domingo, 15 de junio de 2025

Institución de la Eucaristia

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En el Quinto Misterio Luminoso, contemplamos la Institución de la Eucaristía.

Del Evangelio de San Mateo (26, 26-28)
"Y mientras comían, Jesús tomó pan, y después de dar gracias, lo partió y se lo dio a sus discípulos, diciendo: ‘Tomad y comed, este es mi cuerpo.’ Tomó luego una copa, y tras dar gracias, se la dio, diciendo: ‘Bebed todos de ella, porque esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos para el perdón de los pecados.’"

Comentario de San León Magno
"Nuestra participación en el Cuerpo y la Sangre de Cristo tiene como objetivo transformarnos en lo que recibimos. Sin embargo, no basta con recibirlo; debemos hacernos dignos, abandonando el pecado y recorriendo el camino de la cruz."

Meditación 1
"Yo recibí del Señor lo que también os he transmitido: El Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan, y después de dar gracias, lo partió y dijo: ‘Este es mi cuerpo, que es para vosotros; haced esto en memoria mía.’" (1 Corintios 11, 23-25)

Pablo escribe a los cristianos de Corinto para advertirles de que las divisiones y desigualdades dentro de la comunidad comprometían el verdadero sentido de la celebración de la Eucaristía y amenazaban la unidad de la Iglesia.

Sin la Eucaristía no hay Iglesia, y sin la Iglesia no hay Eucaristía. La Eucaristía es, ante todo, la reunión de los cristianos, esta comunidad fundada por Jesús y llamada Iglesia. Los cristianos, como miembros del Cuerpo de Cristo, celebran la vida, muerte y resurrección de Jesús, tal como Él nos enseñó.

Si un día dejara de celebrarse la Eucaristía, ese día la Iglesia dejaría de existir. De la misma manera que una asociación cuyos miembros nunca se reúnen desaparecería, así la Iglesia dejaría de existir sin la celebración de la Eucaristía, la memoria viva del nacimiento, vida, pasión, muerte y resurrección de Jesús.

La Eucaristía es el corazón de la Iglesia. En el cuerpo humano, el corazón impulsa la sangre, enviándola a las células y recibiéndola de vuelta. Del mismo modo, la vida del cristiano es un movimiento constante entre la Eucaristía y el mundo. Antiguamente, al final de la misa en latín, el sacerdote decía “Ite missa est”, que significaba “podéis ir, la misa ha terminado”, pero también implicaba: “La misa ha terminado, ahora empieza la misión.”

Meditación 2
"Si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, produce mucho fruto. Quien se apega a su vida, la perderá." (Juan 12, 24-25) Jesús interpretó su propia muerte como la de un grano de trigo, que para dar fruto, necesita morir; tiene que renunciar a sí mismo y comprender que su vida no es para él, sino para los demás, para servir a un valor mayor.

"Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos," dijo Jesús. Así como una madre da la vida por su hijo—al principio, el alimento del bebé proviene del cuerpo de la madre. La palabra "mamá" viene de "mama", el pecho que nutre. Y cuando el niño crece, el primer alimento sólido es la papilla hecha de los cereales cultivados por el padre, a quien el bebé aprende a llamar "papá."

La cadena alimenticia está compuesta por seres vivos que se alimentan unos de otros. La vida solo se alimenta de vida. Viviendo en este planeta, estamos sujetos a las leyes de la naturaleza. De la misma manera que tenemos que matar para mantener el cuerpo vivo, necesitamos morir para encontrar sentido en la vida, como el grano de trigo.

Es decir, para vivir con sentido debemos gastar nuestra vida al servicio de algo más grande que nosotros. Beethoven fue alimento para la música, así como Gandhi lo fue para la no violencia y Nelson Mandela para la lucha contra el racismo. ¿Y nosotros? ¿De qué somos alimento?

La Eucaristía, además de mantener a la Iglesia como comunidad que continúa la misión de Cristo en la tierra, también encierra el sentido de la vida humana. Participamos en la Eucaristía para volvernos más eucarísticos, entregando nuestra vida en servicio y amor al prójimo.

Oración
Señor Jesús,
que en la Última Cena nos dejaste el don de la Eucaristía,
Tu Cuerpo y Tu Sangre entregados por amor,
ayúdanos a vivir esta presencia viva y transformadora en nuestro día a día.

