jueves, 15 de mayo de 2025

El Reino de Dios en las palabras y milagros de Jesús

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En el tercer misterio luminoso contemplamos el Reino de Dios en las palabras y milagros de Jesús.


Del Evangelio de Lucas (11:20):
"Si Yo expulso los demonios por el poder de Dios, entonces el Reino de Dios ha llegado a vosotros."

Comentario de Cromacio de Aquilea
El Maestro de la vida y Médico celestial, Cristo el Señor, vino con este propósito: instruir a los hombres con Sus enseñanzas y sanar los males del cuerpo y del alma con la medicina divina.

Meditación 1
En el principio existía la Palabra, y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. (…) Por medio de ella fueron hechas todas las cosas; sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres (…) Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros; contemplamos su gloria, gloria como la del unigénito del Padre, llena de gracia y verdad. (Juan 1:1-3, 14)

Jesucristo es la Palabra eterna del Padre, que se encarnó en el tiempo y el espacio humanos. Además de ser la encarnación de la Palabra, Jesús proclamó palabras de vida a lo largo de toda su vida pública, especialmente en el Sermón de la Montaña en el Evangelio de Mateo, que resume su doctrina y es considerado la Carta Magna del cristianismo.

En las palabras de Jesús se revela el corazón del Reino de Dios: un reino de justicia, amor, misericordia y verdad. Él vino a anunciar que este Reino ya está entre nosotros, manifestado en Su persona, en Sus enseñanzas y en Sus acciones. Cada palabra de Jesús, desde las bienaventuranzas hasta las parábolas, traza el camino para vivir en este Reino.

En el Sermón de la Montaña, Jesús dice: "Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos" (Mateo 5:3). Con esto, no se refiere a un reino lejano o meramente futuro, sino a una realidad presente, accesible para todos los que viven de acuerdo con los principios de humildad, compasión y justicia.

Meditación 2
Para el hombre como ser individual, Jesús se presenta como el único modelo de humanidad, aquel por quien debemos medirnos para ser genuinamente humanos: "el camino, la verdad y la vida" (Juan 14:6).

Para el hombre como ser social y para la sociedad en general, Él introduce el Reino de Dios como un proyecto social: una sociedad más justa, fraterna, inclusiva y pacífica, o como se define en el Padre Nuestro: "Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo."

El Reino de Dios ya está entre nosotros desde el momento en que Cristo entró en la historia humana. Sin embargo, aún no está presente en su plenitud. Nos corresponde a nosotros, como Iglesia, continuar la expansión del Reino de Dios hasta que Cristo sea todo en todos. En este sentido, la Iglesia está para el mundo como la levadura está para la masa, transformando este mundo en el Reino de Dios.

Los milagros son los primeros signos del Reino de Dios, un nuevo orden en el que prevalecen la salud, la justicia y la paz. Manifiestan la realidad del Reino, donde no hay dolor, sufrimiento ni muerte. Al curar a los enfermos, resucitar a los muertos y realizar otras maravillas, Jesús revela lo que el Reino de Dios representa para la Humanidad.

Oración
Señor Dios,
Tú que enviaste a Tu Hijo Jesucristo como la Palabra encarnada,
te damos gracias por la revelación de Tu Reino entre nosotros.

Que los milagros que Él realizó nos recuerden Tu infinita misericordia
y Tu deseo de sanar y restaurar a cada uno de nosotros,
tanto en el cuerpo como en el alma.
Que podamos ver en cada acto de amor y compasión
la manifestación del Reino que ya está presente entre nosotros.

Ayúdanos, Señor, a vivir según los principios de Tu Reino,
abrazando la humildad, la justicia y la paz.
Que las bienaventuranzas que Jesús proclamó
sean la luz que guíe nuestros pasos,
y que nuestra vida refleje la gracia y la verdad que sólo Él puede dar.

Inspíranos a ser levadura en la masa,
promoviendo la transformación
en nuestras comunidades y en el mundo,
para que todos puedan conocer Tu amor y Tu voluntad.

