viernes, 1 de noviembre de 2013

Misión hasta los confines de la Tierra

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Id por todo el mundo, proclamad el Evangelio a toda criatura.
Marcos 16, 15

Cristo no vino al mundo para salvar solo a los que vivieron en su país durante los 33 años de su vida terrenal. Era consciente de que Él era, en Su persona, la salvación de la humanidad, tanto para aquellos que vivieron durante Su existencia en el mundo, como para aquellos que vivieron antes que Él, así como para aquellos que vivirían después de Él.

Así como una piedra arrojada en medio de un lago provoca olas en forma de círculos concéntricos, que desde el centro se ensanchan hacia la periferia hasta los confines del lago, así Cristo, apareciendo en medio de la historia humana, extiende su acción salvífica hasta los confines de la tierra y hasta los confines de los tiempos.

La Iglesia es Cristo aquí y ahora
Puesto que somos seres espaciotemporales, es decir, ocupamos un espacio por un tiempo, Cristo fundó la Iglesia para que pudiera continuar su Misión en todo tiempo y en todo lugar. La Iglesia, como cuerpo místico de Cristo, representa a Cristo en todos los "aquí" y "ahora" de la historia humana.  

Todo cristiano es misionero, así como cada semilla tiene la vocación de ser fruto, como cada hombre tiene la vocación de ser padre, y cada mujer de ser madre. Un vaso solo prueba que está lleno cuando vierte parte del líquido que contiene; "La boca habla de la abundancia del corazón", un cristiano íntegro no puede dejar de proclamar con hechos y palabras lo que le anima. La vecina que se sintió curada por un té, no deja de exhortar a sus compañeros a que lo prueben también.

Todo en la vida, incluida la vida misma, es un regalo. Los regalos solo se dan cuando se dan y se pierden cuando no se comparten y se ejercen. Así como el don de cantar, el don de pintar, de escribir, de jugar al fútbol aumentan cuando se ejercitan y comparten, también lo hace el don de la fe. El que no ejerce sus dones, como sugiere la parábola de los talentos, pierde lo poco que tiene.

A través de la Misión "Ad Gentes" la Iglesia está llamada a salir de sí misma, a salir de la zona de confort del pastoreo pasivo de los 99 y a partir, como pescador o cazador, en busca de la oveja perdida, afrontando los peligros y riesgos de ir como un cordero a un mundo de lobos.

Los misioneros de todos los tiempos están motivados e inspirados por el celo del gran apóstol Pablo, que pretendía llevar el Evangelio hasta los confines del mundo de su tiempo, España, y el celo de san Francisco Javier, que llevó el Evangelio hasta el final de sus fuerzas a las puertas de China, donde murió.

La nueva frontera de la Misión Asia
Han pasado dos mil años desde que Cristo nos envió a predicar el evangelio a todo el mundo y a toda criatura. Mientras evangelizamos África y América, la mayor parte de los pueblos de Asia, el continente más grande de este planeta, aún no han sido expuestos a la luz de Cristo. Estamos lejos de poder decir misión cumplida, por lo que no podemos ponernos a descansar.

Me hice judío con los judíos, para ganar a los judíos; con los que están sujetos a la ley, me he comportado como si estuviera sujeto a la ley; con los que viven sin la ley me he hecho uno sin la ley; para ganar a los que viven sin la ley. Me he hecho todo para todos, para salvar a algunos a cualquier precio, y todo lo hago por el Evangelio. 1 corintios 9,20-23

En Asia, especialmente en Japón y China, pero también en la India, la Iglesia no supo imitar al gran apóstol Pablo, que logró purgar el cristianismo del judaísmo y hacerlo más creíble para los gentiles de su tiempo.

El jesuita Mateo Ricci fue un verdadero seguidor de San Pablo en su esfuerzo por purgar el Evangelio de la cultura occidental para traducirlo a la cultura china. Pero, así como en el pasado, en tiempos de San Pablo, los fundamentalistas de la comunidad de Jerusalén trataron de obstaculizar su esfuerzo por inculturar el Evangelio en la cultura grecorromana, pero no tuvieron éxito, los de Roma en tiempos de Mateo Ricci hicieron lo mismo y, desgraciadamente, lo consiguieron.

