lunes, 16 de marzo de 2015

El Dinero nunca hizo rico a nadie

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-Rabino, ¿qué piensas acerca del dinero? - le preguntó el discípulo a su maestro.
-Mira por la ventana - dijo el maestro. ¿Qué ves?
-Veo a una mujer con un niño, un carro tirado por dos caballos y un hombre que va al mercado.
-Bien. Ahora mira este espejo. ¿Qué ves?
-¿Qué quieres que vea, maestro? Obviamente, me veo a mí mismo.
-Considera esto: la ventana está hecha de vidrio, el espejo también. Un fino revestimiento de plata detrás del vidrio es suficiente para hacer que un hombre solo se vea a sí mismo.


Un todo y una parte
La vida humana se fundamenta en dos principios: la libertad y la igualdad. El ser humano, para vivir auténticamente, debe ser libre, autónomo e independiente; pero, como no existe solo, sino que coexiste con otros, el valor de la libertad debe dosificarse y armonizarse con el valor de la igualdad. En efecto, los demás con quienes el ser humano coexiste son iguales a él en dignidad.

La libertad define al ser humano como un ser personal e individual, y la igualdad lo define como un ser social. El amor por la riqueza es regresivo porque hace que la persona retroceda y permanezca en el estado egocéntrico del desarrollo infantil, negando así el principio de igualdad. El ser humano se define, al mismo tiempo, individualmente como un todo, porque es libre e independiente, y socialmente como una parte, pues siempre forma parte de una familia, un pueblo, una sociedad, dentro de la cual establece relaciones de igualdad.

Estos dos valores corresponden a los dos mandamientos del cristianismo:

Amar a Dios sobre todas las cosas - es la única garantía de libertad: al dar nuestro corazón a Dios, al rendirle culto solo a Él, estamos libres de todos los demás y de todo lo demás; somos libres cuando el afecto por Dios está por encima de los otros afectos.

Amar al prójimo como a nosotros mismos – es como decir que yo soy igual a mi prójimo y mi prójimo es igual a mí; que el amor que me debo a mí mismo, debo dárselo en igual medida a mi prójimo; que la estima que debo tener por el otro no debe ser menor que mi autoestima. Sin entender al otro como un "alter ego", otro yo, sin altruismo, no hay vida social; es a través del compartir a todos los niveles, incluidos los bienes materiales, que la vida en sociedad es posible.

Teniendo en cuenta el psicoanálisis, nunca debemos incorporar, declarar o hacer nuestro lo que no nos pertenece. Porque somos seres temporales, nuestra posesión es pasajera; en realidad, no somos dueños de nada; solo Dios es Señor de todo y de todos, pues es eterno. Nunca se ha visto que un camión de mudanzas forme parte del cortejo fúnebre que se dirige al cementerio. Las personas que se definen por lo que TIENEN son pobres porque viven con la inseguridad de perder lo que eventualmente perderán. Las personas que se definen por lo que SON poseen una riqueza que ni la muerte puede corromper.

No siendo propietarios de nada, ni siquiera de nuestra propia vida, debemos considerarnos sinceramente administradores tanto de nuestra vida como de los recursos que poseemos, y de esa administración daremos cuentas algún día.

Cuando en nuestra mente logramos sustituir el concepto de "dueño" por el de "administrador", una sensación de desapego y desprendimiento de los bienes materiales invade nuestra mente. Esta nueva mentalidad es imprescindible para el crecimiento espiritual como persona libre e independiente, pero al mismo tiempo parte de una comunidad y como hijos de Dios.

Ser o tener
San Antonio, San Benito, San Francisco de Asís y muchos otros, también de otras religiones, renunciaron a sus bienes porque vieron en ellos un obstáculo para el crecimiento personal. Se dieron cuenta de que no podían servir al mismo tiempo a Dios y al dinero (Luc 16, 13). de que tener y ser eran antagónicos.

El psicoanalista Erich Fromm, en su libro titulado "¿Tener o ser?", se enfoca en este tema; para él, hay dos formas de vivir la vida: una basada en el "Tener" y otra en el "Ser". Para él, quien tiene es poseído por las cosas que tiene, y son ellas las que definen su ser; solo quien vive en modo de ser es verdaderamente libre. En el modo de Ser, las personas son activas, pues son el sujeto de su actividad; en el modo de Tener, las personas están ocupadas, tienen ocupaciones y algunas incluso las realizan contra su voluntad.

