miércoles, 15 de octubre de 2014

Todo Santo tuvo un pasado, todo Pecador tiene un futuro

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«Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés, en la Ley, nos ordenó apedrear a tales mujeres. ¿Tú qué dices?» (...) Jesús, inclinándose hacia el suelo, se puso a escribir con el dedo en la tierra. Como insistían en interrogarlo, se levantó y les dijo:

«¡Quien de vosotros esté sin pecado, que arroje la primera piedra!» (...) Al oír esto, comenzaron a salir uno a uno, comenzando por los más viejos, y quedó solo Jesús con la mujer que estaba en medio de ellos. Entonces, Jesús se levantó y le preguntó: «Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te condenó?» Ella respondió: «Nadie, Señor». Jesús le dijo: «Tampoco yo te condeno. Ve y no peques más en adelante.»
Juan 8, 1-11

«Quien no tenga pecado que arroje la primera piedra». Porque todos, de una manera u otra, somos pecadores, nuestra miseria común debería despertar compasión unos por otros. Por el contrario, la mayoría de las veces suscita la crítica; una crítica mordaz e hipócrita, porque nadie está libre de culpa.

Jesús nos aconseja no juzgar para no ser juzgados; además, advierte que la medida que usemos con los demás será usada con nosotros; y también, sobre esta manía nuestra de señalar con el dedo, dice en tono de reprensión: ¿por qué miras la paja en el ojo de tu hermano, y no ves la viga que está en tu propio ojo? (Mateo 7, 3.)

El ojo humano no puede enfocar al mismo tiempo de lejos y de cerca; por eso, quien abunda en la crítica a los demás, es decir, quien enfoca de lejos y pone su atención en los defectos de los demás, muy probablemente es deficiente en autocrítica, es decir, no enfoca de cerca para ver sus propios defectos.

Pero, ¿por qué enfocamos mejor de lejos que de cerca? ¿Y por qué sentimos placer exponiendo los pecados de los demás para humillarlos? Porque toda humillación es una forma indirecta y solapada de autoexaltación; al señalar con el dedo a alguien, estoy atrayendo la atención de los demás sobre mí, y subliminalmente diciendo: «Yo no soy así», «yo soy mejor»...

Al contrario del hombre, Dios no quiere la muerte del pecador sino que se convierta y viva (Ezequiel 18, 23). Dios, que perdona y olvida, está más interesado en nuestro presente y en nuestro futuro que en nuestro pasado; cree en nuestras potencialidades y conoce, mejor que nosotros, nuestros talentos, pues Él nos los dio y es en base a eso que nos perdona y nos invita a cambiar; lo que Dios operó en pecadores como Pedro, Pablo, Agustín y tantos otros puede operar en nosotros también. Todos ellos tenían un pasado de pecado, pero para Dios lo que contaba era su futuro de santidad.

San Pedro, el cobarde
San Pedro, quien llegó a decir a su amigo y maestro, «Daría la vida por ti» (Lucas 22, 33), cuando, confrontado por una criada como uno de los seguidores de Jesús, lo negó tres veces, llegando a afirmar que ni siquiera lo conocía.

San Pablo, el cómplice de asesinatos
San Pablo es el ejemplo clásico de conversión, que en griego se dice metanoia y que significa cambio de mente o, como decimos popularmente, «cambiar de idea». Nuestra vida está gobernada por nuestros pensamientos o ideas; muchos de estos son prejuiciosos e irracionales, tornando en consecuencia inadecuado también nuestro comportamiento.

La conversión como metanoia supone confrontar los pensamientos para modificarlos. Hay una teoría de psicoterapia que parte de este principio. La REBT (Terapia Racional Emotiva y Conductual) se basa en el concepto de que las emociones y comportamientos resultan de procesos cognitivos, y que es posible para los seres humanos modificar tales procesos para lograr diferentes maneras de sentir y comportarse.

