viernes, 21 de diciembre de 2012

"¡Oh, Si yo fuera hombre!"

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Después de dejar a su familia en la iglesia para la misa de medianoche, un granjero canadiense regresaba a casa huyendo de la tormenta de nieve que se avecinaba. La insistencia de su esposa en asistir a misa había sido en vano. Para él, la encarnación de Dio sen persona humana, no tenía sentido.

Mientras dormitaba al calor de la ojera del hogar, se sobresaltó por el choque de gansos en la puerta y las ventanas. Alejados, por la tormenta, de su trayectoria migratoria hacia el sur, estaban completamente desorientados.

Movido por la compasión, abrió las puertas del gran granero y comenzó a correr, a gritarles, a pitarles, y a ahuyentarlos en dirección de la puerta del granero para que se quedasen allí hasta que pasara la tormenta. Sin embargo, los gansos revoloteaban en círculos, sin entender lo que significaba el granero abierto y los gestos dramáticos del granjero desesperado (que ni siquiera los había convencido con migas de pan esparcidas en dirección al granero).

Derrotado en su intento de salvar a las pobres criaturas, suspiró: "¡Oh, si yo fuera un ganso! ¡Si tan solo pudiera hablar su idioma!" Al oír su propio lamento, recordó la pregunta que le había hecho a su esposa: "¿Por qué habría de querer Dios ser un hombre?". Y sin darse cuenta, balbuceó la respuesta: "¡Para salvarlo!" ... Finalmente entendió el significado de la Navidad y la necesidad de la encarnación de Dios Navidad.

"Religión" viene del latín "religare", que significa relacionarse, establecer una relación. Desde su naturaleza, el hombre siempre ha sido religioso y la perspectiva de que siempre lo será. Sabiendo que es precario y necesitado, el ser humano siempre ha buscado los favores de la "divinidad". Así, en todas las culturas, surgieron individuos que, considerados con una sensibilidad especial para relacionarse con lo divino, se sintieron enviados por Dios, los profetas, en la tradición hebrea.

Estos profetas nunca lograron establecer un puente de comunicación entre lo divino y lo humano. Esto se debe a que la Palabra de Dios, al ser transmitida por ellos (hombres con sus características personales influenciados por un determinado contexto sociocultural), terminó siendo afectada por muchas variables mediadoras (personalidad, prejuicios, estereotipos, normas sociales), perdiéndose muchas veces, el sentido del mensaje original.

Esto continúo sucediendo incluso después de Cristo. Por ejemplo, cuando San Juan menciona el número de veces que Jesús se apareció después de su muerte, no consideró la primera aparición que se le hizo a María Magdalena; Al mismo tiempo, San Pablo tampoco menciona esta aparición, y además menciona otra aparición a la que ningún evangelista hace referencia, la que se hizo a Pedro.

A lo largo de la historia de la humanidad, Dios, a pesar de su omnipotencia, se ha encontrado en la misma situación de impotencia que el hombre que no pudo establecer comunicación con los gansos para salvarlos; Por eso, cuando llegó la plenitud de los tiempos, exclamó: "Si tan solo fuera un hombre... "Y Dios se hizo hombre, y habitó entre nosotros...

Cristo, siendo a la vez Dios y Hombre, es el verdadero puente que une a la humanidad y a la divinidad, es el punto de encuentro, es comunicación plena, sin sesgos ni influencias. En Su palabra, en Su comportamiento, en Sus obras y en Su vida como hombre, Dios nos ha dicho todo lo que necesitamos saber acerca de Él y acerca del ser (y deber ser) del hombre.

P. Jorge Amaro, IMC


sábado, 1 de diciembre de 2012

El Propósito de la Misión Itinerante

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"Unus cristianus nulus cristianus", decía San Agustín: “El hábitat natural del cristiano es la comunidad”. No se puede ser cristiano solo, y no es posible vivir y perseverar en la fe sin tener como punto de referencia una comunidad.

Para crecer en la fe, no basta con confrontar a Dios y a su Palabra personalmente; también es necesario confrontar a la comunidad y al mismo tiempo "ser cuerpo" de ella, siendo miembro integrante y activo del Cuerpo Místico de Cristo, la Iglesia.

En la mayoría de las parroquias por ser grandes, frías y poco acogedoras, las personas no se conocen ni se relacionan entre sí, por lo que cada vez son menos referentes para crecer en la fe.

Por esta razón, muchos han abandonado la Iglesia para unirse a iglesias protestantes más pequeñas o incluso sectas, sometiéndose a pagar diezmos para obtener un trato más personalizado y menos masificado. Otros, para hacer frente al sentimiento de "despersonalización" resultante de la masificación, se han refugiado en algunos movimientos eclesiales que han surgido, para vivir la fe de una manera más personal y personalizada.

Todos estos movimientos tienen como punto de referencia la pequeña comunidad cristiana de la que algunos incluso se consideran inventores; olvidan que la Iglesia de los primeros siglos, antes del emperador Constantino, era una iglesia formada por pequeñas comunidades que se reunían en las casas de la gente.

El modelo e inspirador de la Misión Itinerante es San Pablo, evangelizador incansable, difundiendo la semilla del Evangelio. San Pablo formó pequeñas comunidades cristianas en Corinto, en Tesalónica, en Éfeso, etc. Este modelo fue seguido por nosotros los Misioneros, en África con las Pequeñas Comunidades Cristianas y en América Latina con las Comunidades de Base.

Este es, pues, el objetivo de la Misión Itinerante: ayudar a las parroquias, rodeadas de paganismo, a difundir la fe hasta los límites de sus fronteras. ¿Cómo? Actuando en las calles, en los centros comerciales, en los centros culturales, de dos en dos y de puerta en puerta, con el fin de formar, en tal o cual barrio, una pequeña comunidad cristiana.

Esta "pequeña comunidad cristiana" se reúne semanal o quincenalmente, una vez en casa de alguna persona, después en casa de otra y así sucesivamente. A partir de la Palabra de Dios, los miembros comparten su vida en un contexto de oración y, casi, de un grupo de apoyo y/o terapéutico.

Los domingos, todas las pequeñas comunidades cristianas de una parroquia se reúnen en la iglesia para celebrar el Día del Señor. Esta celebración es una verdadera fiesta de la vida porque esta parroquia es ahora una "Comunidad de comunidades", como lo concibió el Vaticano II hace 50 años.

Dispuesto a ayudar, he aquí el llamamiento: ¿hay algún párroco que, siendo el Buen Pastor, quiera ir en busca de la oveja perdida que vive en algún lugar del espacio geográfico de su parroquia?

P. Jorge Amaro, IMC ( trad. Liliana Monroy)