Que al comulgar con Tu Cuerpo,
seamos transformados a Tu imagen,
renunciando al pecado y abrazando el camino de la cruz con humildad y gratitud.
Que así como el grano de trigo, sepamos morir a nosotros mismos
para que nuestra vida dé fruto en amor, servicio y entrega al prójimo.

Enséñanos, Señor,
a ser más eucarísticos,
convirtiéndonos en instrumentos de Tu paz,
testigos de Tu justicia,
y señales vivas de Tu Reino en el mundo.

Que al participar en la Eucaristía,
seamos enviados en misión,
llevando Tu luz y Tu amor a todos los que encontremos,
para que Tu Reino de fraternidad, justicia y paz crezca entre nosotros. Amén.

P. Jorge Amaro, IMC

domingo, 1 de junio de 2025

Transfiguración

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En el cuarto Misterio Luminoso contemplamos la Transfiguración de Jesús.


Del Evangelio de Mateo (17:1-2)
"Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a Juan, su hermano, y los llevó aparte a una montaña alta. Allí se transfiguró delante de ellos: su rostro resplandecía como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz."

Comentario de San Agustín
"Jesús se volvió tan resplandeciente como el sol para indicar que Él es la luz que ilumina a todo hombre; Él es el Mesías que la humanidad esperaba, el único Salvador, el vencedor."

Meditación 1
Sumergidos en una experiencia de luz y significado que anticipa la Resurrección del Señor, los discípulos reciben un nuevo mandato: “¡Escuchadlo!”. Escuchar y obedecer comparten la misma raíz: significa estar atentos, permitiendo que todos los sentidos conozcan internamente y adhieran a la Verdad que es Jesús.

La Transfiguración del Señor refleja el momento del Bautismo de Jesús, donde, al igual que en el Monte Tabor, Dios habla y la esencia divina de Jesús es revelada. Sin embargo, mientras el Bautismo marca el inicio de la misión pública del Maestro, la Transfiguración señala el culmen de su misión con la confirmación del Antiguo Testamento, representado por Moisés y Elías, testigos de que Jesús está cumpliendo las antiguas profecías.

El objetivo de la Transfiguración era preparar a los apóstoles, fortaleciendo su fe al ser testigos de la esencia divina de Jesús en anticipación de su pasión y muerte como ser humano. A pesar de esta visión extraordinaria, no fue suficiente para impedir la debilidad de los discípulos, como lo demuestra la negación de Pedro y la huida de los demás apóstoles.

Meditación 2
La Transfiguración de Jesús en el Monte Tabor nos enseña una profunda verdad espiritual: la gracia de Dios tiene el poder de transfigurarnos, revelando nuestra verdadera belleza y dignidad a Sus ojos, mientras que el pecado nos desfigura, alejándonos de nuestra esencia y oscureciendo la imagen divina en nosotros.

En este episodio vemos cómo la presencia de Dios puede transformarnos, iluminándonos con Su gloria, tal como Cristo fue iluminado ante los apóstoles. Por otro lado, el pecado impide que esa luz brille, distorsionando nuestro ser y alejándonos de la plenitud de vida que Dios nos ofrece. La Transfiguración nos invita así a permitir que la gracia divina nos transforme, liberándonos de las sombras del pecado y conduciéndonos a la verdadera luz de Cristo.

Oración
Señor Jesús,
en Tu Transfiguración nos mostraste Tu gloria divina,
una luz que ilumina nuestros corazones 
y nos llama a la verdadera vida.

Concédenos la gracia de escucharte con atención,
de adherirnos a Tu Verdad con todo nuestro ser,
y de ser transfigurados por Tu presencia en nosotros.

Transfórmanos, Señor, por Tu luz,
para que, libres del pecado que nos desfigura,
podamos reflejar la belleza de Tu imagen 
en todo lo que somos y hacemos.

Cuando las sombras de la debilidad nos envuelvan,
recuérdanos que Tu gracia es más fuerte que nuestro pecado,
y que contigo caminamos hacia la plenitud de la vida.

Fortalécenos, como hiciste con los apóstoles,
para que, aun en las pruebas, mantengamos firme la fe,
sabiendo que Tu gloria nos espera más allá de la cruz. Amén

P. Jorge Amaro,  IMC

jueves, 15 de mayo de 2025

El Reino de Dios en las palabras y milagros de Jesús

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En el tercer misterio luminoso contemplamos el Reino de Dios en las palabras y milagros de Jesús.


