viernes, 15 de junio de 2018

CNV - Pedir sin exigir

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«Pedid y se os dará; buscad y encontraréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abrirá.» (Mateo 7, 7-8)

«Dad y se os dará: una medida buena, apretada, remecida y rebosante pondrán en vuestro regazo; porque con la medida con que midáis, se os medirá a vosotros.» (Lucas 6, 38)

Después de aprender a hacer observaciones, expresar sentimientos y reconocer necesidades sin analizar, juzgar, criticar o acusar a quienes se relacionan con nosotros, estamos preparados para hacer peticiones, pues hemos creado la situación ideal para que estas sean atendidas. Cuando somos auténticos, nos abrimos y compartimos con total honestidad lo que observamos, sentimos y necesitamos, despertamos compasión y empatía en los demás, aumentando así la probabilidad de que las necesidades de todos sean satisfechas y la vida de todos resulte más agradable.

Con el fin de satisfacer nuestras necesidades, formulamos peticiones para evaluar la probabilidad de obtener cooperación en las estrategias concretas que tenemos en mente. Nuestro objetivo es identificar y expresar una acción específica que creemos que servirá a este propósito y, después, verificar con los demás implicados su disponibilidad para colaborar en la satisfacción de dichas necesidades.

La CNV ofrece orientaciones sobre cómo realizar este proceso, de modo que se maximice la conexión en la relación y se aumenten las posibilidades de que las necesidades de todos los participantes en la interacción sean tenidas en cuenta y atendidas.

¿Qué es una petición en CNV?
«Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto, porque separados de mí no podéis hacer nada.» (Juan 15, 5)

El texto de San Juan nos recuerda, al mismo tiempo, nuestra indigencia y nuestra pertenencia a una comunidad. Como seres sociales, nuestra felicidad y nuestro bienestar dependen también de los demás. De hecho, una parte esencial de nuestras relaciones son las peticiones que, de manera implícita o explícita, les dirigimos. Rosenberg sostiene que el 80% de nuestra comunicación contiene peticiones, ya sea de empatía o de acción.

En el marco de la Comunicación No Violenta, una petición es una oportunidad de contribuir a nuestro bienestar y/o al de los otros; consiste en solicitar una acción concreta destinada a satisfacer una necesidad real, propia o ajena. Para ello es imprescindible ser conscientes de nuestras necesidades y saber expresarlas adecuadamente.

Cuando hacemos peticiones estamos preparados para escuchar un “No”. Como el objetivo último de la CNV es que todos ganen, el “No” tiene el valor de un “Sí”. Sabemos que un “sí” forzado sería un regalo envenenado que acabaría generando pérdidas para ambos interlocutores. Curiosamente, en la lengua nacional de Etiopía, el amárico, existen dos palabras para decir sí —“Au” y “Eshi”— pero ninguna para decir no, ya que considerarlo poco cortés.

Pretender que el otro contribuya a la satisfacción de nuestras necesidades ignorando o incluso sacrificando las suyas equivale a reducirlo a un esclavo de nuestra voluntad. Esto no es bueno para él y, en consecuencia, tampoco puede ser bueno para nosotros. Un pedido que desconoce las necesidades del otro ya no es un pedido, sino una orden, una exigencia.

Un “No” puede ser la respuesta a una petición nuestra, pero lo que realmente expresa es que, en ese momento, las necesidades de nuestro interlocutor entran en conflicto con las nuestras. Esto es comprensible y fácil de aceptar, porque en CNV las necesidades de los demás son tan importantes como las propias. Por eso, desde la perspectiva de la CNV, nunca oímos un “No”: lo que escuchamos son los sentimientos y necesidades que, en ese momento, impiden al otro decir “Sí”.

El espíritu de las peticiones radica en nuestra capacidad de escuchar y acoger un “No”, para seguir trabajando con nosotros mismos o con el otro en busca de formas que permitan satisfacer las necesidades de todos. Para saber si estamos haciendo una petición o una exigencia basta con observar cómo reaccionamos cuando la respuesta es negativa.

Las órdenes obligan al otro a una obediencia ciega y su incumplimiento acarrea consecuencias punitivas; las peticiones, en cambio, otorgan libertad de elección, incluso cuando la respuesta es un “No”. Y ese “No” significa un “Sí” a las necesidades de la otra persona, que en ese momento le impiden decir “Sí” a nuestra demanda. Por eso, una petición rechazada, en la mayoría de los casos, conduce simplemente a más diálogo.

Si confiamos en que a través del diálogo podemos hallar estrategias para atender las necesidades de ambos, un “No” no es un obstáculo, sino una señal que nos alerta de que un “Sí” a nuestra petición tendría un coste demasiado elevado para las necesidades del otro.

