jueves, 1 de enero de 2015

Vida Consagrada

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Purify my heart, let me be as gold and precious silver.
Purify my heart, let me be as gold, pure gold.

Refiner's fire, my heart's one desire is to be holy, set apart for you, Lord.
I choose to be holy, set apart for you, my master, ready to do your will.

Purify my heart, cleanse me from within and make me holy.
Purify my heart, cleanse me from my sin, deep within. 

https://www.youtube.com/watch?v=0IvXA0yRDwY

Al reflexionar sobre la vida consagrada, tema que la Iglesia ha elegido para este año, me vino a la mente este cántico que tantas veces se cantó en los años en que viví en Canadá, por el grupo de jóvenes que allí seguía. La letra del cántico es todo un tratado sobre la vida consagrada; sobre lo que es ser consagrado y el proceso que debe seguir todo aquel que entra en la vida religiosa.

Apartado para ti, Señor - Los judíos apartaban para el Señor las primicias de las cosechas y de los rebaños. Todo lo que abría el vientre era del Señor como agradecimiento; los propios hijos primogénitos eran del Señor y por eso tenían que ser presentados en el Templo para ser rescatados mediante un sacrificio que para los ricos era un buey, para los menos ricos un cordero o cabrito, y para los pobres, como fue el caso de Jesús, un par de palomas o tórtolas.

"Consagrar" un objeto significa retirarlo del uso ordinario para colocarlo aparte o reservarlo para un uso determinado y exclusivo. Cuando un cáliz u otro objeto es consagrado, es reservado o guardado para un uso sagrado, en este caso, la celebración de la Eucaristía.

Es en este sentido que se debe interpretar la "fuga mundi" de los religiosos de la Edad Media. No se trataba de huir del mundo para no ser contaminados por él, sino de sentirse llamados a una misión que implicaba apartarse de la vida ordinaria y vivir de una forma diferente.

Dentro del bosque no vemos el bosque, solo vemos árboles; para ver el bosque, tenemos que salir de él. El consagrado se aleja del mundo para conocerlo mejor; de hecho, se aparta del mundo para dedicarse al mundo. Se retira de su pequeño mundo para entregarse al servicio de toda la humanidad de una forma peculiar. Aparta su pequeña vida particular para entrar al servicio de la Vida en un sentido universal.

Purifica mi corazón, que sea como oro, oro puro - Cuando, con 10 años, ingresé a los Misioneros de la Consolata, mi motivación principal era la aventura; quería conocer el mundo, especialmente África. Por esta razón, rechacé vehementemente ingresar al seminario de la diócesis. Ya en el seminario, cada uno de mis compañeros tenía también su motivación; recuerdo que uno de ellos se sintió atraído porque en el seminario se jugaba al fútbol todos los días.

Con el paso del tiempo y la formación que recibíamos, esas motivaciones infantiles se fueron modificando y purificando. Esto es lo que tenía en mente nuestro fundador, el Beato José Allamano, cuando aconsejaba a los primeros misioneros a "hacer el bien, bien". Jesús denunció a los hipócritas y fariseos, no porque no cumplieran la ley, ayunando, orando y practicando la caridad, sino porque hacían todo esto hipócritamente, para ser vistos por los hombres. Hacían lo correcto por motivos incorrectos.

La hipocresía es el peligro constante del religioso, por lo que necesita una purificación continua de sus motivaciones. El corazón es lo que mueve todo en nuestro organismo; es el centro de las mociones, emociones o motivaciones, y por eso necesitamos un corazón puro, purificado de falsas motivaciones. Purificado y limpio por dentro de todo pecado, como dice el cántico; pues el mal está dentro de nosotros, no fuera de nosotros.

Fuego de refinador, el anhelo de mi corazón es ser santo - Teniendo como objetivo ser puro como el oro, la purificación se realiza mediante el fuego; no es un fuego devorador y destructor, sino refinador. Es el fuego que quema todas las impurezas y refina el oro; cuanto más fuerte es el fuego, más puro queda el oro.

San Francisco de Asís se revolcaba desnudo en la nieve para vencer la insidia del pecado; otros santos se autoflagelaban. No necesitamos buscar penitencias artificiales; la vida nos presenta suficientes situaciones que nos penitencian naturalmente, basta con abrazar la cruz de cada día (Lucas 9, 23). A modo de ejemplo, cuando estaba en Etiopía, llegué a estar una vez 5 días, y otra vez 7 días sin comer; y considero eso más fácil que comer solo lo estrictamente necesario en el día a día.

La única aspiración del religioso es ser santo, como Dios es santo (Levítico 19, 2); este es el objetivo de la continua purificación de motivos e intenciones, una purificación llevada a cabo por el fuego del Espíritu Santo. Si somos dóciles al Espíritu Santo, como el barro lo es en las manos del alfarero, su fuego irá purificando nuestros pensamientos, nuestras intenciones, nuestras motivaciones y nuestras acciones de los solapados impulsos del instinto.

La santidad se encuentra cuando se busca el pecado. Cuando examinamos nuestra vida en busca de defectos, pecados e imperfecciones, es cuando estamos en el camino de la santidad. A este respecto, San Francisco de Asís, quien ya en vida era considerado santo por todos los que lo conocían, decía de sí mismo que era un gran pecador.

Listo para hacer tu voluntad - “Primero santos, luego misioneros”, decía nuestro fundador; ser santo se refiere a nuestra esencia, a lo que estamos llamados a ser, a nuestra vocación; ser misioneros se refiere a nuestra existencia, a lo que estamos llamados a hacer, a nuestra manera de estar en el mundo.

Solo después de purificada nuestra esencia, nuestro ser, es que nuestra existencia, nuestro estar y actuar en el mundo, es puro. Solo estamos verdaderamente listos para hacer la voluntad de Dios cuando somos santos; cuando todo nuestro ser se somete a nuestra voluntad y ésta a la voluntad de Dios.