Del Evangelio de Lucas (11:20):
"Si Yo expulso los demonios por el poder de Dios, entonces el Reino de Dios ha llegado a vosotros."

Comentario de Cromacio de Aquilea
El Maestro de la vida y Médico celestial, Cristo el Señor, vino con este propósito: instruir a los hombres con Sus enseñanzas y sanar los males del cuerpo y del alma con la medicina divina.

Meditación 1
En el principio existía la Palabra, y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. (…) Por medio de ella fueron hechas todas las cosas; sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres (…) Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros; contemplamos su gloria, gloria como la del unigénito del Padre, llena de gracia y verdad. (Juan 1:1-3, 14)

Jesucristo es la Palabra eterna del Padre, que se encarnó en el tiempo y el espacio humanos. Además de ser la encarnación de la Palabra, Jesús proclamó palabras de vida a lo largo de toda su vida pública, especialmente en el Sermón de la Montaña en el Evangelio de Mateo, que resume su doctrina y es considerado la Carta Magna del cristianismo.

En las palabras de Jesús se revela el corazón del Reino de Dios: un reino de justicia, amor, misericordia y verdad. Él vino a anunciar que este Reino ya está entre nosotros, manifestado en Su persona, en Sus enseñanzas y en Sus acciones. Cada palabra de Jesús, desde las bienaventuranzas hasta las parábolas, traza el camino para vivir en este Reino.

En el Sermón de la Montaña, Jesús dice: "Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos" (Mateo 5:3). Con esto, no se refiere a un reino lejano o meramente futuro, sino a una realidad presente, accesible para todos los que viven de acuerdo con los principios de humildad, compasión y justicia.

Meditación 2
Para el hombre como ser individual, Jesús se presenta como el único modelo de humanidad, aquel por quien debemos medirnos para ser genuinamente humanos: "el camino, la verdad y la vida" (Juan 14:6).

Para el hombre como ser social y para la sociedad en general, Él introduce el Reino de Dios como un proyecto social: una sociedad más justa, fraterna, inclusiva y pacífica, o como se define en el Padre Nuestro: "Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo."

El Reino de Dios ya está entre nosotros desde el momento en que Cristo entró en la historia humana. Sin embargo, aún no está presente en su plenitud. Nos corresponde a nosotros, como Iglesia, continuar la expansión del Reino de Dios hasta que Cristo sea todo en todos. En este sentido, la Iglesia está para el mundo como la levadura está para la masa, transformando este mundo en el Reino de Dios.

Los milagros son los primeros signos del Reino de Dios, un nuevo orden en el que prevalecen la salud, la justicia y la paz. Manifiestan la realidad del Reino, donde no hay dolor, sufrimiento ni muerte. Al curar a los enfermos, resucitar a los muertos y realizar otras maravillas, Jesús revela lo que el Reino de Dios representa para la Humanidad.

Oración
Señor Dios,
Tú que enviaste a Tu Hijo Jesucristo como la Palabra encarnada,
te damos gracias por la revelación de Tu Reino entre nosotros.

Que los milagros que Él realizó nos recuerden Tu infinita misericordia
y Tu deseo de sanar y restaurar a cada uno de nosotros,
tanto en el cuerpo como en el alma.
Que podamos ver en cada acto de amor y compasión
la manifestación del Reino que ya está presente entre nosotros.

Ayúdanos, Señor, a vivir según los principios de Tu Reino,
abrazando la humildad, la justicia y la paz.
Que las bienaventuranzas que Jesús proclamó
sean la luz que guíe nuestros pasos,
y que nuestra vida refleje la gracia y la verdad que sólo Él puede dar.

Inspíranos a ser levadura en la masa,
promoviendo la transformación
en nuestras comunidades y en el mundo,
para que todos puedan conocer Tu amor y Tu voluntad.

Señor, que Tu Iglesia sea un signo visible de Tu Reino,
un espacio donde todos sean acogidos
y donde la justicia y la fraternidad puedan florecer.

Confiamos en Ti, pues sabemos que con Tu ayuda
podemos ser instrumentos de paz y amor.
Que se haga Tu voluntad en la tierra como en el cielo. Amén.

P. Jorge Amaro, IMC

jueves, 1 de mayo de 2025

Las Bodas de Caná

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En el Segundo Misterio Luminoso contemplamos las Bodas de Caná.