Señor, que Tu Iglesia sea un signo visible de Tu Reino,
un espacio donde todos sean acogidos
y donde la justicia y la fraternidad puedan florecer.

Confiamos en Ti, pues sabemos que con Tu ayuda
podemos ser instrumentos de paz y amor.
Que se haga Tu voluntad en la tierra como en el cielo. Amén.

P. Jorge Amaro, IMC

jueves, 1 de mayo de 2025

Las Bodas de Caná

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En el Segundo Misterio Luminoso contemplamos las Bodas de Caná.

Del Evangelio de San Juan (2, 1-5):
Hubo una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. También Jesús y sus discípulos fueron invitados a la boda. Al faltar el vino, la madre de Jesús le dijo: "No tienen vino." Jesús le respondió: "Mujer, ¿qué tiene eso que ver conmigo? Aún no ha llegado mi hora." Su madre dijo a los sirvientes: "Hagan lo que Él les diga."

Comentario de Fausto de Riez, obispo del siglo V:
“En Galilea, por las obras de Cristo, el agua se transforma en vino; la ley desaparece y surge la gracia; la sombra se disipa y aparece la realidad; las cosas materiales se confrontan con las espirituales; la antigua observancia cede lugar al Nuevo Testamento.”

Meditación 1
En las Bodas de Caná, Jesús realiza la primera transubstanciación al cambiar la sustancia del agua en la sustancia del vino, como preludio de la otra transubstanciación en la que cambiará la sustancia del vino en la sustancia de Su Sangre.

El milagro de Caná es una figura y un símbolo de lo que se opera diariamente en nuestros altares. Hay una admirable conexión entre el primer milagro que inicia Su carrera y aquel con el que la termina: la Última Cena.

El vino que en Caná se convierte en el mejor es un símbolo de la Sangre de Cristo en la Eucaristía. En la Última Cena, Jesús toma el vino y lo ofrece como Su Sangre, estableciendo la nueva alianza. El milagro de Caná anticipa este sacrificio y la realidad de la Eucaristía, donde el vino se transforma en la Sangre de Cristo, que nos purifica y redime.

Meditación 2
Aunque Jesús dijo que aún no era Su hora, Su madre no dudó en intervenir sin ser solicitada, en nombre de la pareja que estaba en apuros en su primer día de matrimonio. Ella conoce de antemano nuestras necesidades y está dispuesta a pedirlas de forma sutil pero vigorosa ante Su Hijo: "No tienen vino." A cambio, solo nos pide "Hagan lo que Él les diga."

María se revela en este pasaje como el prototipo de todo creyente: atenta a las necesidades concretas, las presenta a Jesús y anima a quienes la rodean a poner su confianza en Él. Las Bodas de Caná son una oportunidad para contemplar al Dios Santo, que acoge con bondad nuestras oraciones y deseos: es el Dios del “momento oportuno,” que sabe dar a cada uno lo que más necesita.

En Caná de Galilea, María ve una necesidad y busca resolver el problema, impulsando a Jesús a su vida pública, aunque Él aún no había planeado comenzar. Jesús, obediente al Padre Celestial, también obedece a Su Madre, incluso ya siendo adulto. Esta obediencia es importante para nosotros, pues institucionaliza a María, Su Madre, como intercesora de todas las gracias.

Oración
Señor Jesús,
que en las Bodas de Caná transformaste el agua en vino,
revelanos el poder de Tu presencia en nuestras vidas.
Así como Tu primer milagro trajo alegría y esperanza,
que podamos experimentar la transformación que solo Tú puedes operar.

Santísima Madre,
modelo de confianza e intercesión,
enséñanos a mirar con atención las necesidades de los demás
y a presentarlas a Tu Hijo con la misma confianza que tuviste.
Ayúdanos a ser instrumentos de paz y alegría
en la vida de quienes nos rodean.