Esto solo es posible cuando nos negamos a nosotros mismos (Lucas 9, 23) y podemos afirmar como San Pablo: “ya no soy yo quien vive, sino Cristo quien vive en mí” (Gálatas 2, 20). Solo cuando Cristo vive en nosotros somos auténticamente cristianos y capacitados para continuar aquí y ahora la obra que él inició en Israel hace 2000 años.

Conclusión
La vida consagrada es un proceso continuo de purificación interior y dedicación total, donde el único objetivo es vivir exclusivamente para el servicio de Dios y de la humanidad.


lunes, 15 de diciembre de 2014

Amor platónico, amor encarnado

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¡Ay flores, ay flores del verde pino,
si sabéis noticias de mi amigo,
¡ay Dios, dónde está?

¡Ay flores, ay flores del verde ramo,
si sabéis noticias de mi amado,
¡ay Dios, dónde está?

Cantiga de amigo de la autoría de El rey D. Dinis

Cuando Portugal aún estaba en el seno del reino de León, el idioma que se hablaba en todo el Noroeste de la Península Ibérica era el Galaico-Portugués. Un idioma nacido en el mundo artístico, por lo que los primeros escritos en esta lengua son las cantigas de amigo y de amor que cantaban los trovadores venidos de Francia en camino a Santiago de Compostela.

“Absense makes the heart grow fonder” “La distancia hace crecer el cariño” dice el proverbio inglés. Lo que en realidad caracterizaba estas cantigas de amor y de amigo era el hecho de que los amantes estaban distantes uno del otro. Escaseaban los encuentros, por lo que consumidos por la añoranza, los amantes vivían su amor platónicamente en la imaginación y la fantasía alimentadas por las pocas noticias y cartas. Cuando después de mucho tiempo, incluso años, los amantes se encontraban, la alegría era indescriptible.

Así fue también durante mucho tiempo el amor entre Dios y los hombres, los hombres y Dios. Un amor platónico que era alimentado por los mensajeros, los profetas que Dios iba enviando al mundo. Hasta que un día… Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo Unigénito (Juan 3:16).

En Jesús de Nazaret, nacido en Belén, se encuentran finalmente la humanidad y Dios, Dios y la humanidad. Este encuentro está simbolizado en la parábola de los invitados a la boda (Mateo 22:1-14); la boda en la cual Dios casa a su hijo con la humanidad. Un matrimonio donde el destino de la humanidad queda unido al destino de Cristo y viceversa.

Religión y revelación
Muchas veces y de muchas maneras habló Dios a nuestros padres en tiempos antiguos por medio de los profetas. En estos días, que son los últimos, Dios nos ha hablado por medio del Hijo.
Hebreos 1:1-2


Esta frase de la carta a los Hebreos puede resumir todas las religiones aparte del cristianismo. Religión, del latín “religare”, significa relación con Dios y con el prójimo. Desde que la especie humana es consciente de sí misma, cree en la posible existencia de un ser superior, trascendente a todo y a todos porque es creador de todo y de todos. En todo tiempo y en todo lugar, el hombre ha procurado comunicarse con este ser superior, Dios, para obtener su beneplácito.

Las ondas de móvil, de televisión y de radio cruzan nuestro espacio y nosotros no las oímos ni las vemos, pero sabemos que es así porque cuando tenemos los instrumentos adecuados, las captamos. De manera análoga, Dios también buscó comunicarse con el hombre y el hombre con Dios; pero esta comunicación tampoco es accesible para todos, se necesita una sensibilidad especial para entrar en esta comunicación.

Siempre ha habido personas con una sensibilidad especial para comunicarse con Dios. En la tradición bíblica, los profetas eran los catalizadores de los designios de Dios para el pueblo y de las peticiones del pueblo a Dios. La comunicación, sin embargo, no se hacía sin dificultades; tal como en el campo de las telecomunicaciones, había muchas “interferencias”; la personalidad y carácter del profeta, defectos y prejuicios, filtraban el mensaje que no llegaba al destinatario tal como había salido del emisor. Por otro lado, y muchas veces, estos profetas entendían que el Cielo estaba cerrado y Dios envuelto en silencio.

Dios mío, clamo a ti durante el día y no me respondes; durante la noche y no tengo sosiego. (Salmo 22:3) El pueblo de Israel nunca se contentó con esta comunicación tan deficitaria y vivía en un continuo desasosiego.

Mi corazón murmura por ti, mis ojos te buscan; es tu rostro lo que yo busco, Señor. (Salmo 27:8) El verdadero amor nunca se acostumbra a la ausencia.

El cristianismo no es una religión, pues no consta del esfuerzo o intentos del hombre en llegar a Dios; al contrario, el cristianismo es una revelación porque es Dios quien busca al hombre y se revela a él. Como dice Jesús en el evangelio, no fuisteis vosotros quienes me elegisteis; fui Yo quien os eligió a vosotros y os destiné a ir y dar fruto, y fruto que permanezca; y así todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, Él os lo concederá. (Juan 15:16)

Navidad, el día del encuentro
Todo me ha sido entregado por mi Padre; y nadie conoce al Hijo sino el Padre, como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar. Mateo 11:27

El hombre, por más que intentara, nunca llegaría por sí solo a Dios; por eso, al contrario de todas las religiones, en el entendimiento del cristianismo, al ser una Revelación, Dios no manda un mensaje, viene Él mismo.

En Navidad celebramos la gran verdad de que Dios no está envuelto en silencio, sino en pañales y depositado en un pesebre. Con el nacimiento de Jesús, Dios rompe el silencio, elimina la distancia y deshace la inaccesibilidad. Jesús es el Emanuel, Dios con nosotros, a nuestro lado; compañero de viaje en nuestra vida, como lo fue con los discípulos de Emaús.

En Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, se da finalmente el tan esperado encuentro de la humanidad con Dios y de Dios con la humanidad; una comunicación plena, sin interferencias ni intermediarios. El amor que fue platónico durante tanto tiempo, es ahora un amor real.