Una orden rechazada genera castigos; una petición rechazada genera más diálogo. Reconocemos que el “No” es, en el fondo, una expresión de una necesidad que impide a la otra persona decir “Sí”.
Si acogemos de buena fe el “No” del otro, podemos seguir buscando conexión y entendimiento, de modo que aparezcan nuevas estrategias que permitan atender a ambas partes. Como decía mi padre: “No quieras de tu amigo más de lo que él quiere contigo”.

Por tanto, en CNV, lo que en apariencia se presenta como un “No” absoluto a la satisfacción de mis necesidades, en realidad es un “Sí” del otro a las suyas. Y como amo al otro como a mí mismo, sus necesidades son también las mías; desde esta perspectiva, lo que escucho no es un “No”, sino un “Sí”.

Y mis necesidades, aquellas que motivaron mi petición, ¿cómo las gestionamos, él y yo? Pues en la respuesta en la que me explica por qué no puede satisfacerlas en este momento, al priorizar las suyas, me pregunta si estoy de acuerdo en posponer las mías para un momento próximo y concreto.

Pedir sin exigir: la importancia de la madurez y la claridad

Si somos psicológicamente maduros y amamos al otro como a nosotros mismos, aceptamos de buen grado ese aplazamiento; si no lo somos, reaccionamos como un niño que exige la satisfacción inmediata de sus necesidades. La capacidad psíquica de posponer la gratificación o el placer de ver satisfechas nuestras necesidades es una prueba de madurez psicológica, como lo demuestra el conocido “Test de la golosina”.

A varios niños de entre 4 y 5 años se les ofreció individualmente la posibilidad de comer una golosina en el momento o recibir dos si lograban esperar 15 minutos sin comerse la primera. El seguimiento posterior demostró que aquellos que consiguieron retrasar la gratificación fueron más exitosos en la vida que aquellos que no pudieron resistir la tentación.

Pese a que, en una interpretación rígida y a veces violenta del cristianismo, se ha insistido machaconamente en la idea de que el otro viene siempre antes que yo, que sus necesidades son más importantes que las mías y que debo olvidarme de mí mismo para ponerme al servicio del prójimo, la CNV propone lo contrario: que debo atender primero mis propias necesidades. En realidad, esto es exactamente lo que sugiere el mandamiento de “amarás al prójimo como a ti mismo”. Si el “altruismo violento cristiano” fuese la verdad, el mandamiento debería estar formulado al revés.

Esto me ayuda a entender algo que siempre me había generado confusión cuando viajaba en avión y escuchaba las instrucciones de seguridad: en caso de una repentina despresurización de la cabina, debía ponerme primero mi propia mascarilla de oxígeno y solo después ayudar a los niños o a otras personas. Según el “altruismo violento” de raíz cristiana, debería primero asistir a los demás y solo después ocuparme de mí.

Sin embargo, si actuara de esa forma, correría el riesgo de perder la conciencia antes de ponerme mi mascarilla, con lo cual perecería yo por no haberme protegido a tiempo y perecerían los demás por no haber recibido mi ayuda. El resultado sería catastrófico.

La caridad comienza en casa. Como en el ejemplo del avión, podemos mencionar muchos otros. En la cultura etíope, por ejemplo, quienes sostienen económicamente a la familia comen antes que los niños. Esto puede parecer extraño en nuestra cultura occidental, pero es un hecho: si una madre que amamanta no se alimenta primero, el bebé no recibirá el alimento necesario. En CNV, si uno pierde, todos pierden; si uno gana, todos ganan. O ganamos todos, o no gana nadie.

Si alguien accede a nuestra petición movido por miedo, culpa, vergüenza, obligación o deseo de recompensa, se compromete la calidad de la relación y la confianza mutua. Nuestros pedidos deben formularse de manera que dejen al otro libre y con capacidad de elección; quizás no obtengamos una aprobación inmediata de nuestros deseos, pero aumentamos la probabilidad de que nuestras necesidades sean satisfechas a largo plazo, porque transmitimos el mensaje de que no solo cuentan nuestras necesidades, sino también las de los demás.

Dos tipos de pedidos: de conexión y de acción
Existen, por tanto, dos tipos de peticiones: peticiones de conexión y peticiones de acción. Las primeras deben preceder a las segundas, porque solo después de establecer la conexión —es decir, el entendimiento mutuo de sentimientos y necesidades— se pueden buscar soluciones concretas que atiendan a ambas partes.

Pasar directamente a la solución de problemas sin asegurarnos de que los interlocutores están en la misma sintonía es una receta para el fracaso. La consigna es clara: primero la conexión, después las soluciones.

