miércoles, 27 de agosto de 2025

Fátima: ¿Coincidencia o Providencia?

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“Kairós” – El momento oportuno

Inspirado en un artículo publicado por Vittorio Messori el 14 de diciembre de 2011 en el periódico italiano Corriere della Sera, me he dado cuenta de que Fátima es protagonista de innumerables coincidencias, estrechamente relacionadas con su mensaje y con su significado para el mundo a lo largo del siglo XX. 

Los menos creyentes las llamarán simples casualidades; sin embargo, incluso entre los no creyentes, cada vez son más los que afirman que nada sucede por azar, una frase que con frecuencia encontramos en redes sociales aplicada a múltiples situaciones existenciales.

Cuando sucede algo bueno que no tiene explicación racional, los no creyentes lo llaman suerte; cuando sucede algo malo, lo llaman mala suerte. El equivalente cristiano de la suerte o la desgracia es la Providencia. Los creyentes no se envanecen en tiempos de bonanza ni se desesperan en tiempos difíciles, porque saben que “no hay mal que cien años dure, ni bien que lo aguante”.

Si hasta los cabellos de nuestra cabeza están contados, como dice el Evangelio, todo está bajo la Providencia divina. Es decir, todo lo que acontece —sea bueno o malo— es querido o permitido por Dios, “que escribe recto con renglones torcidos”. Y para quien pone su confianza en Dios, no hay males de los que no pueda brotar un bien.

El “sí” de la Iglesia a Fátima
El proceso eclesiástico que investigó las apariciones —además de los interrogatorios del párroco de Fátima, el Padre Manuel Marques Ferreira, y del canónigo Manuel Nunes Formigão— incluyó una comisión que instauró un proceso canónico oficial para determinar su autenticidad.

Dicho proceso comenzó el 13 de mayo de 1922, cinco años después del inicio de las apariciones, y concluyó el 13 de octubre de 1930, exactamente trece años después del milagro del sol. Ese día, con conocimiento y aprobación del Papa Pío XI, el entonces obispo de Leiria, Mons. José Correia da Silva, anunció el resultado de la investigación, autorizando oficialmente el culto a Nuestra Señora de Fátima.

Fátima y los Papas
En plena Primera Guerra Mundial, el 5 de mayo de 1917, el Papa Benedicto XV exhortó a todos los cristianos a pedir la intercesión de María para alcanzar la ansiada paz. Tan solo ocho días después, el 13 de mayo, María se apareció en Fátima con su plan celestial para la paz en el mundo.

Un año más tarde, en 1918, el mismo papa, en una carta dirigida a los obispos portugueses para restablecer la diócesis de Leiria, a la que pertenecían los videntes, se refirió a Fátima como “una ayuda extraordinaria de la Madre de Dios”.

Curiosamente, el mismo día de la primera aparición, el 13 de mayo de 1917, fue ordenado obispo el Padre Pacelli, quien años más tarde sería elegido Papa con el nombre de Pío XII. En 1942, al celebrar su jubileo episcopal, él mismo interpretó esta coincidencia como signo de los designios secretos de la Providencia.

Aunque nunca conoció personalmente al Papa, Jacinta le tenía un profundo amor y rezaba por él todos los días. En una de sus visiones, lo vio angustiado y en oración. Con ternura infantil, decía: “¡Viene tanta gente aquí y el Santo Padre no viene!”. No lo vio en vida, pero su prima Lucía sí. El Papa Pablo VI celebró en Fátima el cincuentenario de las apariciones y se encontró con la Hermana Lucía, quien falleció el 13 de febrero de 2005. 

Cinco años antes, el 13 de mayo de 2000, asistió a la beatificación de sus primos Francisco y Jacinta, en una ceremonia presidida por Juan Pablo II, quien agradeció a Jacinta su amor y sus oraciones por el Papa, incluso antes de que él naciera.

El atentado contra Juan Pablo II
El 13 de mayo de 1981, exactamente 64 años después de la primera aparición de Fátima, el Papa Juan Pablo II sufrió un atentado en la Plaza de San Pedro. No es ningún secreto que el ataque fue orquestado por la Unión Soviética, en represalia por su apoyo al sindicato polaco Solidarność, que operaba como un caballo de Troya dentro del sistema comunista y acabaría precipitando su colapso. Para el Papa, no fue la URSS quien prevaleció, sino la Virgen de Fátima, que milagrosamente desvió la trayectoria mortal de la bala.

De los tres disparos, dos no causaron daños graves. El tercero fue el más letal: atravesó el abdomen, perforó el intestino grueso y el delgado, rozó el hueso sacro y salió por la espalda, quedando a escasos milímetros de la arteria aorta. De haberla alcanzado, habría sido imposible salvar su vida. Fue operado durante cinco horas y media y recibió tres litros de transfusión de sangre.

Hasta entonces, a pesar de su devoción mariana expresada en su lema “Totus Tuus”, el Papa no había manifestado un gran interés por Fátima. Pero un año después, en 1982, fue en peregrinación al santuario para agradecer a la Virgen por haberle salvado la vida. Regresó en otras dos ocasiones, convencido de que él era el “Papa del secreto” de Fátima —el secreto que sus predecesores habían leído pero no divulgado.

El Papa Juan XXIII quedó tan conmovido al leerlo que lo conservaba en su dormitorio, aunque estaba convencido de que no se refería a él ni a su pontificado.

El conocimiento anticipado de los pastorcitos
“Sí, a Jacinta y a Francisco me los llevo pronto. Pero tú te quedarás aún algún tiempo. Jesús quiere servirse de ti para darme a conocer y amar. Él quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón.” — Aparición del 13 de junio de 1917

Ya en la segunda aparición, estando los tres niños con buena salud, sabían cuál sería su destino: que Francisco y Jacinta morirían pronto, y que Lucía se quedaría para dar testimonio del mensaje y promover la devoción al Inmaculado Corazón de María. 

Jacinta supo por revelación privada no solo que moriría joven, sino también la fecha, la hora y las circunstancias: que pasaría por dos hospitales, que no se curaría, que iría a Lisboa acompañada por su madre, quien la dejaría sola. Lo que más le dolía era saber que no volvería a ver a Lucía y que moriría sin compañía.

La corona de gloria y la corona de espinas
La corona de Nuestra Señora de Fátima está hecha de oro puro, pesa 1.200 gramos y está adornada con 950 diamantes, 313 perlas, una gran esmeralda, 13 esmeraldas pequeñas, 33 zafiros, 17 rubíes, 260 turquesas, una amatista y cuatro aguamarinas. Estas joyas fueron ofrecidas por mujeres portuguesas como agradecimiento por la no participación de Portugal en la Segunda Guerra Mundial.

Cuando el Papa Juan Pablo II ofreció la bala del atentado para que fuera colocada en la corona, no sabían inicialmente dónde encajarla. Para sorpresa de todos, los joyeros que la habían fabricado en 1942 descubrieron que el proyectil tenía exactamente el mismo diámetro que el anillo que unía las varillas de la diadema. Ahí fue colocada.

La corona, símbolo de gloria, estaba incompleta hasta que se añadió el símbolo del sufrimiento. Así, se convirtió también en una corona de espinas, en perfecta sintonía con la vida de María y con la vocación cristiana: alcanzar la gloria a través del sufrimiento redentor.

Fátima y Rusia
“Si escuchan mis peticiones, Rusia se convertirá y tendrán paz; si no, difundirá sus errores por el mundo, provocará guerras y persecuciones contra la Iglesia, los buenos serán martirizados, el Santo Padre sufrirá mucho, varias naciones serán aniquiladas. Al final, mi Inmaculado Corazón triunfará.”
13 de julio de 1917 

Tres meses después de estas palabras, Lenin tomó el poder en Rusia e inició la revolución bolchevique, que anexionó varias naciones vecinas y dio lugar a la Unión Soviética. 

“¿Cuántas divisiones tiene el Papa?”, preguntaba con ironía Stalin. La historia demostró que el poder espiritual supera al militar, pues el hombre es, antes que nada, un ser espiritual. La fe, aunque invisible, mueve más corazones que la ambición o la fuerza bruta.

