martes, 29 de julio de 2025

Fátima: Algo tuvo que haber pasado, no nada

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Desde el principio, tanto a nivel nacional como internacional, Fátima no ha estado exenta de enemigos. Tras investigar los hechos y el contenido del mensaje, y haber leído atentamente los escritos de sus detractores, comprobé que sus afirmaciones son tan frívolas como prejuiciosas, ignorando por completo la realidad y la veracidad de los acontecimientos. 

Son tan mezquinas y fáciles de refutar que ni siquiera me molesto en rebatirlas. Prefiero dedicar mi tiempo y energía a los hechos y a la riqueza del mensaje de Fátima, ofreciendo al lector suficientes elementos para responder por sí mismo a los críticos, si alguna vez se cruza con ellos.

Entre los detractores de Fátima, hay quienes sostienen que todo fue una invención de la Iglesia de aquella época; otros se aferran a las supuestas contradicciones de los niños, sometidos a interrogatorios excesivos y agotadores; y no faltan los que, desde dentro de la propia Iglesia, intentan desacreditar el mensaje en su totalidad, apoyándose en ciertas aparentes incongruencias teológicas.

Hay oro en la arena del río, pero no toda la arena es oro
Esta es la metáfora que utilizo cuando quiero explicar cómo la Biblia contiene la Palabra de Dios, aunque no todo lo escrito en ella sea, palabra por palabra, Palabra de Dios. Al igual que es necesario cribar la arena del río para encontrar el oro que se oculta en ella, también es necesario interpretar la Escritura para descubrir en ella la Palabra viva de Dios.

Cuando aplicamos al texto bíblico herramientas como la crítica literaria, la crítica histórica, la exégesis y otras ciencias como la arqueología, la psicología o la filosofía, podemos discernir y dejar de lado los mitos, las creencias, los usos y costumbres, la historia concreta de una época, la personalidad y carácter del autor, así como sus limitaciones y prejuicios. Una vez depurado todo esto, lo que queda es la pura inspiración divina: la ipssissima Dei verbum, la palabra misma de Dios.

Este mismo criterio que utilizamos para la Revelación pública de Dios en la Escritura, puede aplicarse también a la revelación privada de Fátima, sobre todo en lo referente a aquellas afirmaciones que puedan parecer teológicamente incongruentes, como, por ejemplo:

"…llevad a todas las almas al cielo, especialmente a las que más lo necesiten". - Es evidente que, en portugués, esta conclusión de la oración puede parecer incoherente, ya que todos necesitamos la salvación de Dios. Sin embargo, en muchas lenguas, los católicos han añadido la expresión: "especialmente a las que más necesiten de tu misericordia". Es decir, aquellos más alejados de Dios, quienes se hallan en mayor miseria espiritual, son los que más necesitan de la misericordia divina.

Otro ejemplo es: "Penitencia y oración por la conversión de los pobres pecadores". - Esta frase puede dar a entender que quienes rezan y hacen penitencia no se consideran a sí mismos pecadores, lo cual sería contrario a la enseñanza bíblica:
   
“Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros." (1 Juan 1,8)

Pero lo cierto es que los propios videntes se reconocían pecadores, y también vivieron un proceso de conversión personal. Por ejemplo, tras las apariciones, afirmaban: “Ya no podemos rezar el rosario como antes”, cuando lo hacían deprisa, abreviando las oraciones. Más aún: después de lo vivido, hacían todo lo posible por no pecar, pues su amor a Dios era tal que temían ofenderle aún más de lo que ya lo estaba por causa de otros pecadores.

"Algo hubo, no la nada"
Volviendo a mis tiempos de estudiante de teología con enfoque positivista, tras haber leído todas las teorías sobre la resurrección de Jesús —desde las más osadas a las más ilógicas y las más literales—, encontré en la fórmula del entonces célebre teólogo Hans Küng una afirmación clave: “Algo hubo, no la nada”.

Para Küng, la resurrección sorprendió por completo a los apóstoles, del mismo modo que las apariciones sorprendieron a los tres pastorcillos de Fátima. Es difícil, incluso para el propio Küng, describir qué clase de experiencia vivieron los apóstoles. Pero de una cosa está seguro: algo ocurrió. Porque del nada solo Dios puede crear; los hombres solo pueden transformar lo que ya existe.

Algo extraordinario debió de suceder para transformar a unos discípulos temerosos y cobardes —que incluso habían regresado a su vida anterior— en apóstoles intrépidos y audaces, como Pedro en su discurso en los Hechos de los Apóstoles (Hechos 2,14-36).

Es probable que la experiencia de Jesús resucitado no posea todo el realismo que los evangelios describen, pero sin duda fue real de alguna manera. De lo contrario, no habría sido transmitida con tal fuerza y detalle, sino quizás con un tono más místico o simbólico.

El mismo razonamiento se aplica a Fátima
Del mismo modo, recurro a este razonamiento en el caso de las apariciones de la Virgen María a los tres niños en Fátima. Algo debió ocurrir, pues, debido a su corta edad y su ignorancia, es inconcebible que ellos hubieran podido inventar tanto el evento como el contenido del mensaje.