Peticiones para una mayor conexión, empatía y entendimiento mutuo
Es el grado de conexión que tenemos con una persona lo que determina la calidad de su respuesta a nuestra petición. Por eso, nuestras primeras peticiones deben orientarse a fortalecer la conexión, buscando comprensión mutua. Entre ellas podemos destacar:

Peticiones de entendimiento: sirven para asegurarnos de que lo que hemos expresado ha sido realmente comprendido. Ejemplo: “¿Podrías repetir lo que me has oído decir?”. Así verificamos si el mensaje fue recibido como lo enviamos. Nunca debemos dar por sentado que nos hemos expresado con total claridad ni que el otro interpreta nuestras palabras de la misma manera que nosotros. Si la persona no entendió lo que dijimos, podemos responder: “Te agradezco que me hayas dicho lo que escuchaste; me doy cuenta de que no me expresé con la claridad que quería. Voy a intentarlo de nuevo”.

Peticiones de empatía: buscan conectar a nivel de sentimientos, no solo de pensamientos. Ejemplo: “¿Cómo te sientes respecto a lo que te he dicho?”. Los sentimientos revelan más sobre una persona que sus pensamientos, y esta conexión emocional es fundamental antes de pasar a un pedido de acción.

Peticiones de pausa: a veces necesitamos tiempo para pensar y evitar reacciones impulsivas. Ejemplo: “Estoy confuso, me gustaría tomarme un tiempo para reflexionar antes de responder”. La CNV no funciona de forma automática como la comunicación violenta; reaccionar desde nuestro cerebro reptiliano es rápido, pero conectar con el neocórtex requiere más calma y tiempo.

Peticiones de acción, soluciones o estrategias para satisfacer necesidades
Los pedidos de acción deben reunir ciertas características:

Deben formularse en presente y para el presente, no para un futuro incierto. Ejemplo: mejor “¿Puedes comprometerte ahora a lavar el coche mañana por la tarde?” que “¿Podrías lavar el coche mañana?”. Vale más un pájaro en mano que cien volando.

Deben ser concretos y específicos, no vagos o genéricos. Ejemplo: “Me gustaría que llamases a la puerta antes de entrar en mi despacho” es mucho más claro que “Quiero que respetes mi intimidad”, que es demasiado amplio y poco realista.

Deben formularse en positivo, no en negativo. Pedimos lo que queremos, no lo que no queremos. Si decimos lo que no deseamos, esperamos que el otro adivine lo contrario, y eso puede generar malentendidos. Rosenberg cuenta un ejemplo: una mujer quería que su marido pasara más tiempo en casa con ella y le pidió que no pasara tanto tiempo en el trabajo. Él entendió que debía buscar otra actividad y decidió apuntarse al golf. Lo adecuado habría sido pedir directamente lo que ella deseaba: “Quiero que pases más tiempo en casa conmigo”.

Deben ser viables y realistas, no abstractos. Muchas veces pedimos actitudes en lugar de acciones concretas. Ejemplo: “Quiero que me aceptes como soy” es un deseo vago y abstracto; en cambio, “¿Podrías darme un ejemplo de algo que hice y que te gustó?” es un pedido concreto que puede cumplirse en el momento.

Formular peticiones, no dar órdenes
“I’ll make you an offer you cannot refuse” — (Voy a hacerte una oferta que no podrás rechazar)
— La Mafia

El objetivo de la CNV es crear una calidad de empatía y entendimiento mutuo que nos permita ofrecernos unos a otros con compasión y gratuidad. Quien piense que el objetivo es cambiar el comportamiento del otro, o conseguir que las cosas se hagan a nuestra manera, está fuera del espíritu y de la filosofía de la CNV.

De hecho, en el momento en que el otro percibe nuestra determinación u obstinación en obtener lo que queremos, entiende nuestra petición no como una solicitud, sino como una orden más o menos disfrazada.

Cuando quien pide no acompaña su solicitud de la expresión de sus sentimientos y necesidades, esta es recibida más fácilmente como una orden que como una petición. Las órdenes suelen incluir amenazas de castigos o promesas de recompensas, y se apoyan en el miedo, la culpa, la vergüenza o la manipulación para obtener sumisión o conformidad.

Las solicitudes se perciben como órdenes cuando quienes las escuchan creen que serán juzgados, reprendidos o castigados si no cumplen. Los pedidos generan cooperación, mientras que las órdenes provocan resistencia. Ante una orden, solo hay dos opciones: sumisión o rebelión; ambas conllevan un coste muy alto y daños en las relaciones interpersonales.

La percepción de un pedido como coercitivo reduce de inmediato la posibilidad de una respuesta compasiva; cuanto más escuchan las personas órdenes, menos desean relacionarse con nosotros.