Del Evangelio de San Juan (2, 1-5):
Hubo una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. También Jesús y sus discípulos fueron invitados a la boda. Al faltar el vino, la madre de Jesús le dijo: "No tienen vino." Jesús le respondió: "Mujer, ¿qué tiene eso que ver conmigo? Aún no ha llegado mi hora." Su madre dijo a los sirvientes: "Hagan lo que Él les diga."

Comentario de Fausto de Riez, obispo del siglo V:
“En Galilea, por las obras de Cristo, el agua se transforma en vino; la ley desaparece y surge la gracia; la sombra se disipa y aparece la realidad; las cosas materiales se confrontan con las espirituales; la antigua observancia cede lugar al Nuevo Testamento.”

Meditación 1
En las Bodas de Caná, Jesús realiza la primera transubstanciación al cambiar la sustancia del agua en la sustancia del vino, como preludio de la otra transubstanciación en la que cambiará la sustancia del vino en la sustancia de Su Sangre.

El milagro de Caná es una figura y un símbolo de lo que se opera diariamente en nuestros altares. Hay una admirable conexión entre el primer milagro que inicia Su carrera y aquel con el que la termina: la Última Cena.

El vino que en Caná se convierte en el mejor es un símbolo de la Sangre de Cristo en la Eucaristía. En la Última Cena, Jesús toma el vino y lo ofrece como Su Sangre, estableciendo la nueva alianza. El milagro de Caná anticipa este sacrificio y la realidad de la Eucaristía, donde el vino se transforma en la Sangre de Cristo, que nos purifica y redime.

Meditación 2
Aunque Jesús dijo que aún no era Su hora, Su madre no dudó en intervenir sin ser solicitada, en nombre de la pareja que estaba en apuros en su primer día de matrimonio. Ella conoce de antemano nuestras necesidades y está dispuesta a pedirlas de forma sutil pero vigorosa ante Su Hijo: "No tienen vino." A cambio, solo nos pide "Hagan lo que Él les diga."

María se revela en este pasaje como el prototipo de todo creyente: atenta a las necesidades concretas, las presenta a Jesús y anima a quienes la rodean a poner su confianza en Él. Las Bodas de Caná son una oportunidad para contemplar al Dios Santo, que acoge con bondad nuestras oraciones y deseos: es el Dios del “momento oportuno,” que sabe dar a cada uno lo que más necesita.

En Caná de Galilea, María ve una necesidad y busca resolver el problema, impulsando a Jesús a su vida pública, aunque Él aún no había planeado comenzar. Jesús, obediente al Padre Celestial, también obedece a Su Madre, incluso ya siendo adulto. Esta obediencia es importante para nosotros, pues institucionaliza a María, Su Madre, como intercesora de todas las gracias.

Oración
Señor Jesús,
que en las Bodas de Caná transformaste el agua en vino,
revelanos el poder de Tu presencia en nuestras vidas.
Así como Tu primer milagro trajo alegría y esperanza,
que podamos experimentar la transformación que solo Tú puedes operar.

Santísima Madre,
modelo de confianza e intercesión,
enséñanos a mirar con atención las necesidades de los demás
y a presentarlas a Tu Hijo con la misma confianza que tuviste.
Ayúdanos a ser instrumentos de paz y alegría
en la vida de quienes nos rodean.

Señor, haz de nosotros siervos atentos a las necesidades de los demás,
dispuestos a seguir Tu voluntad,
a poner en práctica Tus palabras
y a vivir en comunión con nuestros hermanos.

Que en nuestras vidas
la Eucaristía se convierta en el vino nuevo de Tu gracia,
purificándonos y renovándonos cada día,
para que podamos reflejar Tu luz en el mundo.

Amén.

P. Jorge Amaro, IMC

martes, 15 de abril de 2025

Bautismo de Jesus

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En el primer Misterio Luminoso contemplamos el Bautismo de Jesús.


Del Evangelio de Marcos (1:9-11):
"En aquellos días, Jesús vino de Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán. Y al salir inmediatamente del agua, vio que los cielos se abrían y el Espíritu descendía sobre Él como una paloma. Y una voz vino del cielo: 'Tú eres mi Hijo amado; en ti me complazco.'"

Comentario de San Ambrosio:
"Solo uno se sumergió; cuando Él descendió, toda la humanidad descendió con Él... Uno tomó sobre Sí los pecados de todos para que, en Él, los pecados de todos fueran perdonados."