No acumuléis tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido los corroen y los ladrones rompen los muros para robarlos. Acumulad, tesoros en el Cielo, donde la polilla y el óxido no los corroen, y donde los ladrones no rompen ni roban. Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.
Mateo 6, 19-21

Quien se define por lo que tiene vive inseguro, teme a los ladrones, a los cambios económicos y políticos, a las subidas y bajadas de la bolsa, a la enfermedad, a la muerte, al dolor; sufre una hipocondría crónica en relación con su salud y todo lo que tiene y puede perder. Si yo soy lo que soy, nadie puede amenazar mi seguridad ni mi sentimiento de identidad, pues mi centro está en mí mismo.

No temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Temed más bien a aquel que puede hacer perecer en la Gehena el cuerpo y el alma. Mateo 10, 28

Mientras que el "Tener" es algo que se consume con el uso, el "Ser" es algo que aumenta con la práctica; pensemos en lo mucho que podemos hacer con nuestros talentos y virtudes; estos aumentan cuando los usamos, mientras que los bienes materiales disminuyen cuando los usamos o los donamos. Para quien vive en modo de tener, amar es poseer al otro y siente celos cuando aparece un rival potencial; para quien vive en modo de ser, amar es entregarse al otro y querer el bien del otro.

La avaricia es la pobreza de los ricos
"Cuanto menos eres y menos expresión tiene tu vida, tanto más tienes y más alienada es", dijo Karl Marx. Jesús expresó esto mucho antes cuando dijo: "No se puede servir a Dios y al dinero" (Lc 16, 13). Esto significa que en nuestra vida no podemos conjugar al mismo tiempo los verbos Tener y Ser, porque siendo antagónicos, se autoexcluyen. "El hombre sabio también es pobre o se vuelve pobre" (Séneca); el materialmente rico es, por regla general, espiritualmente pobre y viceversa.

El hombre pobre que está feliz con lo que tiene y no busca más riquezas materiales es rico. Mientras que el hombre rico que nunca está satisfecho con lo que posee y busca tener más es pobre. Es como una adolescente anoréxica autoengañada por una falsa percepción de la realidad; está tan obstinada en volverse más delgada que cada vez que se ve al espejo se ve gorda; como no enfoca su atención en la delgadez que ya tiene sino en la que aún puede tener, siempre se verá gorda y obligada a perder más peso, poniendo en riesgo su vida si no se cura de su falsa percepción de la realidad.

El rico es pobre porque su atención no está puesta en lo que ya tiene, sino en lo que aún puede venir y sueña con tener, invirtiendo en ese objetivo todo su tiempo y energías. Como siempre habrá alguien más rico que él, siempre se verá a sí mismo como carente de algo, por lo que, a todos los efectos, es pobre. El pobre es rico porque está satisfecho con lo que tiene e invierte en el Ser su tiempo y energías; el rico es pobre porque, al no pensar que tiene lo suficiente, invierte toda su vida en Tener más.

Conclusión – La riqueza material es temporal, mientras que la espiritual perdura, haciendo que el "ser" sea más valioso que el "tener".

P. Jorge Amaro, IMC (edit. Begoña Peña)

domingo, 1 de marzo de 2015

¿Poseedores o Poseídos?

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El clero secular, aunque no hace explícitamente un voto en materia de castidad y de obediencia, está llamado a vivir estas dos virtudes tal como nosotros. La pobreza es el voto que más caracteriza al religioso y sobre el cual el clero regular nada promete.

El religioso vive en comunidad, por lo tanto, la orden puede incluso ser rica, pero el fraile es pobre, pues ni tiene acceso ni uso de esa riqueza ni la usa. Los sacerdotes seculares viven solos, algunos incluso más pobres que los religiosos, pero otros amasan grandes fortunas, causando desavenencias entre los sobrinos que las van a heredar. ¿Será o no por eso que se dice: “¿A quién Dios no le da hijos, el diablo le da  sobrinos”?

“Primum vivere deinde philosophari “
Algunos, ocupados en altas filosofías, se olvidan de que tienen que trabajar para conseguir lo necesario para su subsistencia. A estos recuerda San Pablo: "Quien no quiera trabajar, que no coma." (2 Ts 3, 10). Es el trabajo el que genera la riqueza que nos permite mantener las funciones vitales, es decir, estar vivos.

En verdad, quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por causa de mí y del Evangelio, la salvará. (Marcos 8, 35). Vivir y estar vivos son una y la misma cosa para los animales, pero no así para los humanos. Es cierto que para vivir es necesario estar vivo, pero el sentido y objetivo de la vida humana no es mantenerse vivo, no es retener la vida; por el contrario, es perder, es dar la vida, es desvivirse, entregarse a una causa, usar todo el tiempo y energías de que se compone nuestra vida por un ideal, un sueño, una ambición. La vida, por lo tanto, no es un valor absoluto, sino relativo; valor absoluto es la razón por la cual yo vivo.