P. Jorge Amaro IMC



lunes, 1 de diciembre de 2014

La Inmaculada concepción de la Virgen Maria

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Origen del pecado y pecado original
Dios creó al hombre a su imagen y semejanza; con el pecado perdimos la semejanza de Dios, pero aún mantenemos su imagen. Ya no somos como Dios nos creó; el pecado de nuestros padres se extendió en el espacio y el tiempo, alterando profundamente la naturaleza humana.

El hombre construyó su propio infierno, tipificado en las ciudades de Sodoma y Gomorra. El diluvio para destruir todo y empezar de nuevo con la familia de Noé fue el primer plan para salvar a la especie humana. La descendencia de Noé pronto volvió al pecado de sus antepasados.

Los padres comieron uvas verdes y los dientes de los hijos se embotaron. (Jeremías 31:29) Sin conocer las leyes de la herencia de Mendel, los hebreos eran conscientes de que ciertos males se transmitían de padres a hijos. De hecho, el pecado de Adán y Eva los corrompió no solo a nivel existencial como personas, sino también a nivel genético, por lo que las consecuencias serían sufridas por toda la especie humana.

Usurpación del criterio del bien y del mal
La pseudo-emancipación del hombre, el querer ser como Dios, el haber usurpado a Dios la prerrogativa del bien y del mal, fue el origen del pecado o pecado original que se transmite de generación en generación, ya que modificó el ADN de la especie humana.

El mal se instaló dentro de la especie humana de tal forma que, como decía Jesús en Mateo 15:11: “No es lo que entra por la boca lo que contamina al hombre; lo que sale de la boca es lo que contamina al hombre”. Por lo tanto, no es la mala educación la que lleva al hombre a ser malo; la maldad ya está en el interior.

Mientras el criterio del bien y del mal estaba en el centro del jardín del Edén y pertenecía exclusivamente a Dios, la tierra era el Reino de Dios; había paz, unión, consenso, pues todos se sometían a un criterio único.

Cuando el Hombre, queriendo ser como Dios, se colocó en el centro, robando la prerrogativa del bien y del mal, se instaló la división, la guerra, la subjetividad, la arbitrariedad, el relativismo, la división, la discordia. Todos los individuos quieren el centro. No puede haber dos centros; si yo tengo el criterio del bien y del mal, tú no lo tienes o yo no te lo reconozco.

Nadie hace el mal pensando que está haciendo el mal; Hitler al matar a 5 millones de judíos pensaba que estaba prestando un servicio a la humanidad; los suicidas que se matan matando a personas inocentes dicen que se están sacrificando por un bien mayor; los extremistas musulmanes matan en nombre de Dios…

Somos manzanas con gusano
Los padres que se esfuerzan en la educación de sus hijos se sorprenden cuando estos empiezan a mentir, a robar y a hacer otras travesuras que ellos nunca enseñaron a sus hijos. El mal está dentro de nosotros y no necesita ser aprendido. Como diría el psicólogo Jung, el mal pertenece al inconsciente colectivo de la humanidad. Cada acto malvado que un individuo lleva a cabo se instala en ese coeficiente colectivo de tal forma que los individuos que nacen después nacen con la capacidad de volver a realizarlo sin necesidad de ningún aprendizaje.

Mucha gente al ver una manzana con un agujerito piensa que el agujerito fue hecho por el gusano al entrar en la manzana cuando lo contrario es verdad, fue hecho por el gusano al salir de la manzana. El gusano es un huevo que un insecto depositó en la manzana en el momento de su concepción, es decir, cuando aún era una flor. Todos nosotros somos manzanas con gusano, el mal está dentro de nosotros y solo necesita una determinada circunstancia para revelarse.

Por lo tanto, no es como dice el proverbio “La ocasión hace al ladrón”. Todos tarde o temprano se enfrentan a situaciones donde pueden robar; de entrada, todos somos capaces de robar. Robar o no robar dependerá del grado de educación en valores humanos que tengamos en el momento de la tentación. Solo ese grado de educación en valores humanos puede contrarrestar la tendencia innata en todos.

De Eva a Ave
Dos son las razones por las cuales Dios vino a nosotros en forma humana; la primera, para decirnos de forma definitiva cómo es Dios; la segunda, para decirnos cómo es el ser humano y cómo debe ser. Cristo es, de hecho, la medida del humano, el patrón de la humanidad, aquel con quien todos los individuos deben medirse, pues Él es la norma, es el modelo, el paradigma. Cristo es el hombre que Dios creó en Adán antes de que este desobedeciera; de hecho, Jesús muestra con sus palabras y obras que se mantiene toda su vida obediente a Dios.

Así como Cristo es el segundo Adán, María es la segunda Eva. Ave es, de hecho, Eva al revés. Cristo, el Hijo de Dios altísimo, no podía tener como madre a Eva después del pecado; por eso en el momento de su concepción, en el momento en que media célula de Joaquín se unió a la media célula de Ana, su esposa, Dios actuó evitando que los genes que desde el pecado de Adán y Eva habían pasado de generación en generación pasaran también a María.

María fue concebida sin pecado original por haber sido destinada a ser la madre del Hijo de Dios. No tiene sentido que Dios encarnara en la naturaleza humana que Adán y Eva modificaron con el pecado. Por eso, María, que iba a ser la madre del Señor, fue preservada de esta herencia negativa común a todos los mortales.

En Etiopía no existe la figura negativa de madrastra. Muchas veces una es la madre biológica y otra es la madre que cría y educa. Se le llama “Ingera enat”, es decir, madre del pan. Cuando estudiaba teología, tenía un compañero que a su tía biológica llamaba madre y a su madre biológica llamaba tía.

Mi compañero había sido rechazado por su madre biológica y acogido por la hermana de esta que lo crió; era tanto el amor que tenían uno por el otro que, estando ella ya con una enfermedad terminal de cáncer, no falleció hasta que vio a su hijo (biológicamente sobrino) ordenado sacerdote.

