viernes, 23 de noviembre de 2012

Atrio de los Gentiles

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El Vaticano ha creado un espacio para el diálogo entre creyentes y no creyentes, llamado el "Atrio de los Gentiles". Este nombre evoca el único lugar del templo de Jerusalén que podía ser frecuentado por no judíos. Era, de hecho, el lugar donde se compraban y vendían animales para sacrificios.

El Templo de Jerusalén estaba dividido en atrios, que consistían en rectángulos concéntricos, dispuestos según el nivel "Sagrado": desde el menos sagrado, el Atrio de los Gentiles, abierto a todos, hasta el más sagrado, el Sancta Sanctorum. Siguiendo esta escala, cualquiera entraría en el primero, solo los judíos entrarían en el segundo, el tercero los varones, el cuarto los sacerdotes, y el quinto, únicamente, el "Santo de los Santos", el Sumo Sacerdote.

En concreto, el diálogo entre creyentes y no creyentes, que tuvo lugar en Guimarães y Braga los días 16 y 17 de noviembre, me llenó de confianza; designarla como el "Atrio de los Gentiles" sin duda tiene sentido en términos históricos y metafóricos, pero no es inmune a la posibilidad de una cierta connotación peyorativa.

"Gentiles" era el nombre despectivo que los judíos daban a los no judíos, e incluso había fariseos que creían vehementemente que Dios creó a los gentiles para alimentar el fuego del infierno (donde terminarían los judíos "malos"). Desde este punto de vista, creo que, en los tiempos que corren, llamar "gentiles" a los "no creyentes" es como llamarlos "infieles", el nombre que los musulmanes dan a todos aquellos que no profesan su fe.

Cuando éramos pequeños, si había algo que más odiábamos era que nos insultaran. Debemos evitar la tentación de llamar a los demás según nuestra visión del mundo, es decir, la forma en que vemos y estamos en el mundo. Por esta misma razón, a los inuit del norte de Canadá no les gusta que los llamen esquimales; ese es el nombre que les damos, no el nombre con el que se identifican. Dudo que, a los no creyentes en general, o a aquellos que simplemente no profesan nuestra fe, les guste ser llamados "gentiles".

En esta montaña, el Señor del Universo preparará para todos los pueblos un banquete de suculentos manjares, un banquete de deliciosos vinos. Isaías 25,6

Si tuviera que encontrar en el Antiguo Testamento un nombre metafórico para este espacio de diálogo entre hombres y mujeres de buena voluntad, lo llamaría el Banquete de Isaías. Isaías es, sin duda, el profeta menos nacionalista y el más universalista del judaísmo, un auténtico “avant la letre”, es decir,” cristiano". 

PP. Jorge Amaro, IMC ( trad. Liliana Monroy)



viernes, 9 de noviembre de 2012

Aldea de las Religiones - La regla de oro

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Para promover la tolerancia y el diálogo interreligioso, con el objetivo de poner fin a las "guerras santas" y la paz en el mundo, la segunda Aldea de las Religiones se celebró en la aldea de Priscos, Braga, entre el 25 y el 28 de octubre (la primera se celebró en Brasil, en 1992).

"No hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti" es la versión más conocida de una regla que un misionero canadiense bautizó como la regla de oro porque, con pocas variaciones, existe en todas las religiones de nuestro planeta. Veamos algunas de ellas:

Hinduismo - Este es el deber supremo: no hagas a los demás lo que podría causar dolor si te lo hicieran a ti. Mahabharata 5:1517

Budismo – Al tratar con los demás, no utilices formas que puedan ser dolorosas para ti. El Buda, Udana-Varga 5.1

Confucianismo - Una palabra que resume la base de toda buena conducta: bondad. No hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti.  Analectas de Confucio 15:23

Judaísmo - Lo que es odioso para ti, no lo hagas a tu prójimo. Esta es toda la Torá; todo lo demás son comentarios. Ve y apréndelo. Rabí Hillel Talmud, 31 años

Islam - No te consideres creyente hasta que desees para los demás lo que deseas para ti mismo. Profeta Muhammad, 13 de Nawawi Hadices 40

Cristianismo - En todo, haz a los demás lo que te gustaría que te hicieran a ti; esto es toda la ley y los profetas. Mateo 7:12

Formulando la regla de oro en sentido negativo, estas religiones solo nos dicen lo que debemos evitar; mientras que el cristianismo en su formulación positiva nos dice lo que debemos hacer. Aunque la formulación musulmana también es positiva (lo que puede deberse a la innegable influencia cristiana en esta religión, que nació 600 años después de Cristo), expresa un deseo y no ordena una acción. No va, por tanto, más allá del nivel de las buenas intenciones...

Lo que me hace bueno no es mi esfuerzo por evitar el mal, sino mi esfuerzo por hacer el bien. Mientras que las formulaciones negativas y la expresión de un deseo me dejan en el "dolce fare niente", la formulación cristiana, el mandamiento de Cristo, me saca de mi pasividad, de mi inercia, de mi pereza o de mi zona de conforto, convirtiéndome en un activista por la justicia y la paz.

P. Jorge, Amaro, IMC