Este es nuestro talón de Aquiles. La Misión en América fue fácil, porque frente a una cultura primitiva, un poco por la espada, un poco por la cruz, el Evangelio fue impuesto en lugar de propuesto. En África, la Misión triunfó porque fue de la mano del progreso material: escuelas, clínicas, lucha contra el hambre, etc. en la época de la hambruna en Etiopía, la Iglesia copta ortodoxa incluso nos acusó de comprar prosélitos con harina.

En Asia luchamos contra una cultura diferente, de ninguna manera inferior a la nuestra, y no tuvimos ni el coraje de San Pablo para inculturar el cristianismo en el mundo pagano de su tiempo, ni la sabiduría de los Padres de la Iglesia para inculturar el cristianismo en la cultura grecorromana que reinaba en Europa en ese momento.

Todavía hay tiempo para hacer que la Iglesia sea más universal en cuanto a la diversidad de las culturas, y no esperar a que el mundo se occidentalice cada vez más.

Como dijo el más grande teólogo del siglo pasado, Karl Rahner, Dios en su infinita misericordia salvará a todos aquellos que, por causas ajenas a su voluntad, no han tenido la oportunidad de conocer a Cristo y su evangelio. Pero ¿seremos salvos nosotros, que teníamos el deber de anunciárselo?

P. Jorge Amaro, IMC (trad. Liliana Monroy)





miércoles, 16 de octubre de 2013

El "By Pass" de la Fe

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Abuelo nuestro que estás en el Cielo, santificado sea tu nombre...


Hay pequeñas comunidades cristianas que el misionero solo puede visitar de vez en cuando. En una de estas visitas, un sacerdote misionero conoció a un catequista que estaba enseñando a los niños una versión inusual del Padre Nuestro. Dios no fue invocado como Padre, sino como Abuelo.

Ese catequista simplemente estaba haciendo lo que todo buen catequista debe hacer; a partir de la realidad existencial de cada persona para poder anunciarle la Palabra de Dios de un modo que la comprenda y se adapte a su realidad. El concepto de padre no era comprensible para los niños que estaban siendo criados por sus abuelos porque sus padres habían muerto de SIDA.  

El problema del SIDA es muy grave en África; de los 35 millones de personas infectadas con esta enfermedad, 25 viven en África. "Al perro flaco todo son pulgas", dice un proverbio castellano. Esto era lo que le faltaba a África, ya diezmada por tantas otras enfermedades debido al nivel de subdesarrollo en el que todavía se encuentra.

El testimonio que recibimos de nuestros padres no se transmite a nuestros hijos porque la fe de la generación actual de padres parece estar afectada por el equivalente de la enfermedad del SIDA. Los padres transmiten la vida a sus hijos, pero no les transmiten la fe sin la cual la vida no tiene sentido.

La fe es a la vida lo que el sistema operativo es a una computadora; sin él, nada en la computadora funciona, ya que es la base sobre la que funcionan todos los programas. Es triste existir sin saber por qué se existe y para qué se existe; estudiar para tener una profesión, para trabajar, para comer y para divertirse es muy pobre. La vida humana es más que esto y no por eso somos radicalmente diferentes a otras especies de seres vivos.

Lo natural sería, como en otros tiempos, que los padres transmitieran a sus hijos la fe que han recibido; que después de mamá y papá, Jesús fuera la tercera palabra que los niños aprendieran y que el regazo fuera el primer banco de la Iglesia y la primera catequesis. Pero no es así; los padres de hoy, si bautizan a sus hijos, es por tradición o superstición; si son enviados a la catequesis, es para que hagan su Primera Comunión, que también es una tradición y el equivalente a los ritos de paso en otras culturas.

Todo este adoctrinamiento es visto como "un rollo"tanto por los padres como por los hijos; ni uno ni otro llegan nunca a tener una relación personal con Cristo, de modo que ambos miran a la religión con ignorancia y prejuicio. De su simplismo concluyen que es inútil en la vida cotidiana.

Donde los padres fracasan, los abuelos pueden tener éxito. Cuando se obstruye una arteria y se impide el paso normal de la sangre, se realiza una derivación. Lo mismo puede suceder en el paso de la fe de generación en generación. Cuando los padres abandonan la fe que recibieron de sus padres, no transmitiéndola a sus hijos, los abuelos pueden asumir esta tarea y acercarse a sus nietos. Muchos ya lo hacen precisamente en las horas que pasan con sus nietos porque saben que la fe es tan vital para el niño como la sangre que corre por sus venas.

El niño tiene solo dos padres, pero cuatro abuelos. Sería triste que ninguno de los cuatro hiciera este compromiso de "desvío" de la fe por sus nietos.