Eva es la madre biológica de todos los vivientes; María es nuestra madre de pan, de ese pan eucarístico que es su hijo, que nació en una ciudad llamada Belén, que literalmente significa casa de pan, y que ella depositó en un pesebre, recipiente donde se come, para que nosotros nos alimentáramos de él.

Eva es nuestra progenitora, pero nos abandonó a nuestra suerte; María es aquella que provee a nuestras necesidades cuando en Caná dice “No tienen vino” (Juan 2:2).

Eva es la que nos enseñó a hacer el mal; María es la que nos educa y nos enseña a hacer el bien al señalar a su hijo y decir “hagan lo que él les diga” (Juan 2:5).

P. Jorge Amaro IMC


sábado, 15 de noviembre de 2014

Autoestima

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Luego, Dios dijo: «Hagamos al ser humano a nuestra imagen, a nuestra semejanza, para que domine sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los animales domésticos y sobre todos los reptiles que se arrastran por la tierraGénesis 1:26

Importancia de la autoestima

Todo me lleva a creer que la forma en que me veo es más importante que la forma en que me ven los demás. Anwar el-Sadat

El ser humano siempre es sujeto y nunca objeto. Sin embargo, en el autoconocimiento, una misma persona es, al mismo tiempo, sujeto y objeto; sujeto porque quiere conocer, objeto porque él mismo es el objeto y objetivo de ese conocimiento. Después de hacernos conscientes de nosotros mismos, de conocernos y saber quiénes somos, la tercera cuestión que se plantea es si nos aceptamos tal como somos o no.

La autoconciencia y el autoconocimiento son más actos de nuestra inteligencia que de nuestra voluntad. Poseerse y aceptarse es un acto de la voluntad. Conocerse es como mirarse en el espejo, la autoestima es gustar de lo que se ve y aceptarse como se es. Una cosa es lo que soy objetivamente, es decir, como los demás me ven, y otra cosa es la imagen que tengo de mí mismo, que es siempre subjetiva, es decir, como me veo y me valoro.

La forma positiva o negativa en que una persona se ve afecta necesariamente la forma en que actúa. La baja autoestima puede llevar a problemas comportamentales. Por ejemplo, cuando diez de los espías que habían sido enviados para explorar la tierra de Canaán se vieron a sí mismos como saltamontes en comparación con la alta estatura de los habitantes de Canaán, manifestaron su baja autoestima, a partir de la cual y por la cual concluyeron que eran incapaces de tomar posesión de la tierra (Números 13:31-33).

Génesis de la autoestima
La autoestima es el resultado de todas las experiencias y relaciones interpersonales que una persona ha tenido en su vida. Cada una de las personas que encontramos en el transcurso de nuestra vida, especialmente en los primeros años de nuestra existencia, ha tenido un efecto positivo o negativo sobre la forma en que nos vemos y evaluamos.

El niño no se conoce a sí mismo por lo que piensa que es, sino por lo que los demás le dicen que es. Si le dicen que es malo, él piensa que es malo; si le dicen que es bueno, él piensa que es bueno; si le aman incondicionalmente, llegará a amarse a sí mismo incondicionalmente; si lo desprecian, él también se despreciará.

Cómo se desarrolla la baja autoestima
Las niñas y niños que fueron abusados y violentados física, sexual o verbalmente, que fueron usados como objetos o manipulados de cualquier manera, que nunca o casi nunca recibieron cariño, escucharon constantemente mensajes negativos sobre sí mismos, fueron ridiculizados o ignorados, criticados y nunca alabados por sus aciertos y éxitos, y fueron desfavorablemente comparados con otros, tendrán en el futuro una autoestima baja de la cual no será fácil liberarse.

Cómo se desarrolla la autoestima normal
Por el contrario, tendrán autoestima las niñas y niños educados positivamente, aquellos que frecuentemente escuchan palabras de alabanza como: “Confío en ti”, “Sé que te estás esforzando” frente al fracaso que fue precedido de esfuerzo, “Hiciste lo mejor que pudiste”, “Estoy impresionado contigo”, “Gracias por ser honesto”, “Eres el mejor, estoy orgulloso de ti”.

No pierdas una oportunidad para felicitar. Vemos muchas de las cosas que nuestros hijos hacen bien sin mostrar reconocimiento. Reforzar siempre los comportamientos deseados, dar la enhorabuena cuando los niños hacen la elección adecuada en cualquier situación, no dejarlo pasar desapercibido, recompensar el hecho con una sonrisa y un abrazo. Evita el vicio de dar las felicitaciones negativamente: “Hasta que por fin hiciste esto bien…” Más que un elogio, esta frase es una humillación. Evita rebajar y comparar a los niños con otros niños.

Dónde no fundamentar la autoestima
Parafraseando el evangelio, hay personas que fundamentan su autoestima en arenas movedizas, en realidades cambiantes. En consecuencia, un día pueden sentirse bien consigo mismas y al siguiente deprimidas.

Apariencia física: No es una buena razón para gustar de uno mismo porque envejecemos. A diferencia de la belleza interior, no es una buena base para crecer, porque lo que hoy es motivo de orgullo, mañana será motivo de vergüenza. Además, como quedó demostrado en el episodio de la elección del rey David, Dios mira el interior de la persona y no la apariencia externa (1 Samuel 16:7).

Desempeño: Si, por otro lado, nuestra autoestima se basa en nuestro desempeño, estará vinculada a nuestros éxitos y fracasos: subirá cuando tengamos éxito y bajará cuando fracasemos. Además, los demás pueden ser más exitosos que nosotros; ¿deberíamos sentirnos menos dignos? En relación con mis desempeños pasados, Dios ya me perdonó en Cristo (Colosenses 2:13); en cuanto al presente, Él me ama incondicionalmente (Romanos 5:8); respecto al futuro, de todo soy capaz en aquel que me fortalece (Filipenses 4:13).

