jueves, 15 de mayo de 2025

El Reino de Dios en las palabras y milagros de Jesús

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En el tercer misterio luminoso contemplamos el Reino de Dios en las palabras y milagros de Jesús.


Del Evangelio de Lucas (11:20):
"Si Yo expulso los demonios por el poder de Dios, entonces el Reino de Dios ha llegado a vosotros."

Comentario de Cromacio de Aquilea
El Maestro de la vida y Médico celestial, Cristo el Señor, vino con este propósito: instruir a los hombres con Sus enseñanzas y sanar los males del cuerpo y del alma con la medicina divina.

Meditación 1
En el principio existía la Palabra, y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. (…) Por medio de ella fueron hechas todas las cosas; sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres (…) Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros; contemplamos su gloria, gloria como la del unigénito del Padre, llena de gracia y verdad. (Juan 1:1-3, 14)

Jesucristo es la Palabra eterna del Padre, que se encarnó en el tiempo y el espacio humanos. Además de ser la encarnación de la Palabra, Jesús proclamó palabras de vida a lo largo de toda su vida pública, especialmente en el Sermón de la Montaña en el Evangelio de Mateo, que resume su doctrina y es considerado la Carta Magna del cristianismo.

En las palabras de Jesús se revela el corazón del Reino de Dios: un reino de justicia, amor, misericordia y verdad. Él vino a anunciar que este Reino ya está entre nosotros, manifestado en Su persona, en Sus enseñanzas y en Sus acciones. Cada palabra de Jesús, desde las bienaventuranzas hasta las parábolas, traza el camino para vivir en este Reino.

En el Sermón de la Montaña, Jesús dice: "Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos" (Mateo 5:3). Con esto, no se refiere a un reino lejano o meramente futuro, sino a una realidad presente, accesible para todos los que viven de acuerdo con los principios de humildad, compasión y justicia.

Meditación 2
Para el hombre como ser individual, Jesús se presenta como el único modelo de humanidad, aquel por quien debemos medirnos para ser genuinamente humanos: "el camino, la verdad y la vida" (Juan 14:6).

Para el hombre como ser social y para la sociedad en general, Él introduce el Reino de Dios como un proyecto social: una sociedad más justa, fraterna, inclusiva y pacífica, o como se define en el Padre Nuestro: "Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo."

El Reino de Dios ya está entre nosotros desde el momento en que Cristo entró en la historia humana. Sin embargo, aún no está presente en su plenitud. Nos corresponde a nosotros, como Iglesia, continuar la expansión del Reino de Dios hasta que Cristo sea todo en todos. En este sentido, la Iglesia está para el mundo como la levadura está para la masa, transformando este mundo en el Reino de Dios.

Los milagros son los primeros signos del Reino de Dios, un nuevo orden en el que prevalecen la salud, la justicia y la paz. Manifiestan la realidad del Reino, donde no hay dolor, sufrimiento ni muerte. Al curar a los enfermos, resucitar a los muertos y realizar otras maravillas, Jesús revela lo que el Reino de Dios representa para la Humanidad.

Oración
Señor Dios,
Tú que enviaste a Tu Hijo Jesucristo como la Palabra encarnada,
te damos gracias por la revelación de Tu Reino entre nosotros.

Que los milagros que Él realizó nos recuerden Tu infinita misericordia
y Tu deseo de sanar y restaurar a cada uno de nosotros,
tanto en el cuerpo como en el alma.
Que podamos ver en cada acto de amor y compasión
la manifestación del Reino que ya está presente entre nosotros.

Ayúdanos, Señor, a vivir según los principios de Tu Reino,
abrazando la humildad, la justicia y la paz.
Que las bienaventuranzas que Jesús proclamó
sean la luz que guíe nuestros pasos,
y que nuestra vida refleje la gracia y la verdad que sólo Él puede dar.

Inspíranos a ser levadura en la masa,
promoviendo la transformación
en nuestras comunidades y en el mundo,
para que todos puedan conocer Tu amor y Tu voluntad.

Señor, que Tu Iglesia sea un signo visible de Tu Reino,
un espacio donde todos sean acogidos
y donde la justicia y la fraternidad puedan florecer.