La transformación radical de vida que experimentaron los apóstoles también se observa en aquellos tres niños. Algo grandioso debió de pasar para explicar el cambio tan profundo que vivieron. No solo en el plano exterior —por el hecho de pasar a vivir bajo la mirada constante del pueblo—, sino también en su interior, al conformar sus vidas al mensaje recibido y vivir una verdadera conversión.

Ciertamente, hay aspectos del fenómeno de Fátima que podrían tener una explicación puramente humana: la visión del infierno, ciertas representaciones de la Virgen Dolorosa, san José con el Niño Jesús, Cristo bendiciendo al mundo y la Virgen del Carmen. Sin embargo, los hechos centrales de Fátima, así como su mensaje, no pueden explicarse simplemente desde una perspectiva natural o psicológica. Algo sobrenatural, fuera de lo común, que desborda la experiencia cotidiana, tuvo que suceder.

Los videntes no sabían nada de lo que ocurría fuera de su pequeño entorno, ni a nivel nacional ni internacional. Incluso si hubieran oído hablar de algo, no habrían sido capaces de comprenderlo ni mucho menos de expresarlo. Su nivel de cultura era tan limitado que, por ejemplo, cuando se les habló de Rusia, Lucía pensaba que se trataba de una mujer de mala vida que necesitaba convertirse.

Apariciones inesperadas
Todo esto nos lleva a concluir que debió de ocurrir algo suficientemente real y objetivo. Las experiencias místicas nunca son colectivas, sino íntimas e individuales, y suelen surgir tras largos procesos de vida ascética y oración contemplativa.

En Fátima, como en las apariciones de Cristo resucitado, la visión del ángel en 1916 y la de la Virgen María el 13 de mayo de 1917 sorprendieron por completo a los niños. En el momento de la primera aparición de la Virgen, ni siquiera estaban rezando: simplemente cuidaban del rebaño. Al ver un relámpago, pensaron que se avecinaba una tormenta y corrieron a buscar refugio. 

Fue entonces cuando se dieron cuenta de algo extraordinario. Una Señora más resplandeciente que el sol se les apareció, de pie sobre una encina. Como en todas las teofanías del Antiguo y del Nuevo Testamento, la Señora les dijo que no tuvieran miedo, que no venía a hacerles daño.

Igual que en las apariciones de Jesús a los apóstoles, en Fátima hubo no uno, ni dos, sino tres testigos desde la primera aparición. En las siguientes, hubo incluso más testigos, hasta llegar a las 70.000 personas que presenciaron el llamado "milagro del sol", como la Virgen había prometido a los pastorcillos.

En todas las apariciones, muchas personas afirmaron haber visto o sentido algo. Tanto los tres videntes como los demás presentes fueron testigos de un fenómeno sobrenatural. Cada uno lo vivió a su manera, pero todos compartieron la misma experiencia fundamental. 

Ni siquiera los tres niños vivieron exactamente lo mismo: Francisco veía a la Señora, pero no la oía; Jacinta la veía y la oía; Lucía, en cambio, mantenía un diálogo completo: veía, oía, hablaba y recibía respuesta.

Conclusión - Algo tuvo que haber pasado. Porque, debido a su edad e ignorancia, no es razonable pensar que aquellos tres niños pudieran haber inventado por sí solos ni el evento ni el contenido del mensaje. Por eso afirmamos, con razón y fe: Fátima, algo fue… no la nada.

P. Jorge Amaro, IMC

martes, 22 de julio de 2025

Fátima - Lourdes - Guadalupe

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La Iglesia reconoce estas tres apariciones de María como auténticas y dignas de fe. Probablemente haya muchas más, pero no me corresponde a mí juzgar su autenticidad, por lo que me refiero aquí únicamente a estas tres. Como alguien dijo sabiamente, es preferible estar equivocado en comunidad que tener razón en soledad.

Para comprender verdaderamente Fátima, no podemos enmarcarla solo en su dimensión nacional, internacional o teológica, sino también en el contexto de las apariciones anteriores de Nuestra Señora en Guadalupe y Lourdes, que también han sido aprobadas por la Iglesia.

En estas tres apariciones, en diferentes lugares y épocas, se observan similitudes y diferencias. Analizaremos primero los signos que permiten afirmar que hubo una teofanía, es decir, que lo sucedido en cada uno de los lugares no tiene una explicación meramente humana, sino sobrenatural. Posteriormente, exploraremos el motivo de la visita de Nuestra Señora y, finalmente, el mensaje que vino a traer.

María – Embajadora, Enviada Especial, Portavoz
Antes de adentrarnos en cada una de las apariciones, conviene reflexionar sobre la razón común que subyace en todas ellas. ¿Por qué María visita a su pueblo de vez en cuando y en distintos lugares?

A la luz del principio reformado de Lutero —solus Christus, sola fide, sola Scriptura— sabemos que muchas confesiones protestantes solo aceptan lo que aparece explícitamente en la Biblia. ¿Cómo, entonces, explicar las visitas de María a quienes piensan así?

