Oh indispensable pecado de Adán,
Pues Cristo lo disuelve en su amor;
Oh feliz culpa que ha merecido
La gracia de un tan grande redentor.
Pregón Pascual
La expresión latina “Felix Culpa” deriva de los escritos de San Agustín sobre la caída de Adán y Eva, que arruinó la naturaleza humana dando inicio al pecado original, que, como una enfermedad genética, se ha propagado de generación en generación.
A la luz de la Resurrección de Cristo, San Agustín reinterpreta de manera "positiva" el pecado de Adán y Eva, extendiendo así la positividad del presente a la negatividad del pasado. Por esta razón, la Iglesia incluyó esta exclamación del santo en el pregón pascual, que es el momento litúrgico en la vigilia Pascual en que se proclama la resurrección de Cristo.
En la vida diaria encontramos ejemplos de esta realidad: la mujer que da a luz, ante la alegría inmensa que siente al tener a su hijo en brazos, pronto olvida los dolores del parto o los ve de manera distinta. Que la botella esté medio llena o medio vacía es un hecho irrelevante; lo relevante es la interpretación que se hace del hecho: para el pesimista está medio vacía, para el optimista está medio llena.
"No hay mal que por bien no venga"
El caballo de un viejo agricultor se escapó a las montañas. "Qué mala suerte", dijeron los vecinos con empatía, a lo que el anciano respondió: "¿Mala suerte o buena suerte? ¿Quién sabe?" Una semana después, el caballo regresó con una manada de caballos salvajes, y esta vez los vecinos felicitaron al agricultor por su suerte.
La respuesta del viejo fue la misma: "¿Buena suerte o mala suerte? ¿Quién sabe?" Luego, su hijo, al intentar domar a uno de los caballos, cayó y se rompió una pierna. Todos vieron esto como mala suerte, pero el anciano se limitó a decir: "¿Mala suerte o buena suerte? ¿Quién sabe?" Semanas después, el ejército pasó reclutando a todos los jóvenes aptos para el servicio, excepto al hijo del viejo, que aún usaba muletas...
La manzana del Jardín del Edén parecía buena; mucho de lo que aparentemente parece bueno puede ser malo, y viceversa, lo que parece malo puede ser bueno. Las palabras suerte o mala suerte solo tienen sentido para el supersticioso; el creyente ve todo, lo bueno y lo malo, como providencia divina encaminada hacia un final feliz.
Como la antimateria existe en oposición y en función de la materia, así Dios creó la posibilidad del mal como una alternativa a Él mismo, para que el hombre fuera libre de amarlo o rechazarlo. Fue el mal uso o abuso de esa libertad lo que creó los males concretos de los que la humanidad ha sufrido desde aquel momento.
Dado que nada existía antes de Dios, y la posibilidad del mal fue creada por Él, podemos concluir que Dios es indirectamente responsable del mal en el mundo. Al colocar ese árbol en el jardín, Dios conocía el riesgo que corría. Por otro lado, la alternativa de no crear la posibilidad del mal nos habría convertido en robots, marionetas, extensiones de Dios, pero no en seres personales, libres, autónomos e independientes, como Dios quiso que fuésemos desde el principio.
El salario del pecado es la muerte (Romanos 6:23)
Con la muerte de Su Hijo, Dios pagó el precio de haber creado la posibilidad del mal para que el hombre fuera libre. La providencia divina nos dice que nada sucede sin la voluntad de Dios. Si Dios permite el mal, es porque tiene en mente un bien mayor.
La misma providencia divina nos invita a no interpretar ningún acontecimiento, ya sea individual o comunitario, fuera de su contexto. Cada acontecimiento debe verse como una pieza de un rompecabezas del solo Dios tiene la visión total; nos corresponde tener fe en que Dios dirige tanto nuestra historia como la de la humanidad hacia un bien mayor y un final feliz.
Todos tenemos ejemplos en la vida de cómo, de hecho, "no hay mal que por bien no venga": Fue una desavenencia entre San Pablo, Bernabé y Marcos lo que llevó a Marcos a dejar la compañía del santo. En lugar de seguir a San Pedro, de esta manera tuvimos un evangelio nacido de la predicación de San Pedro, el de San Marcos, como más tarde tuvimos otro nacido de la predicación de San Pablo, el de San Lucas.
Cuando San Antonio de Lisboa fue a Italia, su trabajo consistía en lavar ollas y sartenes. Fue necesario que enfermara el predicador designado para la ordenación de un sacerdote, para que sacaran a San Antonio de la cocina y lo pusieran en su lugar adecuado, el púlpito, donde pronto se reveló como un predicador extraordinario.
Una enfermedad y el tiempo de convalecencia transformaron la vida de San Francisco de Asís, de San Ignacio de Loyola, y de muchos otros santos que seguían un camino que no los conducía a la santidad, sino todo lo contrario.