Señor, haz de nosotros siervos atentos a las necesidades de los demás,
dispuestos a seguir Tu voluntad,
a poner en práctica Tus palabras
y a vivir en comunión con nuestros hermanos.

Que en nuestras vidas
la Eucaristía se convierta en el vino nuevo de Tu gracia,
purificándonos y renovándonos cada día,
para que podamos reflejar Tu luz en el mundo.

Amén.

P. Jorge Amaro, IMC

martes, 15 de abril de 2025

Bautismo de Jesus

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En el primer Misterio Luminoso contemplamos el Bautismo de Jesús.


Del Evangelio de Marcos (1:9-11):
"En aquellos días, Jesús vino de Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán. Y al salir inmediatamente del agua, vio que los cielos se abrían y el Espíritu descendía sobre Él como una paloma. Y una voz vino del cielo: 'Tú eres mi Hijo amado; en ti me complazco.'"

Comentario de San Ambrosio:
"Solo uno se sumergió; cuando Él descendió, toda la humanidad descendió con Él... Uno tomó sobre Sí los pecados de todos para que, en Él, los pecados de todos fueran perdonados."

Meditación 1
Sabemos poco sobre la vida de Jesús antes del comienzo de Su ministerio público. No es verosímil que Jesús comenzara de la nada; es probable que se asociara con el movimiento de Juan Bautista, que perdonaba los pecados con un bautismo de agua sin la necesidad de ofrecer sacrificios en el Templo de Jerusalén.

Aunque Jesús era sin pecado, al someterse al bautismo se identificó con la humanidad pecadora. El bautismo de Juan era un símbolo de arrepentimiento y, al ser bautizado, Jesús mostró solidaridad con los pecadores, asumiendo plenamente la condición humana.

¡El Hijo de Dios en la fila de los pecadores! Él, igual a nosotros en todo, excepto en el pecado (Hebreos 4:15), se deja bautizar. En el bautismo, Jesús nos revela Su modo de ser: asumir la condición humana hasta el extremo, descendiendo siempre para revelar al mundo Su verdadera identidad: ser el Hijo muy amado de Dios.

Meditación 2
Después de ser bautizado, Jesús salió del agua, y he aquí que los cielos se abrieron. Luego se da una manifestación explícita de la Trinidad:

  • El Hijo: Jesús es bautizado.
  • El Espíritu Santo: Desciende en forma de paloma, simbolizando la unción de Jesús para Su misión.
  • El Padre: Una voz del cielo declara: "Este es mi Hijo amado, en quien tengo toda mi complacencia" (Mateo 3:17). Esta revelación trinitaria confirma la identidad de Jesús como Hijo de Dios y Mesías prometido.

Al ser bautizado, Jesús expresa plena sumisión a la voluntad de Dios Padre. Él declara públicamente que está listo para cumplir Su misión redentora, aceptando el camino del sufrimiento y de la cruz. Esta obediencia será constante en toda Su vida, culminando en la pasión y muerte.

El bautismo marca el comienzo del ministerio público de Jesús. A partir de este momento, Él comienza a predicar, a realizar milagros y a enseñar sobre el Reino de Dios. Este evento inaugura una nueva fase en Su misión de redención.

Oración
Señor Jesús,
que humildemente te sometiste al bautismo en el río Jordán,
mostrándonos el camino de la obediencia y el amor,
ayúdanos a seguir Tu ejemplo,
identificándonos con los más necesitados,
con los pecadores y con aquellos que más sufren.

Tú, que eres el Hijo amado de Dios,
revélanos en el silencio de nuestro corazón
nuestra propia identidad como hijos e hijas de Dios,
y concédenos la fuerza del Espíritu Santo
para vivir plenamente la misión
que nos confiaste en nuestro bautismo.

Que, como Tú, podamos descender,
sirviendo y amando con humildad,
para que, en nuestra entrega,
también los cielos se abran
y se revelen a aquellos que tocamos con amor.