P. Jorge Amaro, IMC (trad. Begoña Peña)



martes, 1 de octubre de 2013

Fracasos en la trasmisión de la Fe

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La transmisión de la fe cristiana, de generación en generación desde los Apóstoles, se ha ido debilitando. El rebaño de Cristo ha disminuido drásticamente. Hoy hay más ovejas perdidas que las que permanecen en el redil. ¿Qué pasa? Puede haber innumerables causas. Enumero algunas con la esperanza de que los lectores de estas líneas puedan descubrir otras.

Se transmite una doctrina, no una relación personal con Cristo: el cristianismo no es una doctrina, una ideología o incluso una filosofía de vida. El cristianismo es, ante todo y sobre todo, una relación personal, íntima y de amor con Cristo. Son pocos los educadores de la fe (clérigos, padres, catequistas y maestros) que la tengan; y como nadie da lo que no tiene, lo que estos educadores de la fe transmiten a las generaciones futuras es una doctrina y unos preceptos que en gran medida la cultura occidental ya ha asimilado a lo largo de los siglos.

Por eso, hay cristianos que son cristianos desde el punto de vista sociológico, cultural o de la cosmovisión y faltan cristianos que pongan en práctica su fe, esforzándose por ser como Cristo en su vida cotidiana; faltan cristianos que celebren su fe en comunidad; faltan cristianos éticos que sean buenas personas y luchen por un mundo mejor a veces arriesgando su propia vida.

Falta de pedagogía: el hombre posmoderno, especialmente los jóvenes, se ha convertido en la medida de todas las cosas. No hay verdades objetivas, universales y eternas. Sólo es verdad, tiene valor y es normativa, lo que descubre por sí mismo, no lo que nadie le impone desde fuera.

Frente a esta realidad, lo que se necesita no es una "nueva evangelización", como la propuesta por Juan Pablo II, sino una "nueva evangelización", como la que proponía el cardenal Martini. La solución no es volver a evangelizar, sino evangelizar de otra manera.

Es verdad que Cristo sigue siendo el único camino, la verdad y la vida y no existe una alternativa igualmente válida y viable para vivir la vida humana en plenitud y con sentido. Pero ahora, para que esta verdad sea operativa, el hombre posmoderno tiene que descubrirla por sí mismo, dentro de su ser.

Algo similar ocurre en la psicoterapia. Los descubrimientos que el psicoterapeuta hace y declara al cliente a modo de diagnóstico no sólo no tienen ningún valor para el cliente, sino que incluso pueden ser contraproducentes. Lo que verdaderamente tiene valor terapéutico, y puede ser el comienzo de una transformación interior, es lo que el cliente descubre de sí mismo y por sí mismo con la ayuda del psicoterapeuta.

Es a partir de este principio que operan dos grandes corrientes de la psicoterapia, la no directiva de Carl Rogers y la Gestáltica de Fritz Perls, así como las teorías de la intervención social de Paulo Freire.

Lo que hacen estos autores es adaptar la vieja mayéutica de Sócrates, el arte de ayudar a dar a luz. La verdad ya está dentro de nosotros o tenemos la capacidad de descubrirla. Jesús de Nazaret utilizó este mismo método en su forma de evangelizar. Dialogaba con sus interlocutores y, a través de parábolas que revelaban la verdad de la vida cotidiana que conocían, les interrogaba, les exhortaba y les ayudaba a descubrir verdades eternas que no conocían: 

  • "Simón, ¿qué piensas? ¿De quiénes reciben los reyes de la tierra impuestos y contribuciones? ¿De sus hijos o de extraños? Mateo 17, 25
  • ¿Cuál de estos tres crees que era el vecino de ese hombre que cayó en manos de ladrones? Lucas 10, 36 
  • "Un prestamista tenía dos deudores; uno le debía quinientos denarios, el otro cincuenta. Al no tener nada que pagar, los perdonó a ambos. ¿Cuál de ellos lo amará más? Lucas 7, 41-42
  • El reino de los cielos es como un grano de mostaza, como la levadura, como un tesoro escondido en el campo, como un comerciante de perlas, como una red echada en el mar, como un terrateniente que salía al amanecer, 10 vírgenes...