Confiamos en Ti, pues sabemos que con Tu ayuda
podemos ser instrumentos de paz y amor.
Que se haga Tu voluntad en la tierra como en el cielo. Amén.

P. Jorge Amaro, IMC

jueves, 1 de mayo de 2025

Las Bodas de Caná

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En el Segundo Misterio Luminoso contemplamos las Bodas de Caná.

Del Evangelio de San Juan (2, 1-5):
Hubo una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. También Jesús y sus discípulos fueron invitados a la boda. Al faltar el vino, la madre de Jesús le dijo: "No tienen vino." Jesús le respondió: "Mujer, ¿qué tiene eso que ver conmigo? Aún no ha llegado mi hora." Su madre dijo a los sirvientes: "Hagan lo que Él les diga."

Comentario de Fausto de Riez, obispo del siglo V:
“En Galilea, por las obras de Cristo, el agua se transforma en vino; la ley desaparece y surge la gracia; la sombra se disipa y aparece la realidad; las cosas materiales se confrontan con las espirituales; la antigua observancia cede lugar al Nuevo Testamento.”

Meditación 1
En las Bodas de Caná, Jesús realiza la primera transubstanciación al cambiar la sustancia del agua en la sustancia del vino, como preludio de la otra transubstanciación en la que cambiará la sustancia del vino en la sustancia de Su Sangre.

El milagro de Caná es una figura y un símbolo de lo que se opera diariamente en nuestros altares. Hay una admirable conexión entre el primer milagro que inicia Su carrera y aquel con el que la termina: la Última Cena.

El vino que en Caná se convierte en el mejor es un símbolo de la Sangre de Cristo en la Eucaristía. En la Última Cena, Jesús toma el vino y lo ofrece como Su Sangre, estableciendo la nueva alianza. El milagro de Caná anticipa este sacrificio y la realidad de la Eucaristía, donde el vino se transforma en la Sangre de Cristo, que nos purifica y redime.

Meditación 2
Aunque Jesús dijo que aún no era Su hora, Su madre no dudó en intervenir sin ser solicitada, en nombre de la pareja que estaba en apuros en su primer día de matrimonio. Ella conoce de antemano nuestras necesidades y está dispuesta a pedirlas de forma sutil pero vigorosa ante Su Hijo: "No tienen vino." A cambio, solo nos pide "Hagan lo que Él les diga."

María se revela en este pasaje como el prototipo de todo creyente: atenta a las necesidades concretas, las presenta a Jesús y anima a quienes la rodean a poner su confianza en Él. Las Bodas de Caná son una oportunidad para contemplar al Dios Santo, que acoge con bondad nuestras oraciones y deseos: es el Dios del “momento oportuno,” que sabe dar a cada uno lo que más necesita.

En Caná de Galilea, María ve una necesidad y busca resolver el problema, impulsando a Jesús a su vida pública, aunque Él aún no había planeado comenzar. Jesús, obediente al Padre Celestial, también obedece a Su Madre, incluso ya siendo adulto. Esta obediencia es importante para nosotros, pues institucionaliza a María, Su Madre, como intercesora de todas las gracias.

Oración
Señor Jesús,
que en las Bodas de Caná transformaste el agua en vino,
revelanos el poder de Tu presencia en nuestras vidas.
Así como Tu primer milagro trajo alegría y esperanza,
que podamos experimentar la transformación que solo Tú puedes operar.

Santísima Madre,
modelo de confianza e intercesión,
enséñanos a mirar con atención las necesidades de los demás
y a presentarlas a Tu Hijo con la misma confianza que tuviste.
Ayúdanos a ser instrumentos de paz y alegría
en la vida de quienes nos rodean.

Señor, haz de nosotros siervos atentos a las necesidades de los demás,
dispuestos a seguir Tu voluntad,
a poner en práctica Tus palabras
y a vivir en comunión con nuestros hermanos.

Que en nuestras vidas
la Eucaristía se convierta en el vino nuevo de Tu gracia,
purificándonos y renovándonos cada día,
para que podamos reflejar Tu luz en el mundo.

Amén.

P. Jorge Amaro, IMC