Meditación 1
Sabemos poco sobre la vida de Jesús antes del comienzo de Su ministerio público. No es verosímil que Jesús comenzara de la nada; es probable que se asociara con el movimiento de Juan Bautista, que perdonaba los pecados con un bautismo de agua sin la necesidad de ofrecer sacrificios en el Templo de Jerusalén.

Aunque Jesús era sin pecado, al someterse al bautismo se identificó con la humanidad pecadora. El bautismo de Juan era un símbolo de arrepentimiento y, al ser bautizado, Jesús mostró solidaridad con los pecadores, asumiendo plenamente la condición humana.

¡El Hijo de Dios en la fila de los pecadores! Él, igual a nosotros en todo, excepto en el pecado (Hebreos 4:15), se deja bautizar. En el bautismo, Jesús nos revela Su modo de ser: asumir la condición humana hasta el extremo, descendiendo siempre para revelar al mundo Su verdadera identidad: ser el Hijo muy amado de Dios.

Meditación 2
Después de ser bautizado, Jesús salió del agua, y he aquí que los cielos se abrieron. Luego se da una manifestación explícita de la Trinidad:

  • El Hijo: Jesús es bautizado.
  • El Espíritu Santo: Desciende en forma de paloma, simbolizando la unción de Jesús para Su misión.
  • El Padre: Una voz del cielo declara: "Este es mi Hijo amado, en quien tengo toda mi complacencia" (Mateo 3:17). Esta revelación trinitaria confirma la identidad de Jesús como Hijo de Dios y Mesías prometido.

Al ser bautizado, Jesús expresa plena sumisión a la voluntad de Dios Padre. Él declara públicamente que está listo para cumplir Su misión redentora, aceptando el camino del sufrimiento y de la cruz. Esta obediencia será constante en toda Su vida, culminando en la pasión y muerte.

El bautismo marca el comienzo del ministerio público de Jesús. A partir de este momento, Él comienza a predicar, a realizar milagros y a enseñar sobre el Reino de Dios. Este evento inaugura una nueva fase en Su misión de redención.

Oración
Señor Jesús,
que humildemente te sometiste al bautismo en el río Jordán,
mostrándonos el camino de la obediencia y el amor,
ayúdanos a seguir Tu ejemplo,
identificándonos con los más necesitados,
con los pecadores y con aquellos que más sufren.

Tú, que eres el Hijo amado de Dios,
revélanos en el silencio de nuestro corazón
nuestra propia identidad como hijos e hijas de Dios,
y concédenos la fuerza del Espíritu Santo
para vivir plenamente la misión
que nos confiaste en nuestro bautismo.

Que, como Tú, podamos descender,
sirviendo y amando con humildad,
para que, en nuestra entrega,
también los cielos se abran
y se revelen a aquellos que tocamos con amor.

Padre celestial,
que en el bautismo de Tu Hijo proclamaste Tu agrado,
que también nosotros podamos ser motivo de alegría para Ti
a través de nuestra vida de fe, esperanza y caridad.

Que Tu voluntad sea siempre nuestra guía,
y que Tu Espíritu nos fortalezca
en el camino hacia Tu promesa de vida eterna. Amén.

P. Jorge Amaro, IMC

martes, 1 de abril de 2025

Pérdida y Encuentro

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En el Quinto Misterio Gozoso contemplamos la pérdida y el reencuentro del Niño Jesús en el templo
.

Del Evangelio de San Lucas (2, 41-47):
Sus padres iban todos los años a Jerusalén para la fiesta de la Pascua y, cuando Él cumplió doce años, subieron hasta allí según la costumbre de la fiesta. Cuando los días terminaron, mientras regresaban a casa, el Niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que sus padres lo supieran.

Pensando que estaba en la caravana, recorrieron un día de camino buscándolo entre los parientes y conocidos. Al no encontrarlo, regresaron a Jerusalén para buscarlo. Y sucedió que tres días después lo encontraron en el templo, sentado entre los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que lo escuchaban estaban asombrados de su inteligencia y sus respuestas.
 
Al verlo, quedaron perplejos y su madre le dijo: «Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira que tu padre y yo estábamos angustiados buscándote». Él les respondió: «¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?»