No siempre resulta fácil diferenciar una petición de una orden. Una buena prueba es observar la reacción de la otra persona ante un “no”. Si la respuesta al “no” es un argumento, un reproche o una crítica, entonces lo que se emitió no fue un pedido, sino una orden. Veámoslo en este ejemplo:

“Me siento solo, ¿quieres pasar la noche conmigo?”
“Hoy no, estoy muy cansado.”
“Si realmente me amaras, y sabiendo que me siento solo, pasarías la noche conmigo.”

El buen uso del cuarto componente de la CNV demuestra que hemos asimilado los anteriores y que estamos capacitados para contribuir tanto a nuestro propio bienestar como al de los demás, enriqueciendo así la vida en general. Dejar de dar órdenes para formular peticiones significa que estamos más centrados en la calidad del vínculo que queremos construir con los otros que en la mera satisfacción de nuestras necesidades.

CNV en acción
Observación – Dijiste que solo tendrás el informe listo la próxima semana.
Sentimiento – Me siento frustrado y preocupado.
Necesidad/Valor – Para mí es importante cumplir plazos para mejorar la eficiencia de la empresa.
Petición – ¿Podrías decirme cuál es el problema y qué se puede hacer para que esté listo mañana a las 16:00?

Observación – Cuando me devolviste el coche, el depósito de combustible estaba vacío.
Sentimiento – Me sentí molesto.
Necesidad/Valor – Necesito el coche para llegar mañana al trabajo.
Petición – ¿Podrías repostar esta noche?

Observación – Dijiste que te apetecía ir a la discoteca hoy.
Sentimiento – Yo, en cambio, me siento cansado y estresado.
Necesidad/Valor – Necesito descansar y relajarme.
Petición de conexión – ¿Cómo te sientes con respecto a lo que acabo de decirte?

Además de generar mayor empatía y entendimiento entre todos, paradójicamente, la CNV es también el único camino por el cual las necesidades de todas las partes se satisfacen de forma voluntaria, compasiva y gratuita, sin costes añadidos para nadie.

Conclusión - Como seres sociales que somos, nuestra felicidad y nuestro bienestar incluyen necesariamente a los demás. De hecho, parte esencial de nuestras relaciones son las peticiones que, de manera implícita o explícita, formulamos a quienes nos rodean. Rosenberg afirma que el 80% de nuestra comunicación contiene peticiones, ya sea de empatía o de acción.

P. Jorge Amaro, IMC




viernes, 1 de junio de 2018

CNV - Necesitar sin planificar

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“Todos los creyentes vivían unidos y tenían todo en común. Vendían tierras y otros bienes y repartían el dinero entre todos, según las necesidades de cada uno. Como si tuvieran un solo corazón, acudían diariamente al templo, partían el pan en sus casas y compartían la comida con alegría y sencillez de corazón.”  Hechos de los Apóstoles 2, 44-46

Sentimientos versus necesidades
Las necesidades son la principal motivación del comportamiento, tanto humano como animal. Si los sentimientos son el humo, las necesidades son el fuego: donde hay humo hay fuego, y viceversa.

Los sentimientos actúan como un termómetro que mide la temperatura del cuerpo y revela si hay o no fiebre. Si noto que la temperatura de mi cuerpo ha subido, es señal de que algo no funciona bien: tal vez una infección que necesita tratamiento.

Del mismo modo, tanto el dolor como el placer son síntomas o reacciones del cuerpo, cuya causa se encuentra dentro de él. Ejemplo: siento hambre, necesito alimento; siento frío, necesito abrigo. Igualmente, la tristeza, el miedo o la valentía son reacciones del espíritu, cuya raíz se encuentra en lo más profundo del alma. Ejemplo: me siento solo, necesito compañía; me siento nervioso, necesito relajarme.

En la mayoría de los casos, los sentimientos surgen de necesidades (valores) percibidas como satisfechas o insatisfechas. Estos son generalmente “desencadenados” por la percepción interna y externa de los acontecimientos. Sin embargo, la rabia, la culpa y la vergüenza constituyen excepciones, pues suelen estar causadas por interpretaciones o juicios internos sobre lo que ocurre fuera. Por ejemplo, la rabia brota cuando creo que alguien o algo está equivocado.

Asumir la responsabilidad de nuestros sentimientos
Una vez identificados los sentimientos —y diferenciados de los pensamientos—, el paso siguiente consiste en asumir la responsabilidad de los mismos. Podemos hacerlo a priori, cuando nos convencemos de que los demás no pueden hacernos sentir de una u otra manera: pueden provocar un sentimiento, pero no fabricarlo. Los sentimientos son nuestros, plenamente nuestros, y no nos queda otra alternativa que reconocer su paternidad. Lo que los demás hacen puede estimular nuestras emociones, pero no son ellos su verdadera causa.