El 10 de mayo de 1985, durante una visita a Portugal, el presidente Ronald Reagan declaró: “Me atrevo a sugerir que es en el ejemplo de hombres como él (Juan Pablo II) y en las oraciones de personas humildes, como los pastorcitos de Fátima, donde reside un poder mayor que el de todos los ejércitos y estadistas del mundo.” Dos años después se firmó el primer tratado de desarme nuclear entre EE. UU. y la URSS.

El azul de María prevalece sobre el rojo
13 de mayo de 1955 – Retirada del ejército soviético de Austria: Después de una campaña de oración liderada por el fraile franciscano Petrus Pavlicek, con miles de rosarios rezados públicamente, la Unión Soviética se retiró pacíficamente de Austria.

8 de diciembre de 1955 – Bandera de la Comunidad Europea: En la solemnidad de la Inmaculada Concepción, se adoptó la bandera azul con doce estrellas doradas —símbolos marianos— como emblema del Consejo de Europa.

8 de diciembre de 1991 – Disolución de la URSS: Justo 74 años después del anuncio del triunfo del Inmaculado Corazón, Rusia, Ucrania y Bielorrusia firmaron el documento que puso fin a la Unión Soviética.

La consagración de Rusia
Una de las condiciones dadas por María fue la consagración de Rusia a su Inmaculado Corazón. Tras varias consagraciones incompletas, finalmente Juan Pablo II, el 25 de marzo de 1984, realizó la consagración que Lucía consideró válida.

Dos años después, Gorbachov accedió al poder e impulsó reformas que pusieron fin al ateísmo estatal. A este proceso él mismo lo llamó Perestroika, “conversión” en ruso.

El muro de Berlín
Se comenzó a construir el 13 de agosto de 1961. Su demolición oficial comenzó el 13 de junio de 1990 y se completó dos años más tarde.

Conclusión
No son pocas las coincidencias entre Fátima y numerosos acontecimientos del siglo XX. Pero cuando las coincidencias son tantas y todas apuntan en la misma dirección, es difícil no reconocer una intención deliberada. En Fátima, y a través de Fátima, la Divina Providencia intervino en el siglo más sangriento de la historia de la humanidad.

P. Jorge Amaro, IMC

miércoles, 20 de agosto de 2025

Fátima: Intervención Sociopolítica

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Fátima es el mayor acontecimiento religioso de la primera mitad del siglo XX, una explosión desbordante de lo sobrenatural en este mundo enredado en la materia.
Paul Claudel, poeta francés, dramaturgo y diplomático

Fátima, la más política de todas las apariciones marianas.Clodovis Boff, teólogo, filósofo y profesor

La pintura y la escultura, a lo largo del tiempo, nos han acostumbrado a una imagen estereotipada de María como “la humilde sierva de Sión”, pasiva, de rostro sereno y apacible, que, en lugar de hablar abiertamente y expresar sus pensamientos y sentimientos, guarda todas las cosas en su corazón (Lucas 2,19). No negamos que esto sea cierto, pero es solo una faceta de su personalidad.

No comprendo por qué, a lo largo de los siglos, nunca se ha representado la otra cara de María: la mujer del Magníficat que, con voz firme y llena de energía, casi en contradicción con el paradigma anterior, proclama:

“Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón. Derribó a los poderosos de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos los colmó de bienes y a los ricos los despidió vacíos.” (Lucas 1,51-53)

Una María proactiva
Cuando recito estos versículos, la imagen que me viene a la mente se asemeja más a la de la heroína de Aljubarrota o a la mujer de pecho descubierto que empuña la bandera guiando al pueblo en la toma de la Bastilla, que a la figura contemplativa a la que nos tiene acostumbrados la iconografía religiosa. Admito cierta exageración, especialmente por el elemento violento implícito en esas imágenes; pero también hay exageración en la figura estereotipada y pasiva, por lo que probablemente la verdad se halle en un equilibrio entre ambas representaciones. Una María no agresiva, pero sí decididamente activa.

Si, como afirma Clodovis Boff, la aparición de la Virgen en Fátima es la más política de todas, entonces, para verificar su autenticidad, debemos hallar alguna expresión política en la figura bíblica de María. El Magníficat ya nos lo muestra: Fátima no fue la primera vez que María “se metió en política”. Su mensaje es revolucionario al estilo del Magníficat y nos revela ese rostro activo de María: el de la intervención sociopolítica como anuncio del Reino de Dios que su Hijo vino a traer.

En Fátima, María, madre de la Iglesia y de la vida, visita a sus hijos con un mensaje de vida y de paz en un mundo sumido en guerras, muertes ideológicas y genocidios. Viene a proclamar que Dios sigue vivo —plenamente vivo— frente a quienes lo dieron por muerto, como hizo Nietzsche desde el materialismo ideológico e histórico, o como se expresó en el ateísmo militante que, nacido en Rusia, se extendió por todo el mundo.

María visita a su pueblo como en su día visitó a su prima Isabel; pide a los pastorcitos que se ofrezcan y colaboren con Dios en su proyecto de salvación para un mundo víctima de sí mismo, de su racionalismo inhumano y de un nihilismo sin corazón, que provocaron los horrores de las guerras, la tortura y las persecuciones ideológicas y religiosas del siglo XX. Como consuelo, da a sus hijos una certeza: que al final, su Inmaculado Corazón triunfará.

    “Hoy pongo delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal.” (Deuteronomio 30,15)

Al igual que Moisés, María en Fátima coloca ante nosotros la esperanza y la amenaza, la salvación y la ruina, la promesa y la advertencia, la gracia y el juicio. Y también como Moisés, nos exhorta a optar por el bien, por el camino del Evangelio, para salir del abismo en el que el mundo se ha hundido.

Contexto histórico y social de las apariciones
Las dos guerras mundiales - La Primera Guerra Mundial causó unos 12 millones de muertes; la Segunda, alrededor de 60 millones. Nunca antes una guerra había devastado tantas vidas. Si sumamos los heridos —muchos de los cuales quedaron con secuelas de por vida— las cifras se duplican.

Los totalitarismos nazista, fascista y comunista - A estas muertes hay que añadir los millones de víctimas de los regímenes totalitarios, que practicaron limpiezas ideológicas y étnicas a una escala jamás vista: el exterminio de los judíos en los campos de concentración nazis, las purgas comunistas en los gulags siberianos, y los desaparecidos y torturados bajo los regímenes fascistas europeos y latinoamericanos.

El ateísmo militante y la persecución religiosa - En la antigua URSS y sus países satélites, así como en China, Cuba y varios países africanos de orientación comunista, se impuso el ateísmo militante, que persiguió a todos los que manifestaban públicamente su fe. Según Eloy Bueno, en El Mensaje de Fátima, el número de mártires cristianos en el siglo XX asciende a 26.685.000.

El armamento nuclear y la Guerra Fría - Tras las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, se desencadenó una carrera armamentística que mantuvo a la humanidad bajo constante amenaza. Al final de la Guerra Fría, existían arsenales nucleares capaces de destruir el planeta no una, sino diez veces.

En este contexto sombrío, antes de que terminara la Primera Guerra Mundial, y anunciando una Segunda aún peor, Fátima irrumpe como una luz de paz posible; como un llamado urgente a la conversión de Rusia —por su papel en la expansión del ateísmo ideológico— y, en general, a la conversión de todos los pecadores. No tanto para salvarlos del infierno que los pastorcitos vieron en visión, sino del infierno en que se había convertido la vida sobre la tierra.

“Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios está cerca. Convertíos y creed en el Evangelio.” (Marcos 1,15)

“Para grandes males, grandes remedios”
Con la misma urgencia con la que Jesús comenzó su predicación, María en Fátima —en 1917— manifiesta que Dios interviene directa y visiblemente en la historia humana para reorientarla hacia Cristo. Protege a los mensajeros del Evangelio y pide a tres niños que se ofrezcan por la conversión de los pecadores, por Rusia y por la paz en el mundo.

