La Iglesia reconoce estas tres apariciones de María como auténticas y dignas de fe. Probablemente haya muchas más, pero no me corresponde a mí juzgar su autenticidad, por lo que me refiero aquí únicamente a estas tres. Como alguien dijo sabiamente, es preferible estar equivocado en comunidad que tener razón en soledad.
Para comprender verdaderamente Fátima, no podemos enmarcarla solo en su dimensión nacional, internacional o teológica, sino también en el contexto de las apariciones anteriores de Nuestra Señora en Guadalupe y Lourdes, que también han sido aprobadas por la Iglesia.
En estas tres apariciones, en diferentes lugares y épocas, se observan similitudes y diferencias. Analizaremos primero los signos que permiten afirmar que hubo una teofanía, es decir, que lo sucedido en cada uno de los lugares no tiene una explicación meramente humana, sino sobrenatural. Posteriormente, exploraremos el motivo de la visita de Nuestra Señora y, finalmente, el mensaje que vino a traer.
María – Embajadora, Enviada Especial, Portavoz
Antes de adentrarnos en cada una de las apariciones, conviene reflexionar sobre la razón común que subyace en todas ellas. ¿Por qué María visita a su pueblo de vez en cuando y en distintos lugares?
A la luz del principio reformado de Lutero —solus Christus, sola fide, sola Scriptura— sabemos que muchas confesiones protestantes solo aceptan lo que aparece explícitamente en la Biblia. ¿Cómo, entonces, explicar las visitas de María a quienes piensan así?
La visita de María a su prima Isabel – Lucas 1,39-45
Nuestra fe no se basa únicamente en la religión entendida como el esfuerzo humano por relacionarse con Dios, sino, sobre todo, en la revelación: es Dios quien toma la iniciativa y viene a nuestro encuentro. “No sois vosotros los que me habéis elegido; soy yo quien os he elegido…” (Juan 15,16).
Ya en la prehistoria de nuestra fe, en el Antiguo Testamento, Dios visita a su pueblo y, como María en las bodas de Caná, tiene compasión de los que carecen de lo necesario. Así, como Dios escuchó el clamor de su pueblo esclavizado en Egipto, María acudió a su prima Isabel movida por la compasión.
Desde entonces, es Ella quien sigue visitándonos. Es a María a quien Dios envía, porque cuando su Hijo volvió al Padre, nos la dejó como Madre. Ella, imagen de la feminidad y maternidad divinas, ejerce estas características de Dios de forma sacramental: actúa in persona Dei.
¿Por qué María es la enviada?
Porque es carne de nuestra carne; completamente humana, como nosotros, nacida de un acto de amor humano, con la única diferencia de su Inmaculada Concepción, pues estaba destinada a ser la Madre del Hijo de Dios encarnado, y el inicio de una Nueva Humanidad.
Las bodas de Caná – Juan 2,1-11
María es la mejor embajadora entre el Cielo y la Tierra. Representa a la humanidad ante Dios porque es una de nosotros; y representa a Dios en la Tierra, porque fue concebida sin pecado original: es la humanidad tal como Dios la pensó, la nueva Eva antes del pecado. Como embajadora, enviada especial o portavoz entre el Cielo y la Tierra, su misión es presentar a Dios las necesidades de los hombres, y a los hombres la voluntad y el mensaje de Dios.
Así, en Caná dice a su Hijo: “No tienen vino”; en Guadalupe, probablemente expresó que la evangelización no avanzaba; en Lourdes, que faltaba salud; en Fátima, sin duda dijo que no había paz.
A los hombres, en cambio, les dice en Caná: “Haced lo que Él os diga”; en Guadalupe pide construir una iglesia; en Lourdes, rezar el Rosario; y en Fátima, ofrecernos a Dios en penitencia y oración.
GUADALUPE – Intervención misionera
Pruebas de la intervención de Dios a través de María
El 9 de diciembre de 1531, diez años después de la conquista de la Ciudad de México, cuando ya se había establecido la paz entre los pueblos beligerantes, María se apareció a un indígena llamado Juan Diego.
Como es habitual, la Iglesia actúa con prudencia. El obispo fray Juan de Zumárraga exigió una señal. Nuestra Señora aceptó el desafío y envió a Juan Diego con un manto lleno de rosas frescas, fuera de temporada, en pleno invierno. Al desplegar el manto ante el obispo, las flores cayeron al suelo, revelando la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, la misma que aún hoy se venera.
El tejido donde se encuentra la imagen ha sido examinado por numerosos científicos, sin hallar explicación sobre su origen. No se aprecian pinceladas ni trazos conocidos, y tanto la pintura como el tejido se han conservado sin deterioro, sin tratamiento previo.
Además, estudios recientes han detectado en el iris del ojo de la imagen la miniatura de la escena en la que Juan Diego abre su tilma ante el obispo, como si se tratara de una fotografía grabada siglos antes.
Motivo de la visita
La evangelización de las Américas encontró grandes dificultades. Las civilizaciones maya, azteca e inca eran culturalmente avanzadas y profundamente religiosas. La violencia de la conquista y las masacres hicieron difícil aceptar la fe de quienes los subyugaron.
