-Rabino, ¿qué piensas acerca del dinero? - le preguntó el discípulo a su maestro.
-Mira por la ventana - dijo el maestro. ¿Qué ves?
-Veo a una mujer con un niño, un carro tirado por dos caballos y un hombre que va al mercado.
-Bien. Ahora mira este espejo. ¿Qué ves?
-¿Qué quieres que vea, maestro? Obviamente, me veo a mí mismo.
-Considera esto: la ventana está hecha de vidrio, el espejo también. Un fino revestimiento de plata detrás del vidrio es suficiente para hacer que un hombre solo se vea a sí mismo.
Un todo y una parte
La vida humana se fundamenta en dos principios: la libertad y la igualdad. El ser humano, para vivir auténticamente, debe ser libre, autónomo e independiente; pero, como no existe solo, sino que coexiste con otros, el valor de la libertad debe dosificarse y armonizarse con el valor de la igualdad. En efecto, los demás con quienes el ser humano coexiste son iguales a él en dignidad.
La libertad define al ser humano como un ser personal e individual, y la igualdad lo define como un ser social. El amor por la riqueza es regresivo porque hace que la persona retroceda y permanezca en el estado egocéntrico del desarrollo infantil, negando así el principio de igualdad. El ser humano se define, al mismo tiempo, individualmente como un todo, porque es libre e independiente, y socialmente como una parte, pues siempre forma parte de una familia, un pueblo, una sociedad, dentro de la cual establece relaciones de igualdad.
Estos dos valores corresponden a los dos mandamientos del cristianismo:
Amar a Dios sobre todas las cosas - es la única garantía de libertad: al dar nuestro corazón a Dios, al rendirle culto solo a Él, estamos libres de todos los demás y de todo lo demás; somos libres cuando el afecto por Dios está por encima de los otros afectos.
Amar al prójimo como a nosotros mismos – es como decir que yo soy igual a mi prójimo y mi prójimo es igual a mí; que el amor que me debo a mí mismo, debo dárselo en igual medida a mi prójimo; que la estima que debo tener por el otro no debe ser menor que mi autoestima. Sin entender al otro como un "alter ego", otro yo, sin altruismo, no hay vida social; es a través del compartir a todos los niveles, incluidos los bienes materiales, que la vida en sociedad es posible.
Teniendo en cuenta el psicoanálisis, nunca debemos incorporar, declarar o hacer nuestro lo que no nos pertenece. Porque somos seres temporales, nuestra posesión es pasajera; en realidad, no somos dueños de nada; solo Dios es Señor de todo y de todos, pues es eterno. Nunca se ha visto que un camión de mudanzas forme parte del cortejo fúnebre que se dirige al cementerio. Las personas que se definen por lo que TIENEN son pobres porque viven con la inseguridad de perder lo que eventualmente perderán. Las personas que se definen por lo que SON poseen una riqueza que ni la muerte puede corromper.
No siendo propietarios de nada, ni siquiera de nuestra propia vida, debemos considerarnos sinceramente administradores tanto de nuestra vida como de los recursos que poseemos, y de esa administración daremos cuentas algún día.
Cuando en nuestra mente logramos sustituir el concepto de "dueño" por el de "administrador", una sensación de desapego y desprendimiento de los bienes materiales invade nuestra mente. Esta nueva mentalidad es imprescindible para el crecimiento espiritual como persona libre e independiente, pero al mismo tiempo parte de una comunidad y como hijos de Dios.
Ser o tener
San Antonio, San Benito, San Francisco de Asís y muchos otros, también de otras religiones, renunciaron a sus bienes porque vieron en ellos un obstáculo para el crecimiento personal. Se dieron cuenta de que no podían servir al mismo tiempo a Dios y al dinero (Luc 16, 13). de que tener y ser eran antagónicos.
El psicoanalista Erich Fromm, en su libro titulado "¿Tener o ser?", se enfoca en este tema; para él, hay dos formas de vivir la vida: una basada en el "Tener" y otra en el "Ser". Para él, quien tiene es poseído por las cosas que tiene, y son ellas las que definen su ser; solo quien vive en modo de ser es verdaderamente libre. En el modo de Ser, las personas son activas, pues son el sujeto de su actividad; en el modo de Tener, las personas están ocupadas, tienen ocupaciones y algunas incluso las realizan contra su voluntad.
No acumuléis tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido los corroen y los ladrones rompen los muros para robarlos. Acumulad, tesoros en el Cielo, donde la polilla y el óxido no los corroen, y donde los ladrones no rompen ni roban. Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.
Mateo 6, 19-21
Quien se define por lo que tiene vive inseguro, teme a los ladrones, a los cambios económicos y políticos, a las subidas y bajadas de la bolsa, a la enfermedad, a la muerte, al dolor; sufre una hipocondría crónica en relación con su salud y todo lo que tiene y puede perder. Si yo soy lo que soy, nadie puede amenazar mi seguridad ni mi sentimiento de identidad, pues mi centro está en mí mismo.
No temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Temed más bien a aquel que puede hacer perecer en la Gehena el cuerpo y el alma. Mateo 10, 28
Mientras que el "Tener" es algo que se consume con el uso, el "Ser" es algo que aumenta con la práctica; pensemos en lo mucho que podemos hacer con nuestros talentos y virtudes; estos aumentan cuando los usamos, mientras que los bienes materiales disminuyen cuando los usamos o los donamos. Para quien vive en modo de tener, amar es poseer al otro y siente celos cuando aparece un rival potencial; para quien vive en modo de ser, amar es entregarse al otro y querer el bien del otro.
La avaricia es la pobreza de los ricos
"Cuanto menos eres y menos expresión tiene tu vida, tanto más tienes y más alienada es", dijo Karl Marx. Jesús expresó esto mucho antes cuando dijo: "No se puede servir a Dios y al dinero" (Lc 16, 13). Esto significa que en nuestra vida no podemos conjugar al mismo tiempo los verbos Tener y Ser, porque siendo antagónicos, se autoexcluyen. "El hombre sabio también es pobre o se vuelve pobre" (Séneca); el materialmente rico es, por regla general, espiritualmente pobre y viceversa.
El hombre pobre que está feliz con lo que tiene y no busca más riquezas materiales es rico. Mientras que el hombre rico que nunca está satisfecho con lo que posee y busca tener más es pobre. Es como una adolescente anoréxica autoengañada por una falsa percepción de la realidad; está tan obstinada en volverse más delgada que cada vez que se ve al espejo se ve gorda; como no enfoca su atención en la delgadez que ya tiene sino en la que aún puede tener, siempre se verá gorda y obligada a perder más peso, poniendo en riesgo su vida si no se cura de su falsa percepción de la realidad.
El rico es pobre porque su atención no está puesta en lo que ya tiene, sino en lo que aún puede venir y sueña con tener, invirtiendo en ese objetivo todo su tiempo y energías. Como siempre habrá alguien más rico que él, siempre se verá a sí mismo como carente de algo, por lo que, a todos los efectos, es pobre. El pobre es rico porque está satisfecho con lo que tiene e invierte en el Ser su tiempo y energías; el rico es pobre porque, al no pensar que tiene lo suficiente, invierte toda su vida en Tener más.
Conclusión – La riqueza material es temporal, mientras que la espiritual perdura, haciendo que el "ser" sea más valioso que el "tener".
P. Jorge Amaro, IMC (edit. Begoña Peña)