En el encuentro con Cristo, en el camino a Damasco, Saulo cambió de mente, cambió de idea acerca de Jesús, y si antes perseguía a los cristianos, y había sido hasta cómplice en la ejecución de muchos (Hechos 7, 54-60), ahora con la misma convicción y furor anunciaba a Cristo, llegando a ser, entre los apóstoles, quien más viajó, quien más sufrió por el evangelio y quien más se preocupó en educar y guiar a las pequeñas comunidades nacientes de su predicación con cartas que contenían sus meditaciones y reflexiones sobre el misterio de Cristo.

San Agustín, el "Bon vivant"
El gran San Agustín, obispo de Hipona, quien junto con Santo Tomás de Aquino son respectivamente el «Platón» y el «Aristóteles» de la teología católica, no nació santo sino pecador, como todos nosotros. A los 15 y 16 años llevaba una vida disoluta; a los 17 entró en una unión de hecho con una joven que duró 14 años; de esa unión, que nunca resultó en matrimonio, nació un hijo que vivió hasta la adolescencia. Las incesantes oraciones y lágrimas de su madre, Santa Mónica, llevaron un día al esposo y al hijo Agustín a la gracia de la conversión.

Miseria y Misericordia
Volviendo a la mujer pecadora; después de que todos abandonaran su pretensa autoridad para juzgar, quedó sola con Jesús; como dice el propio San Agustín, quedaron la miseria y la misericordia: la miseria humana representada por la mujer pecadora, la misericordia divina representada por Jesús.

La respuesta de Dios a la miseria humana es su misericordia divina. Hay personas aprisionadas en su pasado que desconocen que no hay pecado o miseria humana superior a la misericordia divina, y que los más santos de los santos también fueron pecadores; y si ellos, a pesar de su miseria, tuvieron un futuro, nosotros también lo tenemos, todos lo tienen. Todo santo tuvo un pasado de pecador, todo pecador puede tener un futuro de santo.

Conclusión - De pecador a santo: tu futuro es más grande que tu pasado.

Pe. Jorge Amaro, IMC



miércoles, 1 de octubre de 2014

Halloween

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Origen de "All Hallows Eve"

Todos los años, el 31 de octubre, en Estados Unidos y Canadá, se celebra Halloween. Sin embargo, esta festividad no nació en estos países tradicionalmente protestantes, sino que su nombre deriva del término "All Hallows Eve", que significa Víspera de Todos los Santos. De hecho, la víspera y el día de Todos los Santos, así como el día siguiente, el Día de los Fieles Difuntos, son la cristianización de fiestas que los celtas celebraban, sobre todo en Escocia e Irlanda, muchos años antes de que el cristianismo llegara a esas tierras.

Halloween tiene su origen en un antiguo festival celta llamado Samhain, que en gaélico significa "final del verano". Los celtas, que vivieron hace 2000 años en el norte de Francia y la península ibérica, en Escocia e Irlanda, celebraban el nuevo año el 1 de noviembre. Este día marcaba el final del verano y las cosechas, la caída de las hojas y el inicio del invierno oscuro y frío; una época del año que inevitablemente se asociaba con el fin de la vida humana, con la muerte.

Los celtas creían que en la noche del 31 de octubre, víspera del año nuevo, la frontera entre los mundos de los vivos y los muertos se desdibujaba y casi desaparecía; los fantasmas de los muertos volvían a la tierra y vagaban en busca de cuerpos para habitar. Como los vivos no querían ser poseídos por espíritus, se vestían con trajes y desfilaban por las calles, haciendo ruidos para confundir, asustar y ahuyentar a los espíritus.

El desfile pasaba por las calles de la aldea hasta llegar a una gran hoguera, creada por un sacerdote druida, fuera de la aldea. La hoguera se encendía principalmente para honrar al dios sol y agradecerle por la cosecha de verano, pero también era un medio para alejar a los espíritus furtivos. Si alguna persona mostraba signos de estar poseída por un espíritu, era sacrificada como ejemplo para disuadir a los espíritus de poseer un cuerpo humano.

Hacia el año 43 d.C., el Imperio Romano conquistó la mayor parte del territorio celta. Durante los cuatrocientos años que gobernaron las tierras celtas, el festival romano llamado Feralia, que conmemoraba el paso de los muertos, se combinó con la tradicional celebración celta de Samhain.
En el siglo VIII, el Papa Gregorio III designó el 1 de noviembre para honrar a todos los Santos y mártires.

