Creemos, y por eso hablamos, sabiendo que el que resucitó al Señor Jesús también nos resucitará con Jesús y nos llevará ante él con vosotros. (…) Es por eso por lo que no desmayamos, e incluso, si el hombre externo en nosotros está en camino a la ruina, el hombre interno se renueva día a día. (…) No miramos las cosas que son visibles, sino las cosas que son invisibles porque las cosas que son visibles son efímeras, mientras que las cosas que son invisibles son eternas. 2 corintios 4:14, 16, 18
Antropología hebrea y antropología griega
La idea de que el alma es inmortal y está destinada a la eternidad y que el cuerpo, que encarna por un tiempo, es mortal y, como tal, está destinado a desaparecer, tiene que ver con la antropología dualista griega y nada que ver con el pensamiento bíblico.
En la antropología hebrea y bíblica, ni el alma es inmortal ni el cuerpo es mortal. En nuestro ser, las dimensiones corporal y espiritual forman un todo indivisible. Si, durante nuestra vida terrena, el cuerpo tiene un alma que lo anima, en nuestra vida después de la muerte el alma tiene un cuerpo que le da forma, un cuerpo que no es físico sino espiritual. Con la misma forma que el físico, pero no de la misma naturaleza.
La materia visible está formada por cosas invisibles
Siempre hemos dado por sentado que la materia es visible y el espíritu es invisible; en realidad, este no es el caso. La física cuántica de nuestro tiempo, que ha destronado para siempre a la física mecanicista y materialista de Newton, nos dice que la realidad visible está hecha de realidades invisibles.
El átomo, considerado como el "bloque de construcción" de la materia, es invisible y está formado por un electrón siempre en movimiento dentro de una nebulosa cuyo centro está compuesto por neutrones y protones; estos, a su vez, están formados por quarks que, a su vez, siguen estando formados por la partícula más elemental recientemente descubierta y apodada "la partícula de Dios". De esto podemos concluir que definiciones simplistas como la de que ¨la materia es visible y el espíritu es invisible¨ no tienen nada que ver con la física de nuestros días.
La metáfora del agua
El agua, sin dejar nunca de ser lo que es, existe en la naturaleza en tres estados diferentes: sólido, líquido y gaseoso. En estado gaseoso, el agua, sin perder nada de lo que la caracteriza en su esencia, existe en forma intangible e invisible.
Así como el agua, que sin dejar de ser lo que es en su esencia puede existir en una forma intocable e invisible, así nosotros, como personas, también podemos existir en una forma invisible e intangible en nuestro cuerpo espiritual que reemplaza nuestro cuerpo físico después de la muerte. Nuestro cuerpo físico es nuestra forma de ser y de estar en el tiempo y en el espacio; nuestro cuerpo espiritual será nuestra forma de ser y existir más allá del tiempo y el espacio.
Volviendo a nuestra analogía, el agua en estado sólido y gaseoso es como si estuviese en el limbo porque está en estado puro. Pero es el principio de la vida sólo cuando existe en estado líquido, no puro sino potable. Cuando el vapor de agua se condensa en forma de lluvia o rocío penetra en la madre tierra y, luego de adquirir un "cuerpo físico" formado por las sales minerales que lo componen, mana de la tierra, por lo que se le llama "manantial de agua".
Las sales minerales son el cuerpo físico del agua ya que la transforman de pura a potable y la fijan dentro de cada organismo vivo. El agua pura, sin sales minerales, no es el principio de la vida porque, al no poder retenerla en su estado puro, los seres vivos se deshidratarían y morirían con ella.
Cuando el agua se evapora, se desprende de las sales minerales que eran su forma de estar en este mundo y vuelve a existir en estado puro. La evaporación del agua es como nuestra muerte; al igual que el agua, que no necesita sales minerales para ser agua, nosotros no necesitamos nuestro cuerpo físico para ser lo que somos, hijos de Dios; no es, por lo tanto, nuestro cuerpo físico el que nos identifica ante Dios, sino nuestro cuerpo espiritual.
P. Jorge Amaro, IMC (trad. Begoña Peña)