La tríada de conversión, penitencia y oración es a la vez el corazón del Evangelio y el núcleo de la Mensaje de Fátima. Así, Fátima resuena en el trágico siglo XX como un eco fiel del Evangelio de hace dos mil años.

“Mi Inmaculado Corazón triunfará”
Fátima, en 1917, puede verse como prolongación de Lourdes (1858), donde la Virgen se presentó a Bernardita como la Inmaculada Concepción, dogma proclamado por Pío IX, que la niña desconocía.

El ser humano es razón y corazón. Los excesos del racionalismo en el siglo XX condujeron a guerras y genocidios perpetrados por hombres sin corazón. Dios es Padre y Madre, varón y mujer. Si Jesús revela a Dios como Padre, María lo manifiesta como Madre.

Por eso, frente a un mundo machista y dominado por un racionalismo frío y cruel, Dios envía una mujer —María— para despertar la conciencia y llamar a las mujeres a compartir con los hombres el liderazgo del mundo. Para que aporten su sensibilidad y su corazón femenino a la política y a la vida social. Porque, como dijo Pascal, “el corazón tiene razones que la razón no entiende.”

Y eso es, en gran parte, lo que ha comenzado a ocurrir en el mundo occidental desde la segunda mitad del siglo XX.

Lo femenino y lo masculino son como las dos alas de un pájaro; un pájaro que solo aletea con una de ellas vuela en círculos… y en círculos viciosos ha girado la humanidad durante demasiado tiempo, repitiendo errores generación tras generación.

Nuestra esperanza es que, con la mujer al lado del hombre, participando en todas las esferas de la vida humana, el mundo se torne más humano. El siglo XX fue un siglo de exceso de cerebro y escasez de corazón. Un mundo verdaderamente mejor será aquel más inclusivo, no solo con las mujeres, sino también con los homosexuales y otros grupos marginados.

El Inmaculado Corazón de María triunfará - Un corazón inmaculado siempre triunfa. Cuando la política se hace con el corazón —con generosidad, compasión, misericordia y amor— y no solo con la fría razón; cuando ese corazón es puro, sin corrupción, sin malicia ni egoísmo, entonces sí habrá paz e igualdad en el mundo. Cuando triunfe el corazón sobre la razón, y la pureza sobre la corrupción.

Conclusión - La tríada de conversión, penitencia y oración es a la vez el centro del Evangelio y el núcleo del mensaje de Fátima. Por eso, podemos afirmar que Fátima hace resonar en el dramático siglo XX la eterna llamada del Evangelio.

P. Jorge Amaro, IMC

miércoles, 13 de agosto de 2025

Fátima: ¿Qué vieron los Pastorcillos?

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Una Señora vestida de blanco, más brillante que el sol.

Llevaba un vestido blanco y un cordón dorado al cuello que le llegaba al pecho... La cabeza estaba cubierta por un manto también blanco, muy blanco, no sé cómo explicarlo, ¡más blanco que la leche!... y le cubría hasta los pies... estaba todo bordado en oro...
 ¡Ay, qué bonito! Tenía las manos juntas así –y la pequeña se levantaba del banco y unía las manos a la altura del pecho para imitar la visión.
Jacinta

Jacinta, más expresiva y sensible a la belleza, no podía contener la alegría sobrenatural que la embargaba y no cesaba de exclamar: “¡Ay, qué Señora tan hermosa! ¡Ay, qué Señora tan bonita!”. Era una alegría demasiado grande para un corazón tan pequeño, por lo que no tardó en contárselo a su madre, quien se mostró incrédula. Sin embargo, su padre, el Sr. Marto, creyó desde el primer momento, pues conocía bien a sus hijos y sabía que nunca mentirían, ya que amaban la verdad.

¿Cómo podemos conceptualizar las apariciones, tanto las del ángel —que ocurrieron un año antes como preparación— como las de la Virgen María entre mayo y octubre de 1917?

¿Aparición o visión?
La teoría de la autosugestión afirma que, en un ambiente donde se espera que haya apariciones, las habrá. Pero esta teoría no se ajusta ni a las apariciones del Cristo resucitado a los apóstoles, ni a la de Cristo a Pablo de Tarso, ni a las apariciones marianas reconocidas por la Iglesia. En todas ellas hay un punto en común: la “aparición” toma por sorpresa a los videntes.

Tampoco se trata simplemente de una visión. Las visiones son siempre privadas y expresión de una profunda experiencia religiosa personal, sin público y sin un mensaje para los demás. Por lo general, implican un fenómeno místico precedido de un largo proceso de ascesis.

Al contrario que la visión, la aparición es siempre profética, confinada a un tiempo y lugar específicos (como en Fátima, Lourdes o Guadalupe). Hay testigos desde el primer momento, una mensajería profética para ese tiempo y lugar, y siempre se ve acompañada de fenómenos o milagros que desafían la explicación científica.

Por tanto, lo vivido por los pastorcillos en Fátima fue una aparición. Pero, ¿fue como la aparición de Cristo resucitado a los apóstoles? Partimos del principio de que la humanidad transfigurada de Jesucristo, su cuerpo glorioso tras la resurrección y la ascensión, nunca más se manifestó en la tierra de forma corpórea, como lo vieron los apóstoles.

Lo mismo podemos decir respecto a María, su madre. Por tanto, los pastorcillos no vieron a María en su realidad corpórea, sino que tuvieron una visión imaginativa, una experiencia interna, que podría llamarse incluso alucinación. En efecto, Jacinta declaró en uno de los interrogatorios que la Señora medía poco más de un metro.

Recordemos el principio tomista: “Quidquid recipitur ad modum recipientis recipitur” —lo que es recibido, se recibe según la capacidad del que lo recibe. Este principio ayuda a entender por qué, durante la última aparición, mientras la multitud se maravillaba con el milagro del sol, los niños vieron una especie de corte celestial, percibida según sus imaginarios: San José con el Niño Jesús, la Virgen de los Dolores, Cristo bendiciendo al mundo y, finalmente, la Virgen del Carmen.

Rechazamos la suposición mezquina de que todo lo que no es natural o “normal” ha de ser patológico. Los genios no son normales y, sin embargo, no son enfermos. Antes de aprobar cualquier aparición, la Iglesia analiza rigurosamente:

    Si el mensaje está en consonancia con el Evangelio y la doctrina católica.

    Si los videntes gozan de salud física y mental.

    Si los videntes son personas honestas, humildes y con vida espiritual y moral ejemplares.

Alucinación divina
Así podemos calificar la experiencia de los pastorcillos de Fátima. Alucinación, porque la Virgen no apareció de forma real y objetiva —de haber sido así, todos la habrían visto—; divina, porque no fue provocada por mentes enfermas, sino por Dios, para transmitir al mundo un mensaje a través de ellos.

Una alucinación es una percepción sin objeto físico presente, como en los sueños nocturnos, que parecen reales hasta que despertamos. En el caso de Fátima, los videntes percibieron la presencia de la Virgen, aunque no estuviera realmente allí de forma corporal.

¿Qué tiene de sobrenatural esta experiencia? El hecho de que no fue provocada por los propios niños, que no la buscaron ni la indujeron. Fue causada por Dios, y ese es el principal criterio de autenticidad. Los niños no podían haber inventado la experiencia ni su contenido, dada su simplicidad y falta de formación, como señala el canónigo Manuel Formigão.

No pretendo que esta sea la última palabra, pero lo que me convence de que las criaturas vivieron algo sobrenatural es que, como en todos los casos auténticos, sus vidas cambiaron radical y profundamente. No solo tuvieron una aparición y oyeron un mensaje: lo vivieron y encarnaron para siempre.

La visión del infierno
Quidquid recipitur ad modum recipientis recipitur. Este principio tomista es clave para comprender la visión del infierno. Cuando la Virgen les mostró el infierno, no pudo mostrarles su realidad verdadera, porque sería como intentar meter el océano en un hoyo de arena, como en el relato de San Agustín sobre la Santísima Trinidad.

Lo que vieron los pastorcillos fue una recreación mental, según las predicaciones que habían escuchado —muy gráficas y amedrentadoras en esa época—, así como por las representaciones artísticas en estampas y “alminhas” que aún hoy abundan por los caminos rurales.