La visita de María a su prima Isabel – Lucas 1,39-45
Nuestra fe no se basa únicamente en la religión entendida como el esfuerzo humano por relacionarse con Dios, sino, sobre todo, en la revelación: es Dios quien toma la iniciativa y viene a nuestro encuentro. “No sois vosotros los que me habéis elegido; soy yo quien os he elegido…” (Juan 15,16).

Ya en la prehistoria de nuestra fe, en el Antiguo Testamento, Dios visita a su pueblo y, como María en las bodas de Caná, tiene compasión de los que carecen de lo necesario. Así, como Dios escuchó el clamor de su pueblo esclavizado en Egipto, María acudió a su prima Isabel movida por la compasión.

Desde entonces, es Ella quien sigue visitándonos. Es a María a quien Dios envía, porque cuando su Hijo volvió al Padre, nos la dejó como Madre. Ella, imagen de la feminidad y maternidad divinas, ejerce estas características de Dios de forma sacramental: actúa in persona Dei.

¿Por qué María es la enviada?
Porque es carne de nuestra carne; completamente humana, como nosotros, nacida de un acto de amor humano, con la única diferencia de su Inmaculada Concepción, pues estaba destinada a ser la Madre del Hijo de Dios encarnado, y el inicio de una Nueva Humanidad.

Las bodas de Caná – Juan 2,1-11
María es la mejor embajadora entre el Cielo y la Tierra. Representa a la humanidad ante Dios porque es una de nosotros; y representa a Dios en la Tierra, porque fue concebida sin pecado original: es la humanidad tal como Dios la pensó, la nueva Eva antes del pecado. Como embajadora, enviada especial o portavoz entre el Cielo y la Tierra, su misión es presentar a Dios las necesidades de los hombres, y a los hombres la voluntad y el mensaje de Dios.

Así, en Caná dice a su Hijo: “No tienen vino”; en Guadalupe, probablemente expresó que la evangelización no avanzaba; en Lourdes, que faltaba salud; en Fátima, sin duda dijo que no había paz.
A los hombres, en cambio, les dice en Caná: “Haced lo que Él os diga”; en Guadalupe pide construir una iglesia; en Lourdes, rezar el Rosario; y en Fátima, ofrecernos a Dios en penitencia y oración.

GUADALUPE – Intervención misionera
Pruebas de la intervención de Dios a través de María
El 9 de diciembre de 1531, diez años después de la conquista de la Ciudad de México, cuando ya se había establecido la paz entre los pueblos beligerantes, María se apareció a un indígena llamado Juan Diego.

Como es habitual, la Iglesia actúa con prudencia. El obispo fray Juan de Zumárraga exigió una señal. Nuestra Señora aceptó el desafío y envió a Juan Diego con un manto lleno de rosas frescas, fuera de temporada, en pleno invierno. Al desplegar el manto ante el obispo, las flores cayeron al suelo, revelando la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, la misma que aún hoy se venera.

El tejido donde se encuentra la imagen ha sido examinado por numerosos científicos, sin hallar explicación sobre su origen. No se aprecian pinceladas ni trazos conocidos, y tanto la pintura como el tejido se han conservado sin deterioro, sin tratamiento previo.

Además, estudios recientes han detectado en el iris del ojo de la imagen la miniatura de la escena en la que Juan Diego abre su tilma ante el obispo, como si se tratara de una fotografía grabada siglos antes.

Motivo de la visita
La evangelización de las Américas encontró grandes dificultades. Las civilizaciones maya, azteca e inca eran culturalmente avanzadas y profundamente religiosas. La violencia de la conquista y las masacres hicieron difícil aceptar la fe de quienes los subyugaron.

La intervención de María fue providencial. Como recuerda el episcopado mexicano: “El acontecimiento de Guadalupe significó el inicio de la evangelización, con una vitalidad que superó todas las expectativas. El mensaje de Cristo, a través de su Madre, asumió los elementos centrales de la cultura indígena, los purificó y les dio su sentido definitivo de salvación.”

Mensaje
“Guadalupe” ha sido interpretado como “la que aplasta la serpiente”, en alusión al dios Quetzalcóatl, a quien los aztecas ofrecían sacrificios humanos. En 1487, durante una dedicación de templo en Tenochtitlan, se sacrificaron más de 80.000 personas en cuatro días.

María aplastó al dios de la muerte y condujo a los pueblos indígenas al Dios de la vida, al Dios que se entrega por su pueblo. Y si el aborto hoy representa un nuevo sacrificio humano al dios del egoísmo, el mensaje de Guadalupe sigue siendo actual.

LOURDES – Intervención teológica
Pruebas de la intervención de Dios a través de María
En Lourdes, Francia, la Virgen María se apareció 18 veces entre el 11 de febrero y el 16 de julio de 1858 a Bernardita Soubirous, una niña de 14 años, hija de una familia muy pobre.

En la novena aparición, María pidió a Bernardita que bebiera de un manantial inexistente. La niña escarbó con sus manos y brotó agua. Al día siguiente ya era un arroyo.