Ahora bien, reconocer nuestros sentimientos a priori no siempre basta; solo nos convencemos de verdad cuando los asumimos a posteriori, es decir, cuando descubrimos la necesidad personal que los origina. Solo así evitamos la tentación de culpar a los demás por lo que sentimos.

Por desgracia, solemos seguir el camino contrario: en lugar de hacer un ejercicio de introspección para descubrir qué necesidad no satisfecha está generando el sentimiento (buscar el fuego a partir del humo), nos volcamos hacia fuera y culpamos a otros, buscando un chivo expiatorio.

Negar nuestra responsabilidad usando pronombres impersonales
A veces recurrimos a frases que descargan la responsabilidad sin señalar a nadie en concreto. Ejemplo: “Me enfado cuando veo que nuestros catálogos contienen errores ortográficos.”
Cuando tomamos conciencia de que la verdadera causa del sentimiento es una necesidad insatisfecha, podemos reformular así: “Me enfado cuando veo que nuestros catálogos contienen errores ortográficos, porque necesito que nuestra empresa proyecte una imagen de profesionalidad.”

Negar nuestra responsabilidad mencionando solo las acciones de otros
Otra manera de evadirnos es atribuir directamente nuestros sentimientos a las acciones ajenas, con la esperanza de que los demás se sientan culpables y hagan lo que queremos. Esto es chantaje afectivo, y puede llevar al otro a actuar movido por la culpa. Ejemplo: “Mamá se siente decepcionada contigo porque no te acabas la comida del plato.”

Si asumimos la responsabilidad, en cambio, liberamos al otro de toda culpa y expresamos la necesidad que hay detrás: “Mamá se siente decepcionada contigo porque no te acabas la comida del plato, ya que quiero que crezcas fuerte y sano.”

Negar nuestra responsabilidad culpando a los demás
Cuando estamos desconectados de nuestras necesidades, tendemos a responsabilizar a otros de lo que sentimos: “Me siento irritado porque tú no acudiste a la cita que habíamos acordado.”

Por el contrario, cuando nos conectamos con nuestras necesidades descubrimos que la verdadera causa de nuestros sentimientos no es la acción del otro, sino la insatisfacción de lo que necesitamos: “Me sentí irritado cuando no acudiste a la cita porque yo necesitaba desahogarme contigo.”

De este modo expresamos nuestros sentimientos asumiendo plena responsabilidad por ellos. Esto ayuda a los demás a comprender qué es importante para nosotros y, al no sentirse culpabilizados ni criticados, se incrementa la posibilidad de que nuestras necesidades y las suyas puedan ser satisfechas.

Cuatro opciones ante la recepción de un mensaje negativo
Experimentamos sentimientos positivos cuando nuestras necesidades son satisfechas, y sentimientos negativos cuando estas no lo son.

“Nunca quieres pasar tiempo conmigo… ¿por qué eres tan egoísta?”
Cuando alguien, verbal o no verbalmente, expresa un mensaje negativo, tenemos cuatro opciones sobre cómo recibirlo:

1. Culparnos a nosotros mismos
Aceptamos la valoración de la otra persona como verdadera y dejamos que afecte a nuestra autoestima. La culpa, la vergüenza o la depresión pueden minar la forma en que nos concebimos. Lo que hagamos para compensar nuestro supuesto egoísmo no beneficiará ni a nosotros ni al otro, porque parte del sentimiento de culpabilidad.

2. Culpar a los demás
Cuando responsabilizamos a los demás de lo que sentimos, tendemos a despertar en ellos sentimientos de culpa. Quizás hagan un esfuerzo por satisfacer nuestras necesidades, pero lo harán movidos por la culpa y no de manera libre y voluntaria. El resultado es que, a la larga, tanto quien pide como quien da pagan un alto precio.

3. Detectar nuestros propios sentimientos y necesidades
Ejemplo: “Cuando te oigo decir que soy egoísta, me siento herido porque necesito reconocimiento por lo que he hecho por ti.”
Cuando dirigimos nuestra atención hacia dentro y nos centramos en nuestros propios sentimientos y necesidades, comprendemos que nuestro dolor proviene de una necesidad de reconocimiento no satisfecha, y no de la crítica en sí misma.

4. Detectar los sentimientos y necesidades del otro
La cuarta opción es escuchar con empatía los sentimientos y necesidades que se esconden detrás de la crítica negativa. Se trata de leer entre líneas, de fijarnos no tanto en lo que la persona dice, sino en lo que realmente quiere expresar.

La CNV nos ofrece una especie de “rayos X” para descubrir que una crítica, o incluso un insulto, no es más que una expresión trágica de necesidades insatisfechas.

