martes, 15 de abril de 2014

La lección de la Mariposa

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Un día apareció una pequeña abertura en un capullo. Un hombre sentado observó a la mariposa durante varias horas mientras intentaba mover su cuerpo a través del pequeño agujero.

Al cabo de un rato parecía que había dejado de progresar. Parecía que ya había hecho todo lo que podía y no había podido ensanchar el agujero.

Así que el hombre decidió ayudar a la mariposa: agarró unas tijeras y abrió el capullo. La mariposa pudo salir con facilidad. Su cuerpo estaba marchito, era pequeño y sus alas estaban arrugadas.

El hombre siguió observándolo porque esperaba que, en cualquier momento, las alas se abrieran y estiraran para poder sostener el cuerpo y que se endureciera. ¡Nada de esto sucedió! Por el contrario, la mariposa pasó el resto de su vida arrastrándose con el cuerpo y las alas marchitas y encogidas y nunca pudo volar.


Ayudar no siempre ayuda
El hombre, en su bondad y disposición a ayudar, no se dio cuenta de que el capullo apretado y el esfuerzo requerido para que la mariposa pasara a través de la pequeña abertura era la estratagema que Dios había ideado para que el fluido del cuerpo de la mariposa fuera bombeado a las alas, permitiéndole así volar, después de haberse liberado del capullo.

Hay ayuda y ayuda... Todos debemos ser buenos samaritanos, pero no debemos reemplazar a los demás; eso es paternalismo. Podemos ayudar a solucionar los problemas de los demás, pero solo ellos pueden verdaderamente solucionarlos. Podemos llevar el buey al agua, pero solo él puede beber... Obligar a un adulto a hacer el bien siempre es malo... La ayuda positiva es dar una caña y enseñar a pescar y no dar un pez. Dar un pez crea dependencia y promueve la pereza de los que son ayudados..

La psicoterapia actual sigue el principio de no directividad, que es una derivación de los antiguos mayéuticos socráticos. El psicoterapeuta no hace preguntas por curiosidad o para conocer al cliente, sino para ayudar al cliente a conocerse a sí mismo y a encontrar dentro de sí mismo la solución a sus problemas, la motivación y la fuerza de voluntad para el cambio.

Bebés de África y bebés de Europa
En el campo de la educación, Freud descubrió que la madurez humana ocurre cuando se abandona el principio del placer y se abraza el principio de la realidad o, como diría Cristo, "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame" (Lucas 9, 23). Los niños de África hacen esta transición mucho antes que los niños de Europa.

Aquí, cuando un bebé llora, es atendido de inmediato, por lo que muchos bebés ya ni siquiera lloran, solo hacen muecas para conseguir lo que quieren y ¿qué otra cosa es sino una amenaza, un ultimátum? El bebé crea la creencia de que basta llorar para que las cosas aparezcan hechas por arte de magia, instalándose en el Principio del Placer.

A diferencia de los sobreprotegidos bebés europeos, los africanos lloran y lloran y no son atendidos, por lo que pronto se acostumbran a la dura realidad; si sienten frío, hambre, sed o humedad, pueden manejarlo, por lo que pronto se despiertan a un mundo sin Santa Claus y el hada madrina, volviéndose adultos antes.

Muchos padres que pasaron por dificultades cuando eran niños dicen que no quieren que sus hijos pasen por lo que ellos han pasado; en consecuencia, son paternalistas al alfombrar la vida de sus hijos pensando que los están ayudando. Olvidan que, si son lo que son hoy, es precisamente porque han pasado por estas mismas dificultades.

La cruz va en contra de la ley del mínimo esfuerzo

¿No tuvo el Mesías que sufrir estas cosas para entrar en su gloria? Jesús explica a los discípulos en el camino a Emaús (Lucas 24, 26). Todo lo que es bueno en la vida tiene un precio o cuesta dinero o cuesta trabajo o cuesta esfuerzo o las tres cosas al mismo tiempo.

La ley del mínimo esfuerzo ha motivado el avance científico y técnico en todos los aspectos materiales de la vida humana, pero no se aplica a los aspectos psíquicos, éticos y espirituales. En estos reinos sigue prevaleciendo la ley del máximo esfuerzo para obtener el mayor beneficio.

"La tristeza bien ordeñada es la flor y nata de la alegría", dicen los pastores de la Serra da Estrela. No se puede celebrar una victoria sin una batalla y, cuanto más dura es la batalla, más gozosa es la celebración de la victoria.

No hay resurrección sin muerte. Cristo no habría podido entrar en su gloria sin dejar este mundo donde se había encarnado. La salida no sería airosa porque la vida no fue airosa. Cristo pagó el precio de su libertad y no de la sumisión al poder político, económico y religioso. Pagó el precio de su audacia al haber enfrentado y denunciado las injusticias del estamento social y religioso de su tiempo.

Los grandes desafíos hacen grandes hombres
"La situación hace al ladrón", dice la gente. También es válido en un sentido positivo. O sea, son las situaciones, los grandes desafíos, los que hacen un héroe cuando la persona es movida por altos ideales, o un cobarde y oportunista cuando se mueve por intereses egoístas y mezquinos.