Comentario de Simeón Metafrastes
La Virgen menciona a San José como padre adoptivo, pero Jesús aprovecha la ocasión para referirse a su verdadero Padre, que es Dios. Este pasaje enseña que la mirada de María debe elevarse de las cosas terrenales a las celestiales. Al quedarse en el templo, Jesús muestra que el amor a Dios debe ser más fuerte que el amor natural que sentimos por nuestros padres.

Meditación 1
«¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía ocuparme de los asuntos de mi Padre?» Esta fue la respuesta de Jesús a su Madre después de tres días de búsqueda angustiosa cuando lo encontraron en el templo.

Estas son las primeras palabras del Verbo encarnado registradas en el Evangelio. Con ellas, Jesús resume su persona, vida y misión. Revelan su filiación divina y dan testimonio de su misión sobrenatural. Toda la vida de Cristo será una grandiosa explicación del significado de estas palabras.

San Lucas continúa diciéndonos que María «no comprendió la palabra que Él le dijo». A pesar de no entender su pleno significado, María sabía que Jesús era el Hijo de Dios y se sometió en silencio a la voluntad divina, aceptando el sacrificio que su amor exigía.

«María guardaba todas estas palabras en su corazón», donde, como en un tabernáculo, adoraba el misterio que contenían, esperando la luz de la comprensión.

Meditación 2
¡Cuántos han perdido a Jesús y no viven angustiados como deberían! Muchos creen en la existencia de Dios, pero viven como si Él no existiera. En sus casas no hay ningún objeto o imagen religiosa y el pensamiento de Dios nunca les cruza por la mente, mucho menos el amor a Dios o al prójimo. Viven para sí mismos como si nunca fueran a morir  y corren el riesgo de morir sin haber vivido jamás.

El camino hacia la vida humana auténtica pasa por Jesús, pues Él es el único Camino, la Verdad y la Vida. Solo quien siembra felicidad a su alrededor es verdaderamente feliz. La felicidad individual surge como reflejo de un buen desempeño en la sociedad y de la realización personal. Quien no es útil a los demás no encuentra propósito.

El católico solo de nombre es aquel que "perdió a Jesús en el templo", es decir, dejó de participar en la Eucaristía dominical. Así, el lugar donde lo perdió es el lugar donde lo puede reencontrar. Sin la Eucaristía no hay Iglesia; sin la Iglesia, Cristo desaparece de la faz de la tierra.

Oración
Señor Jesús,
Así como tus padres angustiados te buscaron en el templo,
nosotros también buscamos tu presencia
cuando nos sentimos perdidos en el camino de la vida.
Ayúdanos a recordar que el verdadero encuentro contigo
sucede cuando volvemos nuestro corazón a tu casa,
a tu Palabra y a tu Eucaristía.

Concédenos la gracia de no vivir como si estuvieras distante,
sino de reconocerte en cada momento,
en cada gesto de amor y servicio al prójimo.
Que nuestro amor por ti sea más fuerte que cualquier apego terrenal,
que sepamos escuchar tu voz y seguir tu camino.

Santa Madre María,
que guardaste las palabras de tu Hijo en el silencio de tu corazón,
enséñanos a aceptar la voluntad de Dios,
incluso cuando no comprendemos completamente Sus planes.
Que, como Tú, siempre podamos confiar
y mantener la fe en cada circunstancia de nuestra vida.

Señor, enciende en nosotros el deseo de buscarte siempre,
y que, al encontrarte,
seamos renovados en el amor, la paz y la alegría que solo Tú nos puedes dar.
Que nunca perdamos la certeza de que eres el Camino, la Verdad y la Vida,
y que contigo encontramos la verdadera felicidad.

Amén.

P. Jorge Amaro, IMC

sábado, 15 de marzo de 2025

La Presentación

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En el cuarto Misterio Gozoso, contemplamos la presentación del Niño Jesús en el templo.


Del Evangelio de San Lucas (2, 22-32)
“Cuando se cumplieron los días de la purificación, según la Ley de Moisés, lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley del Señor: ‘Todo primogénito varón será consagrado al Señor’, y para ofrecer un sacrificio, como está prescrito en la Ley del Señor: ‘un par de tórtolas o dos pichones’.