Faltan iconos o puntos de referencia – Los iconos son imágenes o personas que nos recuerdan las verdades de nuestra fe. Cuando los miramos y los contemplamos, somos transportados mágicamente del presente inmediato al eterno de Dios. De manera genérica, un icono es todo lo que evoca algo más allá de sí mismo. Los iconos son, por tanto, el punto de referencia de nuestra fe, recordatorios y continuas invitaciones a encarnar nuestra fe en el aquí y ahora de nuestra historia personal. En fin, son de la tierra y luz del mundo, sin ellos todos estamos más perdidos y los hombres de poca fe no encuentran ayuda. Veamos algunos ejemplos:

  • Algunos sacerdotes, religiosos y religiosas, sin ningún signo externo que los identifique, optan por caminar camuflados.
  • Los crucifijos y las imágenes fueron retirados de los lugares públicos y de las paredes de nuestras casas.
  • Los famosos, los políticos, los científicos, las celebridades de las artes y los deportes se declaran agnósticos, como si esa fuera ahora la moda y, si son religiosos, entienden que la fe pertenece al dominio privado. 
  • En lugar de jurar sobre la constitución, muchos presidentes de los Estados Unidos lo hacen sobre la Biblia, y no comienzan ni terminan un discurso sin invocar a Dios. los políticos europeos, cuando son religiosos, se avergüenzan o temen asumirse como cristianos; temen perder los votos de los agnósticos tal vez. 
  • El primer banco de la Iglesia era el regazo de los padres y Jesús era la tercera palabra que un bebé aprendió después de papá y mamá...

La ciencia y la tecnología como una nueva religión – Un número creciente de personas ha reemplazado la fe en la omnipotencia de Dios por la fe en la pseudo - omnipotencia de la ciencia y la tecnología. La ciencia y la tecnología son realmente importantes ya que resuelven innumerables problemas y hacen que nuestras vidas sean más cómodas. La ciencia y la tecnología nos dicen o nos responden el "cómo", pero nunca nos dirán el "por qué" o el "para qué".

El agnóstico dirá que a nadie le importa saber el "por qué" y el "para qué". Es cierto, como dicen los ateos, que el hombre es el momento en que la naturaleza toma conciencia de sí misma. Precisamente a partir de ese momento el ser humano busca el sentido de su vida. Cada individuo, en el momento en que toma conciencia de que existe, alrededor de los 6 o 7 años, se pregunta de dónde viene, a dónde va y qué sentido tiene la vida. Los animales no lo hacen porque no son conscientes de que existen..

P. Jorge Amaro, IMC (Trad. Begoña Peña)



lunes, 16 de septiembre de 2013

De la Vida a la Misión

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Lo que ha sido desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y tocado con nuestras manos acerca de la Palabra de Vida, (...) esto os lo anunciamos

1 Juan 4, 1, 3b

La fe conduce a la experiencia de Cristo; la experiencia de Cristo resucitado conduce a una vida nueva porque reconfigura, inspira, guía y da sentido a nuestra vida. Esta nueva forma de vivir en Cristo es ya "per se" evangelizadora. La misión, por tanto, no es fundamentalmente predicar la Palabra de Dios y ser caritativo con el prójimo, especialmente con el más desfavorecido, que viene después; la misión es, ante todo, dar testimonio de la relación íntima, personal y amorosa que tenemos con Cristo, que nos ha traído salud para el cuerpo y el alma y sentido para nuestra vida.

Encontrar a Cristo en nuestra vida es como aquel que, habiendo encontrado una perla de gran valor, vende todo lo que posee y compra la perla. Mateo 13, 46. Es como un tesoro escondido en un campo que un hombre encuentra. Lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va, vende todo lo que posee y compra el campo. Mateo 13, 44        

"Misionera" es aquella vecina que ha probado tal o cual té, tal o cual medicina y que, cuando se ve curada, no se cansa de anunciar a los cuatro vientos el milagro que la medicina en cuestión ha obrado en ella. Los que la escuchan, conmovidos por su testimonio, creen y su fe les obliga a experimentarla por sí mismos. Si esta experiencia tiene lugar, con la consiguiente transformación de la vida, el proceso comienza de nuevo.