La intervención de María fue providencial. Como recuerda el episcopado mexicano: “El acontecimiento de Guadalupe significó el inicio de la evangelización, con una vitalidad que superó todas las expectativas. El mensaje de Cristo, a través de su Madre, asumió los elementos centrales de la cultura indígena, los purificó y les dio su sentido definitivo de salvación.”
Mensaje
“Guadalupe” ha sido interpretado como “la que aplasta la serpiente”, en alusión al dios Quetzalcóatl, a quien los aztecas ofrecían sacrificios humanos. En 1487, durante una dedicación de templo en Tenochtitlan, se sacrificaron más de 80.000 personas en cuatro días.
María aplastó al dios de la muerte y condujo a los pueblos indígenas al Dios de la vida, al Dios que se entrega por su pueblo. Y si el aborto hoy representa un nuevo sacrificio humano al dios del egoísmo, el mensaje de Guadalupe sigue siendo actual.
LOURDES – Intervención teológica
Pruebas de la intervención de Dios a través de María
En Lourdes, Francia, la Virgen María se apareció 18 veces entre el 11 de febrero y el 16 de julio de 1858 a Bernardita Soubirous, una niña de 14 años, hija de una familia muy pobre.
En la novena aparición, María pidió a Bernardita que bebiera de un manantial inexistente. La niña escarbó con sus manos y brotó agua. Al día siguiente ya era un arroyo.
En la decimosexta aparición, María reveló su identidad: “Yo soy la Inmaculada Concepción”. Bernardita, sin formación teológica, desconocía que ese dogma había sido proclamado por el Papa Pío IX en 1854. Este hecho dio credibilidad a la autenticidad de las apariciones. En la aparición número 17, Bernardita colocó su mano sobre una vela encendida durante varios minutos, sin quemarse, ante la mirada atónita de la multitud.
Bernardita murió en 1879. Su cuerpo fue hallado incorrupto e inodoro en tres exhumaciones. Las numerosas curaciones físicas atribuidas al agua de Lourdes a lo largo de los años confirman que, allí, el Cielo volvió a visitar la Tierra.
Motivo de la visita
Confirmar desde el Cielo el dogma de la Inmaculada Concepción y recordarnos, como en Fátima, la necesidad de la oración y la penitencia. La Virgen nos llama a abrazar la cruz y a orar para resistir las tentaciones del mundo.
Lourdes, desde sus inicios, se asoció con la pureza a través de su agua milagrosa. Comparado con Fátima, Lourdes es el santuario de los milagros físicos, mientras que Fátima lo es de los milagros del alma.
Mensaje
El mensaje de Lourdes se puede resumir en cuatro palabras:
- Pobreza – Dios elige a los humildes para revelar su gloria. Bernardita era una de los más pobres.
- Oración – Especialmente el rezo del Rosario.
- Penitencia – Como medio de conversión personal y por los pecadores.
- Confirmación doctrinal – María, al presentarse como la Inmaculada Concepción, ratifica un dogma y lo hace accesible incluso a los más sencillos.
FÁTIMA – Intervención política y espiritual
Pruebas de la intervención de Dios a través de María
Precedida por las apariciones del ángel en 1916, María se apareció en Fátima a tres pastorcillos, los días 13 de mayo a octubre de 1917, en pleno contexto de la Primera Guerra Mundial y del auge del comunismo ateo.
Los videntes eran niños sencillos y veraces. El padre de Francisco y Jacinta creyó en ellos porque sabía que sus hijos no mentían. Además de la experiencia mística de los niños, miles de testigos —entre ellos médicos, periodistas, profesores y ateos— presenciaron el milagro del sol el 13 de octubre, predicho por Lucía con seis meses de antelación.
Motivo de la visita
El Papa Benedicto XV, ante la impotencia de la diplomacia para detener la guerra, pidió a los cristianos que invocaran a María como Reina de la Paz. Apenas ocho días después, María respondió con un plan celestial para la paz del mundo.
Pero no solo fue una visita por la paz. El mensaje también es profundamente evangelizador. María llamó a la conversión de los pecadores y a la consagración del mundo a su Inmaculado Corazón, como antídoto contra el ateísmo moderno, sea comunista o consumista.
Mensaje
Entre dos guerras mundiales, María vino a ofrecer una respuesta desde el Cielo: penitencia y oración. Su mensaje es un eco eterno del Evangelio frente a los males de cada época.
El Tercer Secreto ha sido revelado, pero su mensaje sigue vigente: la lucha espiritual continúa y el Corazón Inmaculado de María sigue llamando a la humanidad hacia Dios.
¿Y si el nombre “Fátima”, de raíz musulmana, encerrase todavía un misterio por revelarse? ¿Podría María, venerada también por el islam, tener aún un papel en el diálogo con el mundo musulmán y en la paz global?
Conclusión - Debemos conceptualizar Fátima a la luz de las apariciones anteriores en Guadalupe y Lourdes. Las tres forman un tríptico profético que, desde diferentes continentes, proclama un mismo mensaje: Dios no ha dejado de visitarnos a través de su Madre.
P. Jorge Amaro, IMC
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