Padre celestial,
que en el bautismo de Tu Hijo proclamaste Tu agrado,
que también nosotros podamos ser motivo de alegría para Ti
a través de nuestra vida de fe, esperanza y caridad.

Que Tu voluntad sea siempre nuestra guía,
y que Tu Espíritu nos fortalezca
en el camino hacia Tu promesa de vida eterna. Amén.

P. Jorge Amaro, IMC

martes, 1 de abril de 2025

Pérdida y Encuentro

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En el Quinto Misterio Gozoso contemplamos la pérdida y el reencuentro del Niño Jesús en el templo
.

Del Evangelio de San Lucas (2, 41-47):
Sus padres iban todos los años a Jerusalén para la fiesta de la Pascua y, cuando Él cumplió doce años, subieron hasta allí según la costumbre de la fiesta. Cuando los días terminaron, mientras regresaban a casa, el Niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que sus padres lo supieran.

Pensando que estaba en la caravana, recorrieron un día de camino buscándolo entre los parientes y conocidos. Al no encontrarlo, regresaron a Jerusalén para buscarlo. Y sucedió que tres días después lo encontraron en el templo, sentado entre los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que lo escuchaban estaban asombrados de su inteligencia y sus respuestas.
 
Al verlo, quedaron perplejos y su madre le dijo: «Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira que tu padre y yo estábamos angustiados buscándote». Él les respondió: «¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?»

Comentario de Simeón Metafrastes
La Virgen menciona a San José como padre adoptivo, pero Jesús aprovecha la ocasión para referirse a su verdadero Padre, que es Dios. Este pasaje enseña que la mirada de María debe elevarse de las cosas terrenales a las celestiales. Al quedarse en el templo, Jesús muestra que el amor a Dios debe ser más fuerte que el amor natural que sentimos por nuestros padres.

Meditación 1
«¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía ocuparme de los asuntos de mi Padre?» Esta fue la respuesta de Jesús a su Madre después de tres días de búsqueda angustiosa cuando lo encontraron en el templo.

Estas son las primeras palabras del Verbo encarnado registradas en el Evangelio. Con ellas, Jesús resume su persona, vida y misión. Revelan su filiación divina y dan testimonio de su misión sobrenatural. Toda la vida de Cristo será una grandiosa explicación del significado de estas palabras.

San Lucas continúa diciéndonos que María «no comprendió la palabra que Él le dijo». A pesar de no entender su pleno significado, María sabía que Jesús era el Hijo de Dios y se sometió en silencio a la voluntad divina, aceptando el sacrificio que su amor exigía.

«María guardaba todas estas palabras en su corazón», donde, como en un tabernáculo, adoraba el misterio que contenían, esperando la luz de la comprensión.

Meditación 2
¡Cuántos han perdido a Jesús y no viven angustiados como deberían! Muchos creen en la existencia de Dios, pero viven como si Él no existiera. En sus casas no hay ningún objeto o imagen religiosa y el pensamiento de Dios nunca les cruza por la mente, mucho menos el amor a Dios o al prójimo. Viven para sí mismos como si nunca fueran a morir  y corren el riesgo de morir sin haber vivido jamás.

El camino hacia la vida humana auténtica pasa por Jesús, pues Él es el único Camino, la Verdad y la Vida. Solo quien siembra felicidad a su alrededor es verdaderamente feliz. La felicidad individual surge como reflejo de un buen desempeño en la sociedad y de la realización personal. Quien no es útil a los demás no encuentra propósito.

El católico solo de nombre es aquel que "perdió a Jesús en el templo", es decir, dejó de participar en la Eucaristía dominical. Así, el lugar donde lo perdió es el lugar donde lo puede reencontrar. Sin la Eucaristía no hay Iglesia; sin la Iglesia, Cristo desaparece de la faz de la tierra.