En este caso concreto, al escuchar empáticamente la crítica sin tomarla de manera personal, podríamos preguntar:

“¿Te sientes dolido porque no has recibido la atención que necesitas o porque deseas que se tenga más en cuenta tus gustos y preferencias?”

La diferencia entre culpabilizar y responsabilizarse
Es muy distinto decir: “Me has decepcionado porque no viniste anoche”.
Aquí relatamos un hecho, expresamos un sentimiento y culpamos al otro de lo que sentimos. Muchas veces lo que buscamos es que se sienta culpable y nos compense. Si no lo hace, crece nuestro resentimiento y el conflicto se intensifica; si lo hace, ambos acabaremos pagando el precio, porque actuará desde la energía negativa de la culpa y no desde la energía positiva de dar libremente, desde el corazón.

En cambio, si decimos:
“Me sentí decepcionado cuando no te vi anoche porque necesitaba compartir algo importante contigo”.
Aquí expresamos con autenticidad nuestros sentimientos y necesidades sin culpar al otro. Esto aumenta la probabilidad de que la otra persona nos escuche con empatía y esté más dispuesta a atender cualquier petición que formulemos después.

El sentimiento de decepción no surge porque el otro no haya acudido, sino porque una necesidad nuestra quedó insatisfecha. Con ojos y oídos no violentos no vemos un “NO” del otro a nuestra necesidad, sino un “SÍ” a la satisfacción de sus propias necesidades —que también son nuestras, porque le amamos como a nosotros mismos—, necesidades que le impidieron estar presente.

Hacerse responsable de los propios sentimientos
Todo sentimiento que aparece en nosotros es nuestro. Los sentimientos no flotan en el aire, no viajan desde fuera: surgen dentro de nosotros. Si nacen en ti, te pertenecen. Al reconocerlos y descubrir la necesidad insatisfecha que los genera, nos damos cuenta de que la misma dinámica —una necesidad no cubierta— es también la que mueve al otro a actuar o hablar como lo hace.
 

En CNV, debemos recordar siempre que todas las críticas, evaluaciones o conductas negativas —nuestras o ajenas— no son más que expresiones trágicas y alienadas de necesidades insatisfechas e inconscientes. Si nos tomamos la molestia de descubrir esas necesidades, podremos expresar lo que sentimos de un modo menos trágico y violento.

¿Qué son las necesidades?
Nuestras necesidades son la expresión de lo más profundo de nuestra humanidad. Todos los seres humanos compartimos necesidades básicas para la supervivencia: hidratación, nutrición, descanso, abrigo y conexión, entre otras. Pero también compartimos muchas otras necesidades, aunque cada persona pueda experimentarlas en distintos grados y momentos.

En CNV, las necesidades representan lo más vivo en nosotros: nuestros valores esenciales y nuestros más hondos deseos humanos. Identificarlas, comprenderlas y conectar con ellas nos permite mejorar la relación con nosotros mismos y con los demás, favoreciendo que todos estemos más dispuestos a realizar acciones que beneficien a todos.

Sentimientos y necesidades son la lengua de la vida. Sin embargo, desde hace más de 10.000 años hemos sido educados en culturas de dominación que nos han desconectado de nuestras necesidades. Las personas no son buenos esclavos cuando están vivas y conscientes de lo que sienten y necesitan.

Las estructuras de poder buscan precisamente lo contrario: que neguemos nuestras necesidades, que las veamos como una carga. ¿Por qué? Porque así unos sacrifican las suyas para que otros puedan satisfacer las propias. Nos hacen creer que nuestras necesidades solo pueden cumplirse a costa de las de los demás.

Por ejemplo:
Una madre puede haber sacrificado muchas de sus necesidades para que un pequeño porcentaje de las de su hijo fueran atendidas. Aunque la mayoría de lo que hizo fue por amor, esto puede dificultar la confianza: cuando alguien nos da algo, podemos preguntarnos si lo hace por amor o por interés.

Este modo de pensar parte de una ideología de la escasez, como si los recursos fueran limitados y siempre alguien tuviera que perder para que otro ganase. La CNV nos enseña lo contrario: no somos codependientes, sino interdependientes. El mundo dispone de recursos suficientes para que las necesidades de todos sean atendidas, sin que nadie tenga que sacrificarse.

Culturalmente se nos ha hecho sentir vergüenza de tener necesidades. Quien las tiene y busca satisfacerlas es tachado de egoísta. El sistema de dominación nos ha educado para olvidar nuestras necesidades y convertirnos en “robots altruistas” al servicio de la estructura social.

Ejemplos:
A las mujeres se les ha dicho que no deben tener necesidades, sino sacrificarlas por su familia.
A los hombres se les ha inculcado que no tienen necesidades, que deben estar dispuestos a sacrificar su vida por la patria, el rey o la bandera.