Fue la esclavitud del pueblo de Dios en Egipto lo que hizo la persona y personalidad de Moisés. Fue la cicuta la que enalteció a Sócrates y lo desenterró del olvido de la historia. Fue la Guerra de Troya la que creó el mito de Aquiles. Fue la Segunda Guerra Mundial la que creó a Winston Churchill. Fue la independencia de la India la que creó a Gandhi. Fue el apartheid en Sudáfrica el que creó a Nelson Mandela. No es el hombre el que crea la situación, es la situación la que hace al hombre.

Pedí fuerza y Dios me dio dificultades para hacerme fuerte.
Pedí sabiduría y Dios me dio problemas para resolver.
Pedí prosperidad, y Dios me dio inteligencia y fuerza para trabajar.
Pedí coraje y Dios me dio obstáculos para superar.
Pedí amor y Dios me dio personas para amar.
Pedí favores y Dios me dio oportunidades.
Dios no me dio nada de lo que pedí,
pero tampoco me faltó nada de lo que necesitaba...
Autor desconocido

Vive la vida sin miedo; enfréntate a todos los obstáculos que se te presenten porque "Dios da el frío según la ropa". Ten fe; Dios no permitirá que seas probado más allá de tus fuerzas porque "No hay males que por bien no vengan".

P. Jorge Amaro, IMC (trad. Begoña Peña)


martes, 1 de abril de 2014

Belleza física versus Simpatia

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"El que oye estas palabras mías y las pone en práctica, es semejante a un hombre sabio que edificó su casa sobre la roca. Cayó la lluvia, crecieron los ríos, los vientos soplaron contra aquella casa, pero no cayó porque estaba fundada sobre la roca.

Pero cualquiera que oiga estas palabras mías y no las ponga en práctica será semejante a un necio que edificó su casa sobre la arena. Cayó la lluvia, crecieron los ríos, los vientos soplaron contra aquella casa, se derrumbó y grande fue su ruina". Mateo 7, 24-27

"Mens sana in corpore sano" - Se sabe que la salud del cuerpo y la del alma van de la mano y se implican mutuamente. No ocurre lo mismo entre la belleza física de una persona y su belleza interior.

"El rostro es el espejo del alma" - En la atracción que sentimos por una persona físicamente bella, parece estar implícita una creencia irracional de que ella también es simpática, que su hermosa apariencia no es más que el signo y símbolo de la belleza interior, la firmeza de carácter, la madurez, el autocontrol, la generosidad, etcétera.

De hecho, en muchas personas que he conocido, esta correspondencia entre los dos tipos de belleza no solo no ocurre, sino que incluso parece excluirse. Hay quienes capitalizan su belleza física usándola como tarjeta de crédito en la creencia de que con ella todo, en la sociedad, son puertas abiertas; la admiración y el amor de todos están garantizados. Pensando así, estas personas no se aplican ni se esfuerzan por desarrollar la belleza interior por lo que estas personas suelen ser esnobs, antipáticas y orgullosas.

La belleza es innata, la simpatía o belleza del alma y del carácter se adquiere por el esfuerzo. "Sin dolor no hay ganancia" se dice en psicoterapia. Si no duele, si no cuesta, no hay ganancia. Todo lo que es verdaderamente bueno en la vida cuesta, ya sea dinero o esfuerzo o ambos.

La belleza es un bien individual, solo beneficia a la persona que la posee. No es relacional, ya que lleva a la persona a ponerse en un pedestal y de los demás solo requiere admiración. La simpatía es un bien social. Las personas agradables salen de sí mismas y establecen relaciones en pié de igualdad con los demás creando paz, armonía y felicidad.

"El que ve rostros no ve corazones" - La belleza física sólo sirve para atraer a la gente. Es la belleza interior la que fija dos personas, el uno con el otro en relaciones duraderas de amor o amistad.

La belleza física no crece con el tiempo, al contrario, se degrada; las cremas y las cirugías plásticas solo detienen la degradación durante un tiempo. La simpatía, o sea, la belleza interior siempre puede crecer el tiempo. Con un poco de auto observación, autocrítica, autodisciplina y fuerza de voluntad, uno se coloca en un camino de crecimiento continuo hacia la perfección.

Aquellos que adoptan la primacía de la simpatía sobre la belleza física envejecen bien. La simpatía es el mejor cosmético para las personas bellas porque mantiene su belleza sin importar su edad. Por otro lado, la simpatía, o belleza interior, con el correr del tiempo acaba por mejorar la apariencia física de los que de jóvenes no eran tan bellos.

Quienes adoptan la primacía de la belleza sobre la simpatía envejecen mal; con el paso del tiempo la antipatía, el mal carácter, la inmadurez psíquica y afectiva, la ira y el resentimiento terminan por degradar la belleza física sobre la que la persona ha construido su vida y, como la casa construida sobre la arena, su ruina ha sido grande.

Conclusión - Los guapos de mal carácter envejecen mal, y se hacen feos, al contrario, los menos bellos físicamente, pero de buen carácter, como el buen vino, envejecen bien, y se vuelven guapos.

P. Jorge Amaro, IMC (trad. Begoña Peña)