Los bienes materiales, por lo tanto, nada tienen que ver con la vida, sino solo con estar vivos, con mantener las funciones vitales. Quien dedica su vida a amasar riquezas está dedicando su vida a mantener la vida, por lo que puede llegar a tener lo necesario para mantener las funciones vitales de dos o más vidas, pero solo tendrá una, y esa una se gastará estúpidamente sin sentido.

Psicoanálisis del poseer
Cuando leemos cuentos populares que hablan sobre dinero transformado en excrementos y viceversa – según Freud – es solo una referencia de cómo el concepto de “posesión” de dinero o cualquier otro bien se originó en nuestro psiquismo.

En la fase narcisista del desarrollo, los excrementos tienen mucha importancia para el niño por la simple razón de que los excrementos salen de – o se originan en – su propio cuerpo. Esto refleja la alta estima que el niño tiene de sí mismo. La madre refuerza esta "actitud" cuando se preocupa por el niño en los momentos en que este está estreñido y es incapaz de defecar. Cuando finalmente el niño tiene un movimiento intestinal, muestra y exhibe con orgullo sus excrementos a su madre, y esta se pone muy contenta.

Según Freud, cuando pierde sus "altamente valorados" excrementos, el niño siente que ha perdido algo, que este algo le pertenece y debería estar dentro de su cuerpo, pero que ahora está fuera de él; el niño también se da cuenta de que por mucho que quisiera, no puede volver a poner los excrementos dentro de sí. Al no poder hacer que los excrementos vuelvan a su interior, el niño los declara “suyos”, lo que esencial o simbólicamente significa que quiere volver a incorporarlos en sí mismo.

Como dijimos, desde el punto de vista del psicoanálisis, el amor por los bienes materiales está enraizado en la fase narcisista o anal del desarrollo de un niño. En esta fase, el egocentrismo es predominante; el niño aún no ha desarrollado la capacidad de sentir afecto por los demás ni posee aún ninguna capacidad de amor o de odio, pues son realidades que pertenecen a la siguiente fase, la fase genital.

¿Poseedores o poseídos?
Si aumentan vuestras riquezas, no les entreguéis el corazón. Salmo 62, 11
Porque donde esté vuestro tesoro, allí también estará vuestro corazón. Lucas 12, 34

Lamentablemente, el joven rico del evangelio de Mateo (19:16-23) decidió quedarse con las riquezas cuando Jesús lo confrontó y le dio a elegir entre riqueza material y riqueza espiritual. Dice el evangelio que se puso triste ante su propia opción; las riquezas pueden dar placer, pero no alegría, y el placer es casi siempre seguido por la tristeza.

El joven rico rehusó seguir al maestro porque ante la perspectiva de perder las riquezas, su falsa seguridad lo paralizó. Seguir al maestro fue lo que lo movió a ir con Jesús; él quería seguir al maestro, pero no podía; y no podía no porque poseyera muchas riquezas, sino porque era poseído por ellas, por lo que no era libre, no se poseía a sí mismo ni era señor de su destino. Lo que le pasó al joven rico y les pasa a todos los que dan su corazón a las riquezas es como vender el alma al diablo.

Donde está tu tesoro, allí está tu corazón, advierte el evangelio. Por eso, cuando damos el corazón a las riquezas, vendemos el alma al diablo; a partir de ese momento solo poseemos desde el punto de vista contable, porque desde el punto de vista psicológico y espiritual, somos poseídos.

Si el objeto de amor son los bienes materiales, entonces una extraña simbiosis ocurre entre la persona y los bienes materiales que ama. Se define la simbiosis como una relación de mutuo beneficio y dependencia entre dos seres vivos. Hay un intercambio o compartición entre los dos: los bienes materiales comparten su materia, por lo que la persona que los ama se materializa; la persona comparte su espíritu, por lo que los bienes materiales se espiritualizan. El sujeto que antes decía que poseía, pasa a ser poseído. No es el joven rico quien posee los bienes materiales, son los bienes materiales los que poseen al joven rico.

Porque el dinero es un buen esclavo, pero un mal maestro, aquel que es seducido por la riqueza pierde su libertad. En realidad, es la riqueza la que pasa a "comandar" su vida y no él mismo. Cuando el único objetivo de la vida es poseer, y el poseer solo sirve para mantener las funciones vitales, la persona vive para estar viva, es decir, vegeta.

Conclusión – Cuando en la vida damos prioridad a la acumulación de riquezas materiales, sobre el cultivo de valores humanos, nos volvemos esclavos de nuestras posesiones, perdiendo la libertad y el objetivo de la vida.

Pe. Jorge Amaro IMC (Edit. Begoña Peña)