La fe y la razón no son dos conceptos opuestos e irreconciliables como el sí y el no, el blanco y el negro, la mentira y la verdad. Anthony Kenny define la razón como el promedio entre el escepticismo y la credulidad, es decir, el equilibrio ideal entre la creencia y la duda inadecuada.
Al igual que la fe, que para ser humana debe huir de la irracionalidad y ser razonable, la razón debe huir de la pretensión de ser "un experto en todos los oficios", es decir, de ser el único camino hacia el conocimiento. Parafraseando a Pascal, la fe tiene razones que la razón desconoce. Si la fe sin razón es ciega, la razón sin fe no es menos ciega; ambas son importantes para el conocimiento.
Históricamente, a lo largo del tiempo, la razón se constituye e instituye en la ciencia, que es el proceso de determinar el comportamiento de la materia o del universo mediante la observación, la experimentación y la razón. Históricamente, la fe se constituye e instituye en la religión, que es un sistema organizado de creencias, ideas o respuestas sobre la causa, la naturaleza y el propósito del universo que no son ni pueden ser objeto de la ciencia.
El ateísmo también es una creencia y menos científica
La religión contiene dentro de sí la fe de que el Dios eterno creó la materia (el universo), una creencia sobrenatural, no basada en la observación directa, que precedió al Big Bang. El ateísmo contiene en sí mismo la fe de que la materia (el universo) es eterna y no creada; una creencia sobrenatural que, igualmente, no puede basarse en la observación directa porque el observador, el hombre, no existía en ese momento.
La ciencia no puede probar que la creencia de que Dios precedió al Big Bang y está en el origen del universo es errónea. Por el contrario, la creencia atea de que el universo siempre ha existido y se ha creado a sí mismo viola la ley de conservación de la materia/energía (CME2) de Einstein, la primera ley de la termodinámica, según la cual la materia puede convertirse en energía y viceversa, pero ni la materia ni la energía pueden crearse a sí mismas.
La creencia atea de que el universo es eterno y siempre existirá viola la segunda ley de la termodinámica, la llamada ley de la degradación, por la que la transformación de la materia en energía no es posible sin el deterioro irreversible o desgaste de la primera. De esto podemos concluir científicamente que el universo terminará cuando haya gastado toda su energía.
Dejando a un lado el hecho de que un día no necesitaremos fe porque veremos a Dios cara a cara, incluso en este mundo, el conocimiento científico puede aumentar y estar un paso más cerca de probar la existencia de Dios de manera irrefutable; mientras que la fe atea en un universo increado y eterno siempre seguirá siendo una creencia porque nunca tendremos conocimiento científico del origen de un universo eterno increado, ya que ninguna persona existió o pudo estar presente para observar el comienzo de un universo sin principio.
Fe y razón en la vida cotidiana
La fe no vive solo de la religión, ni la razón vive solo de la ciencia. La fe y la razón van juntas y las necesitamos en nuestra vida diaria. Prácticamente cada acto contiene un poco de razón y un poco de fe. En nuestra vida, la razón analiza, la fe decide; sin razón, decidiríamos prematuramente y cometeríamos más errores de los que ya cometemos; sin fe nunca seríamos capaces de decidir, de arriesgar una solución a nuestros problemas, porque siempre pensaríamos que algo puede haber escapado a nuestro análisis y caeríamos en un estancamiento.
Cuando acepto un cheque por un servicio prestado creo que tiene cobertura, sería descortés y podría perder a un amigo si lo rechazara. Cuando me subo a un avión, creo que los policías han hecho un buen trabajo al evitar que alguien ponga una bomba en su equipaje y creo que los pilotos están bien preparados y tienen buenas intenciones.
Cuando me siento a comer en un restaurante, confío en que los alimentos estén en buen estado y no requieran que sean analizados en un laboratorio antes de consumirlos. Es la falta de fe y el miedo al envenenamiento lo que hace que en Etiopía el cocinero siempre pruebe la comida delante de los invitados.
Cuando me uno a una mujer en matrimonio, creo que va a funcionar, que va a ser para toda la vida. Cuando solicito un préstamo bancario, por más que el banco analice mi situación financiera, si finalmente me concede el crédito solicitado es porque tiene fe en que algún día se lo devolveré con intereses.
La tarjeta de crédito es, después de todo, una tarjeta de fe y funciona en base a ella. Hablamos de fe en los mercados como hablamos de fe en Dios. En resumen, la fe no es solo la moneda de cambio entre nosotros y Dios, sino que también es la moneda de cambio entre nosotros y los demás.
Dado que el hombre no es objeto de la ciencia, en la vida cotidiana no hay certezas, solo probabilidades. Al igual que la razón, la fe es esencial en las relaciones humanas para el entendimiento entre las personas. Es sobre la base de la confianza que las personas tienen entre sí que se hacen y aceptan promesas y compromisos..
P. Jorge Amaro, IMC (trad. Begoña Peña)