¿Qué tiene de revelación divina esta visión? No la forma en que fue percibida, sino el hecho de haber ocurrido, inducida por la Virgen. Fue ella quien causó la visión; la forma en que los niños la interpretaron dependió de su capacidad de comprensión y de los arquetipos religiosos interiorizados en su mundo.

El milagro del sol
Después de tantas dudas, presiones de su madre y del párroco para desmentir las apariciones, Lucía pidió a la Virgen el 13 de julio que hiciera un milagro “para que todos crean que Vos nos aparecéis”. La Virgen prometió hacerlo, y renovó su promesa el 19 de agosto y el 13 de septiembre.

Así fue como el 13 de octubre una gran multitud se reunió en Cova da Iría. Precisamente a la hora señalada, a las 12:00, ocurrió algo extraordinario. Había estado lloviendo torrencialmente, y Lucía pidió a la multitud que cerrase los paraguas. De pronto, el sol empezó a “bailar”.

«Era como una bola de nieve girando sobre sí misma» (Padre Lourenço)

«Este disco giraba con vértigo, no era el centelleo de un astro vivo. Giraba sobre sí mismo con una velocidad vertiginosa» (Dr. Almeida Garrett)

«De pronto, el sol se detuvo y volvió a bailar, y otra vez se detuvo, y otra vez bailó» (Ti Marto)

«Una luz, cuyos colores cambiaban rápidamente, se reflejaba sobre las personas y las cosas» (Dr. Pereira Gens, que lo observó a 40 km de Fátima)

Incluso el periódico liberal anticlerical O Século relató los hechos. Las fotografías tomadas aquel día muestran primero la lluvia y luego a una muchedumbre mirando al cielo. No sería posible que tanta gente mirase al mismo punto si no hubiera algo visible.

Algo ocurrió, no fue “nada”, y lo más notable es que había sido anunciado con tres meses de antelación, incluso la fecha y hora exacta.

La explicación más plausible, entre las varias que se han propuesto, es la del físico y monje benedictino Stanley L. Jaki (1924–2009), profesor en la misma universidad que Einstein, Princeton. Viajó a Portugal para investigar y concluyó:

Se trató de un rarísimo fenómeno meteorológico, resultado de la interacción entre nubes cirros (altas, con cristales de hielo) y nubes bajas (con agua líquida), agitadas por vientos que formaron un vórtice espiral. Esta combinación generó un haz de colores centelleantes (por refracción solar) y un raro efecto de lente, que dio la impresión de que el sol aumentaba y se precipitaba sobre la gente.

Si no fue un fenómeno astronómico, si el sol no bailó ni se violaron las leyes físicas, sino un fenómeno atmosférico raro pero natural, ¿dónde está el milagro? El milagro fue la predicción precisa del fenómeno, hecha cinco meses antes, con indicación exacta del día y la hora en que ocurriría.

Conclusión - La prueba más contundente de que los niños vivieron algo sobrenatural reside en el hecho de que sus vidas cambiaron para siempre. No solo presenciaron una aparición ni escucharon un mensaje. Encarnaron ese mensaje, lo vivieron, lo asumieron con total entrega durante toda su vida.

P. Jorge Amaro, IMC

miércoles, 6 de agosto de 2025

Fátima, como se impuso a la Iglesia

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En la celebración del quincuagésimo aniversario de las apariciones, el 13 de mayo de 1967, después de la misa, el pueblo gritó al Papa Pablo VI que quería ver a Lucía...

«No fue la Iglesia la que impuso Fátima, fue Fátima la que se impuso a la Iglesia» Cardenal Cerejeira, Patriarca de Lisboa 1943

La Iglesia nunca ha declarado, ni declarará jamás, Fátima como un dogma de fe con carácter infalible. Lo que allí ocurrió se sitúa en un ámbito intermedio entre lo natural y lo sobrenatural. Por tanto, como sucede con todo lo relacionado con la fe, no puede demostrarse de forma plenamente convincente desde el punto de vista racional, pero tampoco puede refutarse con certeza. 

La Iglesia se limita a declarar que lo ocurrido puede aceptarse con una certeza razonable y plausible; como, de hecho, sucede con toda materia de fe. La fe nunca puede ser puramente racional ni racionalizada; solo puede —y debe— ser razonable.

Fátima recorrió un largo y arduo camino hasta ser aceptada por las autoridades eclesiásticas y tolerada por las autoridades civiles. En ese proceso, sin duda, intervino Dios en más de una ocasión para que no fuese ignorada. Porque sí, fue Dios, ya que los tres pastorcitos no hicieron propaganda alguna de su testimonio y, según se desprende de los interrogatorios a los que fueron sometidos, poco les importaba si creían o no en su palabra.

Vox populi, vox Dei
El pueblo seguía acudiendo en masa a Fátima por centenares de miles, incluso después de la muerte de Francisco en 1919 y de Jacinta en 1920. A pesar de ser ridiculizados por la prensa laicista y obstaculizados por las autoridades civiles —hasta el punto de dinamitar la pequeña capilla que allí se había erigido—, desde que Jacinta reveló a su madre la aparición del 13 de mayo, las multitudes no dejaron de congregarse.

Porque Jacinta no pudo guardar en secreto la aparición del 13 de mayo, en todas las demás —el día 13 de cada mes hasta la última, el 13 de octubre— los niños nunca más estuvieron solos. El 13 de junio, unas 50 personas estaban presentes; el 13 de julio, entre dos y tres mil; el 13 de agosto, pese a que los videntes habían sido arrestados, se congregaron 18.000 personas en el lugar de las apariciones; ese mismo mes, los videntes vieron a la Señora el día 19, en los Valinhos, tras haber sido liberados. El 13 de septiembre, la multitud ascendía ya a 30.000 personas, y el 13 de octubre, unas 70.000 presenciaron el tan anunciado y esperado milagro, como la Señora había prometido a Lucía tres meses antes.

No era solo la fe la que movía al pueblo a acudir en masa a la Cova da Iria desde la segunda aparición, sino la participación activa en la misma. Todo comenzaba con el rezo del rosario guiado por Lucía. Aunque solo los videntes veían a la Virgen, y entre ellos solo Lucía hablaba con ella, el resto del pueblo también experimentaba algo misterioso...

Todos coinciden en que, al mediodía solar de cada día 13 —incluido el 13 de agosto, cuando los niños no estaban presentes—, la luz del sol perdía intensidad, se levantaba una brisa fresca y una pequeña nube descendía sobre la encina donde los pastorcitos afirmaban que la Virgen se posaba.

Durante las apariciones, veían a Lucía en éxtasis y la oían hablar; como respuesta a sus preguntas, escuchaban un sonido como un “zumbido de abejas”. Lucía avisaba siempre cuando la visión terminaba y decía que la Virgen se retiraba hacia Oriente, de donde siempre procedía.

Un día, Jacinta cortó una ramita de la encina sobre la que la Virgen había posado su pie, y todos los que la olieron se deleitaron con un perfume desconocido. Finalmente, el milagro del sol selló, para el pueblo, la autenticidad de Fátima, que desde entonces es visitada por centenares de miles y hasta millones de peregrinos.

Voz del pueblo, voz de Dios” – Fue el pueblo sencillo quien promovió y defendió Fátima, imponiéndola a una Iglesia perpleja, y resistiendo las insidiosas embestidas del republicanismo ateo, anticlerical y masón. Sin esta respuesta popular, Fátima habría sido ignorada y olvidada. Se confirma, una vez más, el paradigma bíblico: “Has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes y se las has revelado a los pequeños” (Mateo 11, 25).

Quienes afirman gratuitamente que Fátima fue inventada por la Iglesia, desconocen la documentación histórica que demuestra exactamente lo contrario. Fátima solo fue aprobada oficialmente en 1930, después de trece largos años de investigación.