Mi alma glorifica al Señor. Mi espíritu se regocija en Dios, mi Salvador. Porque ha puesto sus ojos en la humildad de su sierva. De ahora en adelante todas las generaciones me proclamarán bienaventurada.Porque el Todopoderoso ha hecho maravillas en mí. Santo es su nombre. Lucas 1, 46-55

Ser misionero es, como María, cantar el Magnificat de las maravillas que el Señor ha obrado en nuestras vidas, de cómo las ha reprogramado, las ha reorientado y les ha dado un propósito. El Magnificat de María, como el de cualquier persona que ha experimentado la presencia de Dios actuando en su vida, es una explosión de alegría; es un "non plus ultra"; darnos cuenta de que Dios llena nuestras medidas; que "en él vivimos, nos movemos y somos" Hch 17, 28

El misionero, por tanto, no es ante todo el que anuncia el Evangelio, el que catequiza, el que habla "objetivamente" de Jesús, de su historia, de su vida y de sus milagros. Eso sería proselitismo, no misión. El misionero no habla "objetivamente" de Cristo, sino subjetivamente, porque es desde su experiencia y vivencia de Cristo que anuncia el "Kerigma", es decir, el Evangelio.

Proclama el evangelio en todo momento y, si es necesario, usa palabras. Vivir la vida como auténticos cristianos es ya una misión, por eso Jesús llamó a los Apóstoles la luz y la sal del mundo. La sal y la luz no hablan, trabajan en silencio. Las obras sustituyen a las palabras, las palabras no sustituyen a las obras, son huecas y sin poder de convicción si no son reforzadas por las obras. Jesús hablaba con autoridad porque había una correspondencia completa entre lo que decía, lo que era y lo que hacía.

A modo de conclusión, podríamos decir que el anuncio misionero se realiza en tres etapas:

1.Comienza con el testimonio silencioso de nuestras vidas, de nuestro "modus vivendi"; de cómo somos sal de la tierra y luz del mundo; de nuestro modo de estar en el mundo, de nuestro comportamiento cotidiano, de nuestras obras y de nuestro compromiso social, especialmente con los más desfavorecidos;

2.Continúa en la entonación de nuestro Magnificat, de las maravillas que el Señor ha obrado en nuestras vidas: Cuando el Señor sacó del cautiverio a los que volvíamos a Sion, éramos como los que sueñan. Entonces nuestra boca se llenó de risas y nuestra lengua de cantos. Y se dijo entre las naciones: "El Señor ha hecho grandes cosas por ellos". Sí, el Señor ha hecho grandes cosas por nosotros, y por eso nos alegramos. Salmos 126, 1-3

3.Y conduce a la evangelización, es decir, al anuncio sistemático de la vida y obra de Jesús y del Evangelio del Reino.

El encuentro con Jesús en el pozo de Jacob transformó y salvó la vida de la mujer samaritana. (Juan 4, 5-42). A pesar de no haber sido enviada, sintió el deseo irresistible de compartir su experiencia de Cristo con los habitantes de su pueblo. Conmovidos por el entusiasmo de la mujer samaritana, creyeron y salieron al encuentro de Jesús.

La Palabra sabia, que emana del intelecto y del saber, puede o no generar vida, pero la palabra testimonio, que brota de la experiencia vivida, siempre genera vida.

P. Jorge Amaro, IMC (trad. Begoña Peña)



lunes, 2 de septiembre de 2013

De la Experiencia a la vida

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-    He oído que te has convertido a Cristo, así que debes saber mucho acerca de él. ¿En qué país nació?
-    No sé
-    ¿A qué edad murió?
-     Tampoco lo sé
-    Debes saber al menos cuántos sermones predicó.
-    Hum... Pues tampoco lo sé.
-    Parece que sabes muy poco para ser un hombre que afirma estar convertido a Cristo.
-    Es verdad, y me avergüenza saber tan poco. Pero lo que sí sé es que alguna vez fui adicto al alcohol; estaba endeudado hasta el cuello; mi familia quedó destrozada; mi esposa y mis hijos temían el momento en que yo llegara a casa a altas horas de la noche; no había dinero para cuadernos ni muebles. Después de conocer a Cristo dejé de beber, no tengo deudas, nuestro hogar es un hogar feliz.
-    Hum... ¿Y realmente crees que transformó el agua en vino?
-    No sé, yo no estuve allí, pero lo que sí sé es que en mi casa convirtió el vino en muebles, los cuadernos y la miseria en felicidad.

Un perro o un gato sin dueño corre peligro de muerte, deambula y se acerca a las personas pidiéndoles que los salven. Si alguien se siente conmovido por ellos y les da una caricia o comida, siguen a esa persona a donde quiera que vaya. Lo mismo sucede entre los humanos, a pesar de los millones de años de evolución que nos separan de estos animales. El ciego de Jericó, la samaritana, Zaqueo, María Magdalena, son ejemplos de personas perdidas en la vida, sin pan, sin salud y sin amor. Cuando conocieron a Jesús, encontraron la salvación y, dejando atrás la vieja vida, lo siguieron convirtiéndose en sus discípulos.