Pese a todos los intentos por negarlas, las necesidades son los recursos indispensables para sostener y enriquecer la vida. Igual que los sentimientos, son universales, trascienden culturas, épocas y geografías.

Con frecuencia, las necesidades se expresan en forma de valores éticos o morales, pues ambos conceptos están íntimamente relacionados: una necesidad existe en referencia a un valor, y un valor moral existe en referencia a una necesidad.

En CNV, las necesidades o valores son la base más importante para una conexión compasiva. Mientras no conectemos con este nivel en nosotros mismos y en los demás, será muy difícil lograr la calidad de relación que buscamos en la comunicación no violenta.

Nueve necesidades básicas
"¿De qué le sirve al hombre ganar todo el mundo si pierde su alma? ¿Qué daría el hombre a cambio de su alma?" — Marcos 8,36-37

La salud de las llamadas “economías saludables” es inversamente proporcional a la enfermedad de los trabajadores que las sostienen. ¿De qué sirve tener una economía próspera si esa prosperidad se obtiene a costa de la salud física, psicológica, moral y espiritual de las personas? ¿Qué es más importante: la economía o las personas?

Manfred Max-Neef, el padre de la economía del “pie descalzo”, desarrolló un sistema económico basado en la satisfacción de nueve necesidades básicas. Según él, el éxito económico no se mide por el producto interior bruto, sino por el grado en que estas necesidades básicas son satisfechas para toda la población. Fundamentalmente, lo que importa en una economía no es la riqueza que produce, sino la calidad de vida que proporciona a quienes la integran. Las nueve necesidades básicas según Max-Neef son:

Sustento – aire, agua, alimento, ejercicio, expresión sexual…
Seguridad – abrigo, protección, estabilidad
Amor – amar y ser amado, confianza, integridad, respeto, honestidad
Empatía – solidaridad, ponerse en el lugar del otro y permitir que el otro se ponga en el nuestro
Diversión – juego, recreación, actividades de ocio
Comunidad – interdependencia, pertenencia, afiliación
Creatividad – creación de cosas nuevas, innovación
Autonomía – libertad, independencia, autodeterminación, autoestima
Necesidad de significado – sentido último, contribuir a la vida, dar propósito a nuestra existencia

A veces describimos nuestros sentimientos utilizando sustantivos o incluso verbos. A continuación, algunos ejemplos de cómo hacerlo desde la perspectiva de la CNV 

 Evaluaciones     Sentimientos                                       Necesidades
Abandonado    Dolor, tristeza, soledad    Conexión, compañía, ayuda, pertenencia
Atacado    Miedo, desafío, hostilidad    Consideración, seguridad
Humillado    Ira, tristeza, desilusión    Respeto, reconocimiento
Tracionado    Ira, desilusión    Confianza, honestidad, compromiso
Acusado    Confusión, miedo, hostilidad    Justicia, responsabilidad
Acosado    Miedo, presión    Autonomía, seguridad, consideración
Engañado    Resentimiento, ira, dolor    Honestidad, justicia, confianza, fe
Criticado    ansiedad, frustración, humillación    Comprensión, reconocimiento, respeto
Ignorado    Soledad, dolor, tristeza, vergüenza    Respeto, consideración, reconocimiento
Insultado    Irritación, vergüenza    Respeto, consideración, reconocimiento
Intimidado    Miedo, ansiedad    Seguridad, igualdad, validación
Aislado    Soledad, miedo    Pertenencia, , inclusión, contribución
Juzgado    Resentimiento, miedo, dolor    Justicia, igualdad, consideración
Manipulado    Irritación, impotencia, frustración    Confianza, igualdad, autenticidad
Incomprendido    Preocupación, frustración    Ser escuchado, claridad, comprensión
Provocado    Irritación, raiva, resentimiento    Respeto, consideración

Necesidades – Estrategias – Preferencias – Deseos
Las necesidades son las cualidades y valores fundamentales que todos compartimos como seres humanos; son lo que guía nuestras acciones y comportamientos. Desde la perspectiva de la Comunicación No Violenta (CNV), todo comportamiento humano surge de un intento de satisfacer una necesidad humana. Todo lo que hacemos tiene como propósito atender nuestras necesidades.

Necesidad: fin u objetivo a conseguir.
Estrategia: medio para alcanzar ese fin.
Preferencia: modo particular de satisfacer una necesidad.
Deseo: esa misma preferencia proyectada hacia el futuro.

Las necesidades son universales, mientras que las estrategias no lo son: varían de persona a persona, de generación a generación y de cultura a cultura. Confundir una necesidad con una estrategia es un error frecuente.

