jueves, 15 de enero de 2015

"Je ne suis pas Charlie" (Yo no soy Charlie)

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Porque entiendo que la libertad de expresión, como todas las libertades, tiene límites, y ridiculizar las creencias de los demás es una forma de acoso; porque, a diferencia del abogado de Charlie Hebdo, no reconozco el “derecho a la blasfemia” o al insulto, mantengo que la abominable masacre de los 12 periodistas de dicho periódico fue más un atentado contra el Estado de Derecho que contra la libertad de expresión propiamente dicha.

Lo políticamente incorrecto
No siempre es un defecto estar en contra, ni una virtud estar a favor. Ser un "seguidor de la mayoría" puede ser sinónimo de solidaridad, pero también de conformismo que anula el pensamiento individual, convirtiendo a las personas en una masa, y generalmente en una masa bruta que, a lo largo de la historia, ha linchado a muchos inocentes, uno de ellos, Jesús de Nazaret. Para existir como personas autónomas, libres e independientes, debemos mantener nuestro espíritu crítico en estado de alerta y no unirnos acríticamente al coro de quienes gritan más fuerte.

Mi condena a la horrenda masacre de los doce periodistas no significa que esté de acuerdo con todas las caricaturas que produjeron; del mismo modo que el hecho de que, a mi entender, hayan abusado en algunas ocasiones de la libertad de expresión, no significa que justifique el crimen aterrador perpetrado por los dos extremistas salvajes. No me uno al coro de quienes dicen “Je suis Charlie” (Yo soy Charlie), aun corriendo el riesgo de ser políticamente incorrecto, es decir, de ser una oveja negra, porque creo que puedo y tengo el derecho de condenar el acto sin tener que identificarme “totalmente” con Charlie.

Cuando digo “Je ne suis pas Charlie” (No soy Charlie), quiero decir que, aunque me identifico con las víctimas en calidad de seres humanos a quienes, sin ninguna justificación, se les arrebató la vida, no me identifico con la blasfemia, el insulto y la ridiculización presentes en algunas de sus caricaturas.

La libertad absoluta no existe
No existen libertades ilimitadas; mi libertad solo sería más o menos ilimitada si existiera solo en el mundo. Como coexisto con otros, mis derechos están limitados por los derechos de los demás. De hecho, mis derechos coinciden con los deberes de los demás y viceversa; por eso, mi libertad termina donde comienza la libertad ajena.

Condeno con la máxima vehemencia todo atentado contra la vida humana; desde el aborto legal, la eutanasia, la pena de muerte legal, hasta todos los tipos de violencia física, sexual, verbal y psicológica. Rara vez la violencia es solución a algún problema y siempre crea más problemas, porque la violencia siempre genera más violencia. Es lo que se llama espiral de violencia, porque al mismo tiempo que crece en intensidad, se extiende al involucrar en un mismo conflicto a cada vez más personas.

Todos sabemos que quienes fueron abusados física, sexual, verbal o psicológicamente cuando eran niños, se transforman, ya adultos, en abusadores. También es sabido que cuando dos o más personas entran en conflicto, las agresiones físicas casi siempre siguen a la violencia verbal, a los insultos e injurias.

La vida humana es un don de Dios; solo Dios tiene poder sobre la vida y la muerte. Todo aquel que quita la vida a su semejante está robando una prerrogativa que solo pertenece a Dios; al ponerse en el lugar de Dios, está actuando como un ateo. Por eso, es imposible matar en nombre de Dios, quien es vida y amor.

El portavoz del Consejo Judicial Musulmán emitió un comunicado en el que afirma que “la libertad de expresión debe ser respetada, pero tiene límites cuando se acerca a lo que podría ser percibido como discurso de odio. Si alguien critica tu lugar de trabajo, tu coche, tus zapatos, no hay problema; pero cuando alguien insulta, humilla o degrada a una personalidad ligada al corazón de la religión musulmana, excede los límites de la libertad de expresión”.

Voy a citar algunos ejemplos de las caricaturas de Charlie Hebdo que, a mi entender, abusan del derecho a la libertad de expresión: una de ellas dibuja al profeta Mahoma con un turbante en forma de bomba, con la mecha encendida, a punto de explotar. El mensaje subliminal es que, en su esencia, el Islam es violento, extremista y terrorista, lo cual es falso.