Oración
Señor Jesús,
Así como tus padres angustiados te buscaron en el templo,
nosotros también buscamos tu presencia
cuando nos sentimos perdidos en el camino de la vida.
Ayúdanos a recordar que el verdadero encuentro contigo
sucede cuando volvemos nuestro corazón a tu casa,
a tu Palabra y a tu Eucaristía.

Concédenos la gracia de no vivir como si estuvieras distante,
sino de reconocerte en cada momento,
en cada gesto de amor y servicio al prójimo.
Que nuestro amor por ti sea más fuerte que cualquier apego terrenal,
que sepamos escuchar tu voz y seguir tu camino.

Santa Madre María,
que guardaste las palabras de tu Hijo en el silencio de tu corazón,
enséñanos a aceptar la voluntad de Dios,
incluso cuando no comprendemos completamente Sus planes.
Que, como Tú, siempre podamos confiar
y mantener la fe en cada circunstancia de nuestra vida.

Señor, enciende en nosotros el deseo de buscarte siempre,
y que, al encontrarte,
seamos renovados en el amor, la paz y la alegría que solo Tú nos puedes dar.
Que nunca perdamos la certeza de que eres el Camino, la Verdad y la Vida,
y que contigo encontramos la verdadera felicidad.

Amén.

P. Jorge Amaro, IMC

sábado, 15 de marzo de 2025

La Presentación

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En el cuarto Misterio Gozoso, contemplamos la presentación del Niño Jesús en el templo.


Del Evangelio de San Lucas (2, 22-32)
“Cuando se cumplieron los días de la purificación, según la Ley de Moisés, lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley del Señor: ‘Todo primogénito varón será consagrado al Señor’, y para ofrecer un sacrificio, como está prescrito en la Ley del Señor: ‘un par de tórtolas o dos pichones’.

Había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, un hombre justo y piadoso, que esperaba la consolación de Israel. (…) Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no moriría antes de ver al Cristo del Señor. (…) Tomó al Niño en sus brazos, bendijo a Dios y dijo: ‘Ahora, Señor, puedes dejar que Tu siervo se vaya en paz, según Tu palabra, porque mis ojos han visto Tu salvación, que has preparado ante todos los pueblos: luz para iluminar a los gentiles y gloria de Tu pueblo, Israel’.”

Comentario de San Atanasio
“El Verbo, tomando sobre sí lo que era nuestro, lo ofreció como sacrificio y lo destruyó con su muerte. Luego, nos revistió con su condición.”

Meditación 1
Jesús no rompe con las tradiciones de los antiguos, sometiéndose a las leyes de la tierra donde habita y del pueblo en el que se encarnó como hombre. Sin embargo, al obedecer o cumplir esas leyes, las pasa por su conciencia moral, pues la ley fue hecha para el hombre, no el hombre para la ley.

María, siendo junto a Jesús la más pura entre los seres vivos, también se somete a la tradición del ritual de purificación. Al referirnos a esta segunda parte del misterio, es necesario incluir la palabra "ritual", ya que María siempre fue pura, antes, durante y después del parto.

¡El Hijo de Dios se sometió a la Ley y a sus preceptos! En la vida de la Sagrada Familia, el respeto por la Ley nace de la certeza de que Dios es su Fundamento. Por ello, el cumplimiento rutinario de lo establecido, de lo aparentemente inmutable, también se convierte en lugar de revelación de Dios.

Meditación 2
La Presentación de Jesús en el Templo es una oportunidad para contemplar al Dios Santo, que asume el ritmo de los hombres: es el Dios de Amor, que se revela en la historia humana sin imponerse. ¡Cuánta verdad y cuánta revelación de Dios hay en el fiel cumplimiento de los deberes de cada día!

Simeón, al mirar a Jesús, reconoce que el Cristo, por el cual había esperado, ha llegado, conforme a la promesa de Dios. Él levanta los ojos al cielo en agradecimiento, pero también advierte a María que su corazón será atravesado. A pesar de ello, María sigue confiando en Dios, sin saber lo que el futuro le deparará. Que nuestra oración pida confianza en el plan de Dios y paciencia para esperar que se desarrolle.