La reticencia inicial de la Iglesia
El testimonio del P. Lacerda, director del periódico “O Mensageiro”, sobre el párroco de Fátima, es revelador:

“Como nota final esclarecedora debo decir que el párroco de Fátima, mi amigo el P. Manuel Marques Ferreira, se mantuvo siempre al margen de todo, llegando incluso a no acudir a la Cova da Iria en el día de las apariciones. Solo fue allí el último día, tras muchos ruegos”.

El Sr. Marto, padre de Francisco y Jacinta, y el primero en creer a sus hijos (al contrario que la madre de Lucía), afirmaba que el párroco no creía y no dejaba creer a los demás. La incredulidad del párroco influyó directamente en la reticencia de Dña. María Rosa, madre de Lucía, quien apenas admitió —casi hasta el fin de su vida— la gracia que la Virgen concedió a su hija, haciendo su vida más amarga.

Fue el pueblo, que acudía por miles a la Cova da Iria, quien mantuvo viva la llama de Fátima, obligando a las autoridades civiles a respetarla y a las autoridades eclesiásticas a posicionarse a favor. Esto ocurrió finalmente el 13 de mayo de 1922, cuando el obispo de Leiría, D. José Alves Correia da Silva, publicó la “Provisión sobre los acontecimientos de Fátima”.

En ella resumía los hechos ocurridos, destacando la enorme adhesión popular pese a las persecuciones civiles y el desinterés eclesiástico, y nombraba una comisión para estudiar los hechos extraordinarios conforme al derecho canónico. Asimismo, pedía a los fieles:

“Que informen sobre todo cuanto sepan, tanto a favor como en contra de las apariciones o hechos extraordinarios que con ellas se relacionen, y testifiquen especialmente si en ellas ha habido o hay alguna forma de explotación, superstición, doctrinas o elementos contrarios a nuestra Santa Religión”.

¿Cómo reaccionaron las autoridades?
“No es verosímil que tres niños de tan corta edad, rudos e ignorantes, mientan y persistan en la mentira durante tantos meses, incluso sometidos a interrogatorios constantes y amenazas por parte de autoridades eclesiásticas y civiles (...). Ningún temor logra hacerles cambiar su testimonio de que han visto a la Virgen (...). La naturalidad y franqueza con que se expresan, su simplicidad y candor, la indiferencia hacia si les creen o no...”. (Documentación Crítica de Fátima)

Así concluye el canónigo Manuel Nunes Formigão, tras numerosos interrogatorios realizados por él mismo, por el párroco de Aljustrel y Fátima, y por otros clérigos. Todos muy críticos e incluso sarcásticos, aunque nunca hicieron daño a los niños, si bien a veces los interrogatorios les llevaban al agotamiento, como ocurrió el día del milagro del sol.

Menos condescendientes fueron las autoridades civiles, que llegaron al extremo de someterlos a tortura psicológica. Les dijeron que, si no se retractaban, serían hervidos en aceite en una sala contigua. Primero interrogaron a Jacinta, luego a Francisco y por último a Lucía. Uno a uno, entraron creyendo que sus compañeros ya habían muerto. Pero ninguno se retractó.

A esto hay que añadir la presión constante del pueblo: unos amenazaban, otros ridiculizaban, otros prometían riquezas si revelaban el secreto. Era imposible que unos niños soportaran tanto sufrimiento si no hubiera nada real, y que lo que sucedía cada mes, ante miles de personas, fuese puro teatro. Los padres de Jacinta pensaron alejarlos de Fátima, pero los niños se negaron diciendo:  “¡Si nos matan, no importa! ¡Iremos más rápido al Cielo!”

El gran milagro del sol
Para el 13 de octubre se esperaban grandes multitudes, ya que Lucía había anunciado desde julio que la Virgen haría un milagro “para que todos creyeran”. La tensión era tal que, la víspera, la madre de Lucía le sugirió confesarse, por temor a que fueran asesinados si no ocurría el milagro. Con calma y convicción, Lucía consoló a su madre diciendo que podrían ir a confesarse si ella quería, pero que tenía la certeza de que la Virgen cumpliría su promesa.

Solas frente a todo y a todos, solo la divina Providencia las sostuvo, pues incluso sus familiares más cercanos —sobre todo los de Lucía— contribuyeron a su sufrimiento llamándolas mentirosas. No solo proclamaron la palabra de la Virgen, sino que la encarnaron en sus propias vidas:

“Os echarán mano y os perseguirán (...), encarcelándoos (...). Así tendréis ocasión de dar testimonio. (...) No os preocupéis por vuestra defensa, porque Yo mismo os daré palabras y sabiduría que ninguno de vuestros adversarios podrá resistir ni contradecir”. (Lucas 21, 12-19)

Quienes afirman que Fátima fue inventada por la Iglesia no tienen documentos para sostener semejantes calumnias. Claramente no han leído la Documentación Crítica de Fátima, que describe, por un lado, las estrategias de las autoridades civiles para desacreditar a los videntes y evitar que el pueblo acudiera al lugar de las apariciones, y por otro, el riguroso proceso canónico llevado a cabo por la Iglesia.

Finalmente, el 13 de octubre de 1930, con el conocimiento y aprobación del Papa Pío XI, el obispo D. José Correia da Silva anunció en una carta pastoral:

“Invocando humildemente al Espíritu Santo y poniéndonos bajo la protección de la Santísima Virgen, y después de escuchar la opinión de nuestros Reverendos consejeros, declaramos dignas de crédito las visiones de los pastorcitos en la Cova da Iria, parroquia de Fátima, de esta diócesis, ocurridas entre el 13 de mayo y el 13 de octubre de 1917. Permitimos oficialmente el culto a Nuestra Señora de Fátima”.

Fátima y los Papas
El 5 de mayo de 1917, en plena Primera Guerra Mundial, el Papa Benedicto XV, en una carta dirigida al cardenal Gasparri, suplicaba fervorosamente la ayuda del Cielo por medio de la Virgen María:

“Encargamos, por tanto, a Vuestra Eminencia que haga saber a todos los obispos del mundo nuestro ardiente deseo de que se recurra al Corazón de Jesús, Trono de gracias, por medio de María (...), para que lleve ante Ella el grito angustioso de las madres y esposas, el gemido de los niños inocentes, el suspiro de todos los corazones nobles. 

Que pueda Ella, en su amabilidad y benignísima solicitud, obtener para el mundo la paz anhelada, y que los siglos venideros recuerden la eficacia de Su intercesión y la grandeza del beneficio obtenido por Ella para sus hijos”.

Ocho días después, la Virgen se apareció en Fátima, revelando al Papa y al mundo su plan de paz. Un año más tarde, el mismo Papa, al restablecer la diócesis de Leiria, calificó los sucesos de Fátima como “una ayuda extraordinaria de la Madre de Dios”.

Pío XI, su sucesor, ofreció estampas de la Virgen de Fátima a los seminaristas. Pío XII se refirió a Fátima en 1940, en la encíclica Saeculo exeunte. En 1950, dijo al superior general de los dominicos:

“Decid a vuestros religiosos que el pensamiento del Papa está contenido en el Mensaje de Fátima”. En 1964, al concluir el Concilio Vaticano II, Pablo VI ofreció la Rosa de Oro a Fátima, encomendando toda la Iglesia al cuidado de Nuestra Señora, y visitó el santuario en el 50.º aniversario de la primera aparición.

San Juan Pablo II visitó Fátima tres veces —1982, 1991 y 2000—. En esta última visita beatificó a Francisco y Jacinta, e hizo universal la fiesta de Nuestra Señora de Fátima, ordenando su inclusión en el Misal Romano.

El Papa Francisco pidió al Patriarca de Lisboa que consagrara su pontificado a la Virgen de Fátima, lo cual tuvo lugar el 13 de mayo de 2013.

Conclusión - Al acudir por miles desde la primera aparición, fue el pueblo quien promovió y defendió Fátima, imponiéndola a una Iglesia inicialmente escéptica y resistiendo con fe las embestidas del republicanismo portugués, ateo, anticlerical y masón.

P. Jorge Amaro, IMC

viernes, 1 de agosto de 2025

La Flagelación de Jesús

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En el segundo Misterio Doloroso, contemplamos la flagelación de Jesús atado a la columna
.