En la decimosexta aparición, María reveló su identidad: “Yo soy la Inmaculada Concepción”. Bernardita, sin formación teológica, desconocía que ese dogma había sido proclamado por el Papa Pío IX en 1854. Este hecho dio credibilidad a la autenticidad de las apariciones. En la aparición número 17, Bernardita colocó su mano sobre una vela encendida durante varios minutos, sin quemarse, ante la mirada atónita de la multitud.

Bernardita murió en 1879. Su cuerpo fue hallado incorrupto e inodoro en tres exhumaciones. Las numerosas curaciones físicas atribuidas al agua de Lourdes a lo largo de los años confirman que, allí, el Cielo volvió a visitar la Tierra.

Motivo de la visita
Confirmar desde el Cielo el dogma de la Inmaculada Concepción y recordarnos, como en Fátima, la necesidad de la oración y la penitencia. La Virgen nos llama a abrazar la cruz y a orar para resistir las tentaciones del mundo.

Lourdes, desde sus inicios, se asoció con la pureza a través de su agua milagrosa. Comparado con Fátima, Lourdes es el santuario de los milagros físicos, mientras que Fátima lo es de los milagros del alma.

Mensaje
El mensaje de Lourdes se puede resumir en cuatro palabras:

  • Pobreza – Dios elige a los humildes para revelar su gloria. Bernardita era una de los más pobres.
  • Oración – Especialmente el rezo del Rosario.
  • Penitencia – Como medio de conversión personal y por los pecadores.
  • Confirmación doctrinal – María, al presentarse como la Inmaculada Concepción, ratifica un dogma y lo hace accesible incluso a los más sencillos.

FÁTIMA – Intervención política y espiritual
Pruebas de la intervención de Dios a través de María
Precedida por las apariciones del ángel en 1916, María se apareció en Fátima a tres pastorcillos, los días 13 de mayo a octubre de 1917, en pleno contexto de la Primera Guerra Mundial y del auge del comunismo ateo.

Los videntes eran niños sencillos y veraces. El padre de Francisco y Jacinta creyó en ellos porque sabía que sus hijos no mentían. Además de la experiencia mística de los niños, miles de testigos —entre ellos médicos, periodistas, profesores y ateos— presenciaron el milagro del sol el 13 de octubre, predicho por Lucía con seis meses de antelación.

Motivo de la visita
El Papa Benedicto XV, ante la impotencia de la diplomacia para detener la guerra, pidió a los cristianos que invocaran a María como Reina de la Paz. Apenas ocho días después, María respondió con un plan celestial para la paz del mundo.

Pero no solo fue una visita por la paz. El mensaje también es profundamente evangelizador. María llamó a la conversión de los pecadores y a la consagración del mundo a su Inmaculado Corazón, como antídoto contra el ateísmo moderno, sea comunista o consumista.

Mensaje
Entre dos guerras mundiales, María vino a ofrecer una respuesta desde el Cielo: penitencia y oración. Su mensaje es un eco eterno del Evangelio frente a los males de cada época.

El Tercer Secreto ha sido revelado, pero su mensaje sigue vigente: la lucha espiritual continúa y el Corazón Inmaculado de María sigue llamando a la humanidad hacia Dios.

¿Y si el nombre “Fátima”, de raíz musulmana, encerrase todavía un misterio por revelarse? ¿Podría María, venerada también por el islam, tener aún un papel en el diálogo con el mundo musulmán y en la paz global?

Conclusión - Debemos conceptualizar Fátima a la luz de las apariciones anteriores en Guadalupe y Lourdes. Las tres forman un tríptico profético que, desde diferentes continentes, proclama un mismo mensaje: Dios no ha dejado de visitarnos a través de su Madre.

P. Jorge Amaro, IMC

martes, 15 de julio de 2025

Fátima: Revelación privada, pero no para uso privado

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¿Revelación pública, privada... o algo más?

La Iglesia denomina "revelación pública" al acontecimiento central de la fe cristiana: la venida de Cristo, el Hijo de Dios, al mundo desde su encarnación en el seno de la Virgen María, su vida, palabra y obra entre nosotros, su muerte, resurrección y ascensión al cielo, y la efusión del Espíritu Santo. Frente a esta, se encuentran las llamadas “revelaciones privadas”: las apariciones de la Virgen María en lugares como Guadalupe, Lourdes o Fátima, así como las visiones místicas concedidas a santos y fieles a lo largo de dos mil años de cristianismo.

Pero si lo pensamos con detenimiento, ni la revelación “pública” es enteramente pública, ni la “privada” es completamente privada; ambas son, en cierto sentido, mixtas. Toda revelación es pública, porque su destinatario final no es solo el individuo o grupo que la recibe, sino el pueblo de Dios. Y, al mismo tiempo, toda revelación es privada, porque no se produce “urbi et orbi”, sino que se manifiesta en contextos personales o comunitarios limitados. Como dijo Jesús: «Lo que os digo en la oscuridad, decidlo a la luz del día; y lo que oís al oído, proclamadlo desde las azoteas» (Mateo 10,27).