El día de la Presentación, Dios recibió infinitamente más gloria que en todos los sacrificios y holocaustos ofrecidos en el templo hasta entonces. En este día, es el mismo Hijo de Dios quien se le presenta, ofreciendo al Padre un tributo infinito de adoración, acción de gracias, expiación y súplica.

Esta ofrenda, tan agradable a Dios, es recibida de las manos de la Virgen, llena de gracia. La fe de María es perfecta. Llena de la sabiduría del Espíritu Santo, tiene una comprensión clara del valor de la ofrenda que está haciendo a Dios en ese momento. El Espíritu Santo armoniza su alma con las disposiciones interiores del corazón de su Divino Hijo.

Así como María dio su consentimiento en nombre de toda la humanidad cuando el ángel le anunció el misterio de la Encarnación, también en este día ofrece a Jesús al Padre en nombre de todo el género humano. Ella sabe que su Hijo es “el Rey de la Gloria, la nueva luz que ha brillado antes del amanecer, el Maestro de la vida y de la muerte.”

Oración
Señor, nuestro Dios,
Tú que revelaste Tu salvación a Simeón en el Templo,
danos ojos para reconocer Tu presencia en las simplicidades del día a día
y corazones abiertos para acoger Tu voluntad, como María y José.

Que, como la Sagrada Familia, sepamos vivir en obediencia a Tus leyes,
pero también con la conciencia de que la verdadera Ley nace de Tu Amor.
Ayúdanos a cumplir con alegría y fe los deberes de cada día,
sabiendo que en ellos se manifiesta Tu presencia y Tu voluntad.

Señor, danos la confianza de María,
quien, aun al escuchar sobre la espada que atravesaría su corazón,
siguió confiando en Ti sin dudar.
Que podamos, como ella, ofrecerte lo mejor de nosotros mismos,
sabiendo que eres el fundamento de nuestra esperanza.

En este día de la Presentación,
recordamos que Tu Hijo Jesús
se ofreció al Padre por amor a toda la humanidad.
Que también nosotros, en nuestras vidas,
seamos una ofrenda de amor y adoración,
dando testimonio de Tu gloria y de Tu salvación,
luz para todas las naciones.

Amén.

P. Jorge Amaro, IMC

sábado, 1 de marzo de 2025

El Nascimiento de Jesus

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En el tercer Misterio Gozoso contemplamos el nacimiento de Jesús
.

Del Evangelio de San Juan (3:16; 1:14):
"Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna. (...) Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y contemplamos su gloria; gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad."

Comentario de San Gregorio Nacianceno:
"El Hijo de Dios se hizo hombre por amor a la humanidad. Quien da su riqueza a los demás se empobrece. Él me pide que le entregue mi naturaleza humana para que Él me dé su naturaleza divina."

Meditación 1
El Dios Creador se encarnó en su creación. Para muchas religiones, parece imposible que Dios pueda encarnarse en un ser humano, de la misma manera que parece imposible que el mar pueda caber en un pequeño charco de agua. Si solo pensamos en la trascendencia de Dios, sí, parece imposible, ilógico, improbable. Sin embargo, para Dios no hay imposibles.

Dios no solo es trascendente, también es inmanente, ya está presente aquí y ahora en el corazón de cada cosa y de cada persona. La expresión "Dios me es más íntimo que yo mismo" se aplica a todo; Dios es el corazón tanto de los seres materiales como de los seres espirituales. Por eso, cuando pensamos en su inmanencia, es más fácil comprender que Él haya asumido una forma humana.