“Felix Culpa” en nuestra vida
Dios escribe derecho con renglones torcidos, y siempre va un paso adelante de nosotros. Al fracasar el plan A con la caída de Adán, Dios ideó inmediatamente un plan B; cuando la humanidad mató a Su Hijo, Dios lo resucitó. Podemos leer la historia de la humanidad con los renglones torcidas donde Dios escribe recto.
Felix Culpa es una exclamación hecha en el presente sobre algo que sucedió en el pasado.
Felix culpa es la lectura presente de una realidad pasada.
Felix culpa es la reinterpretación del pasado negativo a la luz del presente positivo.
La parábola del trigo y la cizaña (Mateo 13:24-30) sugiere que en el mundo y en la sociedad, al igual que el trigo y la cizaña, el mal y el bien están tan entrelazados que es difícil distinguirlos, por lo que lo mejor es no precipitarse, confiar en la providencia divina y esperar al final.
El Felix culpa no solo se aplica a la historia de la salvación de la humanidad, sino también a nuestra historia personal de salvación. Solo nos sentimos salvados cuando, al mirar la negatividad de nuestro pasado, entonamos nuestro “Felix Culpa”.
El primer paso es hacernos responsables de todo lo que hemos hecho y de todo lo que nos ha sucedido. No podemos culpar a otros, decir que fue el diablo quien nos tentó, o apelar a nuestra herencia genética, culpar a nuestro entorno social o a nuestros padres. Es cierto que todos estos factores nos han moldeado y contribuido a lo que somos hoy; sería un error negar su importancia. Conscientes de que no hay sociedades, familias, padres y educaciones perfectas, debemos hacernos responsables de todo lo que hemos hecho y de todo lo que nos ha sucedido, tomando así las riendas de nuestra vida.
Hacerse responsable no significa instalarse y revolcarse en una especie de culpa falsa, insalubre, cruel, abusiva y depresiva; estas son las "arenas movedizas" de una espiritualidad suicida. Para salir de este estancamiento, es necesario mirar el conjunto de nuestra vida, entonar nuestro Felix Culpa y verificar que no hay mal que por bien no venga.
En la vida aprendemos más de nuestros errores que de nuestros aciertos. Cada hecho negativo es un regalo que nos da la vida. Todo regalo viene en una caja; la caja es el hecho negativo, su contenido, el presente, es la lección que ese hecho negativo nos brindó, es decir, lo que aprendimos de él.
Conocí a una joven que no lograba superar el trauma de haber sido abusada sexualmente por su tío, ni entonar su Felix Culpa, hasta el día en que se dio cuenta de que la visión negativa que tenía del sexo de alguna manera la había librado de una vida sexual promiscua, de embarazos y abortos que fueron la realidad de algunas de sus amigas.
No hay familias perfectas, ni padres, ni tíos perfectos, ni primos, ni maestros, ni catequistas; mucho antes de que fuéramos conscientes de nosotros mismos, antes de conocernos como personas, el pecado ya nos había tocado de mil maneras.
El "Felix Culpa" no transforma el mal en bien, ni justifica ni excusa a quienes lo cometieron. Solo ayuda a reinterpretarlo para encajarlo en el contexto general de la vida, mirarlo de manera menos negativa y evitar que arruine el presente.
Lo que importa es el resultado final
Si el pecador renuncia a todos los pecados que cometió, si observa todas mis leyes y practica el derecho y la justicia, vivirá, no morirá. No se recordarán las faltas que cometió, vivirá por causa de la justicia que practicó. (…) Pero si el justo se desvía de su justicia y practica el mal (…) La justicia que practicó no será recordada; morirá por causa de la infidelidad y del pecado que cometió. (Ezequiel 18: 21-22, 24)
Esta escritura sugiere que lo que realmente importa es cómo nos encontramos al final de nuestras vidas; lo que cuenta es el momento presente, lo que hemos llegado a ser. La positividad y la negatividad son como los andamios de la construcción de nuestra vida.
Como sugiere el profeta Ezequiel, Dios no tiene memoria histórica del bien o del mal que hacemos durante nuestra vida; lo importante no son los actos, sino las actitudes, es decir, las personas en las que nos convertimos al final de la construcción de nuestra vida. Por lo tanto, lo que cuenta es el resultado final; por eso, como dicen los españoles con cierta ironía, "que Dios nos coja confesados".
Inspirándonos en la parábola de los talentos, podemos afirmar que Dios no nos pide lo que no nos dio; inspirándonos en la parábola del sembrador, podemos afirmar que Dios no pide a todos que den el 100%; Él está igualmente contento con el 60% o incluso con el 30%. Lo importante es no esconder el talento y hacerlo rendir; hacer la tortilla con los huevos que nos dieron y nunca concluir que no tenemos suficientes huevos para hacerla.
Conclusión – “Felix Culpa” es la reinterpretación en retrospectiva del pasado negativo a la luz del presente positivo.
P. Jorge Amaro, IMC (Edit. Begoña Peña)