En el primer Misterio Luminoso contemplamos el Bautismo de Jesús.
Del Evangelio de Marcos (1:9-11):
"En aquellos días, Jesús vino de Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán. Y al salir inmediatamente del agua, vio que los cielos se abrían y el Espíritu descendía sobre Él como una paloma. Y una voz vino del cielo: 'Tú eres mi Hijo amado; en ti me complazco.'"
Comentario de San Ambrosio:
"Solo uno se sumergió; cuando Él descendió, toda la humanidad descendió con Él... Uno tomó sobre Sí los pecados de todos para que, en Él, los pecados de todos fueran perdonados."
Meditación 1
Sabemos poco sobre la vida de Jesús antes del comienzo de Su ministerio público. No es verosímil que Jesús comenzara de la nada; es probable que se asociara con el movimiento de Juan Bautista, que perdonaba los pecados con un bautismo de agua sin la necesidad de ofrecer sacrificios en el Templo de Jerusalén.
Aunque Jesús era sin pecado, al someterse al bautismo se identificó con la humanidad pecadora. El bautismo de Juan era un símbolo de arrepentimiento y, al ser bautizado, Jesús mostró solidaridad con los pecadores, asumiendo plenamente la condición humana.
¡El Hijo de Dios en la fila de los pecadores! Él, igual a nosotros en todo, excepto en el pecado (Hebreos 4:15), se deja bautizar. En el bautismo, Jesús nos revela Su modo de ser: asumir la condición humana hasta el extremo, descendiendo siempre para revelar al mundo Su verdadera identidad: ser el Hijo muy amado de Dios.
Meditación 2
Después de ser bautizado, Jesús salió del agua, y he aquí que los cielos se abrieron. Luego se da una manifestación explícita de la Trinidad:
- El Hijo: Jesús es bautizado.
- El Espíritu Santo: Desciende en forma de paloma, simbolizando la unción de Jesús para Su misión.
- El Padre: Una voz del cielo declara: "Este es mi Hijo amado, en quien tengo toda mi complacencia" (Mateo 3:17). Esta revelación trinitaria confirma la identidad de Jesús como Hijo de Dios y Mesías prometido.
Al ser bautizado, Jesús expresa plena sumisión a la voluntad de Dios Padre. Él declara públicamente que está listo para cumplir Su misión redentora, aceptando el camino del sufrimiento y de la cruz. Esta obediencia será constante en toda Su vida, culminando en la pasión y muerte.
El bautismo marca el comienzo del ministerio público de Jesús. A partir de este momento, Él comienza a predicar, a realizar milagros y a enseñar sobre el Reino de Dios. Este evento inaugura una nueva fase en Su misión de redención.
Oración
Señor Jesús,
que humildemente te sometiste al bautismo en el río Jordán,
mostrándonos el camino de la obediencia y el amor,
ayúdanos a seguir Tu ejemplo,
identificándonos con los más necesitados,
con los pecadores y con aquellos que más sufren.
Tú, que eres el Hijo amado de Dios,
revélanos en el silencio de nuestro corazón
nuestra propia identidad como hijos e hijas de Dios,
y concédenos la fuerza del Espíritu Santo
para vivir plenamente la misión
que nos confiaste en nuestro bautismo.
Que, como Tú, podamos descender,
sirviendo y amando con humildad,
para que, en nuestra entrega,
también los cielos se abran
y se revelen a aquellos que tocamos con amor.
Padre celestial,
que en el bautismo de Tu Hijo proclamaste Tu agrado,
que también nosotros podamos ser motivo de alegría para Ti
a través de nuestra vida de fe, esperanza y caridad.
Que Tu voluntad sea siempre nuestra guía,
y que Tu Espíritu nos fortalezca
en el camino hacia Tu promesa de vida eterna. Amén.
P. Jorge Amaro, IMC