Dios "acampó" entre nosotros, levantó su tienda entre nosotros, como lo hizo en su momento cuando acompañó al pueblo liberado de Egipto durante 40 años en el desierto. Esa tienda, donde Moisés se encontraba con Dios en coloquio en nombre del pueblo de Dios, se llamaba "la tienda del encuentro." Jesús de Nazaret, el Emanuel, "Dios con nosotros", es la nueva Tienda del Encuentro, porque en Él Dios y los hombres se encuentran. A través de Jesús, Dios viene al hombre; a través de Jesús, el hombre va a Dios.

Meditación 2
"Dios se hizo Hombre para que el Hombre se hiciera Dios." – San Ireneo
Al salir de Jericó, una gran multitud seguía a Jesús. Mateo 20:29.

Jericó es, al mismo tiempo, la ciudad más antigua del mundo, con 8.000 años de existencia, y la ciudad situada en el punto más bajo de la Tierra, unos 500 metros por debajo del nivel del mar. En la Biblia, Jericó simboliza el pecado. En la parábola del Buen Samaritano, Jerusalén representa la gracia, mientras que Jericó simboliza el pecado.

El hombre que cayó en manos de los ladrones cayó en desgracia porque descendía de Jerusalén, 800 metros sobre el nivel del mar, hacia Jericó. Viajaba de la gracia al pecado; como dice la gente, "quien se olvida de Dios, carece de todo bien." Para salvar al hombre del pecado, Jesús también desciende a Jericó, pero no se queda allí. Sale de Jericó y una gran multitud lo sigue, subiendo con Él desde el pecado de Jericó hasta la gracia de Jerusalén.

El Hijo de Dios nace en suma pobreza: en circunstancias inesperadas, sin lugar ni comodidad. Ante la pobreza de Dios, María responde con su propia pobreza: ofreciendo lo mejor de sí misma, envolviendo y reconfortando la fragilidad del Niño Dios para que no le falte lo más importante: el Amor.

El Nacimiento de Jesús es una oportunidad para contemplar al Dios Santo que se entrega en la debilidad: es el Dios Pobre que siempre despierta lo mejor de nosotros. ¡Cuánta fragilidad e impotencia hay en nuestras vidas y en las de quienes nos rodean! ¡Cuántas oportunidades tenemos, como María, de ofrecer lo que tenemos y centrarnos en el Amor! ¿Cómo enfrento las dificultades y las debilidades de la vida? ¿Veo en ellas una oportunidad para dar lo mejor de mí?

Oración
Señor Dios,
que enviaste a Tu Hijo para nacer entre nosotros en humildad y pobreza,
haz que, a semejanza de María, podamos ofrecer lo mejor de nosotros mismos,
acogiendo Tu amor en cada situación de nuestra vida.

Ayúdanos a reconocer Tu presencia en la fragilidad y las dificultades,
y a ver en cada desafío una oportunidad para crecer en Tu amor.
Que, como María, sepamos centrarnos en lo esencial,
ofreciendo lo que tenemos con generosidad y sencillez.

Señor, así como Jesús nació en un humilde establo,
haz que nuestro corazón sea una morada digna para Tu Hijo,
llena de paz, amor y esperanza.

Que nunca nos olvidemos de la grandeza de Tu plan,
donde incluso en las circunstancias más inesperadas y difíciles,
Te manifiestas en amor y misericordia.
Que podamos, como la gran multitud que siguió a Jesús,
subir de la oscuridad del pecado a la luz de Tu gracia.

Amén.

P. Jorge Amaro, IMC

sábado, 1 de febrero de 2025

Visitation

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En el segundo Misterio Gozoso, contemplamos la visita de la Santísima Virgen María a su prima, Santa Isabel
.

Del Evangelio de San Lucas (1:39-43, 46)
En aquellos días, María se levantó y fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá. Entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Cuando Isabel oyó el saludo de María, el niño saltó en su vientre e Isabel quedó llena del Espíritu Santo. Entonces, exclamando con fuerte voz, dijo: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! (...) ¡Feliz la que ha creído que se cumplirá lo que le fue anunciado de parte del Señor!».

