viernes, 15 de marzo de 2013

La muerte no existe

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Padre, hay una cosa que no entiendo; cuando muero, mi cuerpo va a la tierra, mi alma va al cielo, y yo, ¿a dónde voy yo?

La muerte no debe preocuparnos porque nunca coincidiremos; mientras existamos no existirá; cuando exista no existiremos
. Karl Marx

Como dice la ley de Lavoisier, en la naturaleza nada se pierde, todo se transforma. En el devenir continuo, nada permanece igual. La muerte y la vida son parte del mismo proceso, no hay vida sin muerte y no hay muerte sin vida. La muerte no es un estado en el que se puede encontrar un ser vivo, sino el paso de una forma de vida a otra. La muerte es el medio por el cual la vida se diversifica y progresa en la evolución de las especies.

La hierba verde de los campos crece hasta el día en que la gacela se la come; La hierba no murió, progresó y cambió de forma, se convirtió en una gacela. La gacela salta y salta por los barrancos, bebe agua de los arroyos y camina por el bosque hasta el día en que se la come el león; no murió, fue absorbida y tomada por el cuerpo del león.

El león, al no tener depredadores, muere de viejo o en alguna lucha por la supremacía de los machos; sus restos son devorados por hienas y buitres y lo que queda es devorado por hormigas y gusanos que, a su vez, cuando mueren, fertilizan la tierra donde vuelve a crecer la hierba.

Aparentemente, la vida y la muerte valen tanto como la muerte porque ninguna de las dos permanece; ambas acontecen sucesivamente sin cesar. Sin embargo, si miramos más de cerca, nos damos cuenta de que no es así. A pesar de ser dos partes o etapas de un mismo proceso, la vida y la muerte no están en plano de igualdad; al contrario, la vida está en un plano superior, porque no existe en función de la muerte, sino que la muerte existe en función de la vida.

Por lo tanto, no es cierto lo que dice el filósofo Heidegger: "Somos un ser para la muerte". La hierba vivió meses antes de morir; así como la gacela y el león vivieron años antes de morir; la muerte fue un momento, la vida fueron años; la muerte fue un pasaje, la vida es una constante; somos, por lo tanto, un ser para la vida. La vida y su diversificación es la constante, la muerte es solo el paso entre una forma de vida y otra forma de vida.

El mismo proceso vida-muerte-vida que ocurre entre los seres vivos en la cadena alimenticia ocurre dentro de todos los seres vivos. Nuestro cuerpo está formado por 100 billones de células; cada una de ellas se comporta como si fuera un ser vivo, siguiendo las reglas que rigen la vida en este planeta, es decir, nacen, crecen, se reproducen y mueren (curiosamente, solo las células cancerosas se niegan a morir); así es como explicamos el crecimiento, la transformación y el envejecimiento de nuestro cuerpo; cada 5 años tenemos un cuerpo biológicamente nuevo.

La madurez psicológica, que según Freud se produce en el paso del principio de placer al principio de realidad, implica y supone también la muerte. Lo mismo se puede decir de la madurez espiritual: "El que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por causa de mí, la salvará". Lucas 9:24    

Al igual que el león, que no tiene depredadores, está en la cima de su cadena alimenticia y es el rey de la selva, el hombre es el rey de la creación. Pascua significa paso; nuestra muerte o nuestra Pascua es como la de Cristo. El paso de una forma de vida espaciotemporal a una vida en la eternidad de Dios en la que no sólo seremos un alma, sino que, como Cristo, poseeremos un cuerpo espiritual, un cuerpo glorioso.

 Es por eso por lo que no desanimamos, porque "sabemos que cuando está cubierta que es nuestra morada terrenal se deshaga, habremos recibido una morada eterna en el cielo, edificada por Dios y no por los hombres" (2 Corintios 5:1).