Riqueza: Los bienes materiales son otro cimiento inestable para basar nuestra autoestima. Hoy poseemos, mañana podemos no poseer; los tesoros de la tierra están sujetos a la polilla, a la herrumbre y a los ladrones. Los del cielo están protegidos de estas vicisitudes de la vida. Por otro lado, como dice Jesús, aunque un hombre viva en abundancia, su vida no depende de sus bienes (Lucas 12:15).

La retroalimentación de los demás: Este es otro cimiento inestable que nos hace depender de los demás, de adaptar nuestro comportamiento a lo que es popular; somos actores, no somos nosotros mismos y no podemos estar contentos cuando no somos nosotros mismos. Buscamos la fama, y nos volvemos dependientes de ella. Como ejemplo, tenemos la experiencia de Cristo: el Domingo de Ramos está muy cerca del Viernes Santo.

Dónde debemos fundamentar nuestra autoestima
Nadie puede hacerte sentir inferior sin tu consentimiento. Eleanor Roosevelt

La autoestima es la percepción evaluativa de nosotros mismos: un conjunto de creencias, percepciones, pensamientos, evaluaciones, sentimientos y tendencias de conducta en relación con nosotros mismos que configuran y determinan nuestra forma de ser, estar y actuar en el mundo y con los demás.

La verdadera autoestima está enraizada en nuestra relación con Dios (Juan 1:12). El verdadero amor es incondicional. Dios nos ama incondicionalmente, nuestros padres nos aman incondicionalmente y nosotros debemos amarnos a nosotros mismos incondicionalmente.

Sin complejos de inferioridad o superioridad, la verdadera autoestima es una visión realista, sensata y honesta de nosotros mismos, de nuestras virtudes y defectos, de nuestros talentos y limitaciones, de nuestros valores y creencias. Debemos dar el valor debido tanto a los errores del pasado, entendidos como lecciones, como a los éxitos.

Baja autoestima: La persona desconoce o desvalora sus talentos y sobrevalora sus limitaciones; es insegura.
Autoestima normal: La persona posee un autoconocimiento objetivo, sensato y saludable de sus talentos y limitaciones.
Alta autoestima: La persona desconoce o desvalora sus limitaciones, sobrevalora sus talentos; es vanidosa.

Indicios de falta de autoestima
La autocrítica exagerada crea en la persona un estado habitual y constante de insatisfacción consigo misma. Es perfeccionista, se siente mal cuando no es tan perfecta como exige de sí misma. El fracaso puede afectarla profundamente. Posee un complejo de culpa neurótico y escrupuloso; se autocondena por comportamientos que no son objetivamente malos; exagera la magnitud de sus errores, nunca llega a perdonarse completamente. Tiene una fuerte tendencia depresiva y pesimista; ve todo negro en su vida, en su futuro; posee una inapetencia generalizada; no tiene gusto por la vida.

No reconoce sus talentos, es crónicamente indecisa y no por falta de información, sino por un miedo exagerado a equivocarse. No resuelve sus problemas, pero, por un deseo excesivo de contentar a los demás, no se atreve a decir no, por miedo a desagradar; es fácilmente influenciable por los demás.

Es hipersensible a la crítica que los demás le hagan, quedando resentida; pero ella misma es hipercrítica con los demás. Es irascible, se enoja por todo y por nada, le gusta culpar a los otros, se jacta, hace de payasa, es agresiva, se queja solo para llamar la atención.

Indicios de tener autoestima
Cree en ciertos valores y principios, y está dispuesta a defenderlos, incluso cuando se enfrenta a oposición. Posee suficiente autoconfianza para modificar ciertos valores si nuevas experiencias indican que estaba equivocada. Es capaz de actuar según lo que considere mejor, confiando en su propio discernimiento, sin sentirse culpable cuando los demás no comparten su opinión. Confía en su capacidad para resolver sus propios problemas sin dejarse intimidar por fracasos o dificultades. Está dispuesta a pedir ayuda a los demás cuando lo necesita.

No pierde tiempo preocupándose excesivamente por lo que hizo o lo que le ocurrió en el pasado, ni por lo que pueda sucederle en el futuro. Aprende del pasado y se proyecta en el futuro, pero vive intensamente el presente, instalada en el aquí y ahora.
Como persona, se siente igual a los demás, ni inferior ni superior; reconoce las diferencias en estatus, prestigio profesional y posición económica, sin sentir envidia. Da por hecho que es interesante y valiosa para los demás, al menos para aquellos con quienes se relaciona de manera amigable.

No se deja manipular por los demás, pero está dispuesta a colaborar con ellos si le parece necesario y conveniente. Es sensible a los sentimientos y necesidades de los otros; respeta las normas sensatas de convivencia y entiende que no tiene el derecho ni desea crecer o divertirse a costa de los demás.

Conclusión: Ama a Dios sobre todas las personas, ama a todas las personas como te amas a ti mismo, y ámate a ti mismo como Dios te ama.

P. Jorge Amaro, IMC



sábado, 1 de noviembre de 2014

Violencia juvenil escolar (Bullying)

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En la escuela de Palmeira (Braga Portugal), un joven se suicidó porque no podía soportar más las burlas sistemáticas y persistentes a las que sus compañeros lo habían sometido. Dado que el silencio es parte del problema, quiero al inicio de este nuevo año escolar, con estas líneas, ser parte de la solución. Como visito regularmente las escuelas para hablar de la Misión, quiero contribuir a que estas cumplan mejor su función de formar no solo intelectualmente, sino también humanamente, a las personas que mañana tomarán las riendas de nuestro mundo.

El bullying entre gallinas y cerdos
Durante mis años de especialización en Teología Moral o Ética, sentía una admiración especial por el trabajo de Konrad Lorenz, fundador de la Etología, el estudio comparativo del comportamiento humano y animal. Sin pretender atentar contra la dignidad humana, Lorenz concluyó que muchos de nuestros comportamientos también son exhibidos por los animales, especialmente por aquellos más cercanos a nosotros en la evolución.