Había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, un hombre justo y piadoso, que esperaba la consolación de Israel. (…) Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no moriría antes de ver al Cristo del Señor. (…) Tomó al Niño en sus brazos, bendijo a Dios y dijo: ‘Ahora, Señor, puedes dejar que Tu siervo se vaya en paz, según Tu palabra, porque mis ojos han visto Tu salvación, que has preparado ante todos los pueblos: luz para iluminar a los gentiles y gloria de Tu pueblo, Israel’.”

Comentario de San Atanasio
“El Verbo, tomando sobre sí lo que era nuestro, lo ofreció como sacrificio y lo destruyó con su muerte. Luego, nos revistió con su condición.”

Meditación 1
Jesús no rompe con las tradiciones de los antiguos, sometiéndose a las leyes de la tierra donde habita y del pueblo en el que se encarnó como hombre. Sin embargo, al obedecer o cumplir esas leyes, las pasa por su conciencia moral, pues la ley fue hecha para el hombre, no el hombre para la ley.

María, siendo junto a Jesús la más pura entre los seres vivos, también se somete a la tradición del ritual de purificación. Al referirnos a esta segunda parte del misterio, es necesario incluir la palabra "ritual", ya que María siempre fue pura, antes, durante y después del parto.

¡El Hijo de Dios se sometió a la Ley y a sus preceptos! En la vida de la Sagrada Familia, el respeto por la Ley nace de la certeza de que Dios es su Fundamento. Por ello, el cumplimiento rutinario de lo establecido, de lo aparentemente inmutable, también se convierte en lugar de revelación de Dios.

Meditación 2
La Presentación de Jesús en el Templo es una oportunidad para contemplar al Dios Santo, que asume el ritmo de los hombres: es el Dios de Amor, que se revela en la historia humana sin imponerse. ¡Cuánta verdad y cuánta revelación de Dios hay en el fiel cumplimiento de los deberes de cada día!

Simeón, al mirar a Jesús, reconoce que el Cristo, por el cual había esperado, ha llegado, conforme a la promesa de Dios. Él levanta los ojos al cielo en agradecimiento, pero también advierte a María que su corazón será atravesado. A pesar de ello, María sigue confiando en Dios, sin saber lo que el futuro le deparará. Que nuestra oración pida confianza en el plan de Dios y paciencia para esperar que se desarrolle.

El día de la Presentación, Dios recibió infinitamente más gloria que en todos los sacrificios y holocaustos ofrecidos en el templo hasta entonces. En este día, es el mismo Hijo de Dios quien se le presenta, ofreciendo al Padre un tributo infinito de adoración, acción de gracias, expiación y súplica.

Esta ofrenda, tan agradable a Dios, es recibida de las manos de la Virgen, llena de gracia. La fe de María es perfecta. Llena de la sabiduría del Espíritu Santo, tiene una comprensión clara del valor de la ofrenda que está haciendo a Dios en ese momento. El Espíritu Santo armoniza su alma con las disposiciones interiores del corazón de su Divino Hijo.

Así como María dio su consentimiento en nombre de toda la humanidad cuando el ángel le anunció el misterio de la Encarnación, también en este día ofrece a Jesús al Padre en nombre de todo el género humano. Ella sabe que su Hijo es “el Rey de la Gloria, la nueva luz que ha brillado antes del amanecer, el Maestro de la vida y de la muerte.”

Oración
Señor, nuestro Dios,
Tú que revelaste Tu salvación a Simeón en el Templo,
danos ojos para reconocer Tu presencia en las simplicidades del día a día
y corazones abiertos para acoger Tu voluntad, como María y José.

Que, como la Sagrada Familia, sepamos vivir en obediencia a Tus leyes,
pero también con la conciencia de que la verdadera Ley nace de Tu Amor.
Ayúdanos a cumplir con alegría y fe los deberes de cada día,
sabiendo que en ellos se manifiesta Tu presencia y Tu voluntad.

Señor, danos la confianza de María,
quien, aun al escuchar sobre la espada que atravesaría su corazón,
siguió confiando en Ti sin dudar.
Que podamos, como ella, ofrecerte lo mejor de nosotros mismos,
sabiendo que eres el fundamento de nuestra esperanza.

En este día de la Presentación,
recordamos que Tu Hijo Jesús
se ofreció al Padre por amor a toda la humanidad.
Que también nosotros, en nuestras vidas,
seamos una ofrenda de amor y adoración,
dando testimonio de Tu gloria y de Tu salvación,
luz para todas las naciones.

Amén.

P. Jorge Amaro, IMC