P. Jorge Amaro, IMC (trad. Begoña Peña)


viernes, 1 de marzo de 2013

El ayuno es a la vida lo que el cero es a las matemáticas

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Cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha... Cuando ores, entra en la habitación más secreta y, cuando la puerta esté cerrada, ora en secreto. Cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lávate la cara... Mateo 6:3, 6, 18

Si orar es nuestra actitud hacia Dios, es decirle que lo amamos sobre todas las cosas, y es también la manifestación más alta de nuestra libertad; si la limosna es nuestra actitud hacia los demás, amándolos como nos amamos a nosotros mismos, siendo esta la única garantía de igualdad y justicia social, ¿para qué sirve el ayuno?

Al igual que la oración y la limosna, el ayuno también es algo más que privarse de alimentos, se refiere a la actitud que tenemos hacia nosotros mismos. Ya hemos descrito los dos valores en los que se basa la vida humana: la libertad en su dimensión individual y la igualdad en su dimensión social.

El ayuno es como el cero al servicio de las matemáticas; fue la invención del cero lo que hizo posible la matemática. Con la numeración romana, en la que este no existe, las matemáticas no serían posibles. De manera análoga, es el ayuno lo que hace posible la igualdad y el amor al prójimo, así como la libertad y el amor a Dios.

Ayuno en sentido amplio - ¿Cómo puedo afirmar en mi vida al otro, ya sea Dios o mi prójimo, si no me niego a mí mismo , (Marcos 8:34), si no ayuno en mi egocentrismo y renuncio al engrandecimiento e hinchazón de mi ego, privándome de tener más? ¿Qué lealtad puedo rendir a Dios si me considero dueño de mí mismo?

¿Cómo puedo servir a Dios y ser libre si sirvo al dinero, (Mateo 6:24) y he entregado mi corazón a las riquezas, al poder y a los placeres? Si no me poseo a mí mismo, ¿cómo puedo entregarme a Dios o a mi prójimo? ¿Cómo puedo amar a mi prójimo y sentirme igual a él si, en lugar de servirle, me sirvo de él?

¿Y cómo puedo compartir lo que es mío, las cosas, el tiempo y las energías si antes no renuncio a ellas? Para usar una expresión muy actual en nuestro país en crisis, el ayuno es recortar el gasto; es recortar los gastos que tengo sobre mí mismo, tiempo, energía y recursos para poder dar y darme a los demás.

El ayuno, o dieta en lenguaje médico, es a la salud del alma lo que el deporte es a la salud del cuerpo. No hacemos una vida de ayuno porque no somos monjes, ni hacemos una vida de deporte porque no somos deportistas; pero la práctica moderada del ayuno mejora la salud del alma tanto como la práctica moderada del deporte mejora la salud del cuerpo.

El ayuno y el deporte, así entendidos, están al servicio de la vida porque nos entrenan para ello, otorgándonos muchos beneficios. El deporte entrena el cuerpo y la mente, dándote más energía y salud; el ayuno, como privarse de alimentos, o la abstinencia, como privarse de ciertos alimentos, entrena el alma en el arte y la capacidad de negarse a sí mismo, la abnegación, el autocontrol y la fuerza de voluntad.

Puesto que, después de respirar, el alimento es la necesidad más indispensable que tenemos, cuesta mucho privarse de él; por esta misma razón, es el mejor entrenamiento para poder ayunar en sentido amplio, es decir, hacer cortes al YO para afirmar el TÚ, que es lo que realmente importa.

El ayuno hace a la persona anímicamente más fuerte y la prepara para mayores sacrificios y abnegaciones. Lo contrario también es cierto; el que carece de autocontrol en el consumo de alimentos y es glotón, difícilmente será una persona que comparta y es muy probable que también sea voluble y glotón.

Esaú perdió a su progenie por un plato de lentejas (Génesis 25:29-34). Que la gula, un pecado que ya nadie confiesa en esta sociedad de consumo, no nos haga perder cuerpo y alma. Como dice la gente, "el glotón cava la tumba con los dientes" y "la avaricia rompe el saco"

P. Jorge Amaro, IMC (Trad. Begoña Peña)