Los cinco millones de años que nos separan del primate más cercano, para bien o para mal, no han sido suficientes para transformar o acabar con la animalidad que es parte integrante de nuestro ser. A pesar de ser autoconscientes y ejercer más o menos control sobre nosotros mismos, sentimientos y pensamientos, lo que tenemos en común con otros seres vivos, nuestro instinto animal, es lo que más motiva y determina nuestro comportamiento diario.

En el tiempo en que cuidaba gallinas ponedoras, pollos de aviario y cerdos, observé que siempre que alguno de estos animales, por cualquier razón, quedaba herido, los demás iban a morder o picar la herida hasta matarlo. Sabiendo esto, a menudo buscábamos dentro del corral algún pollo o cerdo que tuviera una herida abierta y sangrante para poder retirarlo a tiempo y colocarlo en otro lugar hasta que la herida sanara, antes de que los demás lo mataran.

“El perro flaco, todo son pulgas”, dice un proverbio español. El bullying es lo que hacen las hienas persiguiendo a un caballo herido y flaco, que apenas se mantiene en pie y está a punto de morir. El bullying es el buitre que persigue a un bebé que se arrastra con hambre y sin energía en el campo de refugiados de Darfur, en Sudán, hacia el lugar donde hay alimento. Me refiero a una fotografía que dio la vuelta al mundo y que causó la muerte por suicidio al fotógrafo que ganó un premio por ella, pero no ayudó al niño ni sabía si había sido o no devorado por el buitre.

El bullying entre los humanos, a mi modo de ver, es una copia de este comportamiento animal. Los que lo practican buscan a los compañeros más frágiles, más tímidos y más vulnerables, no se meten con los fuertes, con los que pueden valerse por sí mismos. Si Konrad Lorenz estuviera vivo, tal vez validaría mis observaciones y concluiría que, al fin y al cabo, el bullying es un comportamiento animal y, por lo tanto, irracional.

Este tipo de comportamiento no solo existe en las escuelas. El bullying fue lo que hicieron los fariseos al traer a Jesús a una mujer sorprendida en adulterio para ser apedreada. El bullying es lo que los soldados hicieron a Jesús, arrodillándose en burla delante de él, coronado de espinas, diciendo “¡Salve, rey de los judíos!”; el bullying es un pueblo cruel, sediento de sangre, sin piedad, ante un Jesús cubierto de sangre gritando “¡Crucifícalo!”. 

Bullying fueron todos los linchamientos en la historia de la humanidad, cuando el pueblo enfurecido se transforma en la bestia más irracional y en el animal más monstruoso. El ser humano puede llegar a ser más irracional que el animal; de hecho, como notaba Lorenz, es el único animal que mata dentro de su propia especie.

Psicología del agresor
La mayoría de los bullies son físicamente más fuertes y más altos que los otros niños, buscan específicamente a los más débiles, los más tímidos y los menos equipados para defenderse. Ignorados y maltratados en casa, en la escuela se desquitan o buscan el respeto y el amor que no tienen en casa.

Quien no es amado incondicionalmente en casa, busca en la calle o en la escuela ese amor de formas inadecuadas, metiéndose con los demás para llamar la atención, ganar popularidad y amistad, y todo lo que ganan es un falso amor basado en el miedo.

Cuando llegan a la edad adulta, son antisociales y más propensos a cometer delitos, a golpear a las esposas y a los hijos, produciendo así una nueva generación de bullies.

Psicología de la víctima
Generalmente, las víctimas son más sensibles, cautelosas y tranquilas que otros niños; socialmente poco competentes, nunca inician una conversación y se aíslan de la convivencia con los compañeros. Como tienen una visión negativa de la violencia, huyen de los enfrentamientos y conflictos, y emiten ansiedad, miedo y vulnerabilidad que son percibidos por los agresores de la misma manera que un perro percibe nuestro miedo y ansiedad antes de atacarnos.

Su temor y debilidad física, tono de voz bajo y sumiso son parte de un lenguaje corporal que los delata y atrae sobre sí mismos a los bullies. Frecuentemente, estos niños son rechazados no solo por los bullies, sino también por los demás compañeros; acaban por desarrollar una actitud negativa hacia la escuela y cuando empiezan a ser agredidos, se vuelven aún más ansiosos y temerosos, lo que aumenta su vulnerabilidad y la posibilidad de ser más victimizados, entrando así en un círculo vicioso y espiral de estrés que lleva a muchos al suicidio.

Tan ladrón es el que va a la viña como el que se queda en la puerta

Frecuentemente, la víctima está tan debilitada que por miedo o por vergüenza no denuncia ni busca ayuda, sufre en soledad… por eso, quien sabe del caso o contempla un episodio de bullying y no hace nada, tiene una responsabilidad añadida; el silencio y la pasividad lo convierten en un cómplice.

Por lo tanto, lo contrario de bullying no es no bullying, sino ser buen samaritano, ayudar y denunciar. Si no eres parte de la solución, entonces eres parte del problema; tu silencio te convierte en cómplice y homicida en el caso de que la víctima se suicide como hizo aquel joven de la escuela de Palmeira.

El silencio de la mayor parte del pueblo alemán ante el genocidio de 5 millones de judíos los convirtió en cómplices. Los mafiosos cuentan con el silencio de los que, hasta por simple casualidad, son testigos de sus actos. Sin silencio, no habría mafia. Sin silencio, no habría bullying. Nuestro silencio es, por tanto, culpable y parte del problema, pues siempre lleva a la impunidad de los agresores y a la fatalidad de las víctimas.