Del libro del profeta Isaías (50:6; 53:4-8)
Ofrecí mi espalda a los que me golpeaban, mis mejillas a los que me arrancaban la barba; no escondí mi rostro de los insultos y los escupitajos. (…) Fue despreciado y rechazado por los hombres, un hombre de dolores, familiarizado con el sufrimiento; como uno de quien la gente esconde el rostro, fue despreciado y no lo tuvimos en cuenta.

Ciertamente, Él tomó sobre sí nuestros dolores y llevó nuestras enfermedades, y nosotros lo consideramos castigado por Dios, herido por Él y humillado. Pero fue traspasado por nuestras transgresiones, fue aplastado por nuestras iniquidades; el castigo que nos trajo la paz cayó sobre Él, y por sus heridas fuimos sanados.

Todos nosotros, como ovejas, nos hemos desviado, cada uno se apartó por su propio camino; pero el Señor cargó sobre Él la iniquidad de todos nosotros. Fue oprimido y afligido, pero no abrió su boca; fue llevado como un cordero al matadero, y como una oveja ante sus esquiladores, permaneció en silencio. No abrió su boca. Por juicio opresivo fue arrebatado. ¿Quién de su generación protestó? Porque fue cortado de la tierra de los vivos; por la transgresión de mi pueblo fue castigado.

Comentario de Melitón de Sardes
El Hijo de Dios fue ejecutado por sus verdugos como un cordero; su muerte nos liberó de la vida mundana. Él marcó nuestras almas con su propio Espíritu y nuestros cuerpos con su sangre. Jesús asumió los sufrimientos de la humanidad, sufriendo en el cuerpo, sujeto al dolor, y así destruyó las pasiones de la carne.

Meditación 1
Si Pilato hubiera condenado directamente a Jesús a muerte, no habría sido flagelado. La flagelación era el castigo aplicado a aquellos cuya vida era perdonada. Pilato pensó que después de ver a Jesús bien flagelado, el pueblo tendría compasión por Él y lo dejaría ir. Sin embargo, eso no sucedió; el odio de los escribas, los ancianos, los fariseos y los saduceos hacia Jesús era tan grande que, incluso después de verlo flagelado, no sintieron compasión.

Es irónico que el Hijo de Dios no fuera condenado a muerte por la autoridad civil; ésta, en la persona de Pilato, deseaba liberarlo. Fueron las autoridades religiosas las que condenaron al Hijo de Dios. Jesús murió por nuestros pecados, porque fueron nuestros pecados, los de toda la humanidad, como los de Judas, Pedro, Pilato, Herodes, los fariseos, los saduceos y el pueblo en general, los que lo mataron. Estos pecados todavía se cometen hoy, y si Cristo viniera hoy al mundo, sería asesinado por el mismo mundo que lo mató hace dos mil años.

Meditación 2
"Vine al mundo para dar testimonio de la verdad. Quien está de parte de la verdad escucha mi voz. ¿Qué es la verdad? Pregunta Pilatos." (Juan 18:38). Podemos responder a Pilato que Cristo es el camino, la verdad y la vida. Existe una naturaleza humana que debe ser obedecida. Cristo vivió y predicó sobre esta naturaleza; vino al mundo para enseñarnos a vivir, para mostrarnos el camino que Él mismo recorrió.

Nos enseñó la verdad de la vida, y quien no vive según esta verdad es flagelado por la vida. Dios siempre perdona, el hombre a veces, pero la naturaleza nunca perdona. Muchas veces pecamos contra la naturaleza de nuestro planeta y contra nuestra propia naturaleza. Muchos de los males que nos aquejan, como enfermedades y cataclismos, son consecuencias de estos pecados. Somos flagelados por la naturaleza porque infringimos sus leyes.

Somos libres de rechazar este camino, verdad y vida que nos conduce al Padre, pero no hay una alternativa igualmente viable a Jesús. Quien no está con Él, dijo Jesús, dispersa... No hay otro modelo de humanidad más que Cristo.

Oración
Señor Jesús,
en Tu flagelación contemplamos el peso de nuestras propias faltas
y la profundidad de Tu amor por nosotros.
Fuiste azotado, humillado y herido
por aquellos que no Te comprendieron,
y sin embargo aceptaste el sufrimiento sin abrir la boca,
como un cordero que se entrega al sacrificio.

Te pedimos, Señor, que nos ayudes a reconocer
el valor de Tu entrega y a abrir nuestros corazones a Tu verdad.
Así como Tú cargaste nuestros sufrimientos,
que también nosotros podamos cargar nuestras cruces con paciencia y fe,
sabiendo que Tus heridas nos sanaron.

Danos la fuerza para seguir Tu ejemplo,
soportando las injusticias y los dolores de la vida
con humildad y confianza en la voluntad del Padre.
Líbranos del egoísmo y el miedo que nos alejan de Ti
y enséñanos a ver en nuestro prójimo
el reflejo de Tu sufrimiento y Tu amor.

Señor, cúranos de las heridas
que el pecado dejó en nosotros y en el mundo.
Que Tu pasión sea nuestra salvación
y que Tu paz reine en nuestros corazones.
Ayúdanos a vivir en armonía con Tu creación,
respetando las leyes de la naturaleza y buscando siempre el bien común.

Que en medio de las tribulaciones de la vida,
encontremos refugio en Tu misericordia
y fuerza en Tu ejemplo de entrega total.
Concédenos la gracia
de ser testigos de la verdad que viniste a traer al mundo,
caminando siempre contigo, que eres el camino, la verdad y la vida. Amén.

P.Jorge Amaro, IMC

martes, 29 de julio de 2025

Fátima: Algo tuvo que haber pasado, no nada

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Desde el principio, tanto a nivel nacional como internacional, Fátima no ha estado exenta de enemigos. Tras investigar los hechos y el contenido del mensaje, y haber leído atentamente los escritos de sus detractores, comprobé que sus afirmaciones son tan frívolas como prejuiciosas, ignorando por completo la realidad y la veracidad de los acontecimientos. 

Son tan mezquinas y fáciles de refutar que ni siquiera me molesto en rebatirlas. Prefiero dedicar mi tiempo y energía a los hechos y a la riqueza del mensaje de Fátima, ofreciendo al lector suficientes elementos para responder por sí mismo a los críticos, si alguna vez se cruza con ellos.

Entre los detractores de Fátima, hay quienes sostienen que todo fue una invención de la Iglesia de aquella época; otros se aferran a las supuestas contradicciones de los niños, sometidos a interrogatorios excesivos y agotadores; y no faltan los que, desde dentro de la propia Iglesia, intentan desacreditar el mensaje en su totalidad, apoyándose en ciertas aparentes incongruencias teológicas.

Hay oro en la arena del río, pero no toda la arena es oro
Esta es la metáfora que utilizo cuando quiero explicar cómo la Biblia contiene la Palabra de Dios, aunque no todo lo escrito en ella sea, palabra por palabra, Palabra de Dios. Al igual que es necesario cribar la arena del río para encontrar el oro que se oculta en ella, también es necesario interpretar la Escritura para descubrir en ella la Palabra viva de Dios.

Cuando aplicamos al texto bíblico herramientas como la crítica literaria, la crítica histórica, la exégesis y otras ciencias como la arqueología, la psicología o la filosofía, podemos discernir y dejar de lado los mitos, las creencias, los usos y costumbres, la historia concreta de una época, la personalidad y carácter del autor, así como sus limitaciones y prejuicios. Una vez depurado todo esto, lo que queda es la pura inspiración divina: la ipssissima Dei verbum, la palabra misma de Dios.

Este mismo criterio que utilizamos para la Revelación pública de Dios en la Escritura, puede aplicarse también a la revelación privada de Fátima, sobre todo en lo referente a aquellas afirmaciones que puedan parecer teológicamente incongruentes, como, por ejemplo:

"…llevad a todas las almas al cielo, especialmente a las que más lo necesiten". - Es evidente que, en portugués, esta conclusión de la oración puede parecer incoherente, ya que todos necesitamos la salvación de Dios. Sin embargo, en muchas lenguas, los católicos han añadido la expresión: "especialmente a las que más necesiten de tu misericordia". Es decir, aquellos más alejados de Dios, quienes se hallan en mayor miseria espiritual, son los que más necesitan de la misericordia divina.