«Judas —no el Iscariote— le dijo: “Señor, ¿por qué te manifiestas a nosotros y no al mundo?” Jesús le respondió: “Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él, y haremos morada en él”» (Juan 14,22-23).

«No se apareció a todo el pueblo, sino a los testigos que Dios había designado de antemano: a nosotros, que comimos y bebimos con él después de su resurrección» (Hechos 10,41).

La revelación pública de Jesús se realizó en un ámbito íntimo, limitado a los que lo siguieron desde Galilea y a quienes fueron testigos de su gloria tras la resurrección. Como Judas Tadeo, cuando era niño también me preguntaba por qué el Resucitado no se apareció a Caifás, a Pilato, a Herodes o a los que gritaron “¡Crucifícalo!”. Con el tiempo, comprendí la respuesta de Jesús: sólo el amor y la fe permiten acceder al misterio revelado. Cristo se manifiesta a quienes le aman y creen en Él.

En definitiva, la llamada revelación pública fue también privada, pues Jesús reveló su identidad solo a sus discípulos. Pero los destinatarios de esa revelación son todos los pueblos, lenguas, culturas y generaciones.

La revelación de Fátima: privada en forma, universal en contenido
La revelación de Fátima, de forma análoga a la de Cristo, aunque tuvo desde el principio una dimensión pública —pues los pastorcillos nunca volvieron a estar solos tras la primera aparición—, fue una revelación privada en cuanto que sólo ellos vieron a la Virgen. Sin embargo, su mensaje estaba dirigido al mundo entero del siglo XX y, a través de la devoción al Inmaculado Corazón de María que sor Lucía promovió, a todas las personas de todos los tiempos.

Las revelaciones privadas como ecos del Evangelio
«Donde no hay profecía, el pueblo se desmorona» (cf. Proverbios 29,18). — Santo Tomás de Aquino

«Desde el principio del mundo, Nuestra Señora se ha aparecido muchas veces, de diferentes maneras... y eso es lo que importa. Si el mundo está mal, y no hubiera habido casos como estos, estaría peor... El poder de Dios es grande. No sabemos lo que es, pero algo será... Lo que Dios quiera».  — Sr. Marto, padre de Francisco y Jacinta

Desde su sencillez, el señor Marto expresa la misma intuición que Santo Tomás de Aquino: Dios, en cada época, ha suscitado mediaciones para orientar a su pueblo.

En mis tiempos de estudiante de teología se repetía que el Cielo ya habló plenamente en Jesucristo, el Verbo eterno encarnado para todos los tiempos, y que no volvería a hablar. Pensábamos que el Cielo estaba cerrado, no por tres años y medio, como en tiempos del profeta Elías (cf. Lucas 4,25), sino para siempre.

Las apariciones marianas, como otras revelaciones privadas, no suelen ser objeto de estudio teológico sistemático, ni siquiera dentro de la mariología. A menudo son relegadas al ámbito de la piedad popular. Pero el Espíritu Santo no se limita a soplar a través de la jerarquía: «Sopla donde quiere» (Juan 3,8), y la voz del pueblo —vox populi, vox Dei— se ha impuesto, en el caso de Fátima, incluso a los doctores.

Es verdad que tras Cristo no habrá una nueva revelación que lo sustituya, pero sí puede haber llamadas del Cielo que reactiven o apliquen el Evangelio a situaciones históricas concretas. Esta es precisamente la acción del Espíritu Santo: actualizar, amplificar, recordar lo esencial. En este sentido, las revelaciones privadas son ecos del Evangelio, recordatorios proféticos de dimensiones olvidadas o descuidadas de la fe.

Fátima en el contexto de una revelación más amplia
Muchos teólogos han despreciado o minimizado las revelaciones privadas por considerarlas accesorias. Karl Rahner, sin embargo, uno de los grandes teólogos del siglo XX, las concibe como una extensión de la Revelación, en cuanto clarificación de la voluntad divina para una acción precisa de la Iglesia en un momento histórico determinado.

Así, Rahner supera la dicotomía entre lo público y lo privado, integrando ambas dimensiones en una única Revelación en desarrollo continuo. La Iglesia misma, en cuanto Cuerpo de Cristo, es actualización viva de esa Revelación.

«Las palabras divinas crecen con quienes las leen», decía san Gregorio Magno.

La Revelación no es un archivo cerrado, sino un proceso dinámico, interactivo, entre la Palabra y el lector, entre la Escritura y el contexto histórico en que se encarna.

La función de la Iglesia en la historia es transformarla en historia de salvación. Ella es levadura del Reino de Dios, fermento que transforma la masa del mundo.

Como el mundo avanza por evolución y revolución, también la Iglesia vive un movimiento ordinario (el crecimiento lento del Reino) y otro extraordinario (las irrupciones proféticas del Espíritu). Todos los bautizados, como sacerdotes, profetas y reyes, participan en esta misión. En ese sentido, Lucía, Jacinta y Francisco fueron verdaderos profetas, portadores e intérpretes del mensaje recibido, cada uno desde su propio carácter y espiritualidad.