Comentario de San Ambrosio
«Bienaventurada tú que has creído», dijo Isabel. Pero también vosotros sois benditos porque habéis oído y creído: toda alma que cree y hace la voluntad de Dios concibe y da a luz la Palabra de Dios, reconociendo Sus obras.

Meditación 1
Si en la Anunciación María está en oración, en la Visitación, María está en acción; si en la Anunciación María escucha la palabra de Dios, en la Visitación, ella pone en práctica esa misma palabra, como tantas veces su Hijo sugiere; si en la Anunciación María ama a Dios sobre todas las cosas, en la Visitación ama al prójimo como a sí misma.

Si en la Anunciación María tiene una experiencia personal con Dios como discípula, en la Visitación, al entonar su Magníficat y dar testimonio de su experiencia con Dios, actúa como misionera, relatando y testificando todo lo que Dios ha obrado en ella.

En estos dos Misterios Gozosos encontramos el camino de toda la vida cristiana; por eso María es para nosotros modelo de discípula y misionera. En ella se concentran todas las virtudes que el cristiano debe cultivar. María es, por tanto, no solo la Madre de Jesús y nuestra Madre, sino también un ejemplo de seguimiento de Cristo.

Meditación 2

«Feliz tú que has creído», fueron las palabras de Isabel a María. Estas palabras nos recuerdan que la fe es una opción, una apuesta, una decisión que tomamos libremente después de agotar el uso de la razón. La fe es un salto hacia lo desconocido, y, solo después de darlo, sabremos si acertamos o no. María encontró la felicidad en su fe en la Palabra de Dios anunciada por el ángel. También nosotros seremos felices si creemos e infelices si no lo hacemos.

María viajó de Nazaret a Ein Kerem, recorriendo unos 150 km para ayudar a su prima. Sin embargo, Isabel reconoció en ella algo más que a su prima María, pues ya estaba embarazada del Hijo de Dios. Al responder a las palabras de Isabel con su Magníficat, María muestra lo que significa ser misionero. No se trata precisamente de un predicador de doctrinas; la doctrina viene en segundo plano.

Al igual que María en el Magníficat, el misionero debe testificar las grandes obras que Dios ha hecho en su vida. Así como la Historia se divide en antes y después de Cristo, también nuestra vida cambia cuando encontramos a Cristo, como ocurrió con Pablo.

En el Magníficat, María relata las grandes cosas que el Todopoderoso ha hecho en su vida. De igual manera, el proyecto de Jesús no es solo individual, sino también social, llamándonos a hacer de este mundo el Reino de Dios.

El misionero, tal como narra María en su Magníficat, es quien ayuda a derribar a los poderosos de sus tronos y a exaltar a los humildes; es quien enfrenta las injusticias de este mundo, luchando para que el Reino de Dios se establezca aquí, en una sociedad más justa, pacífica y fraterna.

Oración
Señor, nuestro Dios,
así como María se levantó apresuradamente
para servir y llevar Tu presencia a la casa de Isabel,
también nosotros, movidos por Tu Espíritu,
queremos responder con prontitud a Tu llamada.

Haz de nosotros discípulos fieles
que escuchan Tu Palabra con el corazón abierto,
y misioneros generosos
que la ponen en práctica a través del servicio y del amor al prójimo.

Que, como María,
podamos reconocer y testificar
las grandes maravillas que realizas en nuestras vidas
y anunciar con alegría Tu Reino de justicia, paz y fraternidad.

Señor, ayúdanos a derribar las barreras que nos separan de los demás,
a exaltar a los humildes y a combatir las injusticias
que impiden que Tu paz reine en el mundo.
Que nuestra fe sea firme y confiada en Ti, como la de María,
y que sepamos encontrar la verdadera felicidad
en creer en Tus promesas.

Así como María entonó su Magníficat,
te alabamos y bendecimos,
porque eres fiel y misericordioso,
y en Ti depositamos toda nuestra confianza.

Amén.

P. Jorge Amaro, IMC