P. Jorge Amaro IMC


miércoles, 15 de octubre de 2014

Todo Santo tuvo un pasado, todo Pecador tiene un futuro

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«Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés, en la Ley, nos ordenó apedrear a tales mujeres. ¿Tú qué dices?» (...) Jesús, inclinándose hacia el suelo, se puso a escribir con el dedo en la tierra. Como insistían en interrogarlo, se levantó y les dijo:

«¡Quien de vosotros esté sin pecado, que arroje la primera piedra!» (...) Al oír esto, comenzaron a salir uno a uno, comenzando por los más viejos, y quedó solo Jesús con la mujer que estaba en medio de ellos. Entonces, Jesús se levantó y le preguntó: «Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te condenó?» Ella respondió: «Nadie, Señor». Jesús le dijo: «Tampoco yo te condeno. Ve y no peques más en adelante.»
Juan 8, 1-11

«Quien no tenga pecado que arroje la primera piedra». Porque todos, de una manera u otra, somos pecadores, nuestra miseria común debería despertar compasión unos por otros. Por el contrario, la mayoría de las veces suscita la crítica; una crítica mordaz e hipócrita, porque nadie está libre de culpa.

Jesús nos aconseja no juzgar para no ser juzgados; además, advierte que la medida que usemos con los demás será usada con nosotros; y también, sobre esta manía nuestra de señalar con el dedo, dice en tono de reprensión: ¿por qué miras la paja en el ojo de tu hermano, y no ves la viga que está en tu propio ojo? (Mateo 7, 3.)

El ojo humano no puede enfocar al mismo tiempo de lejos y de cerca; por eso, quien abunda en la crítica a los demás, es decir, quien enfoca de lejos y pone su atención en los defectos de los demás, muy probablemente es deficiente en autocrítica, es decir, no enfoca de cerca para ver sus propios defectos.

Pero, ¿por qué enfocamos mejor de lejos que de cerca? ¿Y por qué sentimos placer exponiendo los pecados de los demás para humillarlos? Porque toda humillación es una forma indirecta y solapada de autoexaltación; al señalar con el dedo a alguien, estoy atrayendo la atención de los demás sobre mí, y subliminalmente diciendo: «Yo no soy así», «yo soy mejor»...

Al contrario del hombre, Dios no quiere la muerte del pecador sino que se convierta y viva (Ezequiel 18, 23). Dios, que perdona y olvida, está más interesado en nuestro presente y en nuestro futuro que en nuestro pasado; cree en nuestras potencialidades y conoce, mejor que nosotros, nuestros talentos, pues Él nos los dio y es en base a eso que nos perdona y nos invita a cambiar; lo que Dios operó en pecadores como Pedro, Pablo, Agustín y tantos otros puede operar en nosotros también. Todos ellos tenían un pasado de pecado, pero para Dios lo que contaba era su futuro de santidad.

San Pedro, el cobarde
San Pedro, quien llegó a decir a su amigo y maestro, «Daría la vida por ti» (Lucas 22, 33), cuando, confrontado por una criada como uno de los seguidores de Jesús, lo negó tres veces, llegando a afirmar que ni siquiera lo conocía.

San Pablo, el cómplice de asesinatos
San Pablo es el ejemplo clásico de conversión, que en griego se dice metanoia y que significa cambio de mente o, como decimos popularmente, «cambiar de idea». Nuestra vida está gobernada por nuestros pensamientos o ideas; muchos de estos son prejuiciosos e irracionales, tornando en consecuencia inadecuado también nuestro comportamiento.

La conversión como metanoia supone confrontar los pensamientos para modificarlos. Hay una teoría de psicoterapia que parte de este principio. La REBT (Terapia Racional Emotiva y Conductual) se basa en el concepto de que las emociones y comportamientos resultan de procesos cognitivos, y que es posible para los seres humanos modificar tales procesos para lograr diferentes maneras de sentir y comportarse.

En el encuentro con Cristo, en el camino a Damasco, Saulo cambió de mente, cambió de idea acerca de Jesús, y si antes perseguía a los cristianos, y había sido hasta cómplice en la ejecución de muchos (Hechos 7, 54-60), ahora con la misma convicción y furor anunciaba a Cristo, llegando a ser, entre los apóstoles, quien más viajó, quien más sufrió por el evangelio y quien más se preocupó en educar y guiar a las pequeñas comunidades nacientes de su predicación con cartas que contenían sus meditaciones y reflexiones sobre el misterio de Cristo.

San Agustín, el "Bon vivant"
El gran San Agustín, obispo de Hipona, quien junto con Santo Tomás de Aquino son respectivamente el «Platón» y el «Aristóteles» de la teología católica, no nació santo sino pecador, como todos nosotros. A los 15 y 16 años llevaba una vida disoluta; a los 17 entró en una unión de hecho con una joven que duró 14 años; de esa unión, que nunca resultó en matrimonio, nació un hijo que vivió hasta la adolescencia. Las incesantes oraciones y lágrimas de su madre, Santa Mónica, llevaron un día al esposo y al hijo Agustín a la gracia de la conversión.

Miseria y Misericordia
Volviendo a la mujer pecadora; después de que todos abandonaran su pretensa autoridad para juzgar, quedó sola con Jesús; como dice el propio San Agustín, quedaron la miseria y la misericordia: la miseria humana representada por la mujer pecadora, la misericordia divina representada por Jesús.

La respuesta de Dios a la miseria humana es su misericordia divina. Hay personas aprisionadas en su pasado que desconocen que no hay pecado o miseria humana superior a la misericordia divina, y que los más santos de los santos también fueron pecadores; y si ellos, a pesar de su miseria, tuvieron un futuro, nosotros también lo tenemos, todos lo tienen. Todo santo tuvo un pasado de pecador, todo pecador puede tener un futuro de santo.

Conclusión - De pecador a santo: tu futuro es más grande que tu pasado.

Pe. Jorge Amaro, IMC



miércoles, 1 de octubre de 2014

Halloween

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Origen de "All Hallows Eve"

Todos los años, el 31 de octubre, en Estados Unidos y Canadá, se celebra Halloween. Sin embargo, esta festividad no nació en estos países tradicionalmente protestantes, sino que su nombre deriva del término "All Hallows Eve", que significa Víspera de Todos los Santos. De hecho, la víspera y el día de Todos los Santos, así como el día siguiente, el Día de los Fieles Difuntos, son la cristianización de fiestas que los celtas celebraban, sobre todo en Escocia e Irlanda, muchos años antes de que el cristianismo llegara a esas tierras.

