Porque entiendo que la libertad de expresión, como todas las libertades, tiene límites, y ridiculizar las creencias de los demás es una forma de acoso; porque, a diferencia del abogado de Charlie Hebdo, no reconozco el “derecho a la blasfemia” o al insulto, mantengo que la abominable masacre de los 12 periodistas de dicho periódico fue más un atentado contra el Estado de Derecho que contra la libertad de expresión propiamente dicha.
Lo políticamente incorrecto
No siempre es un defecto estar en contra, ni una virtud estar a favor. Ser un "seguidor de la mayoría" puede ser sinónimo de solidaridad, pero también de conformismo que anula el pensamiento individual, convirtiendo a las personas en una masa, y generalmente en una masa bruta que, a lo largo de la historia, ha linchado a muchos inocentes, uno de ellos, Jesús de Nazaret. Para existir como personas autónomas, libres e independientes, debemos mantener nuestro espíritu crítico en estado de alerta y no unirnos acríticamente al coro de quienes gritan más fuerte.
Mi condena a la horrenda masacre de los doce periodistas no significa que esté de acuerdo con todas las caricaturas que produjeron; del mismo modo que el hecho de que, a mi entender, hayan abusado en algunas ocasiones de la libertad de expresión, no significa que justifique el crimen aterrador perpetrado por los dos extremistas salvajes. No me uno al coro de quienes dicen “Je suis Charlie” (Yo soy Charlie), aun corriendo el riesgo de ser políticamente incorrecto, es decir, de ser una oveja negra, porque creo que puedo y tengo el derecho de condenar el acto sin tener que identificarme “totalmente” con Charlie.
Cuando digo “Je ne suis pas Charlie” (No soy Charlie), quiero decir que, aunque me identifico con las víctimas en calidad de seres humanos a quienes, sin ninguna justificación, se les arrebató la vida, no me identifico con la blasfemia, el insulto y la ridiculización presentes en algunas de sus caricaturas.
La libertad absoluta no existe
No existen libertades ilimitadas; mi libertad solo sería más o menos ilimitada si existiera solo en el mundo. Como coexisto con otros, mis derechos están limitados por los derechos de los demás. De hecho, mis derechos coinciden con los deberes de los demás y viceversa; por eso, mi libertad termina donde comienza la libertad ajena.
Condeno con la máxima vehemencia todo atentado contra la vida humana; desde el aborto legal, la eutanasia, la pena de muerte legal, hasta todos los tipos de violencia física, sexual, verbal y psicológica. Rara vez la violencia es solución a algún problema y siempre crea más problemas, porque la violencia siempre genera más violencia. Es lo que se llama espiral de violencia, porque al mismo tiempo que crece en intensidad, se extiende al involucrar en un mismo conflicto a cada vez más personas.
Todos sabemos que quienes fueron abusados física, sexual, verbal o psicológicamente cuando eran niños, se transforman, ya adultos, en abusadores. También es sabido que cuando dos o más personas entran en conflicto, las agresiones físicas casi siempre siguen a la violencia verbal, a los insultos e injurias.
La vida humana es un don de Dios; solo Dios tiene poder sobre la vida y la muerte. Todo aquel que quita la vida a su semejante está robando una prerrogativa que solo pertenece a Dios; al ponerse en el lugar de Dios, está actuando como un ateo. Por eso, es imposible matar en nombre de Dios, quien es vida y amor.
El portavoz del Consejo Judicial Musulmán emitió un comunicado en el que afirma que “la libertad de expresión debe ser respetada, pero tiene límites cuando se acerca a lo que podría ser percibido como discurso de odio. Si alguien critica tu lugar de trabajo, tu coche, tus zapatos, no hay problema; pero cuando alguien insulta, humilla o degrada a una personalidad ligada al corazón de la religión musulmana, excede los límites de la libertad de expresión”.
Voy a citar algunos ejemplos de las caricaturas de Charlie Hebdo que, a mi entender, abusan del derecho a la libertad de expresión: una de ellas dibuja al profeta Mahoma con un turbante en forma de bomba, con la mecha encendida, a punto de explotar. El mensaje subliminal es que, en su esencia, el Islam es violento, extremista y terrorista, lo cual es falso.
Otra muestra al Papa levantando la hostia en el momento de la consagración, pero en lugar de una hostia, es un preservativo. Clasifico esta caricatura como una blasfemia contra la eucaristía, que es el acto central de la vida de la Iglesia, por lo que no veo cómo algún cristiano podría mirarla sin sentirse ofendido.
Entre las caricaturas con las que estoy de acuerdo, destaco aquella que apareció en la portada del último número de Charlie Hebdo tras los homicidios. Con un fondo verde, el color más usado en las banderas de muchos países musulmanes, vemos al profeta Mahoma llorando, sosteniendo con las manos el popular cartel que dice “Je suis Charlie” y, encima, en letras bien visibles, “Tout est Pardonnè” (Todo está perdonado).
Como el perdón incondicional hacia quienes nos hacen daño y el amor a los enemigos son características del cristianismo, esta portada es la mejor respuesta que el mundo occidental cristiano, en su matriz, pueda dar a la barbarie del extremismo musulmán. Me identifico plenamente con esta caricatura.
Atentado contra el Estado de Derecho más que contra la libertad de expresión
Defiendo que la interpretación de los hechos como un atentado contra la libertad de expresión, aunque es la oficial y políticamente correcta, es a mi juicio parcial. Con su acto atroz e injustificable, los asesinos de los periodistas, más que atacar la libertad de expresión, atentaron contra el Estado de Derecho. En un Estado de Derecho, nadie hace justicia por su cuenta, nadie se venga; nadie es juez en su propia causa ni ejecuta penas, en este caso, la pena máxima, la pena de muerte.
Los agraviados, el mundo musulmán, podían haberse defendido en los tribunales. En su lugar, los países musulmanes, en vez de usar su dinero para financiar a fanáticos terroristas que matan a personas inocentes como los 12 periodistas, deberían haberlo usado para contratar a los mejores abogados que llevaran a Charlie Hebdo ante los tribunales por blasfemia, insulto y falta de respeto a la creencia de millones de personas.
Conclusión – Condeno vehementemente la masacre de Charlie Hebdo, la libertad de expresión tiene límites, por lo cual, la blasfemia y el insulto no deberían ser justificados bajo su amparo..
P. Jorge Amaro IMC (Edit. Begoña Peña)