Siempre me ha sorprendido el hecho de que la mayoría de los santos de la Iglesia Católica son personas que poseían todo lo que el mundo puede ofrecer y lo que tanto buscamos: juventud, riqueza, nobleza, belleza, fama, poder. Si dejaron todo esto cuando se encontraron con Cristo, no debió ser porque fueran estúpidos, sino porque encontraron en Cristo algo mejor y más grande.

En la vida se aprende más de los errores que de los aciertos; sin embargo, dado que la vida es corta y no hay tiempo para cometerlos todos y aprender de ellos, ¿por qué no aprender de los errores de los demás? En este sentido, ¿por qué no aceptar el testimonio de tantos santos, y dejar de buscar lo que tenían y juzgaban como basura, para aferrarse a Cristo, único camino, verdad y vida?

Bartimeo: El encuentro con Jesús lo curó de su ceguera, abrió los ojos y comenzó a ver la vida de otra manera. De un salto dejó atrás su vida anterior (simbolizada en la portada) y siguió a Jesús. Marcos 10:46-52

Samaritana – Al encontrar la verdadera agua en Jesús, abandonó el cántaro en el pozo, símbolo de una vida hecha de idas y venidas, en busca de un agua que nunca sacia.

Pablo de Tarso: El encuentro con Cristo invirtió el curso de su vida. La misma energía que utilizó para luchar contra Cristo sirvió más tarde para difundir la buena nueva del Maestro por todo el mundo antiguo.

Francisco de Asís – Un hombre joven y el único hijo de una familia burguesa adinerada que podía permitirse todos sus caprichos encontró a Cristo y abandonó la riqueza material para abrazar la riqueza espiritual.

Nuno Alvares Pereira – Joven, noble, famoso héroe de la batalla de Aljubarrota poseía la mitad de Portugal y merecía, más que el Maestro de Avis, haber sido rey de Portugal; lo abandonó todo por una riqueza mayor: Cristo.

Francisco de Borgia - Noble de la gran familia Borgia, sirvió con dedicación al emperador de Europa, Carlos V, casado con la bella Isabel de Portugal, hija mayor de don Manuel I. Contemplando a la joven y bella emperatriz en su lecho de muerte, dijo: "Jamás, serviré a señor que se me pueda morir".

Beatriz da Silva – Los celos de la reina hicieron que la bella joven Beatriz fuera encerrada en una caja fuerte. Allí conoció a Cristo y, cuando logró liberarse, se despidió de la corte y siguió a su amo.

En todas estas vidas, hay una antes de conocer a Cristo y otra después de conocerlo. Quien dice que ha conocido a Cristo y que tiene una relación íntima y personal con él pero que no ha cambiado su vida, está engañado y equivocado.

P. Jorge Amaro, IMC (Trad. Begoña Peña)



viernes, 2 de agosto de 2013

Experiencia - Salud - Metanoia

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Al entrar en la casa de Pedro, Jesús vio que la suegra de Pedro estaba acostada en su cama con fiebre. Le tocó la mano y la fiebre la abandonó. Y ella se levantó y comenzó a servirle. Mateo 8:14-15

El testimonio cualificado de los cristianos auténticos nos sitúa ante la elección de la fe. Es solo cuando elegimos creer
que estamos preparados para tener una experiencia de Cristo, quien nos dará la certeza de que nuestra fe no es en vano (1 Co 15:17) y que Él está vivo y activo en nuestras vidas.

Experiencia personal de Cristo
Ya no es por tus palabras que creemos; nosotros mismos oímos y sabemos que Él es verdaderamente el Salvador del mundo. Juan 4, 42

Nunca dejó de sorprenderme que Pablo, el mayor divulgador de la fe en Cristo en los tiempos apostólicos, no fuera técnicamente un apóstol, porque no era uno de los doce; ni siquiera podría haber sustituido a Judas en el colegio apostólico, como podría hacerlo Matías, porque no cumplía los requisitos: no era de los que acompañaron a Jesús desde el bautismo de Juan hasta la Ascensión (Hch 1,21-22).