Revelación general y revelaciones particulares
«Muchas veces y de muchas maneras habló Dios en el pasado a nuestros padres por medio de los profetas; en estos últimos días nos ha hablado por el Hijo» (Hebreos 1,1-2).

La revelación pública es la Palabra definitiva pronunciada por Dios en Jesucristo. Esta Palabra interpela a la naturaleza humana, que no cambia: lo que fue amor hace dos mil años lo seguirá siendo dentro de diez mil. Los valores que fundamentan la vida —verdad, justicia, misericordia— son eternos.

Si la naturaleza humana cambiara, Cristo tendría que encarnarse en cada época. Pero como no cambia, Dios se encarnó una sola vez, para siempre. En este sentido, el Cielo ya ha hablado. Y todo aquel que quiera salvarse, aquí y ahora o en la vida futura, debe confrontarse con Cristo, el único modelo de humanidad plena.

Sea creyente, agnóstico o de otra religión, todo ser humano en búsqueda de plenitud se mide, consciente o no, con Jesús de Nazaret, paradigma universal.

Fátima, Lourdes, Guadalupe y otras manifestaciones marianas son revelaciones privadas. No son indispensables para la salvación, pero pueden ser ayudas providenciales. Su contenido debe ser siempre coherente con el Evangelio: esa es la clave de su autenticidad.

Quizás los términos “pública” y “privada” ya no sean suficientes para captar la riqueza de esta distinción. Propongamos, entonces:

Revelación general o esencial, porque es para todos en todo tiempo, y necesaria para la salvación.
Revelación particular o carismática, porque está vinculada a tiempos, lugares y personas concretas, y aunque no es indispensable, puede ser profundamente útil. 

Conclusión - Las revelaciones privadas, como la de Fátima, no añaden nada esencial a la revelación de Cristo, pero actúan como recordatorios providenciales que reavivan la fe y actualizan el Evangelio en contextos históricos concretos.

P. Joge Amaro, IMC



miércoles, 9 de julio de 2025

Fátima: Lo Extraordinario extraordinariamente

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Teología positivista

La teología que estudié en los años 80, en una universidad jesuita, fue marcadamente positivista e influyó en mi forma de entender la fe y la acción de Dios en la Historia. Aún hoy recuerdo algunas de las máximas que quedaron grabadas en mi mente y que en todo momento funcionan como un metro estándar, para medir y evaluar las cosas de Dios de una manera tal vez demasiado racionalista, donde ciertamente Fátima nunca podría caber.

La fe es un don razonable – Así es como el Concilio Vaticano I define la fe: es cierto que no puede ser racional, pero debe ser humanamente creíble y verosímil, si no es así, no es fe, sino superstición. Si Dios nos creó como seres racionales, no puede pedirnos que sacrifiquemos la razón por creer en Él.

Lo extraordinario dentro de lo ordinario – Lo extraordinario no sucede extraordinariamente, es decir, de una manera deslumbrante y objetivamente patente a los ojos de todos, por lo que la fe ni siquiera es precisa. Por el contrario, lo extraordinario sucede dentro de lo ordinario, de una manera oculta, que solo es visible a los ojos de la fe.

Dios no rompe las leyes de la Naturaleza - Si Dios crea las leyes de la Naturaleza, no será el primero en romperlas. En mi época de estudiante de teología, con esta máxima, sancionábamos muchos de los milagros que Jesús hacía en el Evangelio y buscábamos explicaciones más plausibles; Por ejemplo, la multiplicación de los panes fue el milagro de compartir, porque muchos habían tomado su comida.

Dios no es un intervencionista,- Dios no castiga ni recompensa, no interviene en la vida de los hombres, los deja libres. No es un bombero el que viene a apagar un incendio; Si interviene, lo hace de una manera discreta, misteriosa, a través de personas inspiradas en él, pero nunca directamente.

La doctrina resucita, no la persona – La culminación de la teología positivista, la podemos encontrar en la teoría sobre la Resurrección de Cristo del teólogo protestante Rudolf Bultmann.  Para él, lo que resucita no es la persona de Jesús de Nazaret, sino el "kerigma", es decir, su doctrina, porque es verdaderamente revolucionaria. San Pablo respondería a este teólogo diciendo: si Cristo no ha resucitado, vuestra fe es en vano. (1 Corintios 15:17.)

Recuerdo también en aquellos tiempos la existencia de una cierta esquizofrenia teológica; el Jesús histórico de Nazaret y el Cristo de la fe, en el que creemos, no eran la misma persona. De hecho, incluso se estudiaban en dos asignaturas diferentes con dos profesores diferentes. Jesús de Nazaret fue estudiado en la cristología fundamental, y el Cristo de la fe fue estudiado en la cristología dogmática.

"A todos los tontos se les aparece la Virgen" – Una expresión española que escuché muchas veces durante mis años de teología en la Universidad de Comillas Madrid. Es un hecho que muchas de las experiencias sobrenaturales que algunas personas afirman haber tenido no son más que manifestaciones de enfermedades mentales, como la esquizofrenia. Es por ello que en España existe esta expresión para descartar cualquier tipo de fenómeno paranormal.