Otra muestra al Papa levantando la hostia en el momento de la consagración, pero en lugar de una hostia, es un preservativo. Clasifico esta caricatura como una blasfemia contra la eucaristía, que es el acto central de la vida de la Iglesia, por lo que no veo cómo algún cristiano podría mirarla sin sentirse ofendido.

Entre las caricaturas con las que estoy de acuerdo, destaco aquella que apareció en la portada del último número de Charlie Hebdo tras los homicidios. Con un fondo verde, el color más usado en las banderas de muchos países musulmanes, vemos al profeta Mahoma llorando, sosteniendo con las manos el popular cartel que dice “Je suis Charlie” y, encima, en letras bien visibles, “Tout est Pardonnè” (Todo está perdonado).

Como el perdón incondicional hacia quienes nos hacen daño y el amor a los enemigos son características del cristianismo, esta portada es la mejor respuesta que el mundo occidental cristiano, en su matriz, pueda dar a la barbarie del extremismo musulmán. Me identifico plenamente con esta caricatura.

Atentado contra el Estado de Derecho más que contra la libertad de expresión
Defiendo que la interpretación de los hechos como un atentado contra la libertad de expresión, aunque es la oficial y políticamente correcta, es a mi juicio parcial. Con su acto atroz e injustificable, los asesinos de los periodistas, más que atacar la libertad de expresión, atentaron contra el Estado de Derecho. En un Estado de Derecho, nadie hace justicia por su cuenta, nadie se venga; nadie es juez en su propia causa ni ejecuta penas, en este caso, la pena máxima, la pena de muerte.

Los agraviados, el mundo musulmán, podían haberse defendido en los tribunales. En su lugar, los países musulmanes, en vez de usar su dinero para financiar a fanáticos terroristas que matan a personas inocentes como los 12 periodistas, deberían haberlo usado para contratar a los mejores abogados que llevaran a Charlie Hebdo ante los tribunales por blasfemia, insulto y falta de respeto a la creencia de millones de personas. 

Conclusión – Condeno vehementemente la masacre de Charlie Hebdo, la libertad de expresión tiene límites, por lo cual, la blasfemia y el insulto no deberían ser justificados bajo su amparo..

P. Jorge Amaro IMC  (Edit. Begoña Peña)


jueves, 1 de enero de 2015

Vida Consagrada

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Purify my heart, let me be as gold and precious silver.
Purify my heart, let me be as gold, pure gold.

Refiner's fire, my heart's one desire is to be holy, set apart for you, Lord.
I choose to be holy, set apart for you, my master, ready to do your will.

Purify my heart, cleanse me from within and make me holy.
Purify my heart, cleanse me from my sin, deep within. 

https://www.youtube.com/watch?v=0IvXA0yRDwY

Al reflexionar sobre la vida consagrada, tema que la Iglesia ha elegido para este año, me vino a la mente este cántico que tantas veces se cantó en los años en que viví en Canadá, por el grupo de jóvenes que allí seguía. La letra del cántico es todo un tratado sobre la vida consagrada; sobre lo que es ser consagrado y el proceso que debe seguir todo aquel que entra en la vida religiosa.

Apartado para ti, Señor - Los judíos apartaban para el Señor las primicias de las cosechas y de los rebaños. Todo lo que abría el vientre era del Señor como agradecimiento; los propios hijos primogénitos eran del Señor y por eso tenían que ser presentados en el Templo para ser rescatados mediante un sacrificio que para los ricos era un buey, para los menos ricos un cordero o cabrito, y para los pobres, como fue el caso de Jesús, un par de palomas o tórtolas.

"Consagrar" un objeto significa retirarlo del uso ordinario para colocarlo aparte o reservarlo para un uso determinado y exclusivo. Cuando un cáliz u otro objeto es consagrado, es reservado o guardado para un uso sagrado, en este caso, la celebración de la Eucaristía.

Es en este sentido que se debe interpretar la "fuga mundi" de los religiosos de la Edad Media. No se trataba de huir del mundo para no ser contaminados por él, sino de sentirse llamados a una misión que implicaba apartarse de la vida ordinaria y vivir de una forma diferente.

Dentro del bosque no vemos el bosque, solo vemos árboles; para ver el bosque, tenemos que salir de él. El consagrado se aleja del mundo para conocerlo mejor; de hecho, se aparta del mundo para dedicarse al mundo. Se retira de su pequeño mundo para entregarse al servicio de toda la humanidad de una forma peculiar. Aparta su pequeña vida particular para entrar al servicio de la Vida en un sentido universal.