Aunque fue contemporáneo de Jesús, no lo conoció personalmente, por lo que técnicamente no podía decir, como los otros apóstoles, “lo que vimos y oímos y nuestras manos lo tocaron, te lo anunciamos...” (1 Juan 1:1-3) Pablo, sin embargo, habla de su experiencia de Cristo con un realismo de ninguna manera inferior a aquellos que vio, oyó y tocó (Gálatas 1:11-19).

Es sólo el primero de muchos otros que, a lo largo de 2000 mil años, en todos los continentes, en innumerables idiomas y en el contexto de las más variadas culturas, han tenido una experiencia personal tan real de Cristo que han cambiado radicalmente su vida hasta el punto de estar dispuestos a dar su vida por él.

Lo prueban los miles de mártires que han testimoniado con su sangre su experiencia íntima, personal y amorosa con Cristo. Este solo hecho sería prueba suficiente de que Jesús de Nazaret fue y es una realidad que vivió, murió, resucitó y está vivo. De hecho, nunca tantos se han equivocado tanto.

Salud
Desde los bancos de la catequesis sabemos que Cristo vino al mundo para salvarnos, murió y resucitó para nuestra salvación. Si le preguntas a la mayoría de los cristianos qué significa la salvación o qué dice, te dirán que es para librarse del infierno e ir al cielo. "Salvación" es una palabra tan gastada que la gente ya la oye sin decirles nada.

En latín, la salvación es salus; y salus no significa, principalmente, salvación, sino salud y también seguridad y bienestar en general. Cristo no es sólo salvación para la segunda etapa de nuestra vida, "el cielo puede esperar", es también nuestra salud, la del cuerpo y del alma, aquí y ahora; nuestra seguridad, la única seguridad verdadera en un mundo en constante cambio; es también nuestro bienestar, nuestra alegría y felicidad.

Jesús no solo se preocupaba por la salvación del alma, sino por la salud en general; por eso sanó a los ciegos, a los cojos y a los sordomudos; perdonó los pecados, y alimentó a las multitudes con pan y pescado; y así como el vino en la Biblia a menudo tiene el significado de alegría, también convirtió sus vidas acuosas y tristes en vidas embriagadoras de alegría.

En el evangelio, todos los que han conocido a Cristo, todos los que se han relacionado con Él, se han sentido salvos, sanados, alimentados, sus pecados perdonados y han encontrado seguridad, gozo y bienestar.

Metanoia
La suegra de Pedro, el cojo, el ciego, el sordomudo, los leprosos y los endemoniados, encontraron salud física y mental; el pecador que derramó lágrimas a los pies de Jesús, la mujer sorprendida en adulterio esperando ser castigada, Zaqueo y el hijo pródigo encontraron la salud moral y espiritual.

La mujer samaritana se liberó de su obsesivo y adictivo ir y venir al pozo y encontró la libertad y la autonomía de un agua que brota de su interior. Los 5000 encontraron la saciedad y los invitados de Caná, alegría en el buen vino y en la convivencia; el buen ladrón, en la hora de la muerte, encontró la salvación eterna. Ayer, hoy y mañana, nadie encuentra a Cristo sin experimentar un cambio radical en su vida.
 
La palabra griega metanoia significa cambio de mente, cambiar la forma de pensar o simplemente cambiar de idea, como diríamos coloquialmente. Como son las ideas e ideologías las que inspiran nuestro comportamiento cotidiano, cambiar de opinión significa cambiar de vida.

Existe una terapia psicológica que se basa en esta intuición, la TREC (Terapia Racional Emotiva Conductual). Según esta teoría, casi todas las emociones y comportamientos son el resultado de lo que las personas piensan, creen y asumen como verdad sobre sí mismas, los demás o el mundo en general. Si estas creencias son irracionales, los sentimientos y comportamientos serán inapropiados. El trabajo del terapeuta es confrontar estas creencias con la razón para destruirlas.

Al confrontar nuestra forma de pensar con el Evangelio, adquirimos la forma de pensar de Jesús y con el tiempo comenzamos a actuar, encarnar e incorporar el Evangelio con miras a poder decir un día con San Pablo: "Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí". (Gálatas 2:20.)