Halloween tiene su origen en un antiguo festival celta llamado Samhain, que en gaélico significa "final del verano". Los celtas, que vivieron hace 2000 años en el norte de Francia y la península ibérica, en Escocia e Irlanda, celebraban el nuevo año el 1 de noviembre. Este día marcaba el final del verano y las cosechas, la caída de las hojas y el inicio del invierno oscuro y frío; una época del año que inevitablemente se asociaba con el fin de la vida humana, con la muerte.

Los celtas creían que en la noche del 31 de octubre, víspera del año nuevo, la frontera entre los mundos de los vivos y los muertos se desdibujaba y casi desaparecía; los fantasmas de los muertos volvían a la tierra y vagaban en busca de cuerpos para habitar. Como los vivos no querían ser poseídos por espíritus, se vestían con trajes y desfilaban por las calles, haciendo ruidos para confundir, asustar y ahuyentar a los espíritus.

El desfile pasaba por las calles de la aldea hasta llegar a una gran hoguera, creada por un sacerdote druida, fuera de la aldea. La hoguera se encendía principalmente para honrar al dios sol y agradecerle por la cosecha de verano, pero también era un medio para alejar a los espíritus furtivos. Si alguna persona mostraba signos de estar poseída por un espíritu, era sacrificada como ejemplo para disuadir a los espíritus de poseer un cuerpo humano.

Hacia el año 43 d.C., el Imperio Romano conquistó la mayor parte del territorio celta. Durante los cuatrocientos años que gobernaron las tierras celtas, el festival romano llamado Feralia, que conmemoraba el paso de los muertos, se combinó con la tradicional celebración celta de Samhain.
En el siglo VIII, el Papa Gregorio III designó el 1 de noviembre para honrar a todos los Santos y mártires.

Y el día 2 para honrar y rezar por el eterno descanso de todos los fieles difuntos. Estas dos festividades incorporaron algunas de las tradiciones de Samhain. La Iglesia no logró cristianizar todas las tradiciones y costumbres de los celtas, por lo que algunas de ellas sobrevivieron hasta ser llevadas a América por los inmigrantes irlandeses que huyeron de la hambruna de la patata en 1846.

Halloween hoy
El iluminismo, el racionalismo, los grandes descubrimientos científicos del siglo XIX y los avances de la técnica en el siglo XX hicieron una auténtica "caza de brujas", es decir, de la superstición. Podemos decir que los pueblos occidentales son, en general, hoy menos supersticiosos que hace siglos. En este contexto, Halloween es el día en que nos reímos de las supersticiones; y cuando nos reímos de ellas, rompemos su hechizo, dejan de tener cualquier poder sobre nosotros.

De hecho, nadie tiene miedo de los disfraces y máscaras que desfilan en este día, aunque sí tendríamos miedo de ellos en un contexto diferente. El humor disuelve el miedo, el poder y el efecto placebo y sugestivo que la superstición tiene sobre las personas; mientras nos reímos de las supersticiones no las tomamos en serio; mientras nos divertimos con ellas, no tienen ningún poder o efecto sobre nosotros; cuando les tenemos miedo, entonces sí son poderosas, como un perro que nos ataca después de olfatear nuestro miedo.

Superstición y fe
Desconsolados por la frialdad de décadas de ateísmo y racionalismo teórico y práctico, que combatió la fe como si fuera superstición y la superstición como si fuera fe, muchos se refugiaron en una nueva religión llamada New Age, Nueva Era. La Nueva Era es un sincretismo, o ensalada rusa, de las religiones mayoritarias de nuestro planeta, asociada a todo tipo de superstición, brujería y hechicería.

Muy cerca de nosotros, como exponente de este tipo de pensamiento, está el escritor brasileño Paulo Coelho. Los éxitos de taquilla de películas como Harry Potter y series sobre lo oculto y vampiros, pueden ser vistos como una reacción al ateísmo y materialismo que marcó la segunda mitad del siglo pasado.

La diferencia entre la fe y la superstición es que la fe es razonable y plausible; siempre hay razones que apoyan y asisten nuestra fe en Dios y en los hombres; todos los que creen tienen razones para ello; al contrario, la superstición es completamente irracional, es una fe ciega.

Que un gato negro traiga mala suerte, y que un cuerno y una herradura traigan buena suerte, es suponer que esos objetos materiales tienen poderes espirituales ocultos en sí mismos; esto es una creencia irracional, porque lo que es material no puede tener poder espiritual; sólo un ser espiritual puede tener poderes espirituales; la materia siempre es materia. Dios y nuestro prójimo son el único objeto de nuestra fe. La superstición, por el contrario, tiene como objeto realidades materiales, cosas, animales y artefactos.

Esto nos lleva a reflexionar sobre la diferencia entre ícono e ídolo. Para los supersticiosos, el gato negro, la herradura y el cuerno son ídolos, pues esos objetos valen por sí mismos, tienen, según dice la creencia, un poder espiritual oculto en ellos.

Por el contrario, un ícono es como el ídolo, un objeto material, pero no tiene valor en sí mismo; de hecho, su función es invocar una realidad que está más allá de sí mismo y transportarnos a esa realidad; la madera, esculpida en figura de Jesús, no tiene valor alguno en sí misma, pero evoca y nos transporta hacia Aquel que sí tiene mucho valor para nosotros; la imagen no es Cristo, pero lo representa.

Los iconoclastas protestantes acusan a los católicos de adorar ídolos (imágenes de Jesús, de María y de los santos), porque no conocen la diferencia entre un ídolo y un ícono.

Conclusión - Halloween (All hallows Eve) originalmente la víspera de todos los santos  hoy es el día que nos reímos de nuestras supersticiones, para que estas no nos afecten o configuren nuestra vida durante el año.

Pe. Jorge Amaro, IMC