Y el día 2 para honrar y rezar por el eterno descanso de todos los fieles difuntos. Estas dos festividades incorporaron algunas de las tradiciones de Samhain. La Iglesia no logró cristianizar todas las tradiciones y costumbres de los celtas, por lo que algunas de ellas sobrevivieron hasta ser llevadas a América por los inmigrantes irlandeses que huyeron de la hambruna de la patata en 1846.

Halloween hoy
El iluminismo, el racionalismo, los grandes descubrimientos científicos del siglo XIX y los avances de la técnica en el siglo XX hicieron una auténtica "caza de brujas", es decir, de la superstición. Podemos decir que los pueblos occidentales son, en general, hoy menos supersticiosos que hace siglos. En este contexto, Halloween es el día en que nos reímos de las supersticiones; y cuando nos reímos de ellas, rompemos su hechizo, dejan de tener cualquier poder sobre nosotros.

De hecho, nadie tiene miedo de los disfraces y máscaras que desfilan en este día, aunque sí tendríamos miedo de ellos en un contexto diferente. El humor disuelve el miedo, el poder y el efecto placebo y sugestivo que la superstición tiene sobre las personas; mientras nos reímos de las supersticiones no las tomamos en serio; mientras nos divertimos con ellas, no tienen ningún poder o efecto sobre nosotros; cuando les tenemos miedo, entonces sí son poderosas, como un perro que nos ataca después de olfatear nuestro miedo.

Superstición y fe
Desconsolados por la frialdad de décadas de ateísmo y racionalismo teórico y práctico, que combatió la fe como si fuera superstición y la superstición como si fuera fe, muchos se refugiaron en una nueva religión llamada New Age, Nueva Era. La Nueva Era es un sincretismo, o ensalada rusa, de las religiones mayoritarias de nuestro planeta, asociada a todo tipo de superstición, brujería y hechicería.

Muy cerca de nosotros, como exponente de este tipo de pensamiento, está el escritor brasileño Paulo Coelho. Los éxitos de taquilla de películas como Harry Potter y series sobre lo oculto y vampiros, pueden ser vistos como una reacción al ateísmo y materialismo que marcó la segunda mitad del siglo pasado.

La diferencia entre la fe y la superstición es que la fe es razonable y plausible; siempre hay razones que apoyan y asisten nuestra fe en Dios y en los hombres; todos los que creen tienen razones para ello; al contrario, la superstición es completamente irracional, es una fe ciega.

Que un gato negro traiga mala suerte, y que un cuerno y una herradura traigan buena suerte, es suponer que esos objetos materiales tienen poderes espirituales ocultos en sí mismos; esto es una creencia irracional, porque lo que es material no puede tener poder espiritual; sólo un ser espiritual puede tener poderes espirituales; la materia siempre es materia. Dios y nuestro prójimo son el único objeto de nuestra fe. La superstición, por el contrario, tiene como objeto realidades materiales, cosas, animales y artefactos.

Esto nos lleva a reflexionar sobre la diferencia entre ícono e ídolo. Para los supersticiosos, el gato negro, la herradura y el cuerno son ídolos, pues esos objetos valen por sí mismos, tienen, según dice la creencia, un poder espiritual oculto en ellos.

Por el contrario, un ícono es como el ídolo, un objeto material, pero no tiene valor en sí mismo; de hecho, su función es invocar una realidad que está más allá de sí mismo y transportarnos a esa realidad; la madera, esculpida en figura de Jesús, no tiene valor alguno en sí misma, pero evoca y nos transporta hacia Aquel que sí tiene mucho valor para nosotros; la imagen no es Cristo, pero lo representa.

Los iconoclastas protestantes acusan a los católicos de adorar ídolos (imágenes de Jesús, de María y de los santos), porque no conocen la diferencia entre un ídolo y un ícono.

Conclusión - Halloween (All hallows Eve) originalmente la víspera de todos los santos  hoy es el día que nos reímos de nuestras supersticiones, para que estas no nos afecten o configuren nuestra vida durante el año.

Pe. Jorge Amaro, IMC