"No fue la Iglesia la que impuso Fátima, fue Fátima la que se impuso a la Iglesia"
Han pasado varios años desde que estudié teología, la experiencia y la vida me han llevado a matizar algunas de estas posiciones. Hay milagros que contradicen las leyes de la Naturaleza; es cierto que fue Dios quien creó estas leyes, pero su acción no está limitada por ellas. No tendría sentido que Dios creara Sus propias limitaciones, o que Él fuera limitado por algo que Él creó. 

Incluso la ciencia ya no considera las leyes de la naturaleza en el marco de la física mecanicista de Newton. Para Newton, la naturaleza en sus leyes funcionaba como un reloj de precisión. Después de Einstein, la física cuántica puso fin al determinismo de las leyes de la Naturaleza que ya no son fijas, ciertas y absolutas; en las leyes de la naturaleza, el principio de incertidumbre de Heisenberg reemplaza la certeza inflexible en la probabilidad fluctuante.

Esto significa que las cosas pueden suceder como siempre han sucedido, pero también existe la probabilidad de que no sucedan como siempre han sucedido. El determinismo de la física de Newton es reemplazado por el azar en la física cuántica.

Dentro del marco mental de la física de Newton, era muy difícil entender los milagros, ya que siempre irían en contra de las leyes de la Naturaleza; Todo cambia cuando conceptualizamos los milagros dentro del marco mental de la física cuántica. Para la nueva física, los milagros suceden, y suceden sin contradecir las leyes de la Naturaleza; Solo tenemos que cambiar nuestra comprensión de las mismas leyes.

Así que ahora es fácil entender cómo lo extraordinario también puede suceder extraordinariamente. Es en este marco mental que podemos entender y aceptar razonablemente lo que sucedió en Fátima, Lourdes, Guadalupe y en una serie de revelaciones privadas a lo largo de la historia.

La frase citada como título de este capítulo, fue pronunciada por primera vez por el cardenal Cerejeira en 1943 y ha sido repetida por muchas personas, incluso por los Papas. Es probable que contenga la experiencia, o el cambio de posición, de muchas personas con respecto a la revelación de Fátima. En este sentido, también la hago mía: Fátima se impuso a mí por la profundidad y el sentido de su mensaje y por el candor, la sencillez y la bondad de los jóvenes videntes, Jacinta tenía solo 7 años, su prima y amiga íntima Lucía 10 años y su hermano Francisco nueve años. 

En medio de una guerra generalizada en Europa, donde trágicamente también participó Portugal; en el contexto social nacional de una revolución republicana ilustrada y atea, cuyo propósito era acabar con la Iglesia y secularizar la sociedad, un rayo de luz irrumpe desde el cielo. 

Lo sobrenatural hace espacio en lo natural; Lo extraordinario sucede extraordinariamente para dar vida y aliento al pequeño rebaño de cristianos, víctimas de los lobos del racionalismo y del ateísmo, y para confundir a estos mismos ateos, dejándolos perplejos y asombrados, ante una realidad que no podían comprender, porque no cabía en sus cabezas prejuiciosas.

Los "ignorantes" confunden a los sabios
"Te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los niños. Mateo 11:25

Tanto en el mensaje como en los videntes que llevan el mensaje, Fátima sigue el paradigma evangélico de revelar a los pobres e ignorantes lo que todavía desconcierta a muchos teólogos sabios, cuyo racionalismo pretende limitar la acción de Dios.

Y, sin embargo, se sigue el mismo paradigma evangélico en relación con la identidad de los portadores del mensaje de Fátima; los pastores fueron los primeros en ver a Dios hecho hombre en Belén, y los pastorcitos también fueron Lucía, Jacinta y Francisco.

En verdad os digo que, si no os hacéis como niños, no podréis entrar en el reino de los cielos. Mateo 18:3 - Puesto que los portadores del mensaje eran niños, solo los que son niños, en el sentido evangélico, pueden entenderlo. Fátima sólo tiene sentido para el corazón sencillo y desarmado de prejuicios intelectuales.

P. Jorge Amaro, IMC



martes, 1 de julio de 2025

La Agonia de Jesus

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En el Primer Misterio Doloroso, contemplamos la agonía de Jesús en el Huerto de los Olivos.


Del Evangelio de San Marcos (14, 32-36)
"Fueron a un lugar llamado Getsemaní, y Jesús dijo a sus discípulos: 'Sentaos aquí mientras yo rezo'. Tomó consigo a Pedro, Santiago y Juan, y comenzó a sentir miedo y angustia. Y les dijo: 'Mi alma está triste hasta la muerte; quedaos aquí y velad'. Y adelantándose un poco, cayó en tierra y rogaba que, si era posible, pasara de Él aquella hora. Y decía: 'Abbá, Padre, todo te es posible: aparta de mí este cáliz; pero no sea lo que yo quiero, sino lo que Tú quieres'."