Por ejemplo, decir “Necesito tu amor” confunde necesidad con estrategia. La necesidad real es amar y ser amado, y la otra persona es simplemente la estrategia elegida para satisfacer esa necesidad. Existen miles de formas de satisfacer cualquier necesidad, y ninguna persona es imprescindible. Confundir necesidad con estrategia puede ser peligroso: “Necesito tu amor” podría derivar incluso en conductas extremas como delitos pasionales o suicidio.

La clave para expresar necesidades
Para conectar con nuestras necesidades y expresarlas de manera efectiva:
Concentrémonos en palabras que describan experiencias humanas comunes.
Evitemos mencionar personas, lugares, acciones concretas o objetos, ya que eso describe una estrategia, no una necesidad.
Ejemplo:
“Quiero que vengas a mi fiesta de cumpleaños” → estrategia específica para satisfacer la necesidad de amor y conexión.

La gramática del amor en CNV
¿Me amas?
Antes de responder, necesito saber si usas la palabra “amor” como sentimiento.
¡Claro!
En CNV, el amor es una necesidad, no un sentimiento. Ahora que lo aclaramos, pregúntame de nuevo.
¿Me amas?
¿Cuándo?
¿Cuándo?
Sí, porque los sentimientos cambian de minuto a minuto; necesito saber a qué momento te refieres.
Humm… ¿y si es ahora mismo?
No, pero pregúntame dentro de un rato, puede que la respuesta cambie. — Marshall Rosenberg

A lo largo de los siglos, el amor se ha presentado como necesidad, sentimiento y acción. En inglés, la palabra “love” puede funcionar como sustantivo, verbo o adjetivo. En CNV, no puede ser simultáneamente necesidad, sentimiento y acción:

Sentimientos: alertas sobre necesidades satisfechas (positivos) o insatisfechas (negativos).
Acciones: motivadas por la necesidad.
Necesidad de amor: impulsa acciones que buscan amar y ser amado, pero no es acción ni sentimiento en sí.

Como decía Santo Tomás de Aquino, amar es querer el bien del otro. El amor se traduce en las buenas obras que otros nos hacen o que nosotros hacemos por ellos.

Diferencia entre necesidad y sentimiento
El amor no es un sentimiento porque los sentimientos son volátiles; Rosenberg indica que, salvo el luto, un sentimiento dura como máximo 40 segundos. Los sentimientos muestran si la necesidad de amar y ser amado está o no satisfecha:
Empatía → necesidad de amar satisfecha.
Celos → necesidad de ser amado no satisfecha.

El amor genera múltiples sentimientos y acciones; nunca se reduce a uno solo. Es un sustantivo, una necesidad universal, que no hace referencia a una persona específica. Cada necesidad humana tiene innumerables estrategias posibles.

Ejemplo: necesidad de amar y ser amado → puede satisfacerse potencialmente con cualquier persona en el mundo (7 mil millones de posibles relaciones). En CNV, se diferencia entre:
Necesidad → amar y ser amado
Preferencia o estrategia → la persona elegida (por ejemplo, tu pareja)
Expresiones como “Estoy perdidamente enamorado de ti” o “Necesito tu amor” confunden necesidad con preferencia. Incluso si la relación romántica se convierte en una única experiencia emocional, el amor sigue siendo la necesidad y la persona elegida, la preferencia.

Ejercicios para reconocer necesidades
“Me irrita cuando dejas documentos de la empresa en la sala de conferencias”
Necesidad subyacente: seguridad y orden.
CNV: “Me irrito cuando dejas documentos en la sala de conferencias porque necesito que nuestros documentos estén guardados con seguridad”.
“Me siento decepcionado porque dijiste que lo harías y no lo hiciste”
Necesidad subyacente: confianza.
CNV: “Cuando dijiste que lo harías y luego no lo hiciste, me sentí decepcionado porque necesito poder confiar en tus palabras”.
“Me siento intimidado cuando levantas la voz”
Necesidad subyacente: seguridad.
CNV: “Cuando levantas la voz, temo que alguien pueda salir lastimado y necesito que todos estén seguros”.
“Me siento contento de que hayas recibido ese premio”
Necesidad subyacente: reconocimiento.
CNV: “Cuando recibiste ese premio, me sentí contento porque esperaba que tu esfuerzo fuera reconocido”.
“Agradezco que me hayas dado una vuelta porque necesitaba llegar a casa antes que mis hijos”
CNV: ejemplo perfecto de expresión de sentimientos y necesidades.

Conclusión - En CNV, las necesidades o valores son la parte más importante para establecer una conexión compasiva con el otro. La calidad de la comunicación no violenta depende de conectarnos con nuestras necesidades y las de los demás antes de actuar o comunicarnos.

P. Jorge Amaro, IMC