P. Jorge Amaro, IMC (trad. Begoña Peña)



lunes, 1 de julio de 2013

De la Fe a la Experiencia

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En busca de su identidad, un muñeco de sal viajó miles de kilómetros hasta que se topó con el mar. Fascinado por algo que nunca había visto, preguntó:
-    ¿Quién eres?
-    "Yo soy el mar", respondió.
-    No entiendo cómo puedo llegar a conocerte.
-    Acércate, tócame. Tan pronto como el hombre de sal puso un pie en el agua, pronto se quedó sin él.
-    ¿Qué has hecho, mar? ¡Me has cortado el pie!
-    Para conocerme tienes que implicarte, dar algo de ti. Y cuanto más te des, más me conocerás y te conocerás a ti mismo.
El muñeco de sal se adentró más en el mar hasta que una ola lo absorbió y solo tuvo tiempo de decir: “El mar soy yo”.


 (...) lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y tocado con respecto a la Palabra de Vida, porque la Vida ha sido revelada; la hemos visto, damos testimonio de ella... lo que hemos visto y oído, esto os anunciamos, 1 Juan 1:1-3.

El testimonio puede ser más o menos plausible o creíble, pero siempre es un testimonio y no una prueba científica. Los destinatarios, es decir, los que lo presencian, nunca estarán totalmente convencidos de lo que aceptar, de lo que creer. Tener fe siempre será una opción.

Entonces, y sólo después de haber dado un paso en la oscuridad, se hace la luz; abres la puerta y comienzas a ver, tocar y sentir, a tener experiencia. No se trata, por tanto, de "Ver para creer", como se dice popularmente, sino de "Creer para ver". Los que vienen ya no necesitan creer, pero los que creen, los que se arriesgan a tener fe después de haber tenido de alguna manera la experiencia y la confirmación de que valió la pena, no han sido defraudados.

"Fides Quaerens Intellectum" decía San Anselmo o "Credo ut intelligam". La fe precede, motiva y busca el conocimiento y no al contrario. Creo para entender; es la fe la puerta de entrada a un nuevo conocimiento y a una nueva forma de conocer. A aquellos que por elección no dan este paso les está vetado este conocimiento. Te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y a los inteligentes y las has revelado a los niños. (Lucas 10:21.)

Las cosas se conocen y luego nos gustan o no nos gustan; con las personas y con Dios es todo lo contrario; el amor precede al conocimiento. Primero se ama y solo después se conoce, porque amar es involucrarse con el otro; cuanto más amor más conocimiento y viceversa. Cualquiera que quiera conocernos sin darse a conocer es malintencionado. Es contra esto que dice la frase popular: Que nadie descubra su pecho/ por grande que sea el dolor/ porque quien descubre su pecho/ de sí mismo es un traidor.

Cuando era niño, después de vibrar con las liturgias de la Semana Santa, especialmente con el Triduo Pascual, me aburría con la idea de Jesús resucitado; pensaba que debía manifestarse vivo a Anás y Caifás, a Pilato y Herodes, y a todos los que gritaban: "Crucifícalo”, para hacer patente su error. Solo más tarde, me di cuenta de que Jesús solo se apareció, solo se reveló, a aquellos que lo amaban, comenzando por aquellos que más lo amaban: María Magdalena y sus discípulos.

La fe es la puerta, es el camino, es el proceso que lleva a tener una experiencia de Dios y también a tener una experiencia con los hombres. Una vez que tenemos esa experiencia, ya no la necesitamos. La fe es el cohete que, venciendo la poderosa fuerza de la gravedad, es decir, la razón, nos coloca en la órbita de Dios; una vez en órbita, es su atracción gravitacional la que nos mueve y no necesitamos más cohetes.

Aquel día el maestro simplemente dijo: "No hago nada más que estar sentado en la orilla a venderos agua del río; la compráis porque no veis el río, pero el día que la veáis ya no necesitaréis comprarla".

La predicación del misionero despierta la fe. Nos pone en el tren que, naturalmente, si no lo descarrilamos, nos lleva a un conocimiento de Dios en la persona de Cristo y a mantener una íntima relación de amor con él. Una vez que llegan aquí, sobran la predicación y la fe. De esta experiencia de haber visto y vivido con Cristo muerto y resucitado hablan los Apóstoles, no de su fe. (1 Juan 1:1-4).

Karl Rahner, por otro lado, dice que el cristiano del futuro es un místico o no es un cristiano. Uno no es cristiano porque haya escuchado la palabra de Cristo, ni siquiera porque practique su doctrina; se es cristiano cuando se vive en íntima unión simbiótica con Cristo hasta el punto de poder decir, como San Pablo, “Ya no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí”. Gálatas 2:20. 

P. Jorge Amaro, IMC (trad. Begoña Peña)