Purifica mi corazón, que sea como oro, oro puro - Cuando, con 10 años, ingresé a los Misioneros de la Consolata, mi motivación principal era la aventura; quería conocer el mundo, especialmente África. Por esta razón, rechacé vehementemente ingresar al seminario de la diócesis. Ya en el seminario, cada uno de mis compañeros tenía también su motivación; recuerdo que uno de ellos se sintió atraído porque en el seminario se jugaba al fútbol todos los días.

Con el paso del tiempo y la formación que recibíamos, esas motivaciones infantiles se fueron modificando y purificando. Esto es lo que tenía en mente nuestro fundador, el Beato José Allamano, cuando aconsejaba a los primeros misioneros a "hacer el bien, bien". Jesús denunció a los hipócritas y fariseos, no porque no cumplieran la ley, ayunando, orando y practicando la caridad, sino porque hacían todo esto hipócritamente, para ser vistos por los hombres. Hacían lo correcto por motivos incorrectos.

La hipocresía es el peligro constante del religioso, por lo que necesita una purificación continua de sus motivaciones. El corazón es lo que mueve todo en nuestro organismo; es el centro de las mociones, emociones o motivaciones, y por eso necesitamos un corazón puro, purificado de falsas motivaciones. Purificado y limpio por dentro de todo pecado, como dice el cántico; pues el mal está dentro de nosotros, no fuera de nosotros.

Fuego de refinador, el anhelo de mi corazón es ser santo - Teniendo como objetivo ser puro como el oro, la purificación se realiza mediante el fuego; no es un fuego devorador y destructor, sino refinador. Es el fuego que quema todas las impurezas y refina el oro; cuanto más fuerte es el fuego, más puro queda el oro.

San Francisco de Asís se revolcaba desnudo en la nieve para vencer la insidia del pecado; otros santos se autoflagelaban. No necesitamos buscar penitencias artificiales; la vida nos presenta suficientes situaciones que nos penitencian naturalmente, basta con abrazar la cruz de cada día (Lucas 9, 23). A modo de ejemplo, cuando estaba en Etiopía, llegué a estar una vez 5 días, y otra vez 7 días sin comer; y considero eso más fácil que comer solo lo estrictamente necesario en el día a día.

La única aspiración del religioso es ser santo, como Dios es santo (Levítico 19, 2); este es el objetivo de la continua purificación de motivos e intenciones, una purificación llevada a cabo por el fuego del Espíritu Santo. Si somos dóciles al Espíritu Santo, como el barro lo es en las manos del alfarero, su fuego irá purificando nuestros pensamientos, nuestras intenciones, nuestras motivaciones y nuestras acciones de los solapados impulsos del instinto.

La santidad se encuentra cuando se busca el pecado. Cuando examinamos nuestra vida en busca de defectos, pecados e imperfecciones, es cuando estamos en el camino de la santidad. A este respecto, San Francisco de Asís, quien ya en vida era considerado santo por todos los que lo conocían, decía de sí mismo que era un gran pecador.

Listo para hacer tu voluntad - “Primero santos, luego misioneros”, decía nuestro fundador; ser santo se refiere a nuestra esencia, a lo que estamos llamados a ser, a nuestra vocación; ser misioneros se refiere a nuestra existencia, a lo que estamos llamados a hacer, a nuestra manera de estar en el mundo.

Solo después de purificada nuestra esencia, nuestro ser, es que nuestra existencia, nuestro estar y actuar en el mundo, es puro. Solo estamos verdaderamente listos para hacer la voluntad de Dios cuando somos santos; cuando todo nuestro ser se somete a nuestra voluntad y ésta a la voluntad de Dios.

Esto solo es posible cuando nos negamos a nosotros mismos (Lucas 9, 23) y podemos afirmar como San Pablo: “ya no soy yo quien vive, sino Cristo quien vive en mí” (Gálatas 2, 20). Solo cuando Cristo vive en nosotros somos auténticamente cristianos y capacitados para continuar aquí y ahora la obra que él inició en Israel hace 2000 años.

Conclusión
La vida consagrada es un proceso continuo de purificación interior y dedicación total, donde el único objetivo es vivir exclusivamente para el servicio de Dios y de la humanidad.