Comentario de San Gregorio de Nisa
"Lo más importante encerrado en el misterio de la fe es contemplar la Pasión de Aquel que aceptó sufrir por nosotros. Mirar la cruz de Cristo debe llevarnos a morir al mundo; crucificados en Cristo, por Cristo y con Cristo."

Meditación 1
Jesús fue tentado toda su vida, no solo al principio; una de las últimas tentaciones ocurre aquí, cuando consideró la posibilidad de no beber el cáliz que tenía ante sí: su Pasión y muerte. Bastaba con subir un poco más hasta la cima del monte y descender hacia el desierto de Judea, escondiéndose en uno de los profundos valles donde nunca más nadie le encontraría. Pero Jesús eligió pagar el precio de sus ideales frente a un mundo corrupto y malvado. Si hubiera salvado su vida, se habría perdido a sí mismo como Salvador del mundo entero.

El obispo salvadoreño Óscar Romero también pudo haber escapado. Él enfrentó su propio Getsemaní antes de ser asesinado. El Vaticano sabía que estaba bajo amenaza de muerte, por lo que le ofreció la posibilidad de ir a Roma y escapar de su muerte inminente. Si Óscar Romero hubiera aceptado, habría salvado su vida, pero su causa, la defensa de los pobres y del pueblo contra el fascismo, habría muerto con él.

"El espíritu está pronto, pero la carne es débil" (Mt 26, 41). Esta oración simboliza nuestras luchas internas: la lucha entre lo que somos y lo que deberíamos ser. Dominar los instintos y someter la carne a nuestro proyecto vital no es nada fácil. Cristo, que encarnó nuestra naturaleza humana, sintió Él mismo la fragilidad de nuestra condición. El hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios, pero tras el pecado de Adán y Eva, perdió la semejanza, quedando solo con la imagen.

Se cuenta que en un país de América Latina, mientras un sacerdote celebraba misa en una capilla en medio de la selva, un grupo de guerrilleros irrumpió en la iglesia, apuntando con ametralladoras a los fieles, y anunció: "El que no esté dispuesto a morir por Cristo puede abandonar ahora mismo la iglesia y salvarse."

Inmediatamente, la mayoría de los fieles abandonaron la iglesia. Cuando los guerrilleros vieron que nadie más se levantaba para salir, cerraron las puertas, depusieron las armas y dirigiéndose al celebrante declararon: "Puede continuar la Eucaristía, padre. No cuente con los que se fueron, son unos cobardes, no son cristianos."
¿Qué habrías hecho tú?

Meditación 2
Nadie vive para sí mismo; vivir solo para uno mismo no es humano, ya que el ser humano tiene una dimensión social, no solo individual. Nadie existe en soledad: el ser humano es familiar y comunitario. La causa que uno abraza, las personas que ama, los valores que cultiva y la profesión que elige, todo se ejerce en la sociedad, de tal manera que el buen desempeño de esa profesión y la autorrealización personal y la felicidad coinciden.

Más aún, no hay autorrealización ni felicidad individual derivada de un mal desempeño social; y viceversa, quien es inútil para su comunidad es inútil para sí mismo. Quien no tiene valor social no tiene valor personal.

Así como Cristo vino al mundo para servir y no para ser servido (Mateo 20, 28), también nosotros venimos al mundo para dejar aquí más de lo que tomamos; para ser parte de la solución a los problemas que aquejan a la humanidad, como el cambio climático, la justicia y la paz mundial, y no parte del problema. Si no es así, nuestra vida no se justifica ni social ni personalmente.

Oración
Señor Jesús,
en Tu agonía en el Huerto de los Olivos,
vemos el reflejo de nuestras propias luchas y debilidades.
Así como Tú enfrentaste la tentación de huir del sacrificio,
nosotros también somos tentados
a escapar de nuestras responsabilidades y desafíos.

Abbá, Padre, así como Tu Hijo oró,
también te pedimos que nos des la fuerza para aceptar Tu voluntad,
incluso cuando el camino sea difícil y doloroso.
Ayúdanos a beber el cáliz que la vida nos ofrece,
confiando en que Tus designios 
siempre son mayores que nuestros miedos.

Que, como Jesús, podamos enfrentar nuestros "Getsemaníes"
con valentía, poniendo nuestras vidas al servicio de los demás,
abrazando a los pobres, los oprimidos y los que sufren,
sin miedo a sacrificar la comodidad 
o la seguridad por una causa mayor.

Fortalece nuestro espíritu, Señor,
para que, incluso cuando la carne sea débil,
podamos permanecer vigilantes,
fieles a los ideales de justicia, paz y amor que nos enseñaste.
Que seamos capaces, como Cristo,
de ofrecer nuestra vida en beneficio de la comunidad,
para que el mundo sea un lugar más justo y humano.

Sosténnos, Señor, en nuestras luchas internas,
y danos la sabiduría para elegir siempre el bien,
incluso cuando el mal parezca más fácil.
Haznos instrumentos de Tu paz y luz
en medio de un mundo lleno de oscuridad. Amén.

P. Jorge Amaro, IMC