martes, 16 de abril de 2013

El realismo de la resurección

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Creemos, y por eso hablamos, sabiendo que el que resucitó al Señor Jesús también nos resucitará con Jesús y nos llevará ante él con vosotros. (…) Es por eso por lo que no desmayamos, e incluso, si el hombre externo en nosotros está en camino a la ruina, el hombre interno se renueva día a día. (…) No miramos las cosas que son visibles, sino las cosas que son invisibles porque las cosas que son visibles son efímeras, mientras que las cosas que son invisibles son eternas. 2 corintios 4:14, 16, 18

Antropología hebrea y antropología griega
La idea de que el alma es inmortal y está destinada a la eternidad y que el cuerpo, que encarna por un tiempo, es mortal y, como tal, está destinado a desaparecer, tiene que ver con la antropología dualista griega y nada que ver con el pensamiento bíblico.

En la antropología hebrea y bíblica, ni el alma es inmortal ni el cuerpo es mortal. En nuestro ser, las dimensiones corporal y espiritual forman un todo indivisible. Si, durante nuestra vida terrena, el cuerpo tiene un alma que lo anima, en nuestra vida después de la muerte el alma tiene un cuerpo que le da forma, un cuerpo que no es físico sino espiritual. Con la misma forma que el físico, pero no de la misma naturaleza.

La materia visible está formada por cosas invisibles
Siempre hemos dado por sentado que la materia es visible y el espíritu es invisible; en realidad, este no es el caso. La física cuántica de nuestro tiempo, que ha destronado para siempre a la física mecanicista y materialista de Newton, nos dice que la realidad visible está hecha de realidades invisibles.

El átomo, considerado como el "bloque de construcción" de la materia, es invisible y está formado por un electrón siempre en movimiento dentro de una nebulosa cuyo centro está compuesto por neutrones y protones; estos, a su vez, están formados por quarks que, a su vez, siguen estando formados por la partícula más elemental recientemente descubierta y apodada "la partícula de Dios". De esto podemos concluir que definiciones simplistas como la de que ¨la materia es visible y el espíritu es invisible¨ no tienen nada que ver con la física de nuestros días.

La metáfora del agua
El agua, sin dejar nunca de ser lo que es, existe en la naturaleza en tres estados diferentes: sólido, líquido y gaseoso. En estado gaseoso, el agua, sin perder nada de lo que la caracteriza en su esencia, existe en forma intangible e invisible.

Así como el agua, que sin dejar de ser lo que es en su esencia puede existir en una forma intocable e invisible, así nosotros, como personas, también podemos existir en una forma invisible e intangible en nuestro cuerpo espiritual que reemplaza nuestro cuerpo físico después de la muerte. Nuestro cuerpo físico es nuestra forma de ser y de estar en el tiempo y en el espacio; nuestro cuerpo espiritual será nuestra forma de ser y existir más allá del tiempo y el espacio.

Volviendo a nuestra analogía, el agua en estado sólido y gaseoso es como si estuviese en el limbo porque está en estado puro. Pero es el principio de la vida sólo cuando existe en estado líquido, no puro sino potable. Cuando el vapor de agua se condensa en forma de lluvia o rocío penetra en la madre tierra y, luego de adquirir un "cuerpo físico" formado por las sales minerales que lo componen, mana de la tierra, por lo que se le llama "manantial de agua".

Las sales minerales son el cuerpo físico del agua ya que la transforman de pura a potable y la fijan dentro de cada organismo vivo. El agua pura, sin sales minerales, no es el principio de la vida porque, al no poder retenerla en su estado puro, los seres vivos se deshidratarían y morirían con ella.

Cuando el agua se evapora, se desprende de las sales minerales que eran su forma de estar en este mundo y vuelve a existir en estado puro. La evaporación del agua es como nuestra muerte; al igual que el agua, que no necesita sales minerales para ser agua, nosotros no necesitamos nuestro cuerpo físico para ser lo que somos, hijos de Dios; no es, por lo tanto, nuestro cuerpo físico el que nos identifica ante Dios, sino nuestro cuerpo espiritual.

P. Jorge Amaro, IMC (trad. Begoña Peña)


lunes, 1 de abril de 2013

¿Resurrectión o reincarnación?

