunos, vándalos, vikingos y visigodos, los fundamentalistas musulmanes.
¿Quién los detendrá esta vez en Poitiers si ya están aquí dentro como un caballo de Troya y no paran de crecer? ¿Podemos esperar otro desembarco en Normandía si para entonces América sigue siendo cristiana?
La falsa seguridad es el poderío militar del que tanto se enorgullece Occidente. Sin embargo, por mucho que las armas no se disparen solas, los ejércitos siguen formándose principalmente con jóvenes, que cada vez escasean más en un Occidente peligrosamente envejecido.
La mejor solución para este problema fue presentada por quien quizás sea la política más influyente después del presidente de los Estados Unidos, Angela Merkel, hija de un pastor alemán, que dijo ante la potencial islamización de Europa que las personas, en vez de dar crédito a teorías de la conspiración, deberían volver a la Iglesia y leer la Biblia como hacían antes.
Alerta
Lo que quisimos decir es que hay ciertos factores dentro del mundo occidental que pueden causar su colapso:
- Degradación moral, falta de valores morales e ideales que inspiren y comprometan a los jóvenes
- Desinterés por la política manifestado en la abstención electoral
- Baja natalidad
- Fragmentación de la familia
- Individualismo, falta de sentido comunitario y del bien común
Con estas dos crónicas no pretendí ser un profeta de mal agüero. El determinismo de que la historia inexorablemente se repite es una creencia sociológica tal como la predestinación es una creencia religiosa; no es un principio o una ley de la ciencia histórica. La función de la profecía y su sentido bíblico no es adivinar lo que irremediablemente va a suceder, sino alertar precisamente para que no suceda.
Conclusión - Al contrario de los cristianos de todos los tiempos, nadie está dispuesto a dar la vida por los "valores" laicos o nihilistas de hoy día. Otrora, en virtud de los valores cristianos los detuvimos en Poitiers y Lepanto. ¿Quién los va a detener ahora y evitar el colapso de nuestra cultura y un regreso a una segunda Edad Media?
P. Jorge Amaro, IMC