Otro ejemplo es: "Penitencia y oración por la conversión de los pobres pecadores". - Esta frase puede dar a entender que quienes rezan y hacen penitencia no se consideran a sí mismos pecadores, lo cual sería contrario a la enseñanza bíblica:
   
“Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros." (1 Juan 1,8)

Pero lo cierto es que los propios videntes se reconocían pecadores, y también vivieron un proceso de conversión personal. Por ejemplo, tras las apariciones, afirmaban: “Ya no podemos rezar el rosario como antes”, cuando lo hacían deprisa, abreviando las oraciones. Más aún: después de lo vivido, hacían todo lo posible por no pecar, pues su amor a Dios era tal que temían ofenderle aún más de lo que ya lo estaba por causa de otros pecadores.

"Algo hubo, no la nada"
Volviendo a mis tiempos de estudiante de teología con enfoque positivista, tras haber leído todas las teorías sobre la resurrección de Jesús —desde las más osadas a las más ilógicas y las más literales—, encontré en la fórmula del entonces célebre teólogo Hans Küng una afirmación clave: “Algo hubo, no la nada”.

Para Küng, la resurrección sorprendió por completo a los apóstoles, del mismo modo que las apariciones sorprendieron a los tres pastorcillos de Fátima. Es difícil, incluso para el propio Küng, describir qué clase de experiencia vivieron los apóstoles. Pero de una cosa está seguro: algo ocurrió. Porque del nada solo Dios puede crear; los hombres solo pueden transformar lo que ya existe.

Algo extraordinario debió de suceder para transformar a unos discípulos temerosos y cobardes —que incluso habían regresado a su vida anterior— en apóstoles intrépidos y audaces, como Pedro en su discurso en los Hechos de los Apóstoles (Hechos 2,14-36).

Es probable que la experiencia de Jesús resucitado no posea todo el realismo que los evangelios describen, pero sin duda fue real de alguna manera. De lo contrario, no habría sido transmitida con tal fuerza y detalle, sino quizás con un tono más místico o simbólico.

El mismo razonamiento se aplica a Fátima
Del mismo modo, recurro a este razonamiento en el caso de las apariciones de la Virgen María a los tres niños en Fátima. Algo debió ocurrir, pues, debido a su corta edad y su ignorancia, es inconcebible que ellos hubieran podido inventar tanto el evento como el contenido del mensaje.

La transformación radical de vida que experimentaron los apóstoles también se observa en aquellos tres niños. Algo grandioso debió de pasar para explicar el cambio tan profundo que vivieron. No solo en el plano exterior —por el hecho de pasar a vivir bajo la mirada constante del pueblo—, sino también en su interior, al conformar sus vidas al mensaje recibido y vivir una verdadera conversión.

Ciertamente, hay aspectos del fenómeno de Fátima que podrían tener una explicación puramente humana: la visión del infierno, ciertas representaciones de la Virgen Dolorosa, san José con el Niño Jesús, Cristo bendiciendo al mundo y la Virgen del Carmen. Sin embargo, los hechos centrales de Fátima, así como su mensaje, no pueden explicarse simplemente desde una perspectiva natural o psicológica. Algo sobrenatural, fuera de lo común, que desborda la experiencia cotidiana, tuvo que suceder.

Los videntes no sabían nada de lo que ocurría fuera de su pequeño entorno, ni a nivel nacional ni internacional. Incluso si hubieran oído hablar de algo, no habrían sido capaces de comprenderlo ni mucho menos de expresarlo. Su nivel de cultura era tan limitado que, por ejemplo, cuando se les habló de Rusia, Lucía pensaba que se trataba de una mujer de mala vida que necesitaba convertirse.

Apariciones inesperadas
Todo esto nos lleva a concluir que debió de ocurrir algo suficientemente real y objetivo. Las experiencias místicas nunca son colectivas, sino íntimas e individuales, y suelen surgir tras largos procesos de vida ascética y oración contemplativa.

En Fátima, como en las apariciones de Cristo resucitado, la visión del ángel en 1916 y la de la Virgen María el 13 de mayo de 1917 sorprendieron por completo a los niños. En el momento de la primera aparición de la Virgen, ni siquiera estaban rezando: simplemente cuidaban del rebaño. Al ver un relámpago, pensaron que se avecinaba una tormenta y corrieron a buscar refugio. 

Fue entonces cuando se dieron cuenta de algo extraordinario. Una Señora más resplandeciente que el sol se les apareció, de pie sobre una encina. Como en todas las teofanías del Antiguo y del Nuevo Testamento, la Señora les dijo que no tuvieran miedo, que no venía a hacerles daño.

Igual que en las apariciones de Jesús a los apóstoles, en Fátima hubo no uno, ni dos, sino tres testigos desde la primera aparición. En las siguientes, hubo incluso más testigos, hasta llegar a las 70.000 personas que presenciaron el llamado "milagro del sol", como la Virgen había prometido a los pastorcillos.

En todas las apariciones, muchas personas afirmaron haber visto o sentido algo. Tanto los tres videntes como los demás presentes fueron testigos de un fenómeno sobrenatural. Cada uno lo vivió a su manera, pero todos compartieron la misma experiencia fundamental. 

Ni siquiera los tres niños vivieron exactamente lo mismo: Francisco veía a la Señora, pero no la oía; Jacinta la veía y la oía; Lucía, en cambio, mantenía un diálogo completo: veía, oía, hablaba y recibía respuesta.

Conclusión - Algo tuvo que haber pasado. Porque, debido a su edad e ignorancia, no es razonable pensar que aquellos tres niños pudieran haber inventado por sí solos ni el evento ni el contenido del mensaje. Por eso afirmamos, con razón y fe: Fátima, algo fue… no la nada.

P. Jorge Amaro, IMC

martes, 22 de julio de 2025

Fátima - Lourdes - Guadalupe

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La Iglesia reconoce estas tres apariciones de María como auténticas y dignas de fe. Probablemente haya muchas más, pero no me corresponde a mí juzgar su autenticidad, por lo que me refiero aquí únicamente a estas tres. Como alguien dijo sabiamente, es preferible estar equivocado en comunidad que tener razón en soledad.

Para comprender verdaderamente Fátima, no podemos enmarcarla solo en su dimensión nacional, internacional o teológica, sino también en el contexto de las apariciones anteriores de Nuestra Señora en Guadalupe y Lourdes, que también han sido aprobadas por la Iglesia.

En estas tres apariciones, en diferentes lugares y épocas, se observan similitudes y diferencias. Analizaremos primero los signos que permiten afirmar que hubo una teofanía, es decir, que lo sucedido en cada uno de los lugares no tiene una explicación meramente humana, sino sobrenatural. Posteriormente, exploraremos el motivo de la visita de Nuestra Señora y, finalmente, el mensaje que vino a traer.

María – Embajadora, Enviada Especial, Portavoz
Antes de adentrarnos en cada una de las apariciones, conviene reflexionar sobre la razón común que subyace en todas ellas. ¿Por qué María visita a su pueblo de vez en cuando y en distintos lugares?

A la luz del principio reformado de Lutero —solus Christus, sola fide, sola Scriptura— sabemos que muchas confesiones protestantes solo aceptan lo que aparece explícitamente en la Biblia. ¿Cómo, entonces, explicar las visitas de María a quienes piensan así?

La visita de María a su prima Isabel – Lucas 1,39-45
Nuestra fe no se basa únicamente en la religión entendida como el esfuerzo humano por relacionarse con Dios, sino, sobre todo, en la revelación: es Dios quien toma la iniciativa y viene a nuestro encuentro. “No sois vosotros los que me habéis elegido; soy yo quien os he elegido…” (Juan 15,16).

Ya en la prehistoria de nuestra fe, en el Antiguo Testamento, Dios visita a su pueblo y, como María en las bodas de Caná, tiene compasión de los que carecen de lo necesario. Así, como Dios escuchó el clamor de su pueblo esclavizado en Egipto, María acudió a su prima Isabel movida por la compasión.