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Lo mismo sucede con la resurrección de los muertos: sembrado corruptible, el cuerpo resucita incorruptible; sembrado en deshonra, resucitado en gloria; sembrado en debilidad, resucita lleno de fuerza; sembrado en el cuerpo, el cuerpo espiritual resucita. Si hay un cuerpo terrenal, también hay un cuerpo espiritual. 1 corintios 15:42-44

La reencarnación es un concepto, tanto hindú como budista, que la Nueva Era se ha encargado de difundir en el mundo cristiano occidental. El pensamiento frágil, y a menudo incongruente, del hombre de hoy, fascinado con la posibilidad de tener siete vidas como el gato, ha asimilado este concepto acríticamente. Es común encontrar cristianos que creen tanto en la resurrección como en la reencarnación sin darse cuenta de que los dos conceptos son autoexcluyentes.

Como todo lo que es auténticamente humano, la fe siempre escapará a la lupa del método científico del conocimiento; el hombre no es el objeto de la ciencia. Sin embargo, para no degradarse en pura superstición, la fe debe estar casada con la razón. La superstición es irracional, la fe, al no ser racional, es al menos razonable, plausible, debe tener sentido. Hagamos la prueba de la razón para ambos conceptos:

Reencarnación - Al igual que en la filosofía griega, para los orientales el alma es eterna; existe antes y es independiente del cuerpo que encarna. En un proceso ascendente hacia la perfección, cada vida, cada cuerpo que el alma encarna es una oportunidad para progresar hacia ella, encarnando sucesivamente en formas de vida más elevadas y cada vez más perfectas.

Por el contrario, cuando el alma se comporta mal, retrocede, es decir, reencarna en la vida siguiente en una forma inferior de existencia que puede ser incluso un animal, una vaca, por ejemplo.

Astronomía - La reencarnación parece asumir que el mundo siempre ha existido y siempre existirá, pero la astronomía actual dice que el mundo comenzó a existir con un “Big Bang” y un día dejará de existir cuando el universo haya gastado toda su energía.

Demografía – La reencarnación, para ser posible, presupone un planeta con la misma población a lo largo del tiempo. La demografía nos dice que el hombre comenzó a habitar este planeta hace 5 millones de años; se estima que la población mundial en la época de Jesús era de 300 millones de personas, ahora somos 7 mil millones.

Evolución de las especies – La vida comenzó con un ser unicelular que se diversificó y progresó, pasando a especies cada vez más superiores e inteligentes hasta llegar al ser humano. La ciencia de la evolución de las especies no conoce regresión. Entre nosotros y los animales hay millones de años de evolución que no son reversibles.

Genética – La combinación de genes en el código genético de cada ser vivo es única e irrepetible en la historia de la vida en este planeta; parte de la dignidad humana se debe a este hecho. No tiene sentido que un alma tenga un código genético para cada vida que vive, ni tiene sentido que varios cuerpos de la misma alma tengan el mismo código genético.

Regresión: ¿Cómo explicar ciertas terapias que llevan a la persona a la regresión y saber qué fue en otra vida y qué tipo de persona fue? Si hay algo de verdad en este fenómeno, podría explicarse por la noción de "inconsciente colectivo" propuesta por Carl Jung, discípulo de Freud.

Las personas entonces no regresarían a otras vidas que tuvieran, sino que, a través de la meditación y la técnica de regresión, se conectarían con materiales psíquicos que no provienen de la experiencia personal y que se encuentran en lo que Jung llama el "inconsciente colectivo".

Se trata de una especie de base de datos, de herencia y patrimonio de toda la humanidad, que contiene todo lo que el ser humano es y ha hecho a lo largo de su historia.

Resurrección - Este concepto no debe satisfacciones ni explicaciones a ninguna de las ciencias anteriormente descritas pues no está en conflicto con ninguna de ellas. En el pensamiento judeocristiano, el alma no es eterna y está intrínsecamente unida, y para siempre, a un cuerpo; no hay cuerpos sin almas, no hay almas sin cuerpos.

Por la gracia de Dios, todo ser humano es naturalmente candidato a la vida eterna, y todo su ser, cuerpo y alma se transforma en una forma inmortal de existencia, el cuerpo espiritual o glorioso (1 Co 15:42-44). Aquellos que responden negativamente a la gracia de Dios, negándola en sus vidas y viviendo de espaldas a Él, probablemente se están aplicando a sí mismos la muerte eterna, es decir, un regreso a la nada de la cual Dios creó todo.

P. Jorge Amaro, IMC (trad. Begoña Peña)