En esta sala dorada,
de ambiente noble y serio,
para escuchar cantar el fado,
iba siempre un encapotado,
personaje de misterio.
Pero una noche hubo alguien
que le dijo, alzando la voz: "encapotado, toma nota:
¡hoy aquí nadie va a quedar encapotado!"
Y ante la admiración general
se descubrió el encapotado.
Era el rey de Portugal,
hubo besar de manos real
y luego se cantó el fado.
João Ferreira Rosa, El Encapotado
La vida en una jaula de oro
La curiosa historia, a la que alude este clásico del fado, puede que nunca haya ocurrido en Portugal, pero nada impide que suceda, y vuelva a suceder, en cualquier momento y lugar. Esto se debe a que pone de relieve una verdad ineludible; dicen que los poderosos en general: reyes, emperadores, presidentes o papas, son las personas mejor informadas, y en cierto modo es cierto, pero también puede suceder lo contrario.
La información que les llega no es ni de primera, ni de segunda, ni de tercera; a menudo la noticia ha pasado por varias personas y, como "quien cuenta un cuento añade un punto", ya llega al receptor demasiado filtrada y/o cargada de connotaciones e interpretaciones, que la sitúan cada vez más alejada de la verdad y la realidad. A veces, es posible que la información ni siquiera llegue al destinatario porque fue retenida por alguien, quien, a su discreción, la encontró irrelevante.
A menudo, los círculos concéntricos de personas que rodean a un gobernante o a cualquier persona importante son verdaderos muros, que le impiden tener una visión clara y objetiva del mundo que la rodea y de los problemas que está llamada a resolver. A modo de anécdota: alguien definió el secreto pontificio como lo que todo el mundo sabe, excepto el Papa.
A menudo, aquellos que se consideran poderosos viven en una jaula de oro y tienen menos libertad que nosotros. Una de las que tradicionalmente vive en la Jaula de Oro, con una libertad de movimiento muy reducida, es la figura del Papa. Contradiciendo este hecho y en línea con El Encapotado, la Guardia Suiza, encargada de la seguridad del Papa Francisco, confirma que "ya se ha aventurado a salir de noche, vestido como un sacerdote normal, para encontrarse con los indigentes de Roma".
Mediadores
Dios habló muchas veces y de muchas maneras a nuestros padres en la antigüedad a través de los profetas. En estos últimos días, Dios nos ha hablado por medio de su Hijo, a quien ha hecho heredero de todas las cosas, y por medio del cual hizo el mundo. Este Hijo, que es el resplandor de su gloria y la imagen fiel de su sustancia. Hebreos 1,1-3.
Durante mucho tiempo, "aislado" en el cielo, Dios también tuvo su círculo de intermediarios y mensajeros, que oscurecieron los mensajes de Dios a su pueblo con sus propias personalidades, prejuicios e ideas. "Traductor, traidor" dice un proverbio latino; un traductor o intérprete es siempre un traidor, por lo que Dios fue incapaz de comunicarse plenamente con la humanidad.
En Navidad, lo invisible se hace visible
La Biblia nos dice que Dios es espíritu. El espíritu es inmaterial y, por lo tanto, invisible e inconmensurable para nuestros sentidos. Somos seres espaciotemporales, Dios vive en la eternidad, un Reino completamente diferente al nuestro. No vemos las ondas de radio, la televisión y los teléfonos móviles, y necesitamos los dispositivos adecuados para captarlas. Puesto que Dios es espíritu, sólo nuestro espíritu está preparado para captarlo.
Siendo de condición divina, se despojó a sí mismo, haciéndose a semejanza de los hombres. (Filipenses 2,6-7). En cierto momento de la historia de la humanidad, Dios decidió despojarse de su divinidad y vestirse, o disfrazarse, como un ser humano. "Cansado" de enviar mensajes, decidió visitarnos y vivir entre nosotros. Desde el interior de nuestra humanidad, totalmente asumida por él, nos mostró con su palabra, su comportamiento y su acción cómo es y debe vivir el hombre.
Volvió a los suyos, y los suyos no lo recibieron. (Juan 1,11). Jesús, Dios hecho hombre, nació en Belén en un pesebre, creció y fue educado humildemente en un pueblo de las afueras de Nazaret, fue aprendiz de carpintero y dotado de una apariencia física sin relevancia. De acuerdo con nuestra expectativa natural, Dios debería haber venido en gloria y lleno de poder, con miles de ángeles flanqueándolo a ambos lados. Su voz debería haber sido como un trueno. Su rostro debería haber sido tan brillante como el sol.
Por eso era difícil para la gente de ese tiempo reconocerlo como Dios; no entendieron que Dios tenía que venir de una manera humilde, para ser nuestro amigo y nuestro hermano, para hablarnos de ustedes para ustedes, desde el interior de nuestra naturaleza y condición humana. Como naturalmente esperaríamos de Él. Un día vendrá por segunda vez, en plena gloria como el Rey de reyes, para juzgar y cerrar la historia humana de la cual Él es Alfa y Omega.
P. Jorge Amaro, IMC trad Liliana Monroy)