Desde entonces, es Ella quien sigue visitándonos. Es a María a quien Dios envía, porque cuando su Hijo volvió al Padre, nos la dejó como Madre. Ella, imagen de la feminidad y maternidad divinas, ejerce estas características de Dios de forma sacramental: actúa in persona Dei.

¿Por qué María es la enviada?
Porque es carne de nuestra carne; completamente humana, como nosotros, nacida de un acto de amor humano, con la única diferencia de su Inmaculada Concepción, pues estaba destinada a ser la Madre del Hijo de Dios encarnado, y el inicio de una Nueva Humanidad.

Las bodas de Caná – Juan 2,1-11
María es la mejor embajadora entre el Cielo y la Tierra. Representa a la humanidad ante Dios porque es una de nosotros; y representa a Dios en la Tierra, porque fue concebida sin pecado original: es la humanidad tal como Dios la pensó, la nueva Eva antes del pecado. Como embajadora, enviada especial o portavoz entre el Cielo y la Tierra, su misión es presentar a Dios las necesidades de los hombres, y a los hombres la voluntad y el mensaje de Dios.

Así, en Caná dice a su Hijo: “No tienen vino”; en Guadalupe, probablemente expresó que la evangelización no avanzaba; en Lourdes, que faltaba salud; en Fátima, sin duda dijo que no había paz.
A los hombres, en cambio, les dice en Caná: “Haced lo que Él os diga”; en Guadalupe pide construir una iglesia; en Lourdes, rezar el Rosario; y en Fátima, ofrecernos a Dios en penitencia y oración.

GUADALUPE – Intervención misionera
Pruebas de la intervención de Dios a través de María
El 9 de diciembre de 1531, diez años después de la conquista de la Ciudad de México, cuando ya se había establecido la paz entre los pueblos beligerantes, María se apareció a un indígena llamado Juan Diego.

Como es habitual, la Iglesia actúa con prudencia. El obispo fray Juan de Zumárraga exigió una señal. Nuestra Señora aceptó el desafío y envió a Juan Diego con un manto lleno de rosas frescas, fuera de temporada, en pleno invierno. Al desplegar el manto ante el obispo, las flores cayeron al suelo, revelando la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, la misma que aún hoy se venera.

El tejido donde se encuentra la imagen ha sido examinado por numerosos científicos, sin hallar explicación sobre su origen. No se aprecian pinceladas ni trazos conocidos, y tanto la pintura como el tejido se han conservado sin deterioro, sin tratamiento previo.

Además, estudios recientes han detectado en el iris del ojo de la imagen la miniatura de la escena en la que Juan Diego abre su tilma ante el obispo, como si se tratara de una fotografía grabada siglos antes.

Motivo de la visita
La evangelización de las Américas encontró grandes dificultades. Las civilizaciones maya, azteca e inca eran culturalmente avanzadas y profundamente religiosas. La violencia de la conquista y las masacres hicieron difícil aceptar la fe de quienes los subyugaron.

La intervención de María fue providencial. Como recuerda el episcopado mexicano: “El acontecimiento de Guadalupe significó el inicio de la evangelización, con una vitalidad que superó todas las expectativas. El mensaje de Cristo, a través de su Madre, asumió los elementos centrales de la cultura indígena, los purificó y les dio su sentido definitivo de salvación.”

Mensaje
“Guadalupe” ha sido interpretado como “la que aplasta la serpiente”, en alusión al dios Quetzalcóatl, a quien los aztecas ofrecían sacrificios humanos. En 1487, durante una dedicación de templo en Tenochtitlan, se sacrificaron más de 80.000 personas en cuatro días.

María aplastó al dios de la muerte y condujo a los pueblos indígenas al Dios de la vida, al Dios que se entrega por su pueblo. Y si el aborto hoy representa un nuevo sacrificio humano al dios del egoísmo, el mensaje de Guadalupe sigue siendo actual.

LOURDES – Intervención teológica
Pruebas de la intervención de Dios a través de María
En Lourdes, Francia, la Virgen María se apareció 18 veces entre el 11 de febrero y el 16 de julio de 1858 a Bernardita Soubirous, una niña de 14 años, hija de una familia muy pobre.

En la novena aparición, María pidió a Bernardita que bebiera de un manantial inexistente. La niña escarbó con sus manos y brotó agua. Al día siguiente ya era un arroyo.

En la decimosexta aparición, María reveló su identidad: “Yo soy la Inmaculada Concepción”. Bernardita, sin formación teológica, desconocía que ese dogma había sido proclamado por el Papa Pío IX en 1854. Este hecho dio credibilidad a la autenticidad de las apariciones. En la aparición número 17, Bernardita colocó su mano sobre una vela encendida durante varios minutos, sin quemarse, ante la mirada atónita de la multitud.

Bernardita murió en 1879. Su cuerpo fue hallado incorrupto e inodoro en tres exhumaciones. Las numerosas curaciones físicas atribuidas al agua de Lourdes a lo largo de los años confirman que, allí, el Cielo volvió a visitar la Tierra.

Motivo de la visita
Confirmar desde el Cielo el dogma de la Inmaculada Concepción y recordarnos, como en Fátima, la necesidad de la oración y la penitencia. La Virgen nos llama a abrazar la cruz y a orar para resistir las tentaciones del mundo.

Lourdes, desde sus inicios, se asoció con la pureza a través de su agua milagrosa. Comparado con Fátima, Lourdes es el santuario de los milagros físicos, mientras que Fátima lo es de los milagros del alma.

Mensaje
El mensaje de Lourdes se puede resumir en cuatro palabras:

  • Pobreza – Dios elige a los humildes para revelar su gloria. Bernardita era una de los más pobres.
  • Oración – Especialmente el rezo del Rosario.
  • Penitencia – Como medio de conversión personal y por los pecadores.
  • Confirmación doctrinal – María, al presentarse como la Inmaculada Concepción, ratifica un dogma y lo hace accesible incluso a los más sencillos.

FÁTIMA – Intervención política y espiritual
Pruebas de la intervención de Dios a través de María
Precedida por las apariciones del ángel en 1916, María se apareció en Fátima a tres pastorcillos, los días 13 de mayo a octubre de 1917, en pleno contexto de la Primera Guerra Mundial y del auge del comunismo ateo.

Los videntes eran niños sencillos y veraces. El padre de Francisco y Jacinta creyó en ellos porque sabía que sus hijos no mentían. Además de la experiencia mística de los niños, miles de testigos —entre ellos médicos, periodistas, profesores y ateos— presenciaron el milagro del sol el 13 de octubre, predicho por Lucía con seis meses de antelación.

Motivo de la visita
El Papa Benedicto XV, ante la impotencia de la diplomacia para detener la guerra, pidió a los cristianos que invocaran a María como Reina de la Paz. Apenas ocho días después, María respondió con un plan celestial para la paz del mundo.

Pero no solo fue una visita por la paz. El mensaje también es profundamente evangelizador. María llamó a la conversión de los pecadores y a la consagración del mundo a su Inmaculado Corazón, como antídoto contra el ateísmo moderno, sea comunista o consumista.

Mensaje
Entre dos guerras mundiales, María vino a ofrecer una respuesta desde el Cielo: penitencia y oración. Su mensaje es un eco eterno del Evangelio frente a los males de cada época.

El Tercer Secreto ha sido revelado, pero su mensaje sigue vigente: la lucha espiritual continúa y el Corazón Inmaculado de María sigue llamando a la humanidad hacia Dios.

¿Y si el nombre “Fátima”, de raíz musulmana, encerrase todavía un misterio por revelarse? ¿Podría María, venerada también por el islam, tener aún un papel en el diálogo con el mundo musulmán y en la paz global?

Conclusión - Debemos conceptualizar Fátima a la luz de las apariciones anteriores en Guadalupe y Lourdes. Las tres forman un tríptico profético que, desde diferentes continentes, proclama un mismo mensaje: Dios no ha dejado de visitarnos a través de su Madre.

P. Jorge Amaro, IMC