Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, (...) Y sepan que yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin de los tiempos". Mateo 28, 19-20
(...) Cuando el Hijo del Hombre regrese, ¿encontrará fe en la tierra? Lucas 18, 8b
El mandato misionero de Cristo se produce cuando, antes de ascender al cielo, dio por cumplida su misión como enviado del Padre. Así comenzó la Misión "Ad Gentes", o la misión del espacio, porque Cristo envió a sus discípulos por todo el mundo.
Pero, como seres espaciotemporales que somos, la Misión tiene también una dimensión temporal e histórica, "Intra Gentes", que consiste en transmitir el Evangelio de generación en generación hasta el fin de los tiempos. En resumen: Misión Ad Gentes" hasta los confines del mundo, misión "Intra gentes" hasta los confines de los tiempos.
Resumen de lo anterior
El testimonio de los cristianos auténticos despierta la fe de quien lo presencia; los que se atreven a hacer la opción de la fe llegarán, a través de la experiencia de Dios, a la plena convicción de que no han creído en vano. Esta experiencia, es decir, el encuentro personal con Cristo y el establecimiento de una relación amorosa e íntima con Él, conduce a la salvación, es decir, a la salud del alma y del cuerpo, a la conversión, al cambio de vida.
Finalmente, este nuevo cristiano mismo comienza a dar testimonio de la salvación que Dios ha obrado en su vida y también puede despertar la fe en aquellos que entran en contacto con él. Es en este sentido que nosotros, los misioneros, siempre hemos insistido en que todo cristiano auténtico es un misionero o, si no, no es un cristiano en absoluto.
Comenzamos con el testimonio y volvemos al testimonio como el inicio del proceso que conduce a la opción de la fe, a la experiencia de Dios, al cambio de vida, y a la misión que no es otra cosa que cantar como María, nuestro Magníficat personal, es decir, dar testimonio de las maravillas que el Señor ha obrado en mí.
Misión "Intra Gentes"
Cuando los discípulos comenzaron a poner en práctica el mandato que habían recibido del Señor desde Jerusalén, los conversos surgieron por todas partes. Estos nuevos cristianos fueron invitados a agruparse en pequeñas comunidades. San Pablo fue el fundador de muchas de ellas, la de los Corintios, la de Éfeso, la de Tesalónica, etc.
Mientras san Pablo y los demás apóstoles continuaban su trabajo de "pescadores de hombres", el nombre que el Señor mismo había dado a sus apóstoles, alguien tenía que cuidar de estas pequeñas comunidades recién constituidas. Así nacieron los primeros pastores que cuidaron del rebaño de las ovejas del Señor. Tito, Timoteo y Filemón son algunos de estos colaboradores a los que el Apóstol confía las comunidades que ha constituido.
Por lo tanto, ya en los tiempos apostólicos, como consecuencia lógica de la misión "Ad Gentes" -la de llevar el Evangelio a todo el mundo- nació la misión "intra-gentes", es decir, la misión que se realiza dentro de un pueblo y consiste en transmitir el Evangelio de generación en generación hasta el fin de los tiempos. Podemos concluir entonces que la misión "Ad Gentes" es la misión de los pescadores, mientras que la misión "Intra Gentes" es la misión de los pastores.
La misión "Intra Gentes", como todo Estado Social, se basa en el valor ético de la solidaridad entre generaciones: los que ahora trabajan descuentan un porcentaje de su salario para que sus padres, la generación anterior, puedan disfrutar de una pensión de jubilación. En el estado de bienestar, la solidaridad es con la generación anterior; en la misión "Intra Gentes" es hacia las generaciones posteriores. Como toda educación cristiana, cuando los padres viven su cristianismo auténticamente, también despiertan la fe y la misma experiencia en sus hijos.
Con todo lo que ha hecho por el progreso espiritual y material de los pueblos, la misión "Ad Gentes" ha sido llamada por algunos "el rostro limpio de la Iglesia". Plagada de escándalos y retiradas, la misión "Intra Gentes" parece tener un rostro menos presentable. El evangelio parece estar progresando en la vanguardia y retrocediendo en la retaguardia.
En el mundo occidental, durante la antigüedad y la Edad Media, transmitir el evangelio de generación en generación era una tarea relativamente fácil; desde el Renacimiento el rebaño ha ido perdiendo ovejas. El intento del Vaticano II de adaptar la Iglesia al mundo moderno no ha revertido esta tendencia, hoy el problema es alarmante. Prueba de ello es la constante preocupación de los Papas, desde Pablo VI que proclamó el primer año de fe; Juan Pablo II, que lanzó la nueva evangelización, y Benedicto XVI, que proclama por segunda vez en la Iglesia un año de fe.
"La fe o se apega se apaga"
Ruego no solo por ellos, sino también por aquellos que creerán en mí a través de su palabra, Juan 17, 20. En su oración sacerdotal, Cristo pensó en todos aquellos que, de generación en generación, recibirían la Buena Nueva. Nuestra fe en Cristo es apostólica porque desde los apóstoles se ha transmitido de generación en generación, así como el testimonio en la carrera de relevos pasa de atleta a atleta.
Siempre estaré con ustedes hasta el fin de los tiempos. Podemos dar por sentado que Cristo siempre estará con nosotros, pero ¿siempre estaremos con él?
Cuando el Hijo del Hombre regrese, ¿encontrará fe en la tierra? Es un enigma y una posibilidad. Padres, catequistas, maestros, pastores y educadores en general no logran transmitir la fe a las generaciones futuras, que son cada vez más incrédulas. Una fe debilitada de generación en generación puede acabar desapareciendo de la historia de la humanidad y es posible que, cuando Cristo venga por segunda vez para juzgar a los vivos y a los muertos, no encuentre fe en la tierra.
Cuando la señal de radio o televisión llega débil a un sitio, es necesario erigir una torre de antena para fortalecerla. Como alguien dijo: "La fe se aferra o se apaga". El paso de Cristo, de generación en generación, tiene la equivalencia de la resurrección de Cristo para esa generación y para las generaciones siguientes. El no paso es equivalente a su muerte tanto para las generaciones presentes como para las futuras.
Cristo resucita de una generación a la siguiente o muere de generación en generación. Si la tendencia actual continúa, un día, la muerte histórica de Cristo puede convertirse en la muerte de Cristo en la historia. Para que no seamos parte del problema, seamos parte de la solución, es decir, en esta carrera de relevos, o cadena de transmisión de la fe, no seamos el eslabón más débil. Estamos siempre en el tiempo de la Misión porque solo termina cuando Cristo es todo en todos. 1ª Corintios 15, 28
P. Jorge Amaro, IMC (trad. Begoña Peña)